Crítica de la ciencia vulgar. Sobre epistemología y método en Marx


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Autor(es): Osorio Urbina, Jaime Sebatián

Osorio Urbina, Jaime Sebatián. Docente e investigador, Departamento de Relaciones Sociales, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Dirección electrónica: josorio@correo.xoc.uam.mx

[…] toda la concepción de Marx no es una doctrina sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.

Carta de Engels a Sombart, marzo de 1895[1]

[…] advertiré que yo entiendo por economía política clásica toda la economía que […] investiga la concatenación interna del régimen burgués de producción, a diferencia de la economía vulgar, que no sabe más que hurgar en las concatenaciones aparentes […].

Marx, El Capital, t. 1, p. 45 (nota a pie de pág.)39km1

Toda reflexión científica, de manera abierta u oculta, se realiza a partir de ciertas concepciones, sea sobre la realidad, sobre qué significa conocer y cómo alcanzar conocimiento, sobre la relación individuo-sociedad, y muchos otros. Ellas definen el horizonte de visibilidad de la reflexión, los problemas y preguntas que se plantea, lo que ilumina y lo que queda a oscuras.

La reflexión de Marx no es ajena a esta situación. Sin embargo, como en muchos otros terrenos, salvo contadas páginas en su inmensa producción, en donde se ubicarían privilegiadamente la “Introducción” a la Contribución a la crítica de la economía política y algunas cartas, no se encuentra un trabajo que desarrolle su postura epistemológica y metodológica sobre el quehacer científico. De allí que todo ello deba ser desentrañado de su obra misma, lo que implica una tarea nada fácil, sea por la densidad de los temas abordados, como por la complejidad de los problemas epistemológicos y metodológicos imbricados en el tratamiento anterior.

En las páginas que siguen desarrollaremos los elementos básicos que definen la postura de Marx en su tarea de conocer y producir ciencia. Adelantemos que ellos se ubican en franca oposición a los supuestos que guían la reflexión actual en las ciencias sociales en general y en la economía en particular.

  1. Lo relacional

Uno de los elementos clave en la reflexión de Marx es su esfuerzo por desentrañar las relaciones que organizan la vida en sociedad, las que terminan conformando una densa red que articula las actividades de los hombres. Por ello, dirá Engels, “la economía política no trata de cosas, sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases; si bien estas relaciones van siempre unidas a cosas y aparecen como cosas[2].

Un planteamiento de esta naturaleza da por supuesto que la suerte social de los hombres está “amarrada” a la suerte social de otros. Que existen relaciones y que éstas tiene incidencia en las cuestiones sustanciales de la vida social.

Pero tan importante como asumir que la ciencia social debe dar cuenta de lo relacional es la tarea de construcción conceptual capaz de dar cuenta de este proceso. Este es un aspecto central de las categorías empleadas por Marx[3]. Si habla de capital entiende que “no es una cosa, sino determinada relación social de producción perteneciente a determinada formación histórico-social […]”[4]. El capital expresa de manera concentrada una forma de sociedad organizada sobre la base de propietarios y no propietarios de medios de producción, que entran en relaciones sociales a partir de esa situación concreta, propiciando la gestación de trabajo excedente bajo la forma de plusvalía, una de las formas o encarnaciones del capital.

Lo mismo podemos decir de la noción de plusvalía. Ella remite a un producto excedente (que debe asumir la forma de dinero en el capitalismo) que queda en manos de un agrupamiento social distinto al que lo produjo, lo que deja a este último en “libertad” de vender su capacidad de trabajo para vivir. La noción de plusvalía da cuenta entonces de la relación apropiación-expropiación o, en otras palabras, de la relación explotador-explotado. También salario y renta enfatizan aspectos del reparto de la riqueza específicos, pero establecen, a su vez, el campo relacional. En fin, la propia noción de valor no puede sino ser entendida como un asunto social.

Esta es una particularidad del sistema categorial de Marx. Sus conceptos son “abiertos”, en el sentido de que conforman puentes para establecer las articulaciones que organizan la sociedad. Y esos puentes no sólo permiten descubrir las articulaciones en el campo económico, sino que lo rebasan para entrar a lo social y lo político. Plusvalía es también la forma de apropiación de la riqueza social por parte de un agrupamiento social, de una clase social, la burguesía. Salario es la forma de apropiación de riqueza de otra clase, diferente de la primera, pero definida por su relación con aquella, y diferente, pero en mutuas dependencias sociales, a su vez, del agrupamiento humano que se apropia de la renta y que da vida a la clase terrateniente. Cada una de estas clases gestará relaciones diferenciadas en el campo político y frente al poder en función de posiciones estructurales diferenciadas, a su vez, en el terreno de la explotación y de la dominación.

Tenemos entonces un corpus conceptual en donde lo transdisciplinario forma parte de su propia construcción. Esto, de partida, ofrece un tipo de análisis diametralmente distinto de los esfuerzos interdisciplinarios que arrancan con categorías o conceptos “cerrados”, lo que termina dando como resultado algo más cercano a un collage (más grande o más pequeño) que a un análisis integrado.

  1. Red de relaciones sociales versus individualismo metodológico

El énfasis en Marx por destacar las relaciones sociales tiene como sustrato la hipótesis de que la sociedad no constituye un simple agregado de átomos (individuos), sino una entidad diferente, mucho más compleja que la particularidades de sus componentes aislados, y que antecede al individuo, determinándolo. Tenemos “individuos que producen en sociedad, o sea la producción de individuos socialmente determinada: éste es naturalmente el punto de partida”. De ninguna manera “el cazador o el pescador solos, aislados, con los que comienzan Smith y Ricardo […]”[5].

Esta tesis está en las antípodas de las que sostiene el individualismo metodológico, para el cual “los hombres en el estado de sociedad son fundamentalmente individuos” y que “al reunirse, no se convierten en una sustancia distinta, dotada de propiedades diferentes”. En definitiva, para este enfoque “los seres humanos en sociedad no tienen más propiedades que las derivadas de las leyes de la naturaleza individual y que pueden reducirse a ésta”[6].

Para la economía neoclásica y el rational choice “los colectivos no actúan, no tienen intereses; los colectivos no tienen planes […] Quien verdaderamente actúa, tiene intereses, planes, etc., es el individuo. Esta es, en síntesis la tesis del individualismo metodológico[7].

En el extremo, Marx dirá que “el hombre es […] no solamente un animal social, sino un animal que sólo puede individualizarse en la sociedad“. Asumir en el análisis “la producción […] de un individuo aislado, fuera de la sociedad” -las “robinsonadas” de la economía neoclásica- ” no es menos absurda que la idea de un desarrollo del lenguaje sin individuos que vivan juntos y hablen entre sí”[8].

