E. V. Ilienkov: De lo abstracto a lo concreto


En el movimiento dialéctico del pensamiento, que va de lo concreto a lo abstracto y se eleva de lo abstracto a lo concreto, es este ultimo momento el esencial, para llegar al conocimiento teórico del mundo. Esta idea de Marx encuentra su aplicación en El Capital, ahí es donde debe buscarse el método y el modo de exposición propiamente marxistas. Las relaciones de la lógica y del desarrollo histórico real se ven así, aclarados. El ruso Evald Ilienkov, [veasé Lógica dialéctica, ensayos de historia y teoría. 1977] analiza las maneras en que Locke, Spinoza, Hegel, Adam Smith, y Ricardo, concebían las relaciones de lo abstracto a lo concreto, la inducción y la deducción. Y explica también el desarrollo científico de la concepción dialéctica de Marx.

  1. Elevarse de lo abstracto a lo concreto
  2. La concepción hegeliana de lo concreto
  3. Los puntos de vista de Marx sobre el desarrollo del conocimiento
  4. El fundamento materialista del paso de lo abstracto a lo concreto en Marx
  5. La inducción de Adam Smith y la deducción de Ricardo. Los puntos de vista de Locke y Spinoza en Economía Política
  6. La deducción y el problema del historicismo

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De lo abstracto a lo concreto

ELEVARSE DE LO ABSTRACTO A LO CONCRETO

En el curso de su análisis del método de la economía política. Marx formula una serie de proposiciones de un inmenso alcance filosófico. Es el caso de la tesis según la cual la única vía posible y justa que permite al pensamiento resolver el problema especifico del conocimiento teórico del mundo que nos rodea es “elevándose de lo abstracto a lo concreto”

En la concepción de Marx: “lo concreto es la unidad de la diversidad”, “Esta es la razón de que aparezca en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida de la intuición y de la representación (…) el todo, tal como aparece en el espíritu, como una totalidad pensada, es un producto del cerebro pensante, que se apropia el mundo de la única forma que le es posible, según un modo que difiere de la apropiación artística, religiosa práctico-espiritual de ese mundo”.1

El método qué se eleva de lo abstracto a lo concreto, donde “las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por la vía del pensamiento”2 es definido por Marx como ”el método científico correcto”. Es un método específico que “sólo es para el pensamiento la manera de apropiarse lo concreto, de reproducirlo bajo la forma de un pensamiento concreto” 3

Solo este método permite al teórico resolver su problema especial: la transformación en concepto de los datos de la intuición y de la representación.

Como estas tesis son de una importancia muy particular para la interpretación del método de El Capital nos pararemos más detalladamente, teniendo en cuenta que ellas han sido, a menudo el objeto de falsificaciones acerca de las ideas económicas y filosóficas de Marx.

Primero hace falta recordar que Marx no entiende, en ningún caso lo concreto como una simple imagen de la intuición viva, como la forma sensible del reflejo del objeto en la conciencia y lo abstracto como la sola “abstracción del espíritu”. Si leemos las proposiciones de Marx citadas más arriba, ateniéndose a una tal concepción de lo abstracto y de lo concreto, que es la del empirismo estrecho y del neo-kantismo, caeremos en lo absurdo y nos encontraremos en desacuerdo total con la teoría del reflejo. Estamos en presencia de una ilusión: Marx recomendaría partir de la abstracción del espíritu como de un dato inmediato, para elevarse a la imagen de la intuición viva, como a una cosa secundaria, derivada del pensamiento.

Por esto cuando leemos a Marx hace falta, ante todo, cuidar que esta lectura no sea incomodada por concepciones transcritas sin espíritu critico de tratados de teoría del pensamiento premarxistas y neo-kantianos.

Desde el punto de vista que Marx dio, las definiciones de lo abstracto y de lo concreto, las proposiciones citadas caracterizan justamente la dialéctica del paso de la intuición viva al pensamiento abstracto, de la intuición y la representación a lo concreto tal como ello se manifiesta en el pensamiento teórico.

Marx es, ante todo, un materialista. En otros términos: él parte del hecho de que las abstracciones, con ayuda de las cuales; por la síntesis de las cuales; el teórico reconstruye el mundo por el pensamiento, representan copias mentales de momentos particulares de la realidad objetiva misma, momentos puestos en evidencia por el análisis. Dicho de otra forma, suponemos como evidente que cada definición, tomada aparte, es el producto de la generalización y del análisis de los datos inmediatos de la intuición. En este sentido (pero solamente en este sentido) ella es el producto de la “reducción” de lo concreto en la realidad a su expresión sintetizada y abstracta en la conciencia.

En lo que concierne a las definiciones que usaba la economía política premarxista. Marx dice que ellas son todas productos del movimiento de lo concreto, dado en la representación hacia las abstracciones cada vez más descarnadas. Por eso Marx caracteriza el camino histórico recorrido por la economía político como un camino que parte de lo real y lo concreto y conduce primero a las “abstracciones más descarnadas”. y solamente después de estas abstracciones descarnadas a un sistema, a una síntesis, a una combinación de abstracciones que forman una teoría.

“Reducir ” la plenitud concreta de la realidad a su expresión abstracta en la conciencia, es evidentemente, la condición sin la cual ninguna investigación teórica especial puede desarrollarse ni siquiera comprometerse. Más aún esto no es solamente “premisa”, una condición prehistórica de la apropiación teórica del mundo, sino también un momento orgánico del proceso mismo de la edificación de un sistema de definiciones científicas, es decir, de la actividad de síntesis del espíritu.

Es sabido que el teórico no encuentra preparadas, a nivel de conocimiento, todas las definiciones con las cuales él forma un sistema. Su tarea no se limita a agrupar formalmente las frágiles abstracciones ya preparadas aplicando las reglas conocidas de esta operación. Cuando él organiza un sistema de abstracciones ya preparadas, obtenidas anteriormente, hace siempre de ellas un análisis crítico; él las verifica confrontándolas con los hechos y de esta misma forma recorre en cierto modo, nuevamente el proceso que se eleva de lo abstracto, en la realidad a lo concreto en el pensamiento. Así, de este modo esta “subida” no es únicamente ni tan siquiera una “premisa” de la edificación de un sistema científico, sino un momento orgánico de esta edificación misma.

Las definiciones abstractas particulares, cuya síntesis da lo concreto en el pensamiento, se forma en el curso de este mismo proceso. Así, el proceso teórico que conduce al conocimiento concreto está siempre al mismo tiempo, en cada uno de sus eslabones como en su conjunto, es un proceso de reducción de lo concreto a lo abstracto.

En otros términos, se puede decir que elevarse de lo concreto a lo abstracto, por una parte, y elevarse de lo abstracto a lo concreto, por otra parte, son aquí dos formas que se implican mutuamente en el proceso de apropiación teórica del mundo o sea, del pensamiento abstracto”. Cada una de ellas no se realiza más que a través de su contraria, en unión con ella. La elevación de lo abstracto a lo concreto sin su contraria, la elevación de lo concreto a lo abstracto se convertiría en un conjunto puramente escolástico de frágiles abstracciones ya hechas y copiadas de otra parte sin un espíritu crítico. Contrariamente, reducir lo concreto a lo abstracto al azar, sin una idea general de investigación claramente concebida, sin hipótesis, no puede tampoco dar teoría y no la dará. Esto sólo dará un montón desordenado de abstracciones descarnadas.

Pero ¿por qué Marx, que tiene en cuenta todo esto, hace justamente del método que consiste en “elevarse de lo abstracto a lo concretó” el único método científico posible y correcto de apropiación teórica del mundo? Es que la dialéctica (a diferencia del eclecticismo) no razona según el principio “de un lado, del otro lado”, sino que indica en todos los casos el lado determinante, dominante, el momento de unidad de los contrarios que es decisivo en el caso considerado. He aquí un axioma de la dialéctica.

Es específico y característico del proceso de la apropiación teórica (a diferencia de la simple toma de conciencia empírica de los hechos) que cada “abstracción”, tomada por separada, se forma en el curso del movimiento general de la investigación, en el movimiento hacia una concepción cada vez llena, completa (es decir, concreta) del objeto. Cada generalización tomada aparte (donde la fórmula es: de lo concreto a lo abstracto) no tiene sentido en este caso sino a condición de ser un paso hacia la aprensión concreta de la realidad por un camino que se eleve del reflejo abstracto del objeto en el pensamiento a su expresión cada vez toas concreta en el concepto.

Si un acto dado de generalización no es al mismo tiempo un paso adelante en el desarrollo de la teoría, un paso que va de un conocimiento ya alcanzado a un nuevo conocimiento más completo, si ello no hace avanzar toda la teoría y no la enriquece de una nueva determinación general (sino que sólo hace repetir lo ya conocido), este acto está, desde el punto de vista del desarrollo de la teoría, simplemente desprovisto de sentido.

En otros términos, lo “concreto” (es decir el movimiento permanente hacia una comprensión teórica cada ver más concreta) es aquí el fin especifico del pensamiento teórico. En tanto que es un fin de tal naturaleza, lo “concreto” define como ley la manera de actuar del teórico (se trata de una acción mental naturalmente) en cada caso particular, por cada generalización tomada aparte.

Desde ese punto de vista, lo “abstracto” no es el fin sino el medio del proceso teórico, y cada acto de generalización (es decir, de reducción de lo concreto a lo abstracto) aparece como un momento “desvanecedor” en el movimiento general.

En el lenguaje de la dialéctica, el “momento desvanecedor” es un momento que no tiene significado por sí mismo, aparte de otros momentos, sino solamente en ligazón con ellos, en interpretación viva con ellos, de paso.

He aquí toda la cuestión. Porque Marx es un dialéctico, no se limita a la simple constatación del hecho que el proceso del pensamiento teórico incluye también el movimiento de la concreto hacía lo abstracto y de lo abstracto hacia lo concreto, sino que pone de relieve, ante todo, la forma de movimiento del pensamiento que es lo dominante en el caso considerado y que determina el peso y la significación de la forma contraria. En la investigación teórica especializada la forma que se eleva de lo abstracto a lo concreto es la que domina. Por eso, es la forma específica del pensamiento teórico.

Naturalmente esto no significa de ningún modo que la otra forma este totalmente ausente. Esto significa pura y simplemente que la reducción de la plenitud concreta de los hechos a su expresión abstracta en la conciencia no es ni la forma específica ni aún menos la determinante del reflejo teórico del mundo.

