Walter Benjamin y el fetichismo de la mercancía


Prosigo la lectura de Hacia una hermenéutica dialéctica, de José Manuel Romero, quien tras presentar la concepción de la labor del historiador materialista de Benjamin, ahonda en la relación que tiene dicha concepción con la categoría marxista del fetichismo de la mercancía, que como es sabido ocupa parte del primer capítulo de El Capital. La técnica del collage empleada por Benjamin para rescatar la negatividad redentora de las producciones culturales del pasado inmediato muestra el carácter de fantasmagoría de dichas producciones. Es decir, en su vivencia cotidiana, el sujeto de la sociedad burguesa es incapaz de captar el entronque de las producciones culturales con la economía y la sociedad de clases que subyace. Por eso, entiende la cultura como un bien espiritual y aislado, que sobrevuela etéreamente la sociedad. La perspectiva capaz de mirar en constelaciones de sentido capta todo el entramado de un objeto, incorporando en la captación su carácter histórico. Se ve el objeto en cuanto expresión (no meramente reflejo) de un sistema económico. Esto es lo que se patentiza en la conversión de un objeto en antigualla, su carácter pasajero, temporal, y por tanto, su carácter histórico, lejos de una concepción esencialista o idealista del mismo. Así, resulta más fácil para la mirada entender el objeto como producto de un mundo en construcción. Además, Benjamin introduce el aspecto de redención sugerido por esta contingencia de las creaciones humanas, en la medida en que expresan una cuenta pendiente con la historia. Es algo que, más adelante, José Manuel Romero remarcará como diferencia respecto a la concepción de Adorno que no pretende encontrar la redención (mesiánica) en la inmanencia de la historia tal como Benjamin, imbuido de teología, sí hace.
Así pues, Benjamin procede a una des-abstracción y vuelta a lo económico-social-histórico como material de la obra artística o el objeto cultural. Intenta romper la dinámica de fetichización de la mercancía y del valor de cambio como agentes de olvido que sirven a la sociedad de clases. José Manuel Romero, me ha parecido, resalta el aspecto más marxista del autor alemán, frente a otras visiones como la de Schölem que creo que priman lo teológico (¿Es Benjamin fundamentalmente un materialista imbuido de teología o un teólogo con conatos marxistas?). En cualquier caso, este especialista hace una rica lectura desde un materialismo de raigambre marxista, interpretándolo a partir del mismo, como hacen numerosos autores de peso que él cita. Así, la teología en Benjamin parece ser más bien, para él, la búsqueda de redención (¡inmanente!). La redención mesiánica se incorpora a la revolución y, por tanto, a la historia. En Adorno y, más aún, en Horkheimer, la redención se ubicarán en el plano de los anhelos que apuntan a un posible más allá de la historia (trascendente). La teología, así vista, quedaría en estos últimos autores, para el afuera de la historia, mientras que en Benjamin, se sitúa en el adentro. Yo suelo entender que la teología en estos autores y, sobre todo, en Benjamin, es no tanto un sentido al que se apunta, sino la peligrosa memoria que ejerce una constante negación de toda autocomplacencia en el presente (leer en este post). Como punto de discusión en torno a estos autores entreveo precisamente esto: ¿qué es en ellos exactamente lo teológico?, ¿cómo se manifiesta y opera?, ¿qué función cumple?
En lo que llevo leído, José Manuel Romero refleja un enorme caudal de atentas lecturas, mostrándose como un buen conocedor de lo que escribe. Afirma, siguiendo a Benjamin: “La modernidad puede ser definida en consecuencia como ‘el mundo dominado por sus fantasmagorías’ (…). El colectivo social vive preso de sus fantasmagorías y no ha despertado aún de su relación inconsciente, onírica, con la historia y el conjunto social. El mundo de deseos que rodea a la mercancía en el presente y que es esencial para la publicidad y el sostenimiento del consumismo acompaña así el mantenimiento en un estado de ensueño de la colectividad social, y significa un arruinamiento de la carga utópica de las imágenes de deseo del siglo XIX, en tanto que promueve la promesa de que el ansia de gratificación, plasmada en tales imágenes, se satisface a través de la adquisición de la mercancía” (p. 65). Por ejemplo, la humanidad deposita su deseo (utópico) de mejora en cada perfeccionamiento técnico, en la fe de que la satisfará y saciará. Pero en realidad, como expresa Benjamin y, de un modo similar, Adorno y Horkheimer, esto obedece a una ilusión en la que lo novedoso oculta el triunfo del eterno retorno de lo mismo. Hay, pues, un engaño en la técnica mistificada y sus productos, que, como la mercancía, ocultan su verdadera naturaleza histórica. Así, historizar uno de estos objetos, por el contrario, es para Benjamin distanciarlo del continuum y poner en evidencia que arraiga en los horrores y fracasos que impugnan el triunfalismo burgués.

Post Original: http://educayfilosofa.blogspot.com/2010/03/walter-benjamin-y-el-fetichismo-de-la.html

¡Barbarie capitalista o socialismo de los pueblos y los trabajadores del mundo entero!
OBRERO MILITANTE DE Unidad-MPT – Escuela de Marxismo

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