Como podrá apreciarse, no es que el marxismo no hable o no pueda considerar a los individuos en su análisis. El problema reside si asumirlos aislados del campo social en que se desenvuelven, desde una naturaleza abstracta y atemporal, y desde allí definir sus acciones, motivaciones, intereses, necesidades y racionalidades, como lo consideran la economía neoclásica, la ciencia política del rational choice o la sociología de la acción social,[9] o bien considerar que sus motivaciones, intereses , necesidades y racionalidades están enmarcadas por el campo de relaciones sociales en donde esos individuos se ubican.

Tenemos así dos perspectivas de lo societal que conducen a derroteros totalmente diferentes, los que no encuentran puntos de convergencia una vez asumido uno u otro punto de partida[10].

  1. De la totalidad

La tesis que la sociedad constituye una unidad que rebasa la simple sumatoria del accionar de sus componentes individuales remite en Marx a la idea de totalidad, de una unidad compleja, articulada y jerarquizada en los elementos que la componen, cuya comprensión no se alcanza por el agregamiento de partes[11], por más exhaustivo que éste sea [12].

El conocimiento de la totalidad no significa que podamos alcanzar un conocimiento de todo lo que acontece en sociedad (que iría asociado a la idea de completud)[13], sino de los elementos que articulan, organizan y jerarquizan la vida societal y que hacen posible que se reproduzca, material y socialmente, de una manera determinada[14].

Esto supone un cuestionamiento a los análisis que creen que reconstruirán la visión global a partir de la sumatoria de conocimientos parcelarios, como también de los estudios que se abocan a alguna parcela de la realidad y que buscan “conocer”, sin una mínima hipótesis del lugar y las relaciones de esa parcela con el todo mayor del cual forman parte[15].

Lo anterior no significa un rechazo sin más a los estudios parciales, al análisis de fragmentos de la realidad. Lo que se cuestiona es la realización de este tipo de análisis sin una interpretación del lugar y de las relaciones que tales parcialidades y fragmentos mantienen con la unidad compleja o totalidad en la que se articulan y forman parte.

La idea de totalidad, en definitiva, va estrechamente asociada al aspecto relacional indicado al comienzo de esta exposición. Pero, es necesario insistir, no se trata del simple peldaño en donde “todo tiene que ver con todo”, quedando atrapados en una visión de la complejidad elemental. La noción de totalidad en Marx está jerarquizada y busca establecer cuáles relaciones y de qué manera tienen mayor incidencia en la explicación de las regularidades cómo se produce y reproduce una sociedad.

La totalidad marxista, por otra parte, se asume como una unidad contradictoria, lo que significa que, de manera simultánea, se la concibe como unidad y lucha de opuestos, que se conforma con polos sociales que se atraen y que se repelen, siendo las clases y la lucha de clases su expresión societal más importante.

  1. Proceso histórico y periodización

El conocimiento de los fenómenos sociales no puede separarse del postulado que la realidad sobre la que reflexiona, por sus contradicciones, se recrea y se encuentra en un proceso constante de vida y muerte, inicio, desarrollo y liquidación, por lo que el conocimiento está obligado a dar cuenta del proceso que analiza y de sus etapas o periodizaciones[16].

Uno de los grandes debates de Marx con la economía política clásica se desarrolla teniendo como eje los supuestos de esta última de que los procesos de los cuales intentaban dar cuenta eran inherentes a todo orden social y no construcciones sociales temporales. Por ello Marx señala que “los economistas burgueses […] consideran al capital como una forma productiva eterna y conforme a la naturaleza (no a la historia)”[17], y que “sólo los burgueses de horizontes limitados […] conciben las formas capitalistas como las formas absolutas de la producción, como sus formas naturales y eternas”[18].

Por el contrario, para Marx “las formas económicas bajo la que los hombres producen, consumen y cambian, son transitorias e históricas“. Y agrega: “Al adquirir nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción, y con el modo de producción cambian todas las relaciones económicas, que no eran más que las relaciones necesarias de aquel modo concreto de producción”[19].

Por otra parte se entiende que también las categorías son históricas, que forman parte del proceso de conocimiento en su sentido general, y que como explicación de la realidad tienen validez para momentos históricos específicos, por lo que otras teorías, en otros momentos, podrán reemplazarlas, o revolucionarlas.

  1. Ley y singularidad

En la propuesta teórica de Marx una de las preocupaciones centrales es establecer las regularidades que expliquen la vida societal y que en el campo de la ciencia se expresan bajo la noción de leyes.

Estas leyes presentan en el campo de las ciencias sociales diferencias con las que pueden presentarse en el campo de las ciencias de la naturaleza. La más inmediata es que las primeras son “sociales”, construcciones que son producidas por las interrelaciones de los hombres, en tanto las segundas son “naturales”, en el sentido que emergen de la naturaleza misma. Ello implica que las primeras son “históricas”, por lo que pueden ser modificadas en tanto se entienda la lógica que las rige y las razones de su surgimiento en determinados momentos del desarrollo societal, mientras las segundas se presentan como leyes permanentes e inmutables[20].

Importa destacar que las regularidades, expresadas como leyes, a pesar de ser construcciones sociales, terminan presentándose como resultado de relaciones entre cosas. Esto hace referencia al fenómeno caracterizado por Marx como “fetichismo”, en donde, por ejemplo, “el carácter social del trabajo” se proyecta ante los hombres “como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si […] la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores”[21].

Junto al hecho de que las relaciones sociales se presenten de manera trastocada, como fenómenos de las cosas, las “regularidades” sociales se constituyen en estructuras, esto es, en redes densas de relaciones que terminan imponiendo a los hombres espacios de acción y de conducta societal, y que escapan a su control en tanto desconozcan sus reglas de funcionamiento, lo que impide tomar la construcción de la historia en sus manos. Tal es el significado de “leyes” como que “en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad”[22], las “relaciones de producción”, o que “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general”[23].

También alcanzan ese carácter de “exterioridad” leyes como la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, la que termina operando en contra de la voluntad manifiesta de los capitalistas individuales, que buscan actuar en un sentido que rehuya sus efectos y procurando evitar las crisis[24], o la ley general de la acumulación capitalista, que propicia un acrecentamiento del polo de la miseria como resultado de los mismos esfuerzos que buscan aumentar el polo de la riqueza[25].

Estos dos últimos ejemplos permiten señalar que las leyes operan de manera tendencial, lo que implica que existen factores que pueden actuar en el sentido de contrarrestarlas y/o morigerar su determinación. Sin embargo, tal situación no implica que ellas “quede(n) anulada(s) o suprimida(s)”. De lo contrario “ni se comprendería por qué hay que hablar de ley(es)[26].

La búsqueda de regularidades que expliquen la vida social no supone el desprecio por las particularidades de los hechos singulares, como incorrectamente señalan algunos críticos. Por el contrario, estos son asumidos en toda su significación, pero en un contexto que les dé inteligibilidad y puedan ser explicados. Un ejemplo clásico en Marx en tal sentido es su obra “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, en donde desde el prólogo Marx pone de manifiesto su objetivo en ese trabajo: demostrar “cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”[27].