El hombre come para vivir y no vive para comer. Pero hace falta estar loco para deducir de esto que el hombre tiene que vivir sin alimentarse; seria también absurdo acusar a este aforismo de “rebajar” el papel de la alimentación.

El caso que nos ocupa es análogo. Para tomar la absorción de la plenitud sensible concreta de los hechos en el seno de la abstracción por la forma principal y determinante de la actividad intelectual del teórico, hace falta ignorar totalmente la ciencia. Esto no es en la ciencia más que un medio necesario para cumplir con una tarea más seria, especifica, de la apropiación teórica del mundo y de la meta real de la actividad del teórico. La reproducción de lo concreto en el pensamiento es el fin que determina el peso específico y la importancia de cada acto de generalización tomado por separado.

Naturalmente lo concreto en el pensamiento no es un fin en si, no es la meta final. La teoría tomada en su conjunto no es, pues más que un “momento desvanecedor” en el proceso del cambio de las materias reales, prácticas, entre el hombre y la naturaleza. De la teoría se pasa a la práctica ,y este paso puede ser también calificado de paso de lo abstracto a lo concretó”. La práctica no tiene ya un fin más elevado fuera de ella, ella misma plantea sus fines, es un fin en si. Y es justamente por eso que en el curso de la elaboración de la teoría. cada paso, cada generalización, son igualmente confrontados constantemente con las indicaciones de la práctica y son devueltas a ésta como ala meta suprema de la actividad teórica. Por eso Lenin, hablando del método de El Capital, subraya uno de sus rasgos más característicos: “La verificación respectiva de los hechos por la práctica se hace aquí en cada etapa del análisis.” 4

La relación constante de “cada paso” del análisis con la orientación del camino de la investigación científica en su conjunto y, en fin de cuentas, con la práctica, procede de la naturaleza misma de la concepción marxista de la especificación de la apropiación teórica del mundo. Cada paso del análisis, cada acto de reducción de lo concreto a lo abstracto, debe tener desde el principio en cuenta el “todo” que encubre la representación, la intuición viva, y cuyo reflejo es la meta suprema del trabajo teórico (bien entendido solamente mientras se trate del trabajo teórico, mientras el hombre se ocupe del mundo sólo desde el plan teórico).

Es aquí donde reside el sentido profundamente dialéctico de la tesis de Marx sobre el método que consiste en “elevarse de lo abstracto a lo concreto”.

Esto significa que todas las definiciones abstractas, realmente científicas y no ilusorias y vacías no aparecen solamente en la cabeza del hombre como el resultado de una reducción irreflexiva y fortuita de lo concreto a lo abstracto, sino como resultado de la progresión sistemática de la conciencia a lo largo del proceso regular general del desarrollo de la ciencia, de la concretización del saber existente y de la transformación crítica.

No se puede presentar las cosas como si cada ciencia debiera primero pasar por una etapa de aproximación exclusivamente analítica del mundo, que sería una etapa de reducción puramente inductiva de lo concreto a lo abstracto, para solamente después que ese trabajo haya sido completamente terminado, poder llegar a “reunir” las abstracciones obtenidas en sistemas y “elevarse de lo abstracto a lo concreto”.

Cuando Marx se refiere ala historia de la economía política burguesa y subraya que desde el momento de su aparición ha tomado el camino del análisis unilateral para no comprometerse sino más tarde por un camino “científicamente correcto”, no quiere decir con eso que cada ciencia contemporánea deba seguir ese ejemplo y pasar por una primer etapa puramente analítica antes de elevarse de lo abstracto a lo concreto.

El método exclusivamente analítico no es una virtud que se puede recomendar como modelo de imitación. El, más bien, ha expresado la inevitable limitación histórica de la Economía Política burguesa que provenía, en particular, de la ausencia de un método elaborado del pensamiento dialéctico. La lógica dialéctica no recomienda solamente a la ciencia contemporánea comenzar por el análisis puro y por la pura reducción de lo concreto a lo abstracto para pasar seguidamente a una síntesis también pura, a una pura elevación de lo abstracto a lo concreto. Una vía tal no conduciría al conocimiento concreto, y si ella condujera, sería sólo después de los mismos vagabundeos sufridos por la economía política anterior a Marx.

El ejemplo citado por Marx es más bien un argumento en favor de la tesis de que la ciencia debe ahora, desde un principio tomar un camino científico correcto sin repetir los vagabundeos del siglo XVII, y utilizar el método dialéctico elevándose de lo abstracto a lo concreto, en el que el análisis y la síntesis están orgánicamente unidos. Es un argumento en favor del deber de la ciencia, de elaborar desde un principio sus definiciones abstractas, haciendo de cada una de ellas un paso por el camino del movimiento de la realidad como un todo en desarrollo

La ciencia, si ella es verdaderamente ciencia y no una simple colección de hechos y de informes, debe desde el principio reflejar su objeto y desarrollar sus definiciones de la manera que Marx ha definido como la única posible y correcta, y no conservarla para la buena boca”, para la expresión literaria de resultados ya comprobados, como aconsejaban los revisionistas neo-kantianos del tipo de Kunov, Renner y otros como ellos.

Naturalmente, el método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto encuentra su encarnación más pura en los trabajos de Marx, donde encontramos una exposición sistemática de la teoría: la Contribución a la critica de la economía política, los Grundrisse der Kritik des politischen Ekonomie y El Capital.

Pero esto no significa, ni mucho menos, que la “exposición” surja fundamentalmente de otro método que la “investigación’, ni que la manera en que Marx llevó sus investigaciones sea directamente opuesta a la que él mismo usó para exponer los “resultados de sus investigaciones”

Si ello no fuera así el análisis de la “lógica de El Capital no aportaría exactamente nada a la comprensión del método empleado por Marx para sus investigaciones, para el tratamiento de los datos de la intuición y de la representación. En ese caso, El Capital sólo sería instructivo por su manera literaria de exponer los resultados y no por el método por el que tales resultados han sido obtenidos. Haría falta, entonces, reconstruir el método de investigación de Marx, no por el análisis de El Capital sino examinando los borradores, los apuntes, los bosquejos y las consideraciones salidas de la cabeza de Marx en el trascurso de su toma de conocimiento inmediato e inicial con los hechos económicos. Seria necesario estar de acuerdo con la afirmación vulgar del autor de uno de esos innumerables folletos antimarxistas, el teólogo J. Petcher, que proclama:

“El método que sigue Marx en El Capital es, en su esencia, el mismo que el de cualquier sabio “burgués”. La dialéctica no le sirvió a Marx, como él mismo declaró en el epílogo a la segunda edición de El Capital, más que como procedimiento de exposición. Este procedimiento posee, aparentemente, ciertas ventajas en las que no nos detendremos aquí, ya que esto no tiene relación con el problema del método del conocimiento.” 5

Fetcher desvía aquí de su sentido la indicación conocida por Marx de que la expresión de una teoría bajo su forma desarrollada no puede diferir del curso de todas las investigaciones que la han conducido; “la diferencia formal” de la una a la otra de la que habla Marx, no concierne, de ninguna manera, al fondo del método de pensamiento, al método de transformación en conceptos de los datos de la intuición y de la representación. Este procedimiento del análisis ha quedado el mismo, es decir, dialéctico tanto en el tratamiento preliminar de los datos como en el curso de su elaboración definitiva, aunque, naturalmente, se haya perfeccionado a medida que se avanza hacia la creación de El Capital.

La ventaja principal de ese “procedimiento de exposición” lejos de tener un carácter literario y estilístico, consiste justamente ea que el autor de El Capital no expone, de una manera dogmática y didáctica, los resultados completos obtenidos no se sabe cómo, sino que ha realizado ante los ojos del lector todo el proceso de investigación que conduce a tales resultados. “El lector que quiera seguirme deberá decidirse a elevarse de lo singular a lo general”,6 advertía Marx desde su Introducción a la contribución a la critica de la economía política. Este “método de exposición” conduce al lector de la comprensión de los detalles particulares, de lo abstracto a un enfoque cada vez más, concreto, desarrollado, general, de la realidad económica, a lo general como resultado de la interpretación de las particularidades.

Es cierto que, haciendo esto, el proceso de investigación no se encuentra reproducido en todos los detalles y desviaciones de las investigaciones que han durado más de veinticinco años, sino en los puntos esenciales en los que la propia investigación ha mostrado que al pensamiento se le ha hecho progresar hacia la comprensión: Marx no ha reproducido las numerosas desviaciones del tema central que son inevitables en el trabajo de cualquier sabio. En el transcurso de las investigaciones reales se examinan con frecuencia hechos que no tienen ligazón directa con el sujeto: en realidad sólo su análisis puede demostrar si ellos se refieren o no al sujeto. Además, el teórico debe a cada instante volver al examen de los hechos que parecen haber sido ya estudiados a fondo. Esta investigación no es una progresión sistemática, su movimiento es complejo y enredado y progresa con vueltas hacia ella misma. y desviaciones frecuentes sobre caminos laterales.

La exposición definitiva no reproduce todas estas etapas: gracias a esto el proceso de investigación aparece bajo su aspecto verídico, libre de eventualidades e incoherencias. Ella está como “enderezada” y reviste el carácter de movimiento de progresión sistemática en concordancia con la naturaleza y con el movimiento de los hechos mismos. El pensamiento ya no pasa del análisis de un hecho al análisis del siguiente antes de haberlo efectivamente agotado: ya no hace falta volver varias veces a la misma cosa a fin de perfeccionar lo que había quedado sin terminar.

Así, el “procedimiento de exposición” de El Capital no contiene otra cosa que su procedimiento de investigación corregida, no arbitrariamente, sino en estricta correspondencia con las exigencias de las leyes dictadas por el propio proceso de investigación. Dicho de otra forma, el procedimiento de exposición está depurado, en este caso, de todos los momentos accesorios: él responde rigurosamente a las leyes objetivas de la investigación.

Las “diferencias formales”, de que habla Marx en su epílogo a la segunda adición de El Capital conciernen a otras circunstancias, en particular al hecho de que Marx personalmente haya tomado contacto con los diferentes círculos del infierno capitalista de la mercancía en un orden que no correspondía a la propia ley de su desarrollo tal como El Capital la representa.

