Condorito y Mampato: opuestos ideológicos


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Anteriormente me preguntaba por qué los analistas insistían en buscar mensajes escondidos, de corte político y social, en las caricaturas más populares. Pero indagando en la historia del cómic, uno descubre que la respuesta es simple: ese era el propósito original del noveno arte. Fue allá por el siglo diecinueve que los europeos comenzaron mofándose de la nobleza y el poder en general, retratándolos en trazos que exageraban sus rasgos y atribuciones. Por supuesto que después derivarían en personajes autónomos de sus fuentes de inspiración, y contarían historias que, poco a poco, se fueron alejando de la sátira política. Y ese fue el comienzo de las caricaturas.

Claro que la forma en que se cuenta toda historia tiene implícita cierta ideología, que se deja entrever en la resolución de una trama, y el actuar de sus personajes. No por nada Aristóteles diría “El Hombre es un animal político”. De ahí que podamos ver a epítetos republicanos en Rorschack y El Comediante de Watchmen, y, por supuesto, en el icónico Superman, emblema por excelencia del patriotismo americano.

Pero estos análisis también se pueden realizar en Chile, país históricamente dividido, y a la vez gozoso de una rica tradición historietista. El diálogo entre ambos fenómenos es parte ineludible de su historia.

Tomemos a los cómics más clásicos del inconsciente colectivo: Condorito y Mampato. De vertientes ideológicas opuestas.
¿En qué sentido? Comencemos por nuestro embajador en el extranjero: Condorito. El rey del cómic chileno por antonomasia. Creado por Pepo con la intención de representar al chileno patiperro, al migrante rural que llega a vivir a la ciudad, pero que además “incorpora varios de los símbolos chilenos. El cóndor, que está en el escudo nacional, su camiseta con el color de la selección, y sus pantalones negros de campesino”. Con esta idea en la mente creó, en 1943, a un pajarraco con ojotas de huaso y cigarro en el pico que simbolizaba la picardía del hombre de campo. La forma de su cara y cuerpo diferiría un tanto, hasta dar con su forma definitiva que es la que todos conocemos hoy en día.

Si bien, inicialmente el personaje no era más que un asaltante de caminos y un ladrón de gallinas, con el tiempo se civilizó, delineando historias más universales. Y esto respondía al hecho de que desde 1932, Pepo se sumaría a la revista Topaze, conocida por su descarnada crítica política (he aquí la inevitable relación que se forma entre los dibujantes y la contingencia. No por nada, en sus inicios, todo dibujante dibuja lo que ve). Y Pepo se dedicó a mofarse de los gobiernos radicales de entonces, con personajes como Don Gabito, Gabriel González Videla, o El jefe, caricaturizando a su propio tío, Juan Antonio Ríos, en portadas satíricas. De lo cual se puede entrever, la orientación política del autor de Condorito. “Pepo era un hombre de derecha, pero como dicen los dibujantes de izquierda, era muy buen gallo”, asegura Marco Esperidión, curador de la muestra Ciudadano Pepo, de la Biblioteca Nacional.

Posteriormente, la neutralidad de sus tiras aseguraría una difusión mayor. Con sus historias tan universales, Condorito logró trascender las fronteras nacionales al resto del continente. Y fue esto lo que permitió establecer cierta complicidad pasiva entre las historias de Condorito y el programa cultural de la Dictadura de Pinochet. Una afinidad que se dio, si bien no con una negociación formal, de forma natural.

Recordemos que, en materia cultural, el régimen puso énfasis en una labor “restauradora” exaltando el carácter más conservador y nacionalista de la “chilenidad”. Lo que implicaba recuperar nuestras tradiciones más arraigadas del campo chileno. El mundo huaso y lo rural pasó a primer plano, como algo bueno y, por supuesto, ajeno a la política. De ahí el apoyo que se dio a la música folklórica (que excluía a Víctor Jara y Quilapayún, por supuesto) y a la preservación de las Casonas del campo, como monumento histórico nacional. Pues constituían lo “auténticamente chileno” al ser políticamente neutro (vale decir, alejado de la “injerencia extranjera del marxismo internacional”). Sólo pensemos en las canciones de los Huasos Quincheros. Y en la misma línea, el Pelotillehue de la zona centro-sur de Chile, con Condorito como su ciudadano ilustre.