La clásica oposición entre ley o hecho singular, o entre ciencias nomotéticas e idiográficas[28], encuentra en Marx una solución que rompe con su polaridad. La explicación de las tendencias generales es indispensable para dar cuenta de fenómenos particulares. La singularidad de estos fenómenos, sin embargo, sólo puede ser entendida en el cuadro de las tendencias generales de los procesos en donde dichos fenómenos se inscriben.

  1. Superficie y naturaleza interna

Conocer es superar las manifestaciones superficiales de los procesos estudiados, a fin de alcanzar su articulación interna, ya que “si la forma de manifestación y esencia de las cosas coincidiesen directamente […] toda ciencia sería superflua”[29].

En los cerebros del “economista vulgar […] no se refleja nunca más que la forma directa de expresión de la realidad y no la trabazón interna de ésta”[30]. Estos economistas vieron ganancias, interés, renta del suelo, pero no alcanzaron la noción de plusvalía en tanto denominador común de todas las formas anteriores.

En carta a Kugelmann, Marx insiste en la idea de que es necesario alcanzar la “conexión interna”, distinta a la “apariencia”, y que el fenómeno estudiado (en este caso se refiere al valor) “tiene un segundo fondo”[31], que es el que hay que alcanzar para realmente conocer.

En la superficie los procesos tiene la particularidad no sólo de “esconder” la dinámica interna, sino también de distorsionarla. Es conocido la tesis de la fetichización planteada por Marx, en donde las relaciones entre los hombres se les presentan a éstos como relaciones entre cosas. Al capitalista “en la competencia, todo se le representa cabalmente al revés” , por lo que la ganancia aparece como “una fuente de ingreso independiente del trabajo” e independiente “de la cantidad de trabajo no retribuido que él mismo ‘produce’”[32], y que en la competencia da como resultado la fijación de una ganancia media.

Llegar a ese “segundo fondo” y a las “conexiones internas” no es resultado de una simple especulación teórica (o esfuerzo lógico de reflexión), sino que va de la mano con el desarrollo histórico, que hace que “un elemento (aparezca) como lo común a muchos, como común a todos los elementos. Entonces deja de ser pensado solamente bajo una forma particular”. En definitiva “la indiferencia por un trabajo particular corresponden a una forma de sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo tanto, indiferente”[33].

Pero eso no es todo. Pasar de la superficie a la “trabazón interna” implica alcanzar la “articulación” del fenómeno estudiado “en el interior de la moderna sociedad burguesa”[34], porqué “si es verdad que las categorías de la economía burguesa poseen cierto grado de validez para todas las otras formas de sociedad”, lo que a juicio de Marx debe ser tomado cum grano salis[35], ellas deben ser capaz de dar cuenta de “la diferencia” que alcanzan entre unas formas de sociedad y otras, asunto que “será siempre esencial”[36].

El camino que va de la superficie, o apariencia, a la conexión interna, para reconstruir las relaciones de la sociedad, apunta a los problemas referidos al método y en particular al proceso de abstracción. Abordemos entonces este problema.

  1. Del proceso de abstracción

El sentido común nos ofrece por lo general un orden y una visión integrada de la realidad . Conocer científicamente supone poner en cuestión ese orden y esa integración, deconstruirlo, alcanzar sus elementos simples y la lógica de su organización, para volver a integrarlo, pero ahora desde una explicación científica. Para tal efecto, partir de “lo real y lo concreto” proyectado en nuestra mente (el concreto representado), y quedarnos “amarrados” a categorías agregadas como economía, población, u otras es un camino que “se revela (como) falso” señala Marx. Esto porque

[…] la población es una abstracción si dejo de lado, por ejemplo, las clases de que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra huera si desconozco los elementos sobre los cuales reposan, por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el cambio, la división del trabajo, los precios, etc. El capital […] no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etc. Si comenzara, pues, por la población, tendría una representación caótica del conjunto […][37].

Por ello no hay otro camino que llegar “a conceptos cada vez más simples” que tengan la particularidad de develar la articulación específica de la realidad que quiere explicarse. Este es el proceso de abstracción. Abstraer implica tomar distancia de la realidad, pero no en el sentido de crear una ficción, inexistente, sino de separar y analizar elementos simples y reducidos de la propia realidad. O, en palabras de Sweezy, “el propósito legítimo de la abstracción en la ciencia social no es nunca alejarse del mundo real, sino más bien aislar ciertos aspectos del mundo real para fines de investigación intensiva”[38].

El proceso de abstracción, por lo tanto, nada tiene que ver con la construcción de un tipo ideal, el cual pierde referentes con la realidad que busca analizar, al convertirse en “un realce unilateral de elementos que derivan de nuestro interés cognitivo”[39], con los cuales “construimos conexiones a las que nuestra fantasía disciplinada y orientada en vista de la realidad, juzga adecuadas”[40].

Importa destacar que el aislamiento de elementos simples se realiza con categorías que ponen de manifiesto las relaciones sociales que subyacen en los procesos, y que el proceso de abstracción es un momento del análisis que busca, como objetivo final, dar cuenta, de totalidades complejas, o en el lenguaje de Marx, de un “concreto” en tanto “síntesis de múltiples determinaciones”[41].

Sin embargo, aparece el interrogante: ¿cómo definir o delimitar cuáles son aquellos “conceptos simples” que permiten develar la articulación específica que define a la sociedad?

Para responder a él Marx señala un criterio fundamental: “En todas las formas de sociedad existe una determinada producción que asigna a todas la otras su correspondiente rango (e) influencia, y cuyas relaciones, por lo tanto, asignan a todas las otras el rango y la influencia”[42], por lo que “sería […] erróneo alinear las categorías económicas en el orden en que fueron históricamente determinantes.” . Por el contrario “su orden de sucesión está […] determinado por las relaciones que existen entre ellas en la moderna sociedad burguesa […]”[43], y en esa sociedad es el capital “la potencia económica que lo domina todo”[44].

Establecido este punto de partida, el proceso de abstracción implica por tanto privilegiar la relación social capital-trabajo[45], dejando de lado, en esta etapa del trabajo de investigación a todas las demás relaciones sociales que pueden presentarse en la sociedad burguesa (como la renta de la tierra, que será abordada posteriormente en El Capital).

Pero la propia relación social capital-trabajo debe ser llevada a sus elementos más simples. Aquella es una relación de cambio, por lo que el análisis de los productos destinados al cambio, las mercancías, -en una sociedad “que se nos aparece como una ‘inmenso arsenal de mercancías’ y la mercancía como su forma elemental[46]– se convierten en el elemento desde donde iniciar la descomposición y recomposición de la “anatomía de la moderna sociedad burguesa”.