El orden en el que tal o cual aspecto de un objeto de estudio se presenta por tal o cual causa a un teórico o a la ciencia en su conjunto no corresponde a la elevación de lo abstracto a lo concreto. Esta va orientada exclusivamente en función de la sucesión que corresponde a las relaciones mutuas objetivas de diferentes momentos en la “totalidad” que hay que estudiar. Esta verdadera sucesión no está concebida de antemano. Por eso no hace falta buscar la justificación del método, que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto en la biografía científica de tal o cual teórico ni incluso en el proceso histórico del desarrollo de la ciencia, tomada en su conjunto, tampoco alcanza su verdadero punto de partida más que después de largas y penosas investigaciones. Por ejemplo. Marx ha llegado al análisis y a la comprensión de las relaciones económicas a partir de investigaciones sobre las relaciones jurídicas y políticas entre los hombres. Para él, la esfera del derecho y de la política fue el punto de partida del estudio de la estructura del organismo social. Pero en “la exposición” de la teoría del marxismo histórico, Marx exige que se parta de la concepción de las relaciones económicas, materiales, para después ir hacia la concepción del derecho y de la política.

Los teóricos como Fetcher podrían declarar a este propósito que la tesis de Marx, según la cual el punto de partida de !a comprensión de todos los fenómenos sociales debe ser la economía y no el derecho y la política, conciernen solamente al método de exposición literaria de la teoría de Marx, ya que, en la “investigación”, Marx y los marxistas “han hecho la misma cosa que cualquier sabio burgués…”

En realidad, aunque el derecho y la política hayan sido estudiados por Marx antes de emprender las investigaciones económicas, tales cuestiones no fueron comprendidas científicamente “de modo materialista y correctamente, sino cuando él analizó la economía en sus rasgos generales.

Sucede lo mismo con el enfoque de Marx en economía política. Marx conocía las leyes del movimiento de la moneda, del beneficio y de la renta mucho antes de haber comprendido la verdadera doble naturaleza de la mercancía y del trabajo que produce esta mercancía. Pero hasta que él no comprendió la naturaleza real del valor no tuvo una concepción correcta de la moneda y de la renta. En Miseria de la filosofía él comparte todavía las ilusiones de la teoría de la moneda y de la renta de Ricardo. Sólo la clara comprensión de la naturaleza del valor, a la cual llegó en los años cincuenta, situó la moneda y la renta en su enfoque verdadero. Hasta aquí era prácticamente imposible comprender la moneda.

A comienzos de los años cincuenta, Marx consagró mucho tiempo a la comprensión de las colisiones enredadas de la circulación monetaria en periodos de crisis y de “prosperidad”. Estas tentativas son las que le han conducido a la conclusión de que no se podían comprender las leyes de la circulación monetaria sin haber previamente elaborado en todos sus detalles el concepto del valor. Sólo después de haber hecho esto se convenció de que había compartido hasta aquí muchas de las ilusiones de Ricardo.

Por esto no se puede justificar el procedimiento que consiste en estudiar los hechos elevándose de lo abstracto a lo concreto por el orden en el cual se ha desarrollado históricamente el estudio de los materiales. Ese método expresa la sucesión en la cual se cristaliza en la conciencia del teórico la concepción objetiva adecuada al objeto considerado y no el orden en el que tal o cual aspecto de la realidad atrae, por tal o cual razón, la atención de los teóricos y cae en el campo de acción de la ciencia. Ese método expresa una ley interna del desarrollo de la concepción científica que se abre camino en el curso del desarrollo histórico a través de una masa de contingencias y desviaciones, y a menudo de vías laterales, ignoradas por los mismos teóricos. Por eso, no es fácil elevarlo a la superficie del desarrollo científico (es decir, a la conciencia de los teóricos). Esta ley puede no manifestarse durante mucho tiempo en la conciencia de los teóricos, o puede aparecer bajo tal forma que no se la reconozca. Es muy frecuente, como lo subraya Marx, que un científico tenga una concepción enteramente falsa de lo que hace y de la forma en que lo hace. Por eso no se puede juzgar a un pensador acerca de la idea que se hace de si mismo. Es mucho más importante (y difícil) poner de relieve la significación objetiva de sus enfoques y de su papel en el proceso del desarrollo de la ciencia.

Por esto, el verdadero sentido de los elementos de una biografía científica, el orden verdadero del desarrollo de las determinaciones científicas, no puede ser hallado a través de simples investigaciones biográficas. Frecuentemente el proceso real del Conocimiento científico (es decir, la progresión sistemática del pensamiento hacia la realidad concreta) difiere notablemente del orden cronológico. En su fragmento acerca de la dialéctica. Lenin señalaba el hecho de que para analizar la lógica del desarrollo del conocimiento, la “cronología acerca de las personas” no es obligatoria y no corresponde siempre al orden real de la penetración del objeto por el pensamiento.

De todo esto se deduce que todos los rasgos característicos del método de investigación de Marx aparecen con mayor nitidez y pureza en El Capital mismo y no en los borradores, apuntes y consideraciones nacidas directamente en su cabeza durante su estudio de los hechos económicos.

Es aquí donde se pone al desnudo la verdadera sucesión de las definiciones científicas, las cuales no se revelaron sino gradualmente en el curso de investigaciones previas, de las que el propio Marx no tenía siempre una clara visión. Marx gozó siempre un vivo espíritu de lúcida autocrítica: a menudo corregía resueltamente “a posteriori” los errores y omisiones cometidos en las etapas previas de su trabajo. No se puede distinguir con todo rigor objetivo los núcleos de verdad objetiva de la forma que han revestido inicialmente en la conciencia, más que “a posteriori”, las alusiones a lo superior no pueden ser correctamente comprendidas, más que cuando ese superior es ya conocido.

Si probamos a reconstituir el método de investigación de Marx, no de acuerdo con El Capital, sino según la masa de borradores y de bosquejos que se han conservado en los archivos, esto sólo serviría para complicar el trabajo. De todas formas, para comprenderlos correctamente haría falta antes analizar El Capital. De otro modo no se distinguirían ni siquiera las “alusiones a lo superior”. Aun más, no se comprendería absolutamente el por qué hacía falta anteponer una forma anterior y preliminar de expresión de un pensamiento a una forma ulterior como su adulteración. Haría falta entonces poner, efectivamente, las formulaciones de El capital y su método de desarrollo a cuenta de la exposición literaria y no a la de la profundización del pensamiento, de la comprensión y del método de investigación.

(Este torpe procedimiento es empleado con obstinación por los revisionistas modernos, para quienes el “marxismo auténtico” debe ser hallado en los manuscritos del joven Marx y no en las obras de su madurez. Para ellos, El Capital es “una forma de expresión alterada” de las concepciones del “humanis real” que desarrollaron Marx y Engels en 1843-1844).

Por eso precisamente Lenin indicaba que para elaborar la “Gran Lógica” del marxismo hizo falta mirar, sobre todo. E1 Capital y que el procedimiento de exposición empleado por Marx en El Capital debe servir de ejemplo de aprensión dialéctica de la realidad por el pensamiento, así como del estudio y de la elaboración de la dialéctica en general. Después de estas consideraciones preliminares se puede pasar a un estudio más detallado del método científico correcto de formación de las determinaciones científicas y de tratamiento teórico de los datos de la intuición viva y de la representación

Recordemos solamente con este motivo una vez más, que no se entiende solamente aquí por datos de la intuición y de la representación, lo que el individuo se representa personalmente bajo forma de imagen, sensible. Esta seria una interpretación extremadamente estrecha y completamente falsa; esa era la interpretación de la filosofía premarxista y la de la concepción antropológica del tema del conocimiento. Marx entendía siempre por esto la nasa de experiencia empírica socialmente acumulada, toda la colosal masa de nociones empíricas suministradas al teórico por los libros, los panoramas estadísticos, las revistas y los testimonios. Pero los depósitos de la memoria social conservan todos estos datos empíricas bajo una forma contraída y reducida ya a la expresión abstracta. Han sido ya expresados en lenguaje, en terminología,  en cifras, en cuadros y otras formas abstractas. La tarea específica del teórico que parte de toda esta información sobre la realidad no consiste, bien entendida, en darle a esta expresión “abstracta” una forma aún más abstracta. Al contrario comienza siempre procediendo a un análisis crítico de abstracciones del nivel empírico del conocimiento y las rehace para seguidamente avanzar, criticando la estrechez y el subjetivismo de tales abstracciones y destruyendo las ilusiones que ellas contienen desde el punto de vista de la realidad en su conjunto concreto. En este sentido (y sólo en este sentido), el paso del estado empírico al estado racional del conocimiento aparece también como un paso “de lo abstracto a lo concretó”.

Naturalmente desde un cierto punta de vista, elevarse del conocimiento de forma comercial simple a la inteligencia [comprensión] de formas de la “riqueza” burguesa tan desarrolladas como el interés, es también un movimiento de lo “concreto” hacia formas abstractas, del descubrimiento de ese secreto a la superficie de los fenómenos. Por ejemplo, el interés expresa, en su lenguaje cuantitativo impersonal, los procesos profundos más complejos de la producción capitalista. La plusvalía reviste en el interés su forma más “abstracta”. Esta forma sólo puede explicarse partiendo de un contenido concreto. Pero esto significa igualmente que todo momento abstracto de la realidad no encuentra su verdadera explicación más que en el sistema concreto de las condiciones que le han engendrado. Por consiguiente, el interés no es comprendido concretamente (científicamente) sino a fin de cuentas, mientras que en la superficie de los fenómenos él se manifiesta como una gran abstracción.

Como Marx formulaba estas ideas en el curso de una polémica contra la interpretación hegeliana del paso de lo abstracto a lo concreto, hace falta entregarse a un rápido examen de tal interpretación. El carácter materialista del método de Marx aparecerá por contraste con dicha interpretación.

LA CONCEPCIÓN HEGELIANA DE LO CONCRETO

Hegel fue el primero en concebir el desarrollo del conocimiento como un proceso histórico sometido a leyes independientes de la voluntad y de la conciencia de los hombres. El descubrió la ley de la elevación de lo abstracto a lo concreto, ley que dirige todo el curso del desarrollo de las conciencias.

Descubre primero esta ley en calidad de simple constatación empírica: la cultura espiritual de la humanidad se desarrolla gradualmente. Es indiscutible que el mundo espiritual del hombre se enriquece progresivamente, que se vuelve más complejo y más multiforme, y en este sentido más completo. Pero a pesar de toda su complejidad, este mundo sigue único, dirigido por las mismas leyes y representa, pues, una verdadera unidad en la diversidad. El movimiento de lo abstracto a lo concreto aparece, sobre todo en Hegel, como la forma empírica indiscutible en la cual se realiza el proceso de edificación del “reino del espíritu”. Al principio es un reino de forma simple y pobre; es decir, que es muy abstracto: conforme pasa el tiempo se complica, se enriquece y se diversifica; se vuelve más completo.

