Buques monstruosos


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BAUTIZOS, del libro MUCHA GENTE PEQUEÑA, para la campaña STOP MONSTER BOATS980x400_albacora_uno

Se cumplían diez años del desastre del petrolero frente a sus costas, y Antonio, de la Fundación Lonxanet en Galicia, abrió un cuaderno desgastado por el vendaval, las olas y el salitre.

En la página de la izquierda llevaba un registro: “Beatriz”, “Nueva Pilar”, “San Pedro”, Virxe do Carmen”, “Bruma” o “Estrella de Mar”. En la página opuesta tenía anotados: “Titanic”, “Poseidón”, “Polycommander” o “Prestige”.

―Los pescadores artesanales ─explica─ con pintura blanca bautizan a sus barcos con el nombre de la amada para viajar bien acompañados; con nombres de santos o virgencitas a quienes les ruegan prodigios que les permitan volver; o, con nombres de los dominios Azules en señal de máximo respeto.

―En cambio ―continua― en la flota de la pesca industrial, que sale a la Mar para lucrarse sin poner mesura, es la arrogancia y la prepotencia quienes hacen de padrinos. Nombres desafiantes, de Dioses soberbios, para máquinas a las que mueve el poder.

En el puerto, Antonio señala uno de los más pequeños barcos de pesca en rítmico balanceo, ─es el “Dichoso”, que no precisa ser grande ni titánico para sentirse orgulloso.

apoyemos la campaña

stop monster boat

006 aa logo victorCRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

CAPÍTULO XXXIV

LA LLAMADA ACUMULACIÓN ORIGINARIA

2.Cómo fue expropiada de la tierra la población rural.-

Párrafo 02:

El preludio de la transformación que ha de echar los cimientos para el régimen de producción capitalista, coincide con el último tercio del siglo XV. El licenciamiento de las huestes feudales—que, como dice acertadamente Sir James Steuart, “invadieron por todas partes casas y tierras”—lanzó al mercado de trabajo a una masa de proletarios libres y privados de medios de vida. El poder real, producto también del desarrollo de la burguesía, en su deseo de conquistar la soberanía absoluta, aceleró violentamente la disolución de las huestes feudales, pero no fue esta, ni mucho menos, la única causa que la provocó. Los grandes señores feudales, levantándose tenazmente contra la monarquía y el parlamento, crearon un proletariado incomparablemente mayor, al arrojar violentamente a los campesinos de las tierras que cultivaban y sobre las que tenían los mismos títulos jurídicos feudales que ellos, y al usurparles sus bienes de comunes. El florecimiento de las manufactureras laneras de Flandes y la consiguiente alza de los precios de la lana, fue lo que sirvió de acicate directo, en Inglaterra, para estos abusos. La antigua aristocracia había sido devorada por las guerras feudales, y la nueva era ya una hija de los tiempòs, de unos tiempos en los que dinero es la potencia de las potencias. Por eso enarboló como bandera la transformación de las tierras de labor en terrenos de pastos para ovejas. En su Description of England. Prefixed to Holinshed·s Chronicles, Harrison describe cómo la expropiación de los pequeños agricultores arruina el país. “What care our great incroachers” (¡Que se les da esto a nuestro usurpadores!) Las casas de los campesinos y las viviendas de los obreros fueron violentamente arrasadas o entregadas a la ruina. “Consultando los viejos inventarios de las fincas señoriales—dice Harrison–, vemos que han desaparecidos innumerables casas y pequeñas haciendas de campesinos, que el campo sostiene a mucha menos gente, que muchas ciudades se ha arruinado, aunque hayan florecido otras nuevas… También podríamos decir algo de las ciudades y los pueblos destruidos para convertirlos en pastos de ganados y en los que sólo quedan en pie las casas de los señores” Aunque exageradas siempre, las lamentaciones de estas viejas crónicas describen con toda exactitud la impresión que producía en los hombres de la época la revolución que se estaba operando en las condiciones de producción. Comparando las obras de Tomás Moro con las del canciller Fortescue, es como mejor se ve el abismo que separa al siglo XV. Como observa acertadamente Thorton, la clase obrera inglesa se precipitó directamente, sin transición, de la edad de oro a la edad de hierro.    

 

– Página –611–   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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