Por esta razón, será el estudio de la mercancía el punto de partida del análisis que Marx presenta en El Capital. En ella se encierra la contradicción entre valor (de cambio) y valor de uso, punto nodal para comprender – en una sociedad en donde la fuerza de trabajo asume la forma de mercancía- el origen de la plusvalía, como veremos en el siguiente punto.

Este punto de partida en la exposición – desde la mercancía- sólo adquiere sentido en tanto ya se tiene, a nivel de la investigación, respuesta al interrogante de cuáles son los elementos simples “de una determinada producción que asigna a todas las otras su correspondiente rango (e) influencia”. En palabras de Kosík “la mercancía podía ser el punto de partida de la exposición científica porque ya se conocía el capitalismo en su conjunto[47]. La exposición, por tanto, está supeditada a los resultados de la investigación[48].

  1. De la investigación y el método

De lo señalado anteriormente, podemos concluir que el método de conocimiento en Marx implica partir de las representaciones iniciales, o concreto representado, para pasar a la separación y análisis de elementos simples, proceso de abstracción, que permita descifrar las articulaciones específicas, y a partir de ellas reconstruir “una rica totalidad” con “sus múltiples determinaciones y relaciones”[49], esto es, un nuevo concreto, pero diferente al inicial, en tanto “síntesis” y “unidad de lo diverso”, que organiza y jerarquiza las relaciones y procesos, lo que nos revela y explica la realidad societal. Este método constituye uno de los más importantes aportes de Marx a la teoría social y a la economía política en particular[50], por lo que conviene señalar algunos otros elementos para su mejor comprensión. Visto la producción de Marx en su conjunto destaca que su arribo a los problemas expuestos en El Capital, se realiza por “aproximaciones sucesivas”, esto es, que va definiendo problemas de investigación y encontrando soluciones, que lo lanzan a la formulación de nuevos problemas y a la búsqueda de nuevas soluciones.

El propio Marx se encarga de dar cuenta de este proceso. En el “Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política”[51] hace un recuento de sus estudios de economía política y de los logros alcanzados en etapas diversas de sus investigaciones.

Allí señala que en los Anales franco-alemanes de 1844 (que reúne entre otros dos de sus trabajos, “Sobre la cuestión judía” y “Para una crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. Introducción”) expone una “investigación (que) desemboca en el (siguiente) resultado: […] tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resuma Hegel […] bajo el nombre de ‘sociedad civil’, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía Política”[52].

De la jurisprudencia, de la filosofía y de la historia, Marx iniciaba el giro hacia la economía política, y de sus primeras investigaciones en este terreno concluye que es en la anatomía de la economía de la sociedad (que aquí llama aún en términos hegelianos como “sociedad civil”) donde radica la explicación necesaria de los procesos sociales y políticos.

Estamos aún muy lejos de desentrañar “la anatomía de la sociedad burguesa”. Pero se ha alcanzado un resultado que constituye un primer paso en aquella dirección. La investigación prosigue.

En 1846 se produce un salto de calidad significativo. Marx y Engels escriben en Bruselas La ideología alemana, obra que a juicio de Mandel “funda la teoría del materialismo histórico”[53].

El informe de Marx sobre este trabajo es muy relevante:

El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general […].

Y prosigue: “Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes […]. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social”[54].

Hay que destacar que el “Prólogo”, donde Marx señala lo anterior, lo escribe en 1859, muy cerca de comenzar la redacción de El Capital y en tiempos donde ya ha producido obras mayores, como la Crítica de la Economía Política y los Grundrisse, es decir, en su etapa de mayor madurez intelectual.

En ese contexto Marx realiza un análisis económico desde el cual busca comprender las relaciones contradictorias del conjunto de la sociedad burguesa (lo económico, lo político, lo social y lo ideológico), para arribar a una tesis sobre el desarrollo de la crisis de esa sociedad y de su revolución. Es importante destacar lo anterior porque el Marx maduro, crítico de la economía política, nunca relega la visión general de la sociedad, así como el asunto del cambio y de la revolución[55]. Su concepción dialéctica de la realidad como una unidad contradictoria se lo impide[56]. Más aún, las tesis anteriores las considera “hilo conductor” de los trabajos posteriores.

Hacia 1847 y en el curso de nuevas investigaciones, Marx publica Miseria de la filosofía, primera obra que considera como una exposición científica de sus tesis[57]. Pero hay mucho más. Mandel sostiene que es en esta obra en donde ya no hay lugar a dudas que Marx acepta la teoría del valor-trabajo, como resultado de “la profundización de los estudios económicos […] y de un rebasamiento analítico de las contradicciones que había creído descubrir anteriormente en (esa) teoría….”[58].

La exposición de Mandel a este “rebasamiento” es interesante:

Lo que había molestado a Marx, en ocasión de su primer encuentro con Ricardo y toda la escuela clásica era la oposición aparente entre los efectos de la competencia (las fluctuaciones de los precios eran resultado del juego de la ley de la oferta y la demanda) y la estabilidad relativa del ‘valor de cambio’ determinado por la cantidad de trabajo necesario par su producción […].

Los precios del mercado varían constantemente […] [U]n momento de reflexión, así como el examen empírico de la realidad económica revelan que estas fluctuaciones no se efectúan, de ninguma manera al azar, sino en torno a un eje determinado […]. Empíricamente se descubre que los costos de producción son el eje de las fluctuaciones de los precios[59].

Superadas las reticencias a la propuesta de Ricardo, Marx toma distancia de éste “en un punto de importancia capital”[60], al destacar el “error de los economistas burgueses que pretenden descubrir en estas categorías económicas leyes eternas y no leyes históricas, que son leyes sino para un determinado desarrollo histórico, para un desarrollo determinado de las fuerzas productivas”[61].

“La elaboración de su teoría del materialismo histórico le había permitido (a Marx), al mismo tiempo, descubrir el ‘núcleo racional’ de la teoría del valor-trabajo, su carácter históricamente limitado[62].

Marx reanuda sus estudios de economía política en 1850 en Londres, en donde decide “volver a empezar desde el principio”, pero mejor armado teóricamente, lo que le ayudará a alcanzar importantes resultados en la tarea de aislar o abstraer conceptos simples, para analizarlos a profundidad y regresar a reconstruir totalidades mayores, cada vez más reveladoras y explicativas de la anatomía de la sociedad burguesa.

En la segunda mitad de los años cincuenta del siglo XIX Marx ya ha elaborado la mayoría de las categorías que constituirán sus aportes más importantes a la economía política, las cuales se expondrán con mayor o menor detalle en Contribución a la Crítica de la economía política (1858); en los Grundrisse (1857-1858) y en Teorías sobre la plusvalía (1861-1863), las obras que anteceden a la publicación de El Capital[63].