No hay aquí todavía nada de dialéctico ni de idealista.

El idealismo y, al mismo tiempo, la dialéctica especifica de Hegel comienzan después, cuando Hegel plantea la cuestión de los resortes motores del desarrollo del reino del espíritu.

Para Hegel, la naturaleza que existe fuera del espíritu no se desarrolla. Ella se opone a la conciencia como un cuadro eternamente parecido a sí mismo y estancado en el tiempo. Es en la consideración activa de este cuadro inmóvil, de este reino, donde las cosas guardan eternamente las mismas relaciones entre si, que la conciencia realiza su naturaleza activa. La toma de conciencia como tal, comprende en si misma al resorte de su propio desarrollo.

El espíritu se manifiesta como lo único concreto, es decir, como el único sistema de fenómenos actuando los unos sobre los otros y transformándose los unos en los otros para desarrollarse y continuar desarrollándose. En cuanto a la naturaleza, es totalmente abstracta y metafísica por su propia esencia: todos sus fenómenos están dispuestos los unos junto a los otros, distintos los unos de los otros, “exteriores” los unos a los otros. Según la expresión de Hegel, ella se descompone en sus momentos abstractos en cosas, objetos y procedimientos distintos e independientes los unos a los otros. En el mejor de los casos, la verdadera dialéctica no hace más que reflejarse, aparecer confusamente en la naturaleza.

El filósofo atribuye a la naturaleza misma la limitación metafísica de los conocimientos de su época sobre la naturaleza. Pero allí donde las ciencias de la naturaleza habían empezado a distinguir la dialéctica de las cosas en sí, él vio igualmente alusiones a un carácter concreto real y a una interacción dialéctica viva de los fenómenos. Es así como ve una forma imperfecta de lo concreto en la vida orgánica. Descubre una interacción viva, que une a todos los miembros de un organismo vivo en un sistema único, en el interior del cual cada miembro no tiene sentido ni existencia mas que gracias a su interacción con los otros. Una mano cortada se descompone y deja de tener incluso la forma exterior de una mano. Ella no puede existir separadamente, abstractamente. Hegel ve aquí un débil parecido con el carácter concreto de lo que él considera un rasgo exclusivo del mundo del espíritu. Pero en el reino de la química, las interacciones son aún más débiles, aunque presente todavía a titulo de alusiones. El oxígeno, por ejemplo, puede existir al lado del hidrógeno sin estar forzosamente ligado a él en forma de agua. Pero en un organismo, las relaciones de este tipo son imposibles; la mano no puede existir separada de la cabeza; las dos sólo existen en su interacción. Una partícula que no posee más que propiedades mecánicas, sigue idéntica a ella misma cualquiera que sea la ligazón que la une con otras partículas idénticas. Privada de esta ligazón, es decir, abstracta, sigue siendo siempre la misma y no se pudre, como lo hace una mano [amputada] ligada al cuerpo.

El sistema hegeliano de la naturaleza es un sistema de grados, empezando por la esfera abstracta de la mecánica para llegar hasta la esfera relativamente concreta de la vida orgánica. La pirámide está coronada por el espíritu, en el que todo el significado se halla justamente contenido en su carácter concreto, en el inter-condicionamiento mutuo absoluto de todas sus manifestaciones.

¿En qué reside la falsedad de esta construcción?

Ante todo, en que recoge las representaciones históricamente limitadas de las ciencias naturales de su tiempo, que no contienen todavía, efectivamente, una dialéctica conciente para los caracteres absolutos de la naturaleza humana. El hecho de que la naturaleza en su totalidad es efectivamente un sistema único en el desarrollo de formas de movimiento de la materia condicionándose unas a otras; el hecho de que la naturaleza en su conjunto, el hombre incluido, es un concreto objetivo, este hecho es mixtificado por Hegel en su sistema, en el cual lo abstracto, es decir: el mecanismo, es el descubrimiento de lo concreto espiritual.

No admite concreto inmanente, es decir, condicionamiento reciproco de los fenómenos en el interior de una totalidad natural, a ninguna otra forma de movimiento que a la de la razón pensante

Hegel considera de la misma forma la esfera de la vida económica de la sociedad. Es, para él, la esfera de la necesidad y de la razón”, donde individuos particulares, separados los unos de los otros, se encuentran en interacción, cada uno no entrando en ligazón con los otros más que porque debe mantenerse justamente como único, como individuo absoluto, como átomo social particular.

Aquí también es fácil subrayar que Hegel toma la limitación metafísica de la economía política de su tiempo (él conocía perfectamente los teóricos ingleses) por un rasgo de la esfera económica misma. La razón, es decir, en la terminología hegeliana: la forma abstracta de la conciencia, reina y gobierna en la esfera de la sociedad civil.

En esta esfera, los contrarios siguen, no mediatizados, inconciliables: chocan y se repelen los unos a los otros. Esta es la razón por la cual un desarrollo real es imposible. Una misma relación se reproduce eternamente: la de las necesidades a su modo de satisfacción. Por eso la única forma posible de paso a lo superior, en el seno del cual todos los extremos abstractos de la esfera económica hallan su solución, es el paso a la realidad jurídica. El derecho es ese concreto supremo que se manifiesta en la esfera de la vida económica descompuesta en sus momentos abstractos.

Aquí vemos cómo la lógica de Hegel y su concepción dialéctica, pero al mismo tiempo esencialmente idealista, de lo concreto y de lo abstracto sirve a la apología del estado de cosas existentes.

Cabe examinar de más cerca la aproximación hegeliana de la economía política. Por otra parte, es aquí -y precisamente en la manera de comprender lo concreto- donde aparece con claridad la oposición entre la dialéctica idealista de Hegel y la dialéctica materialista de Marx; por otra parte, un segundo hecho aparece no menos claramente: la dialéctica idealista aporta una justificación al carácter metafísico del pensamiento de los clásicos de la economía burguesa (Smith, Ricardo, etc.), y esto porque niega el carácter auténticamente dialéctico del objeto mismo de la economía política haciendo de él una esfera donde las definiciones abstractamente racionales corresponden enteramente al carácter del objeto.

Un hecho salta a la vista desde el principio: para esta interpretación, la esfera de la vida económica no es concreta; no es un sistema de interacciones entre los hombres y las cosas en un desarrollo histórico que pueda ser comprendido como una estera efectivamente concreta. La economía no es más que una de las numerosas manifestaciones del espíritu concreto”, es decir, una manifestación abstracta de una naturaleza del hombre más elevada. Esta naturaleza “más elevada” de la cual uno de sus aspectos aparece bajo la forma de la actividad económica, no es más que la voluntad obrando según un fin, sustancia del derecho, de la vida económica, de la política y así sucesivamente. Una vez admitido este punto de partida, Hegel no considera en la economía más que lo que puede ser interpretado en calidad de manifestación de la voluntad racional.

Por eso todas las determinaciones de la economía, todas las categorías de la vida económica, el valor, el beneficio, el salario, etc., se presentan como formas abstractas de la voluntad racional corno formas particulares de su ser social. La razón se manifiesta en la economía bajo una forma que no corresponde a su naturaleza universal, sino a una sola de sus manifestaciones, unilateral y abstracta. La voluntad universal concreta no crea forma adecuada a su naturaleza más que bajo el aspecto del derecho del Estado. El Estado es, según Hegel, la realidad concreta de la voluntad universal y abarca todas las formas particulares y, por consiguiente, abstractas, de su propia manifestación; comprende la economía como “sistema de necesidades”.

La esfera de la actividad económica de los hombres no es un sistema concreto de interacciones entre los hombres y las cosas, nacido y desarrollándose independientemente de la voluntad y de la conciencia de los individuos. Ella no puede ser objeto de una ciencia particular y no puede ser considerada más que en el sistema de las determinaciones universales de la voluntad racional, es decir, en el interior de la filosofía del espíritu de la filosofía del derecho de Estado. Ella es, entonces, una de las esferas particulares de la actividad de la razón, una forma abstracta de la razón actuando en la historia.

En cuanto materialista, Marx se opone a Hegel en esta cuestión. El materialismo le da la posibilidad de tener una visión más profunda sobre la dialéctica misma en este orden de cosas. Esto es lo más interesante.

Para Marx, la esfera de las interacciones económicas de los hombres es enteramente una esfera concreta de la vida social, que posee sus propias leyes de movimiento inmanentes. En otros términos, es relativamente independiente de todas las otras formas de la actividad viva social de los hombres, y por ello es el objeto de una ciencia particular. El sistema de interacciones económicas de los hombres hacia un desarrollo histórico y todos sus aspectos están ligados los unos a los otros por su unidad de origen.

Es importante subrayar a este propósito que el sistema de relaciones económicas no es sólo relativamente, sino absolutamente, autónomo e independiente de la voluntad y de la conciencia de los individuos, aunque, él se forme con la más activa participación de la voluntad y de la conciencia. El carácter mismo de esta participación de la voluntad conciente al proceso de formación del sistema no está determinado de antemano y del exterior por la “naturaleza del espíritu”, sino una vez más por el sistema mismo de las relaciones económicas en el interior del cual se encuentran los hombres dotados de voluntad y de conciencia. La voluntad y la razón son aquí modos de otra sustancia, sus manifestaciones abstractas, su producto. Todas las determinaciones de la voluntad y de la conciencia de los individuos, atraídos por el proceso de desarrollo del sistema económico, se deducen literalmente del carácter del propio movimiento interno del sistema en su totalidad y son concebidos como los productos del movimiento de ese sistema.

Así, desde ese punto de vista, todo se encuentra invertido y puesto cabeza abajo. Es el materialismo la causa y la condición principal del hecho de que, en la dialéctica, penetre la concepción de la economía mucho más profunda y largamente que en las posiciones hegelianas.

Para Hegel, la categoría de lo concreto no puede ser empleada sino cuando se trata de la voluntad conciente y de sus productos. Desde el punto de vista de Marx esta categoría capital de la dialéctica puede ser empleada de lleno por todas partes, no importa en qué esfera del ser natural y social, y ella es independiente de todo espíritu; por consiguiente, de las manifestaciones de la vida del espíritu mismo, es decir, del desarrollo de toda la esfera de la ciencia social, e incluido el pensamiento, esfera de la lógica.