Condorito y Mampato1En una época en que la televisión a color sirvió para desviar la atención de las masas de los problemas del país, con programas de canto y concurso, simples y desechables, Condorito pudo dar el salto a la pantalla chica. Sus cortos eran breves y los personajes no hablaban, pero iba muy en la línea de la “caja tonta” de entonces: chistes rápidos, simples, y que llenaban la programación de la tele, con unos noticiarios que se resistían a mostrar las protestas que hacían tambalear el régimen.

Dentro del mismo programa de gobierno, también estaba el fomento a la disciplina y el respeto a las figuras de autoridad. De ahí que Condorito pasó de huir de la policía con gallinas robadas, a mostrarse junto a los carabineros en las portadas, e incluso como uno de ellos.

Condorito y Mampato3Condorito y Mampato2Sobra decir que Enrique Campos Menéndez, asesor cultural de la dictadura, también promovió el fomento a los símbolos patrios, entre ellos el cóndor, por lo que la afinidad al personaje era natural. Así y todo, el secreto para la constancia de la historieta fue su neutralidad política en sus argumentos, absolutamente ajenos a los problemas contingentes. Condorito se constituía, junto al “Jappening con Ja” en el humor oficialista, “el humor oficial de Pinochet”. Que le permitió, precisamente, llegar hasta nuestros días, con Pepo ya muerto, pero con su misma línea editorial.

Condorito y Mampato4Pasemos ahora a otro inmortal del cómic chileno: la revista Mampato, y sus entrañables personajes, Ogú y el joven Mampato. Las historias de dicho dúo comenzarían en 1968, y se extenderían hasta 1977, para luego ser reeditadas en 1990. Como es de suponer, muchos de los dibujantes e integrantes de la revista Mampato debieron partir al exilio durante la dictadura, a excepción del genial Temístocles Lobos, el cerebro tras el personaje. Sumado a las presiones económicas de la dictadura, la revista gradualmente fue desapareciendo.

A diferencia del icónico Condorito, las historias de Mampato se caracterizaron por ser mucho más largas y educativas. Desarrollando argumentos muy ingeniosos, enseñaba didácticamente tanto historia, como ciencia y cultura a través de las aventuras de Mampato y su cinto espacio-temporal, que le permitían viajar a cualquier época de la historia con su inseparable amigo Ogú. La comedia física, las locuras del cavernícola, y los característicos dibujos de Themo Lobos volvían a la revista una codiciada y entretenida lectura para la juventud de la época.

Indagando en sus historias, es posible apreciar un elemento común a varias de ellas: el protagonista, un joven idealista, pero a la vez pacifista, arriba a un escenario donde hay un tirano dispuesto a tomarse el poder de forma maligna. Lo podemos apreciar desde el primer número, cuando ayudó a Ogú a convertirse en el jefe de su tribu (Kilikilis y Golagolas), cuando precipitó la revolución contra la tiranía de los crueles brujos arikis en Rapa Nui (historia que daría vida a la película homónima, Ogú y Mampato en Rapa Nui, de 2002), lideró la rebelión de los mutantes contra el tirano Jerfus en el año 4000 D.C (tirano quizás inspirado en alguien más a juzgar por sus lentes oscuros…)., ayudó a recuperar el trono al Califa bienhechor en Arabia (Bromiznar de Bagdad) venciendo la conspiración que se tramó para derrocarlo, y, no podemos olvidar, la historia que dio origen a la saga: cuando ayudó al extraterrestre Xse y a su pueblo esclavizado, en la rebelión contra sus malvados amos verdines, aventura en la cual le regalaron el cinto espacio temporal en agradecimiento.