Sin embargo, antes de las tres últimas obras antes mencionadas, la noción de plusvalía no aparece en sus escritos, ni siquiera en el Manifiesto Comunista, y sólo se hace presente en El Capital. Una vez alcanzada dicha categoría, culminaba una etapa fundamental en los esfuerzos por lograr una síntesis de la anatomía de la sociedad burguesa, la cual podía ser ahora expuesta. Esta es la razón por la cual debe considerarse a El Capital como la obra de mayor madurez intelectual de Marx.

Los aportes de Marx a la economía política podrían resumirse en los siguientes puntos:

– La formulación de la noción de trabajo abstracto, es decir, “la sustancia creadora de valor”[64], diferente al trabajo concreto, creador de valores de uso. “Nadie hasta ahora , había puesto de relieve críticamente este doble carácter del trabajo representado por la mercancía”. Y “[…] este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de la economía política…”[65].

-La distinción entre valor de cambio y valor de uso de la fuerza de trabajo, punto fundamental, a su vez, para comprender el siguiente.

La plusvalía, en tanto un valor que rebasa el valor de cambio de la fuerza de trabajo, y que se logra al hacer uso de ella por el capital.

Cada proceso de investigación fue produciendo sus propios resultados. En este sentido el concreto representado de la siguiente investigación era cada vez más complejo y arrancaba con problemas, preguntas y herramientas conceptuales más sofisticadas o depuradas.

El proceso de abstracción, a su vez, se desarrolla en torno a conceptos que apuntan a dar cuenta de los núcleos organizativos y dinámicos de la sociedad burguesa: capital, trabajo, cambio, mercancías, valor, plusvalía ganancia, etc, analizados de manera simple, aislados de los elementos que perturban sus comprensión en el cuadro de relaciones del sistema. Asi Marx fue alcanzando síntesis o totalidades cada vez más concretas de la anatomía de la sociedad burguesa.

Desde esta perspectiva la obra de Marx en su conjunto puede ser percibida también como un único y gran proyecto de investigación. Sin embargo se perdería de vista el problema de los descubrimientos parciales, los que fueron orientando las investigaciones en direcciones que inicialmente no se contemplaban, o que lo obligaron a “volver a empezar desde el principio”[66].

El Capital mismo, del primero al tercer tomo, es una obra que se mueve de mayores a menores niveles de abstracción. Siendo en general una obra que en su conjunto es muy abstracta (en el sentido de abstracción que aquí hemos expuesto), en tanto avanza la exposición va incorporando nuevos elementos que permiten una mayor aproximación a la realidad. Los valores se convierten en precios; el valor de la fuerza de trabajo se traduce en salario; la plusvalía en ganancia y ésta en ganancia media, por la concurrencia.

  1. Lo lógico y lo histórico

Tenemos así un movimiento en espiral cada vez más envolvente. Ello también se hace presente en el terreno de la conjugación de lo lógico y lo histórico. Hablan de ello los permanentes tiempos que se toma Marx, desde el primer tomo, para significar desde la historia el tema que aborda teóricamente[67].

Desde esta perspectiva se fortalece el tratamiento teórico de los problemas con su manifestación y desarrollo histórico y el cómo se imbrican en el análisis. No hay en Marx, por tanto, una preeminencia de un método lógico (cualquier cosa que esto signifique) por sobre un método histórico, problema que ha propiciado un intenso y extenso debate entre los marxólogos[68].

Considerando el objeto de investigación, que dicho de manera rápida puede sintetizarse en el esfuerzo de desentrañar la anatomía de la sociedad burguesa, lo lógico y lo histórico van de la mano, en los límites -y para los fines- de ese propósito. No debe olvidarse que Marx no está tratando de hacer una historia general, sino de recuperar aquellos asideros de la realidad que le ayuden a comprender la organización y dinámica de la sociedad capitalista. Para resolver ese dilema recupera perspectivas históricas, por lo que va dejando en el camino aquellas “otras historias” que no apunten a comprender y explicar aquel problema fundamental[69].

La sociedad burguesa -escribía- es la más compleja y desarrollada organización histórica de la producción. Las categorías que expresan sus condiciones y la comprensión de su organización permiten al mismo tiempo comprender la organización y las relaciones de producción de todas las formas de sociedad pasadas […].

Desde esa perspectiva “la anatomía del hombre es una clave para la anatomía del mono”, por lo que “la economía burguesa suministra así la clave de la economía antigua, etc. Pero no ciertamente al modo de los economistas, que cancelan todas las diferencias históricas y ven la forma burguesa en todas las formas de sociedad”[70]. Y es “el capital […] la potencia económica que lo domina todo en la sociedad burguesa”. Por tanto, “debe ser el punto de partida y el punto de llegada […]”[71].

La mercancía se convierte así en el inicio lógico e histórico de la exposición[72]. Lógico, porque la mercancía encierra la doble dimensión de valor (de cambio) y valor de uso, clave para desentrañar la gestación de plusvalía en una sociedad en donde la fuerza de trabajo asume la forma de mercancía, con la particularidad de que su uso genera un valor superior a su valor de cambio. Histórico, porque en la producción mercantil simple ya se encuentran presentes los nudos que -desamarrados por el análisis- permiten explica el funcionamiento de la producción mercantil capitalista. En definitiva, es en la mercancía en donde está la punta de la madeja que permite desentrañar las claves de la relación social capital-trabajo, soporte de la organización societal capitalista.

  1. Niveles de abstracción

Como hemos visto, el proceso de abstracción es un momento del proceso de investigación, el intermedio y necesario, que hace posible pasar del concreto representado al concreto síntesis, o totalidad con múltiples determinaciones.

Cuando hablamos de niveles de abstracción hacemos referencia a la totalidad que se reconstruye en el conocimiento y a su lejanía (más abstracta) o cercanía (menos abstracta) con la realidad. En definitiva, existen totalidades con diversos grados de abstracción. En el marxismo podemos distinguir las siguientes: modo de producción, modo de producción capitalista, sistema mundial, patrón de reproducción de capital, formación social y coyuntura.

En tanto teoría y metodología el marxismo puede considerarse un corpus unitario. Ello no significa, sin embargo, que dentro de su unidad no existan elementos teóricos y metodológicos diferenciadores, siendo los niveles de abstracción un factor fundamental en tal sentido. Mientras menos abstracta sea la totalidad (o concreto síntesis) que se busca construir a nivel del conocimiento, el análisis deberá incorporar una mayor cantidad de categorías, conceptos y relaciones de los niveles más abstractos, al tiempo que requerirá de categorías particulares y de metodologías específicas para alcanzar sus fines. Y mayor la cantidad de datos de la realidad procesados a la luz de los elementos anteriores.