Según la construcción hegeliana, ninguna forma del movimiento de la naturaleza puede ser comprendida como forma concreta, como sistema históricamente surgido y desarrollado de sí mismo, fenómenos que ligan las interacciones internas. Toda esfera de este genero adquiere una relación cualquiera con lo concreto sólo cuando se le puede interpretar como engendrada por el espíritu, como modo de la sustancia del espíritu. Las interrelaciones no son posibles a los ojos de Hegel, mas que de forma puramente ideal; ellas sólo pueden ser planteadas por el espíritu, por el concepto.

De hecho, lo concreto está indisolublemente ligado con el desarrollo, y con el desarrollo dialéctico, “el autodesarrollo por la contradicción”. Hegel ve esto último sólo en la conciencia y en ninguna otra parte mas. De ahí la estrechez de su concepción de lo concreto, que se extiende seguidamente, con toda su estrechez, a todo el dominio de la naturaleza.

La interpretación hegeliana del paso de lo abstracto a lo concreto implica, pues, toda la realidad, e incluye la naturaleza y la historia; es proceso por el cual “el espíritu se eleva” hacia si mismo y pasa por una serie de escalones: del “mecanismo” como esfera de la espiritualidad en su manifestación puramente abstracta hasta el espíritu absoluto, no humano, divino, que se eleva hasta sí mismo. Como tal, este espíritu es concreto por si mismo hasta que se manifiesta de modo unilateral y abstracto bajo la forma de “mecanismo’, “quimismo”, “organismo”. Por eso en el sistema de Hegel la “lógica pura” precede al examen filosófico de la naturaleza. Esta aparece como una serie de escalones bajo la forma espacio-temporal. Por eso el proceso que se eleva de lo abstracto a lo concreto coincide en Hegel con el proceso que engendra el mundo por la idea lógica. Así, la ley de la creación del mundo por las fuerzas y por los medios del pensamiento, está directamente dada como ley de creación de este mundo por la fuerza creadora del concepto.

Corno Marx ha demostrado, esta ilusión hegeliana se basa simplemente en el punto de vista unilateral del filósofo lógico acerca de la realidad, Hegel, como lógico ex profeso, se interesa por todo y sobre todo, no por la lógica de las cosas, sino por “las cosas de la lógica”. Desde este punto de vista, el hombre no es considerado sino como sujeto de la actividad teórica lógica, y el mundo exterior solamente como un objeto, como el material que trabaja esta actividad. En la lógica, esta abstracción es válida dentro de ciertos limites, y mientras que la lógica no olvide estos límites no hay nada en ella de idealista. Pero Hegel suprimió estos limites. No considera el pensamiento como una de las aptitudes del hombre, sino como la fuente primaria sustancial de todas las otras aptitudes humanas. La aptitud de modificar prácticamente el mundo exterior es igualmente interpretada por él como una manifestación de la idea en el hombre. El proceso práctico real de la transformación del mundo, es la consecuencia de la manifestación de una actividad puramente espiritual y en fin de cuentas puramente lógica, y toda la cultura material de la humanidad es el producto del pensamiento, un “concepto mediatizado”, un “otro ser” del concepto.

Ahora bien, en la realidad, la base inmediata del desarrollo del pensamiento no es la naturaleza como tal, sino la modificación de la naturaleza por el hombre social, es decir, la practica. Si esta base práctica objetiva del pensamiento es dada como el pensamiento en su realización objetiva, resulta de ello que el pensamiento no tiene nada que ver con el objeto sino aparentemente, pero en realidad él no tiene que ver sino consigo mismo, sino con su propio “otro ser”. Las definiciones lógicas, es decir, las definiciones cuyo mundo exterior de los objetos se debe al pensamiento, vienen a resultar las definiciones absolutas y las únicas verdaderas de este mundo.

El punto de vista de la lógica se convierte en Hegel en punto de vista absoluto y universal. Si la naturaleza del hombre está en el pensamiento y si la naturaleza de la realidad de los objetos reside en que ella es el producto del pensamiento, “un concepto alienado” entonces la ley del desarrollo del pensamiento se convierte en la ley de desarrollo del mundo real. Por eso, “hombre” y “pensamiento en conceptos” son enteramente sinónimos para Hegel, lo mismo que “mundo” y “mundo en conceptos”, “mundo lógicamente comprendido”.

En realidad, el objeto real de la lógica de Hegel queda a pesar de sus ilusiones, como el proceso de apropiación teórica del mundo, de reproducción del mundo por el pensamiento. En tanto que Hegel estudia este objeto, llega a verdaderos descubrimientos. Pero en la medida que toma este objeto, no por lo que él es, sino por el proceso de devenir del mundo mismo, llega a una concepción falsa no solamente del mundo, sino del pensamiento mismo. Se priva de toda posibilidad de comprender el proceso del pensamiento. A partir del momento en que las condiciones reales que engendran la realidad lógica se presentan como sus productos y sus consecuencias, ella se encuentra suspendida en el aire, más exactamente “en el éter del pensamiento puro”. La aparición del pensamiento y su desarrollo llegan a ser perfectamente inexplicables. Por ello Hegel se ve obligado, a fin de cuentas, a interpretar la aptitud lógica para distinguir y reunir los conceptos como una especie de “don divino’, como la actividad de un “concepto” desarrollándose de si mismo. No menos inexplicable resultan las leyes de la elevación de lo abstracto a lo concreto, que Hegel ha puesto en evidencia en el movimiento del conocimiento teórico. A la pregunta ¿por qué el movimiento posee ese movimiento y no otro?, la filosofía de Hegel da de hecho una respuesta tautológicá: tal es la naturaleza original no creada (incrée) del pensamiento. La tautología cesa entonces de ser una simple tautología y se convierte ean mentira idealista.

Marx dirige sus golpes críticos sobre este punto, mostrando que en realidad no hay aquí la menor explicación, y que si se da la ausencia de explicaciones por una explicación, esto lleva simplemente al idealismo.

Rebatiendo la concepción hegeliana del pensamiento como creadora del mundo objetivo. Marx no rechaza la ley que Hegel puso en evidencia en el movimiento del conocimiento teórico, aunque él le dio una falsa interpretación idealista. Realmente indica Marx, el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no es otra cosa que el método con la ayuda del cual el pensamiento humano se apropia la realidad concreta que existe fuera, e independientemente de él. Como tal este método supone, primeramente, la existencia de lo concreto no pensado: segundo, la actividad práctica objetiva del hombre social desarrollándose independientemente del pensamiento y tercero, la forma sensible inmediata del reflejo de lo concreto en la conciencia, es decir, la conciencia empírica, la intuición y la representación formándose totalmente con la independencia de la actividad teórica espacial y antes que ella. Dicho de otra forma, el pensamiento teórico está precedido no solamente por el mundo objetivo, sino por otra forma de conciencia, construida directamente en el curso de la actividad práctica sensible, el modo práctico-espiritual de apreciación del mundo, como le llama Marx.

LOS PUNTOS DE VISTA DE MARX SOBRE EL DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO

La cuestión de las relaciones de lo abstracto y lo concreto en el pensamiento es presentado por Marx a la luz de otra cuestión más general: “¿Cómo desarrollar la ciencia?”.

La formulación misma de la cuestión supone que el desarrollo científico sea considerado como un proceso histórico natural. Marx fue siempre decididamente contrario a la concepción izquierdista del desarrollo de la cultura espiritual que ignora todas las conquistas precedentes del pensamiento humano. En la ciencia, como en otros dominios de la cultura espiritual, el verdadero movimiento hacia adelante se realiza siempre por la vía del desarrollo de lo valido que ha sido creado por todo el desarrollo anterior, no a partir de la “tabla rasa” de Locke, sino por una cabeza poseedora de un desarrollo teórico.

Es evidente que la apropiación de los resultados del desarrollo histórico anterior no es la simple herencia de fórmulas preparadas, sino un proceso complejo de reexamen crítico que implica la referencia de estos resultados con los hechos, la vida, la práctica. Una nueva teoría, por muy revolucionaria que sea por su contenido y su alcance, nace siempre en el examen crítico de las teorías anteriores. Este hecho fue subrayado en su tiempo por Lenin en su lucha contra el izquierdismo del proletkult, para el cual era necesario crear la cultura proletaria, empujándola “directamente en la vida” después de haber rechazado como baratija inútil todas las conquistas del pensamiento humano.

Cuanto más revolucionaria es una teoría, más es la verdadera heredera del pasado teórico, tanto más se apropia del “núcleo racional” acumulado por la ciencia anterior a ella.

“Arreglar sus cuentas criticas” con las teorías anteriores no es de ninguna manera ocupación accesoria y de importancia secundaria, sino un momento necesario de la elaboración de la teoría misma. No es de modo alguno por azar que El Capital lleve como subtitulo o más bien como segundo titulo: Crítica de la economía política.

El análisis de los conceptos desarrollados por toda la historia anterior de la economía política coincide orgánicamente con el análisis de los hechos persistentes de la realidad económica. Esos dos aspectos de la investigación científica teórica se funden en un proceso único. Ninguno de los dos es pensable o posible sin el otro. Lo mismo que el análisis critico de los conceptos es imposible fuera del análisis de los hechos; el análisis teórico de los hechos es imposible si no se dispone de conceptos por los cuales ellos pueden ser expresados. La lógica dialéctica de Marx tiene enteramente en cuenta la importancia de esta circunstancia.

Por esta primera razón, la dialéctica realizó la coincidencia conciente y querida del momento de la inducción y del momento de la deducción, en tanto que momentos de la investigación inseparables e implicándose el uno en el otro.

La vieja lógica entendía con más o menos espíritu de consecuencia, por “inducción” el análisis de los hechos empíricos, el proceso de formación de las determinaciones analíticas de un hecho. Por esto, la inducción parecía ser el medio, si no único fundamental de acceder a un nuevo conocimiento. En cuanto a la deducción, se consideraba esencialmente como un proceso de análisis del concepto que establecía las distinciones en el interior de éste. Como tal, aparecería sobre todo como un proceso y como forma de explicación, de exposición de un conocimiento ya preparado, existente ya en la cabeza y no bajo la forma de creación de nuevos conocimientos, de conceptos nuevos. El hombre (a condición que piense realmente los hechos) no analiza los hechos empíricos con una conciencia “vacía”, sino con una conciencia que se ha desarrollado en el curso de la educación. Es decir, capta siempre los hechos desde el punto de vista de tal o cual concepto. Le quiera o no, no puede sin esto pensar activamente, comprender los hechos; en el mejor de los casos, no puede sino constatarlos activamente.