Un análisis marxista se vuelve inevitable: Mampato a donde quiera que va se alía con los rebeldes para derrotar al poder opresor. Siempre del lado del pueblo, pero jamás portando un arma. Aquí, es posible entrever la filosofía de la Unidad Popular, o más precisamente de Salvador Allende: una revolución pacífica, a la chilena, con aroma a vino y empanadas, sin armas. Las revoluciones de Mampato vienen a sustituir las empanadas por el mazo de Ogú (un arma aturdidora, pero jamás mortífera), y la comedia e inocencia que lo envuelve todo. Un idealismo pacifista que, de la mano con lo colorido de la revista, podemos enlazar con los movimientos hippies de entonces.

Condorito y Mampato5Pero quizás el número de la revista más revolucionario y anti elitista de todos sea Rena en el siglo 40, historia en la cual vemos como Mampato libera a un pueblo de mutantes de la mentira y la opresión de un Dios falso, que en realidad es controlado por una raza de hombres gordos y perezosos que acaparan la comida y las riquezas para sí. Luego de desenmascararlos, Mampato da un discurso donde promueve la mutua y justa cooperación entre todos los miembros de la comunidad, despotricando contra la venganza y la sangre. Ver a un niño exclamar tan sabias palabras, hace pensar que es en realidad un dibujante adoctrinante el que está hablando en lugar del personaje, pero en fin.

Por todo lo anterior, Themo Lobos y su equipo estuvieron siempre bajo la mirada atenta de las autoridades represoras de la época. Se cuenta, de hecho, que a mediados de los ´70, Themo Lobos dio una charla en la USACH sobre su trabajo. Durante la ronda de preguntas, un hombre, con toda la indumentaria de un CNI, le preguntó “¿qué implicancias políticas hay en su historieta El árbol gigante y La rebelión de los mutantes?”. Quizás los lentes oscuros los hicieron pensar que la historia refería a Pincohet. Themo, en broma, le respondió “los mutantes unidos jamás serán vencidos”. Y le recalcó que “cualquiera que sea, usted mismo incluso, el que se atreva o diga que mis historietas tienen implicancias políticas, esa persona tiene toda la razón”. Y se vino un abucheo al CNI de parte de todos los asistentes. “Le tiraron pelotas de papel, le gritaron insultos y terminó escapando como una rata. Pensó que iba a dominar a toda la gente que estaba ahí con el terror, pero nosotros salimos más vivos que él” recordaría Themo Lobos.

En lo que refiere al respeto a las autoridades y los símbolos patrios, fomentado por el gobierno, y seguido por Condorito, es posible hacer ciertas acotaciones tomando el ejemplar de “El cruce de los Andes” ambientado en la independencia de Chile. En dicha aventura, Mampato tiene la oportunidad de conocer a próceres de la patria como Manuel Rodríguez y O´higgins.

Condorito y Mampato6No obstante, la forma en que se nos presentan nos puede decir algo más: Manuel Rodríguez aparece como un hombre afable, cercano y juguetón, disfrazado de fraile y peón, como históricamente lo hacía. Mientras que, de O´higgins y San Martín, no vemos más allá de su cuello. Técnica que podríamos homologar a la del dibujante Hervi, quien nunca mostró la cara de Pinochet en sus caricaturas durante su régimen. Volviendo a Mampato, la intención de no mostrar los rostros de ambos generales puede querer decirnos algo: Themo está en contra del historicismo militarista de la época, que reensalza la figura de O´higgins y lo pone como el máximo libertador y padre de la patria. Como comenzó a impartirse en los colegios, y con las nuevas monedas y el altar de la patria. Nos muestra a ambas figuras como algo lejano, tal vez ajeno al pueblo, o quizás como forma de remarcar la jerarquía, y la respetabilidad a los generales libertadores. Las interpretaciones son varias, entre ellas que Themo parece adscribir a otra corriente historicista: tampoco es la carrerista, sino la rodriguista. Themo Lobos es más cercano al guerrillero, ¿también al frente que adoptó su nombre? Quizás nunca lo sepamos.