Así, la totalidad en el análisis de coyuntura, que implica un manejo de referencias de la realidad en su expresión más cercana y de corto plazo, debe contar con todo el arsenal teórico y metodológico de los niveles más abstractos, como condición necesaria. Pero no le son suficientes, por lo que deberá desarrollar categorías apropiadas para ese nivel de abstracción en específico a fin de procesar a aquellas.

Cuando hablamos de niveles menos abstractos hablamos de aproximaciones mayores a la realidad como tal y allí nos encontramos, por ejemplo, que en ninguna sociedad capitalista sólo existen tres clases, como sucede a nivel del modo de producción capitalista, donde sólo encontramos obreros, capitalistas y terratenientes[73]. A las tres anteriores habría que agregar, en sociedades capitalistas actuales, a la pequeña burguesía, al campesinado , y las diferentes fracciones y sectores que subdividen a cada una de ellas.

Iguales exigencias se plantean cuando nos proponemos analizar en niveles menos abstractos problemas como la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, la pauperización (absoluta o relativa?) o las crisis, para simplemente enunciar algunos problemas relevantes.

En este sentido, las formulaciones de Marx en El Capital son absolutamente necesarias, pero insuficientes para aplicarlas a situaciones históricas específicas[74].

Uno de los problemas en el análisis de pensadores marxistas estriba en la dificultad de realizar las mediaciones en el análisis, esto es, de establecer los puentes desde los niveles más abstractos a los menos abstractos, y no quedarse “amarrado” a los conceptos de los primeros cuando se quiere hacer análisis de totalidades mas concretas. Plantearse el problema de las mediaciones supone asumir primeramente la existencia de niveles de abstracción diferenciados y ubicar las preguntas de investigación, cuestiones que no siempre ocurre.

Digamos por último que la visión que se alcance de la totalidad, en cualquier nivel de abstracción, es un permanente inicio y resultado de la investigación; una hipótesis recreada, que reclama de comprobaciones recurrentes y que repercute en confirmaciones o reformulaciones de las totalidades de todos los niveles.

A modo de conclusión

Los supuestos con los cuales enfrenta Marx los problemas de cómo los hombres hacen historia y resuelven sus necesidades económicas y actúan en sociedad, y de cómo alcanzar conocimiento de la realidad societal, difieren radicalmente de los que se encuentran en la base de los paradigmas económicos neoclásicos, de la sociología de la acción social, así como de la ciencia política del rational choice, los cuales predominan hoy en los programas de estudio y de investigación en la academia.

Mientras no se discuta sobre los supuestos presentes en los principales paradigmas que participan en el debate actual, sus seguidores podrán seguir polemizando (cuando no simplemente ignorándose), pero sin adentrarse en la raíz que marca sus diferencias, las que arrancan de pararse frente a la realidad desde posiciones diversas, lo que propicia ver “agentes” y procesos distintos, así como establecer horizontes de visibilidad diversos.[75]

Desde esta perspectiva, las diferencias entre el marxismo y paradigmas como los antes mencionados son profundas y van más allá del problema de nombrar “cosas” o “procesos”. Detrás de los conceptos y categorías empleadas por unos y otros hay divergencias respecto al qué y al cómo conocer.34

[1] En Marx-Engels, Obras escogidas, 3 tomos, Moscú, Editorial Progreso, 1984, t.III, pág. 534.

[2] Engels, “Carlos Marx. Contribución a la crítica de la economía política”, en Marx-Engels, Obras Escogidas, t. I, pág. 529.(Subrayado en el original)

[3] “Es en esta naturaleza social de las categorías materiales donde Marx veía sus ‘conexiones internas’. Los economistas vulgares sólo estudiaban las apariencias externas que son formas ‘enajenadas’ de las relaciones económicas […] sin captar su carácter social” (Rubin, I. I., Ensayos sobre la teoría marxista del valor, Córdoba, Pasado y Presente (53), 1974, p. 74).

[4] Citado en Therborn, G., Ciencia clase y sociedad, Madrid, Siglo XXI, 1980, p. 381.

[5] Marx, Grundrisse, 3 tomos, México, Siglo XXI, 1971, t. 1, p. 3.

[6] Stuart Mill, J. Systeme de logique déductive et inductive, t. 2, París, Lacan, 1909, p. 468. (citado en Valenzuela Fijóo, J., “El fracaso de la teoría económica convencional”, en Argumentos 23 (México, UAM-Xochimilco), septiembre de 1995, p. 46.)

[7] Schwartz, P., Rodríguez, C. y Méndez Ibisate, F. (comps.) , Encuentro con Karl Popper, Madrid, Alianza, 1993, p. 29. (Último subrayado, J.O.).

[8] Marx, Grundrisse, t. I, p. 4. (Primer subrayado, J.O.).

[9] “La economía marginalista parte del actor individual que calcula cómo alcanzar sus fines con medios escasos”, señala G. Therborn, y agrega que “la sociología interpretativa de Weber -padre de la teoría de la acción social (J.O.)- no se concibe […] como un arte imaginativo. Es una generalización de la economía marginalista” Therborn, Madrid, Siglo XXI, 1980, p. 294.

[10] De allí los resultados limitados a los que arriba el marxismo analítico, por ejemplo, en su intento por conciliar lo irreconciliable. En esta línea, John Roemer afirma: “Con respecto al método, creo que la teoría económica marxista tiene mucho que aprender de la teoría económica neoclásica” y que “respecto a la investigación sustantiva […] la teoría económica neoclásica tiene mucho que aprender de la teoría económica marxista”. Véase su ensayo “Marxismo de “elección racional”: algunas cuestiones de método y contenido”, en Roemer, J. (comp.), El marxismo: una perspectiva analítica, México, Fondo de Cultura Económica, 1989, p 219.

[11] “Reunir todos los hechos no significa aún conocer la realidad, y todos los hechos (juntos) no constituyen aun la totalidad” (Kosík, K., Dialéctica de lo concreto, México, Grijalbo, 1967, p. 55). A esta forma de conocer , Kosík la llama “conocimiento sistemático-acumulativo, que difiere del conocimiento dialéctico en su concepción de la realidad. “Si la realidad es un conjunto de hechos, el conocimineto humano sólo puede ser abstracto, un conocimiento sistemático-analítico de las partes abstractas de la realidad, mientras que el todo de la realidad es incognoscible” (Ibíd., pp. 61-62).

[12] En esta línea es que Bloch señala que “el conocimiento de los fragmentos estudiados sucesivamente, cada uno de por sí, no dará jamás el del conjunto, no dará siquiera el de los fragmentos” (Bloch, M., Introducción a la historia, México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 40. (subrayado original).

[13] Edgar Morin introduce este concepto, pero sin darle un estatuto en su cuerpo discursivo. Véase su Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Gedisa, 1998, p. 142.