Dentro de la más simple generalización, la inducción está indisolublemente ligada con la deducción: el hombre expresa los hechos en conceptos, y esto significa que toda nueva definición analítica de los hechos se forma al mismo tiempo como nueva determinación, más concreta, del concepto desde el punto de vista del cual él piensa estos hechos. En el caso contrario, no se forma, de ninguna manera, la determinación analítica del hecho.

Quien crea expresar los hechos “absolutamente sin idea preconcebida”, sin ningún concepto “anteriormente admitido”, no está desprovisto de ellos. Al contrario, es inevitablemente esclavo de los conceptos más vulgares más absurdos.

También aquí la libertad no consiste en escapar a la necesidad, sino en asimilarla conscientemente. La verdadera ausencia de prevención no consiste en expresar los hechos sin el menor concepto “anteriormente admitido”, sino expresarlos con la ayuda de conceptos justos concientemente asimilados.

Engels ha mostrado esto magníficamente a propósito de las categorías filosóficas de su crítica del empirismo. El científico que hace gala de su “libertad” con respecto a toda categoría lógica, por regla general, prisionero de las más vulgares representaciones a este respecto, no está en condiciones de formarlas él mismo “partiendo de los hechos”: esto sería tener la pretensión de realizar él completamente solo lo que no puede lograr sino la humanidad en toda su evolución. Por ello, en realidad, él torna siempre las categorías lógicas de una filosofía. La cuestión se reduce a saber de qué filosofía: de un mal sistema que está de moda o de un sistema que representa realmente el último grado del desarrollo y que se basa en toda la historia de las investigaciones y de las adquisiciones del pensamiento humano.

Esto no concierne, naturalmente, sólo a los conceptos filosóficos. Lo mismo sucede con las categorías de no importa qué ciencia, El hombre no comienza jamás a pensar “a partir del comienzo” directamente a partir de los hechos. “Sin ideas en la cabeza no se puede percibir ningún hecho”; decía Pavlov. La “intuición” sin significación y la “inducción” sin idea es ficción, de la misma manera que el “pensamiento puro”.

El empirista que pretende pensar solamente con hechos opera en realidad siempre “principalmente” con ideas tradicionales, “con los productos en gran parte superados por sus antecesores.“8 Por ello, confunde fácilmente la abstracción con la realidad, las ilusiones subjetivas con los hechos objetivos y los conceptos que los expresan con las abstracciones. Por regla general, concretiza bajo forma de determinaciones (de definiciones) los hechos de las abstracciones usuales.

En consecuencia, la “inducción empírica” se realiza como proceso de concretización, de representación de los conceptos con los cuales se emprende el examen de los hechos; es decir, como deducción como proceso de completar los conceptos iniciales con determinaciones más detalladas, obtenidas a partir de los hechos por vía de abstracción.

La dialéctica materialista ha “abolido” la vieja oposición entre la deducción y la inducción. La deducción deja de ser un procedimiento de extracción formal de determinaciones contenidas a priori en un concepto y se convierte en un procedimiento de desarrollo real de los conocimientos sobre los hechos de su movimiento y su interacción interna. Esta deducción encierra orgánicamente en sí misma el momento empírico: se logra precisamente por el análisis más riguroso de los hechos empíricos, por la inducción. Pero en el caso presente, las denominaciones “inducción” y “deducción” no expresan nada sino una semejanza exterior y formal entre el método de la dialéctica materialista y los métodos correspondientes de la lógica tradicional. En efecto, esto no es ni la deducción, ni la inducción, sino otra cosa que incluye en si misma, en tanto que “momento abolido”, la una y la otra. Ambas se realizan al mismo tiempo, en tanto que contrarias; implicándose recíprocamente justamente por su interacción, crean una forma más elevada de desarrollo lógico.

Esta forma más elevada, que une orgánicamente en sí misma, el análisis de los hechos con el análisis de los conceptos, es precisamente, la forma de paso de lo abstracto a lo concreto de la que habla Marx. Es la única forma lógica de desarrollo del conocimiento que corresponde a la naturaleza real del objeto. En efecto, sólo con su ayuda lo concreto objetivo puede ser reproducido en el pensamiento como realidad históricamente desarrollada. No se puede hacer de ninguna otra forma.

Como tal, el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no puede, en ningún caso, dejar de ser un procedimiento de exposición de un conocimiento ya preparado, obtenido previamente de alguna forma, como muchas veces han intentado obtener los revisionistas del marxismo, que deformaban el método de El Capital dentro del espíritu de un neo-kantismo vulgar.

Es así, por ejemplo, como R. Hilferding lo interpreta. Cita un extracto de la Introducción a la critica de la economía política (“El primer paso ha reducido la plenitud de la representación a una determinación abstracta: con el segundo, las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por la vía del pensamiento), y lo comenta así: “Esto muestra ya que es falso poner al mismo nivel la deducción y la inducción como fuentes equivalentes del conocimiento. La deducción es más bien un simple procedimiento de representación científica, que puede pasar efectivamente, a fin de cuentas, de lo general a la representación de lo particular, con la única condición de que la inducción le haya precedido ya en el pensamiento”.9 Llamando deducción al procedimiento qué se eleva de lo abstracto a lo concreto e interpretándolo de forma totalmente unilateral desde el único punto de vista de su semejanza exterior con la concepción tradicional de la deducción. Hilferding le niega la dignidad de método de estudio de los hechos reales y hace de ella una simple forma de exposición sistemática de un conocimiento preparado, que debería ser obtenido previamente por otra vía: la vía inductiva.

El austro-marxista Karl Renner razona de una manera análoga en el prólogo de su Teoría de la economía capitalista. Reduce la esencia del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto, empleado en El Capital, a la “manera de exposición de los filósofos alemanes”, que Marx habría asimilado en su época. Esta manera, habiendo llegado a ser, se dice, totalmente extraña a los lectores de la generación actual. Renner cree justo reemplazarla por otra. “No conozco ningún libro que deba su origen a una tal masa ,le experiencias como El Capital, de Marx -escribe Rénner -, y conozco aún menos libros cuya, expresión sea, a pesar de esto, tan deductiva y abstracta”. 10 Por esto Renner estima útil “exponer” el contenido de la teoría de Marx de otra manera que, “parte de hechos de experiencia inmediatamente observables, los sistematiza y los eleva progresivamente al nivel de los conceptos abstractos”11, es decir, de una manera inductiva. En este caso, piensa Renner, la exposición corresponderá al método de investigación, mientras que en El Capital lo contradice. El resultado es que Renner generaliza sin ningún espíritu crítico los fenómenos empíricos del capitalismo contemporáneo bajo el aspecto que ellos tienen en la superficie, y a continuación da sus generalizaciones para la expresión teórica de la esencia de estos fenómenos. En esta dirección descubre, por ejemplo, que un obrero que compra acciones participa por ello mismo en la propiedad de los medios de producción sociales, como resultado de lo cual se realiza una “democratización” automática del capital, una “socialización” de la producción social que hace la revolución superflua. Por ello mismo, Renner hace la demostración de que no se trata solamente de una manera de exposición. En realidad él ha reemplazado el método de Marx, que es un método de estudio de los fenómenos, por la apologética.

El método que se eleva de lo abstracto a lo concreto ya no puede ser interpretado como un procedimiento puramente lógico para sintetizar en un sistema único las abstracciones ya preparadas, obtenidas previamente por vía puramente analítica. La concepción según la cual el conocimiento precedería primero a un análisis “puro”, en el curso del cual se elaborarían múltiples abstracciones después de una síntesis pura, tal concepción pertenece al tipo de las fantasías propias de la teoría metafísica del conocimiento, como la de la inducción sin deducción.

Para apoyar esta concepción se da a veces como ejemplo el desarrollo de la ciencia de los siglos XVII y XVIII. Pero esto es forzar involuntariamente los hechos. Hasta si nos ponemos de acuerdo que el estudio analítico de los hechos, es muy característico de este periodo (aunque en realidad con ello se haya llegado a la síntesis, a despecho de las ilusiones de los teóricos), no hace falta sin embargo, olvidar que éste no es el primer grado del desarrollo científico de la humanidad y que el análisis exclusivo característico de esta época supone él mismo, como premisa, la ciencia griega antigua. Para la ciencia antigua, es decir, para el estado realmente inicial del desarrollo científico en Europa, es más bien la vía “sintética generalizada” de las cosas lo característico. Y si nos referimos a la historia de la metafísica de los siglos XVII y XVIII no hay que olvidar que no es la primera, sino más bien la segunda de las grandes épocas de desarrollo del pensamiento. Pero entonces es la síntesis y no el análisis la que se presenta históricamente como la primera etapa del tratamiento de los hechos por el pensamiento.

Así, este ejemplo prueba exactamente lo contrario de lo que se quería hacerle decir.

El análisis y la síntesis son (y han sido siempre) contrarios internos del proceso del pensamiento, tan inseparables como la deducción de la inducción. Si tal o cual época ha sobreestimado una en perjuicio de la otra, no es necesario hacer de esto una ley a la que el pensamiento deba obedecer en el futuro, una ley lógica, conforme a la cual cada ciencia primero debiera pasar por una etapa “puramente analítica” para en seguida, apoyándose en ella pasar a una etapa sintética.

Sin embargo, sobre una tal concepción se funda la idea de que el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no puede ser empleado sino cuando se ha terminado enteramente el proceso previo de “reducción” de lo concreto a lo abstracto.

Este método es ante todo un procedimiento de análisis de los hechos empíricos reales. Como tal, incluye en calidad de contrario interno necesario el movimiento “inverso”; cada paso por esta vía no es otra cosa que un acto que .se eleva de lo concreto dado sensible a su expresión teórica abstracta. Por esto, el proceso de elevación de lo abstracto a lo concreto en el pensamiento es al mismo tiempo un movimiento, sin cesar renovado, de lo concreto en la intuición y la representación a lo concreto en el concepto.

Las determinaciones abstractas de los hechos dados sensibles que están sintetizadas en sistemas cundo nos elevamos hacia la verdad concreta, se forman en el curso del movimiento mismo. No se encuentran en ningún caso preparadas como productos de una etapa anterior, que se dice es puramente analítica del conocimiento lógico.