Condorito y Mampato7Condorito y Mampato8Así y todo, Lobos afirmaba que nunca hubo una intención de atacar directamente a Pinochet con Mampato. Guiños, sí. Por ejemplo, la portada de “Memorias de un gorila” publicada en mayo de 1974 generó una polémica inusitada. Todo porque aparecían cuatro gorilas de distintos tamaños. Los militares dedujeron que el gorila mayor era Pinochet y los demás simios, la Junta Militar, y mandaron agentes del régimen a molestar a la oficina de la revista. Esa vez no pasó nada, pero meses después la directora de Revista Mampato, Isabel Allende (sí, la escritora, no la senadora), renunció por esto a su cargo.

Ya en 1978, la revista lanzaría sus últimos números, por presión de los militares. “La historieta es un género que puede sugerir una serie de ideas prohibidas, sobre todo cuando hay una dictadura. Entonces, para no correr riesgos, eliminaron todas las revistas de historietas subiendo los costos de impresión. La gente al final prefería comprar un kilo de pan antes que una revista. Y era muy lógico. La dictadura acabó con la historieta” recordaría Lobos.

Para rematar, el mismo Themo llegaría a afirmar en una entrevista al The Clinic, ante la pregunta de si Mampato tenía alguna inclinación política:

“Claro, pero no lo andaba comentando. Y te puedo decir que era totalmente de izquierda, como su dueño”.

Así, mientras que la revista caía en el vacío del apagón cultural de la Dictadura, Condorito prevalecía, con su humor neutro, simple y, a grandes rasgos, oficialista.

Podemos aventurarnos a decir que hay un duopolio ideológico aquí. Esto aseguró que una revista se mantuviera en el tiempo, mientras que la otra debió pasar por largos apagones, pero finalmente prevalecer. Empero, independiente de para qué lado tire más cada publicación, ambas se ganaron un justo lugar en el inconsciente colectivo, hasta convertirse en referentes de la historieta nacional.

Condorito y Mampato9Bibliografía
“DICTADURA MILITAR EN CHI LE Antecedentes del golpe estetico-cultural”, de Luis Hernán Errázuriz

Pícaro y político: muestra recorre trayectoria de Pepo, padre de Condorito recuperado el 27 de febrero de: http://diario.latercera.com/2012/03/17/01/contenido/cultura-entretencion/30-104019-9-picaro-y-politico-muestra-recorre-trayectoria-de-pepo-padre-de-condorito.shtml

– “Mampato siempre fue de izquierda, igual que yo” The Clinic, 22 de noviembre de 2011

 

006 aa logo victorCRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

CAPÍTULO XXIII

LA LEY GENERAL DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA.

  1. c) Las huestes trashumantes.

Párrafo 02:

…La malísima calidad de estas viviendas estriba en el elevado número de personas que viven en una sola habitación, en las reducidas dimensiones de los solares en que se levanta una masa enorme de casas, en la escasez de agua y la carencia de retretes, en la tendencia, muy frecuente, a construir unas casas sobre otras o a distribuirlas por flats (de modo que los distintos cottages formen pisos situados unos encima de otros…) El patrono trata a toda la colonia como si, en vez de morar allí, acampase” *….

*Pie de página*: Public Health, Seventh Report, Londres, 1865, pp. 180 y 182

– Página –565–   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Condorito y Mampato: opuestos ideológicos

  1. Interesante columna, felicitaciones. Comparto plenamente que un autor no puede estar ajeno a su contexto socio cultural y político, y en ese sentido, Mampato está claramente posicionado

  2. Felipe

    Buenísimo!

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