[14] “[…] en el pensamiento dialéctico la realidad se concibe y representa como un todo, que no es sólo un conjunto de relaciones, hechos, y procesos, sino también su creación, su estructura, su génesis” (K. Kosík, p. 63; subrayado en el original). La noción de totalidad se reconstruye de acuerdo a los niveles de abstracción (que veremos más adelante) en que se mueve el análisis. No es la misma en el modo de producción, que a nivel del sistema mundial o de una formación social. Pero en cualquier nivel el análisis no puede eludir su formulación y establecer la relación de las partes con la unidad compleja en donde éllas se articulan y jerarquizan.

[15] En nuestros días se multiplican las investigaciones de “pedacería” social, económica, política, etc., sin referentes al papel y las relaciones que esos “pedazos” con las totalidades de la cual forman parte.

[16] “La dialéctica no puede concebir la totalidad como un todo ya acabado y formalizado que determina las partes, por cuanto a la propia determinación de la totalidad pertenece la génesis y el desarrollo de la totalidad, lo que implica desde el punto de vista metodológico la indagación de cómo nace la totalidad, y cuáles son las fuentes internas de su desarrollo y movimiento” (Kosík, K., pp. 71-72 (subrayado en el original).

[17] Marx, Grundrisset. 1, p. 421.

[18] Marx, Teoría sobre la plusvalía, cit. en Colletti, L, El marxismo y el ‘derrumbe’ del capitalismo, México, Siglo XXI, 1978, p. 26.

[19] Carta de Marx a Annekov, 28 de diciembre 1846. En Marx-Engels, Obras Escogidas, t. 1, p. 533.

[20] No en el sentido que las ciencias naturales no puedan establecer nuevas leyes, que modifiquen, cuestionen e incluso nieguen las establecidas en determinado momento. Permanentes e inmutables en tanto regularidades ajenas o externas a la acción de los hombres, y que éstos , vía la ciencia, construyen explicaciones para dar cuenta de ellas. I. Wallerstein plantea que en la moderna epistemología, la tajante separación entre ciancias sociales y naturales tiende a desaparecer. Véase su Abrir las ciencias sociales, México, Siglo XXI, 1996.

[21] Marx, El Capital, t. 1, p. 37.

[22] Como los condicionantes sociales que supone nacer en una determinada clase social, que termina definiendo, en gran medida, la vida social de los individuos en terrenos como el tipo de estudios, de vida laboral, de ingresos, y de vida social en general.

[23] Marx, Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”, en: Marx-Engels, Obras Escogidas, t. 1, pp. 517-519.

[24] Marx, El Capital, t. 3, caps XIII , XIV y XV.

[25] Ibíd. t. 1, cap. XXIII. Parte de los problemas de la economía neoclásica para enfrentar los problemas de la pobreza arranca del desconociminto de estos procesos. Su fórmula de “crear más riqueza” para combatir la pobreza conlleva, en las condiciones capitalistas, exactamente al resultado contrario.

[26] L. Colletti, p. 36

[27] Marx, “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” en Marx-Engels, Obras escogidas, t. 1., p. 405.

[28] Nombre que propuso W. Windelband en el contexto de las discusiones sobre el Método en la Alemania de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX

[29] Marx, El Capital, t.3 , citado por Rosdolsky, Genésis y estructura de El Capital de Marx, México, Siglo XXI, 1978, p. 81.

[30] Carta de Marx a Engels, 27 de junio 1867. En El Capital, t.1, p. 686 (subrayado en el original).

[31] Carta de Marx a Kugelmann, 11 de julio 1868, en Marx-Engels, Obras escogidas, t. 2, p. 442.

[32] Marx, Teorías sobre la plusvalía, México, Fondo de Cultura Económica, 1980, t. II, p. 57.

[33] Marx, Grundrisse, t. 1, p. 25.

[34] Ibíd., t.1, p. 29. Esto en el caso que sea un elemento o proceso de la sociedad capitalista.

[35] Literalmente, ‘con un grano de sal’, es decir: sin considerarlo con seriedad plena.

[36] Marx, Grundrisse, t. 1, p. 27.

[37] Ibíd., t 1, p. 21 (subrayado J.O.).

[38] P. Sweezy, Teoría del desarrollo capitalista, México, Fondo de Cultura Económica, 1945, p. 28.

[39] M. Gil Antón, Conocimiento científico y acción social. Crítica epistemológica a la concepción de ciencia en Max Weber, Barcelona, Gedisa editores, 1997, p. 63.

[40] M. Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1973, p. 82 (subrayados en el original).

[41] Marx, Grundrisse, t.1, p. 21.

[42] Ibíd., t. 1, pp. 27-28

[43] Ibíd., t. 1, pp. 28-29

[44] Ibíd., t.1, p. 28.

[45] Para diferenciar “en la complicada red de fenómenos sociales”, Marx encontró un “criterio objetivo” para destacar “los fenómenos importantes de los que no lo eran”, y dicho criterio es “destacar las relaciones de producción como estructura de la sociedad”. Lenin, V.I. “¿Quiénes son los ‘amigos del pueblo?’, en: Obras Completas, México, Ediciones Salvador Allende, 1978, t. 1, p. 150. Luporini retoma este texto de Lenin para fundamentar la idea de lo relacional como punto central para diferenciar ‘lo importante’ de lo ‘no importante’ en el análisis de Marx. Véase su “Dialéctica marxista e historicismo”, en: Luporini, C. et al., El concepto de “formación económico-social“, Córdoba, Cuadernos de Pasado y Presente (39), 1973.

[46] Marx, El Capital, t. 1, p. 3 (subrayado en el original).

[47] Kosík, K., op. cit., p. 198.(subrayado J.O.).

[48] Con esto discrepamos de quienes afirman que “la interpretación correcta del método de Marx en El Capital está indisolublemente ligado al concepto de la “exposición”. A. Schmidt, “Sobre el concepto cognitivo de Economía Política”, en: Rosdolski, R. et al., La crítica de la economía política hoy, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, México, 1983, p. 70. Esto es confundir el problema del método de investigación, que es el que permite llegar a resultados, con su exposición, referido a cómo exponer esos resultados. En el punto 9 abordamos uno de los debates centrales en torno a este último punto.

[49] Marx, Grundrisse, t.1, p. 21,

[50] Véase en tal sentido de R. Rosdolsky, “Observaciones sobre el método de El Capital”, en Rosdolski et al.

[51] Marx-Engels, Obras Escogidas, t. 1, pp. 516-520.

[52] Marx, “Prólogo” a la Contribución a la crítica de la economía política, p.517 (subrayado J.O.).

[53] E. Mandel, La formación del pensamiento económico de Marx, México, Siglo XXI, 1968, pp. 33-34. Este juicio es compartido por G. Therborn. Véase Ciencia, clase y sociedad, p. 332. Mandel considera esta una obra filosófica, en tanto Alfred Schmidt se pregunta “¿Qué clase de libro es La ideología alemana? ¿Es una obra económica, filosófica, sociológica? Creo que este trabajo no se deja encasillar en ningún rubro. Es una análisis de la situación social en su conjunto”. En “Sobre el concepto cognoscitivo de la crítica de Economía Política”, en R. Rosdolsky et. al., p. 90. Me inclino por la posición de Schmidt en este punto.