Y si existe algún sentido en la afirmación según la cual, para elevarse de lo abstracto a lo concreto, es necesario reducir en forma puramente analítica lo concreto empírico sensible a una expresión abstracta por su esencia y como fase anterior particular de actividad lógica en el tiempo, este sentido reside en que el examen teórico de la realidad supone la presencia de un vocabulario desarrollado, de una terminología espontáneamente constituida, de un sistema de representación general abstracto. Esta etapa “puramente analítica” de reflejo de la realidad objetiva en la conciencia no es sino la premisa, de la actividad teórica lógica y no su primera fase.

Podemos pues, resumir. El método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto es una forma específica de acción del pensamiento y de elaboración lógica en conceptos de la intuición y de la representación. No es, en ningún caso un procedimiento artificial, una manera de exponer los conocimientos preparados, ni un medio formal de reunir un sistema las abstracciones ya existentes. Es sobre todo, la ley “natural” del desarrollo teórico de la humanidad, puesta en evidencia por la filosofía, después transformada en método de desarrollo de la teoría conscientemente empleada.

Cada generalización “inductiva” tomada aparte (cuya fórmula es: de lo concreto en la intuición a lo abstracto en el pensamiento), se realiza en efecto, siempre en el contexto del movimiento general del conocimiento, y en este sentido no es sino “momento que se desvanece” en la marcha del movimiento general hacia la verdad concreta. Así pues la elevación de lo abstracto a lo concreto en el pensamiento y la dialéctica del pensamiento son cosas indisolublemente ligadas.

No es por azar que Lenin, después de haber cuidadosamente recopilado la larga definición del camino de lo abstracto a lo concreto que da Hegel en la última sección de la “Gran Lógica” la caracteriza así: “Este fragmento resume bastante bien, a su manera, lo que es la dialéctica” 12

La definición citada por Lenin caracteriza justamente el proceso del pensamiento como un proceso que se eleva de lo abstracto a lo concreto: “…El conocimiento es así llevado de contenido en contenido. Esta progresión se caracteriza, ante todo, por el hecho de que comienza por precisiones simples, para continuar con precisiones cada vez más ricas y concretas. Esto quiere decir que el resultado contiene su comienzo, y la evolución de éste le enriquece con una nueva precisión. Que lo general es lo que forma la base, lo que hace que la progresión no sea un simple recorrido de lo uno a lo otro. En el método absoluto, el concepto se mantiene en su otro ser; lo general se conserva en su particularidad, en el razonamiento y en la realidad. A cada nueva fase de su determinación, la masa de su contenido anterior se eleva; no solamente no pierde nada del hecho de la progresión dialéctica, no deja nada detrás de ella, sino que ella lleva consigo todo lo adquirido y se recoge sobre ella misma a medida que se enriquece.”

Las partes de la lógica de Hegel son precisamente las que Lenin hace resaltar en sus resúmenes como las menos impregnadas de idealismo, y que hablan, sobre todo, del método dialéctico:

“Es de subrayar que todo el capitulo sobre la idea absoluta no menciona casi la palabra Dios“ (apenas una vez el “concepto divino” se menciona brevemente): y, además -esto N. B.-, “este capítulo no contiene casi ningún idealismo específico, pero tiene como sujeto esencial el método dialéctico. La suma y el resumen, la última palabra y el sentido de la lógica de Hegel, es el método dialéctico, esto es muy elocuente.” Y todavía más: en la obra más idealista de Hegel es donde hay menos idealismo y donde hay más materialismo.”Esto es contradictorio, pero es un hecho:”`

Si se considera dialécticamente el proceso del conocimiento, el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto, de la determinación teórica general del objeto dado en la intuición y la representación a determinaciones cada vez más concretas, representa la forma teóricamente justa de la transformación de los hechos empíricos en conceptos. Así es como lo ven Marx, en la Contribución a la Critica de la Economía Política, y Lenin, en sus notas sobre los últimos capítulos de la Lógica de Hegel.

EL FUNDAMENTO MATERIALISTA

DEL PASO DE LO ABSTRACTO A LO CONCRETO EN MARX

Marx no se limitó a dar a la ley de la elevación de lo abstracto a lo concreto un fundamento teórico general: él lo aplicó a la elaboración de una ciencia concreta: la economía política. El Capital contiene la prueba práctica, concreta y desarrollada de la necesidad de este método: muestra su fundamento materialista real en tanto que único método que corresponde a la dialéctica del desarrollo de la realidad objetiva.

El análisis de El Capital desde el punto de vista del método de investigación que se aplica en él, debe mostrar la esencia concreta del método en cuestión. Entonces éste aparecerá como el único capaz de conducir a la solución de la tarea central de la investigación científica tal como ella se dibuja desde el punto de vista de la dialéctica materialista: seguir el conocimiento reciproco concreto de los fenómenos que crean por su interacción un sistema que tiene un origen histórico, se desarrolla y manifiesta siempre, nuevas formas de existencia y de interacciones internas.

Sería completamente erróneo no ver la necesidad de este método sino el hecho de que la conciencia del hombre es incapaz de abarcar de un solo golpe toda la complejidad de un objeto y que necesita “elevarse” de una representación .del objeto incompleta, unilateral (abstracta), a un conocimiento más completo. Esto no será una explicación sino la simple repetición de un hecho trivial. Que la conciencia sea efectivamente tal es evidente. Pero las propiedades de la conciencia tienen ellas mismas, necesidad de una explicación materialista. Además, esta simple referencia a la naturaleza de la conciencia no nos muestra rigurosamente nada sobre el carácter específico del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto en tanto que método de investigación científico-teórico. La simple toma de conocimiento de un objeto de un fenómeno se desarrolla también como un proceso de apropiación gradual y progresivo de detalles cada vez más nuevos; ella pasa de una representación unilateral y pobre a otra más completa (pero siempre puramente empirica). El proceso de acumulación de los datos empíricos por medio de los cuales la realidad es percibida sin ser todavía conocida transcurre también como un desarrollo del conocimiento unilateral.

El método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no es sino un método de reflejo de la realidad concreta en el pensamiento, y no un método de creación de esta realidad por la fuerza del pensamiento, como decía Hegel. Por esto el punto de partida y el orden de desarrollo lógico de los conceptos, según este método, no depende del pensamiento, sino exclusivamente, como lo ha mostrado Marx, de las relaciones en las cuales se encuentran los diferentes aspectos de un todo concreto de los unos con relación a los otros. El método de desarrollo lógico debe, por consecuencia, corresponder al modo de división interna de ese método, a la dialéctica de la aparición de lo concreto fuera del pensamiento; es decir, a fin de cuentas, al desarrollo histórico de este concreto, aunque, como demostraremos más adelante, esta correspondencia no es simple e inerte y no concierne sino a los momentos universales de desarrollo.

La fórmula del materialismo en la teoría del conocimiento y en la lógica es exactamente la inversa de lo que hemos citado más arriba: el objeto es tal que a él no le corresponde sino tal forma de la actividad de la conciencia y no otra cualquiera: el objeto es tal que él no puede ser reflejado en la conciencia sino por este solo procedimiento.

Dicho de otra manera, el problema del método de la actividad lógica cambia en investigación de la naturaleza objetiva de la realidad de los objetos y en profundizaciones de la categoría de lo “concreto”, como categoría que tiene relación con el objeto y que expresa la forma universal de existencia de la realidad.

Aquí también reina el principio de la coincidencia de la lógica, de la teoría del conocimiento y de la dialéctica: una cuestión que aparece a primera vista puramente lógica es, en el fondo, la cuestión de las formas universales, en las cuales lo concreto objetivo se transforma y se desarrolla.

No se puede dar un fundamento materialista a la justeza y a la necesidad del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto sino haciendo ver las leyes universales reales, a las cuales obedece uniformemente en su devenir todo sistema concreto de fenómenos en interacción (el sistema capitalista y mercantil de las relaciones sociales, el sistema solar, la forma química o biológica de las interacciones, etc.).

Pero aquí tropezamos de nuevo con una dificultad dialéctica ya conocida: la dialéctica interviene en la forma misma de plantear la cuestión de la dialéctica. Aparentemente, es imposible aclarar y expresar teóricamente las leyes universales del devenir de algo concreto, sea por vía de generalización inductiva, por abstracción de lo que tiene de común y de semejanza el sistema capitalista mercantil y el sistema solar, la forma biológica de las interacciones naturales y sus formas electromagnética, química u otra cualquiera.

Plantear la cuestión así es fijarse una tarea absolutamente irrealizable por su propia naturaleza. En efecto el conocimiento de todos los casos de interacciones concretas en la naturaleza infinita sobrepasa no solamente las posibilidades del autor de una obra, sino la de la humanidad entera. Nosotros no estamos ante la tarea de esclarecer precisamente las leyes universales del devenir de todo el sistema objetivo concreto de interacciones. Dicho de otra forma, hemos vuelto a uno de los problemas “eternos” de la filosofía: ¿es posible? -y si ello lo es, cómo- elaborar, sobre la base del estudio de un dominio de hechos limitados y necesariamente terminado, una generación realmente universal e infinita.

Por suerte, la filosofía no ha intentado nunca realmente llegar a una tal concepción por vía inductiva. El desarrollo real de la ciencia y de la filosofía desde hace ya mucho tiempo ha resuelto prácticamente esta “antinomia” que no parece insoluble por principio más que cuando se la formula de manera metafísica.

En efecto, la humanidad, ya sea en filosofía o en cualquier otro dominio del conocimiento, ha llegado a generalizaciones y a conclusiones universales “infinitas”, no por la vía de abstracción de lo que tienen de común entre sí todos los casos posibles, sino por el análisis, aunque sea nada más de un caso típico.

Bastará recordar a este propósito lo que escribió Engels en la Dialéctica de la Naturaleza “Que poco fundada es la pretensión de la inducción de ser la única forma o al menos la predominante del descubrimiento científico, la termodinámica da un ejemplo sorprendente. La máquina de vapor ha dado la prueba más perentoria de que se puede poner en juego calor y obtener movimiento mecánico. Cien mil máquinas de vapor no lo han demostrado mejor que una sola: solamente han obligado más y más a los físicos a explicarla. Sadi Carnot ha sido el primero en ocuparse seriamente; pero no por inducción. Estudió la máquina de vapor, la analizó y encontró que en ella el proceso fundamental no aparece en estado puro sino que está encubierto por toda una serie de procesos secundarios; eliminó esas circunstancias accesorias, indiferentes para el proceso principal, y construyó una máquina de vapor (una máquina de gas) ideal, que, en realidad, es tan poco realizable como, por ejemplo, una línea o una superficie geométrica, pero que, a su manera, cumple el mismo servicio que esas abstracciones matemáticas. Ella representa el proceso considerado en estado puro independiente, no alterado” 14

No la inducción orientada hacia la investigación de una abstracción, que expresa lo que tiene de común con todos los casos particulares, sino un análisis profundo de un caso particular orientado hacia la puesta en evidencia del proceso de investigación en estado “puro”, tal fue la vía de la filosofía por todas partes y siempre que ella ha realmente conducido a descubrimientos objetivos. Sólo las personas como Comte y Spencer han inventado tomar la vía de inducción y de la abstracción. Pero los resultados de sus esfuerzos fueron lo que era de esperar.