[54] Marx, “Prólogo” a la Contribución a la crítica de la economía política, pp. 517-518. Subrayo “resultado general” para enfatizar que estamos ante conclusiones de una investigación. Ellas abren la puerta para proseguir nuevas investigaciones, que es lo que hace Marx. Frente a la tardanza en la publicación de La ideología alemana, Marx señala que “entregamos el manuscrito a la crítica roedora de los ratones, muy de buen grado, pues nuestro objeto principal: esclarecer nuestras propias ideas estaba conseguido” (“Prólogo”, p. 519).

[55] Por el contrario, dando cuenta de la conexión entre los tres libros de El Capital, Marx escribe a Engels el 30 de abril de 1868: “Llegamos por fin a las formas externas que sirven de punto de partida al economista vulgar, la renta del suelo […]; la ganancia […]; el salario […]; aquellas tres (formas) […] constituyen las fuentes de rentas de las tres clases, o sean, los terratenientes, los capitalistas, los obreros asalariados, tenemos como final de todo la lucha de clases, a donde viene a desembocar todo el movimiento y que nos da la clave para acabar con esta basura […]”. Citado por Kosík, K, op. cit., p. 203, pie de página (subrayado, J.O.).

[56] En relación con la dialéctica, Lenin señala que “la formulación de Marx y Engels, arrancando de Hegel, es mucho más vasta , más rica de contenido”, para agregar que es ” un desarrollo que no discurre en línea recta, sino en espiral […]; un desarrollo a saltos a través de catástrofes y de revoluciones, que son otras tantas ‘interrupciones en el proceso gradual’, otras tantas transformaciones de la cantidad en calidad…” (Lenin, “Carlos Marx”, en: Lenin, V.I., Obras Escogidas, 3 tomos, Moscú, Editorial Progreso, 1961, t.1, p. 31.

[57] “Prólogo” de Contribución…, p. 519.

[58] Mandel, op. cit., p. 45.

[59] Ibíd., pp. 45-46.

[60] Ibíd., p. 48

[61] Carta de Marx a Annekov, 28 de diciembre de 1846, citado por Mandel, op. cit, p. 48.

[62] Mandel, op. cit., p. 48 (subrayado en el original)

[63] El primer t.se publica en 1867, editado por el propio Marx. Los tomos II (1885)y III (1894) los edita Engels.

[64] Marx, El Capital, t. 1, p. 6.

[65] Marx, Ibíd., p. 9.

[66] Marx, “Prólogo” de la Contribución a la crítica, p. 519.

[67] Donde puede mencionarse, sólo en relación al primer tomo, los apartados históricos sobre la jornada de trabajo (cap. VII); el cap. XII sobre el origen de la manufactura y la divisón del trabajo; el cap. XIII sobre la maquinaria y la gran industria, hasta el cap. XXIV, sobre la acumulación originaria.

[68] Debate en donde unos consideran que Marx privilegia lo lógico, frente a los que postulan un predominio de lo histórico. Sólo a modo de ejemplo, véase los materiales reunidos en La crítica de la economía política, hoy.

[69] “[…] el único método indicado era el lógico. Pero éste no es, en realidad, más que el método histórico, despojado únicamente de su forma histórica y de las contingencias perturbadoras”. F. Engels, “Marx. Contribución a la crítica de la economía política”, p. 528.

[70] Marx, Grundrisse, t. 1, p. 26.

[71] Marx, Ibíd., t. 1, p. 28.

[72] “[…] la mercancía podía ser el punto de partida de la exposición científica porque ya se conocía el capitalismo en su conjunto” (Kosík, K., op. cit., p. 198).

[73] A este respecto Marx se pregunta.”¿qué es lo que convierte a los obreros asalariados, a los capitalistas y a los terratenientes en factores de las tres grandes clases sociales? […] Trátase de tres grandes grupos sociales cuyos componentes, los individuos que los forman, viven respectivamente de un salario, de la ganancia o de la renta del suelo, es decir, de la explotación de su fuerza de trabajo, de su capital o de su propiedad territorial” (El Capital, t. III, 1946, p. 817).

[74] El tema lo desarrollamos en el ensayo Patrón de reproducción de capital: hacia una propuesta teórico-metodológica alternativa en el análisis económico. Mimeo, UAM-Xochimilco, 2003.

[75] En el libro Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento, México, FCE-UAM-X, 2001) expongo de manera crítica algunos de los supestos sobre los cuales se construyen los paradigmas que prevalecen hoy en la investigación en ciencias sociales. También en mi artículo “Sobre las recetas para salir del subdesarrollo” (Política y Cultura. 17, Departamento de Política y Cultura, UAM-X, primavera 2002) se podrá encontrar una crítica a los postulados del paradigma neoestructural en particular.

Teléfono (+54 11)4982-4146. Correo electrónico: revista@herramienta.com.ar.
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CARLOS MARX

CAPÍTULO XXIII

LA LEY GENERAL DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA.

d.) Efectos que ejercen las crisis en el sector mejor pagado de la clase obrera.

Párrafo 02:

De los suplicios subsiguientes a la crisis de 1866 da idea el siguiente extracto, tomado de un periódico tory. Y no hay que olvidar que el Este de Londres, barrio del que aquí se trata, no alberga sólo a los constructores de boinas de hierro, de que habla el texto, sino también a una multitud de “obreros a domicilio”, cuyo trabajo se paga constantemente por debajo del nivel mínimo. “¡Terrible espectáculo el que ayer se desarrolló en una parte de la capital! Aunque los miles de obreros parados del Este no desfilasen en masa, con sus banderas negras, la muchedumbre humana que se congregó era harto imponente. Recordemos todo lo que estos hombres sufren. Se están muriendo, literalmente, de hambre. Tal es la sencilla y espantosa realidad. Son ya 40.000… ¡Aquí cerca de nosotros, en uno de los barrios de esta maravillosa capital, pegado a la más gigantesca acumulación de riqueza que jamás ha visto el mundo, 40.000 hombres sumidos en la impotencia se mueren de hambre! Estos millares de hombres comienzan a irrumpir en los otros barrios; son seres que se han pasado la vida hambrientos y nos gritan al oído sus quejas, las claman al cielo, no dicen de sus hogares destruidos por la miseria, de sus esfuerzos vanos por encontrar trabajo y de la inutilidad de mendigar una limosna. Los obligados a pagar el impuesto local de beneficencia se ven ellos mismos arrastrados al borde del pauperismo por las exigencias de las parroquias” (Standard, 5 de abril, 1866)  

– Página –569–   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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