La filosofía ha procurado siempre resolver los problemas específicos que son muy diferentes de los esfuerzos que se pueden hacer para descubrir lo que tiene abstractamente de común el cocodrilo y Júpiter o el sistema solar y la riqueza. La filosofía ha tenido siempre serios problemas en el curso de la solución de los cuales [problemas específicos] ella ha ido hacia el descubrimiento de leyes universales de todo lo que existe y la revisión del contenido de las categorías.

Marx, como es sabido, no ha sometido a su análisis critico el sistema hegeliano de las categorías universales comparando estas categorías con lo que la humanidad tiene de común con el núcleo del átomo, y el uno como el otro con la estructura del gran Universo.

El sistema hegeliano de las categorías ha sido superado por su confrontación crítica esencialmente como un caso de desarrollo dialéctico (pero, ya aquí, está toda la cuestión, un caso típico): la dialéctica de las relaciones sociales de producción en uno de sus grados de desarrollo. Es la vía la que siempre hizo evolucionar la concepción del contenido de las categorías universales.

El problema del análisis teórico de lo universal se reduce siempre en realidad al análisis de lo único desde el punto de vista de lo universal. Hace falta solamente saber distinguir en lo único lo que constituye, no la unicidad y la particularidad de un caso, sino su universalidad. Es bajo este punto de vista donde hace falta justamente disponer de la aproximación, la más conciente posible, de la abstracción y de los medios de llegar a ella. El error más ordinario de la investigación teórica consiste en tomar por la forma universal de un hecho único, lo que no tiene relación en realidad más que a un curso dado de circunstancias pasajeras en el interior de las cuales esta forma realmente universal es ofrecida a la inducción.

Pero ya que se ha llegado a descubrir más completamente el contenido de una categoría tan universal como lo concreto, el problema puede y debe ser resuelto mediante el estudio de un caso típico de sistema de fenómenos objetivos en interacción desarrollándose dialécticamente. Un caso verdaderamente típico de sistema de este género es el de las relaciones capitalistas y mercantiles entre los hombres. Es el que nosotros tomaremos como caso particular inmediato de lo concreto en general en el cual pueden y deben ser puestos en evidencia los contornos universales del todo concreto. Haremos apelación a otros dominios sólo cuando encontremos materiales característicos por sí mismos.

La elección de este material no está determinado por un capricho subjetivo o por las inclinaciones personales. Una circunstancia mucho más decisiva en su favor reside en el hecho de que ningún otro concreto ha sido aún tenido por el pensamiento con tanta plenitud.

Cuando Marx se propuso la tarea de descubrir la ley general del capitalismo corno tal, como sistema histórico determinado de producción social, no ha procedido, en ningún momento por la vía de la comparación inductiva de todos los casos del desarrollo capitalista existente sobre el globo terrestre en su época con excepción alguna. Como dialéctico, él ha procedido de otra forma; tomó el caso más característico y el más desarrollado, a saber, la realidad capitalista y mercantil inglesa, así como su reflejo teórico en la literatura económica inglesa, y desarrolló una teoría económica universal fundándose principalmente en un estudio detallado de este caso único.

Se basó en la concepción de que las leyes universales del desarrollo capitalista son las mismas para todos los países, y que Inglaterra, país que llegó más lejos en la vía del desarrollo capitalista, presentaba todos los fenómenos bajo este aspecto, el más puro. Todo lo que en otros países existe en estado de alusión débil y difícil de distinguir, o de una tendencia que no se ha manifestado aún enteramente, o que está recubierta y complicada por circunstancias exteriores accesorias, estaba en Inglaterra enteramente desarrollado bajo la forma clásicamente pura. Marx no recurrió a ciertos rasgos del desarrollo capitalista de otros países más qué en ciertos casos bien determinados (recurrió, por ejemplo, a numerosos rasgos del desarrollo económico del campo ruso para su análisis de la renta.

Hace falta ciertamente inspirarse en las mismas consideraciones cuando se plantea el problema de categorías de la dialéctica. Es, en efecto, la realidad capitalista y mercantil, en el desarrollo teórico de El Capital y otras obras que tienen la misma orientación (de Marx mismo y de sus mejores discípulos y sucesores, ante todo Engels y Lenin), que se nos presentan como el cuadro más desarrollado de lo concreto histórico. Además, El Capital continúa siendo un modelo insuperado de aplicación conciente del método dialéctico, de la lógica dialéctica en toda la amplitud de su contenido. Muestra a numerosas ciencias su propio futuro, contiene todos los aspectos del método que no ha encontrado aún una realización tan consecuente en otras ciencias. Hace falta subrayar igualmente que la crítica constructiva de las teorías anteriores, momento necesario de la elaboración teórica de los problemas científicos de una época, supone que la asimilación crítica se ejerce sobre un material teórico de buena calidad y sobre los ejemplos realmente superiores de concepciones teóricas existentes sobre la realidad, que en el caso dado, es el objeto de la atención del investigador.

Tratando de elaborar la teoría económica, los principales adversarios teóricos, oponiéndose a los cuales Marx desarrolla su concepción de la realidad, eran los clásicos de la economía política burguesa y no los representantes contemporáneos de Marx de la economía vulgar y de la “forma universitaria de descomposición de la teoría”. Estos adversarios eran contemporáneos de Marx sólo en el tiempo y no desde el punto de vista de la penetración teórica. En este sentido, ellos estaban infinitamente por debajo de los clásicos y no representaban, de ninguna manera, una oposición teórica digna de una constatación seria. En la exposición de su concepción teórica de la realidad, exposición que tiene la forma de un debate serio con los clásicos, Marx se limita, de paso, a poner en ridículo a teóricos como Senior, Bastiat, McCulloch, Roscher, etc.

Cuando se trata de categorías filosóficas, en la filosofía burguesa clásica queda hoy aún el único adversario válido de la filosofía del materialismo dialéctico, esto bien entendido, lejos de apartar del orden del día la lucha más despiadada contra los sistemas reaccionarios contemporáneos, ayuda a demostrar su vacío I sti tendencia a eludir miedosamente los grandes problemas filosóficos

Marx, Engels y Lenin tenían otra actitud hacia Hegel y Feuerbach que hacia Schopenhauer o Comte, Mach o Bagdanov. En su crítica vigorosa de las especulaciones de los pequeños idealistas, ellos no pretendían nunca encontrar en éstos el “núcleo racional”.

Para destruir la argumentación sofística de los machistas, Lenin la concentra, sobre todo, en la expresión clásica, clara y fundamental, en la posición que el combate había alcanzado en Berkeley y Fichte. Esto no es un procedimiento polémico, sino el medio más seguro para poner al desnudo teóricamente lo esencial de una posición. De otro lado, cuando Lenin se encuentra ante el problema de una elaboración más profunda de la dialéctica materialista, él deja de lado a los machistas, estos contemporáneos teóricos de Berkeley, y vuelve al análisis crítico de la Ciencia de la lógica de Hegel como verdadera cumbre del pensamiento burgués en el dominio de la concepción de leyes universales de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento humano.

Así podemos resumir es en El Capital de Marx y en el análisis de su estructura lógica donde hace falta buscar el verdadero fundamento concreto del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto como único método de desarrollo lógico científicamente concreto y correspondiente a la dialéctica objetiva.

El Capital realiza sistemáticamente la coincidencia de la lógica, de la teoría del conocimiento y de la dialéctica, que es el rasgo distintivo del método de investigación de Marx, y la coincidencia de la inducción, del análisis y de la síntesis que caracteriza al método qué se eleva de lo abstracto a lo concreto. Vamos a examinar la cuestión primero en su expresión económica concreta para pasar seguidamente a conclusiones de orden metodológico general.

Hagámonos la pregunta siguiente: ¿Es posible concebir teóricamente (reproducir en un concepto) la naturaleza objetiva de fenómenos como la plusvalía y el beneficio, si no se ha analizado anterior e independientemente la categoría del valor? ¿Se puede comprender la moneda si no se conocen las leyes a las cuales obedece el movimiento del simple mercado? Cualquiera que haya leído El Capital y conozca la problemática de la economía política sabe que hay aquí una tarea insoluble.

¿Se puede formar el concepto (la abstracción concreta) de capital por vía de generalización puramente inductiva de caracteres abstractos que se observa en todos los aspectos diversos del capital? ¿Esta abstracción será científicamente satisfactoria? ¿Expresa ella la estructura interna del capital en general en tanto que forma especifica de la realidad económica? Basta poner la pregunta así para que la respuesta sea necesariamente negativa. Una tal abstracción expresa naturalmente lo que hay de idéntico en el capital, industrial, bancario, comercial y usurario. Ella nos evita indiscutiblemente repeticiones. Pero aquí termina su valor de conocimiento real. Ella no expresa la esencia concreta de ninguna de estas formas de capital. Pero expresa también poco la esencia concreta de su ligazón recíproca y de su interacción. Es precisamente por esto por lo que ella se ha abstraído. Ahora bien, es la interacción concreta de fenómenos concretos lo que constituye, desde el punto de vista de la dialéctica, el objeto y el fin del pensamiento en conceptos. La significación de lo general es contradictoria, ha subrayado Lenin: hace de la realidad viva un cadáver, pero es, al mismo tiempo, el único grado posible para alcanzarla.  Pero no es difícil comprender que, en el caso considerado, lo general no hace más que matar lo concreto, alejarse de él, al mismo tiempo un paso hacia ello. Lo general, se abstrae de lo concreto como de una cosa “que no es esencial”.

Una tal abstracción no expresa, ciertamente, la naturaleza universal concreta del capital (de todo capital) industrial, bancario o comercial.

El Capital demuestra de la forma más evidente que la naturaleza económica concreta del capital comercial -en tanto que aspecto concreto de la totalidad capitalista y mercantil- no puede ser concebida en su principio y expresada por una abstracción teórica si el capital industrial no ha sido comprendido previamente en su estructura interna.

El examen del capital industrial en sus determinaciones inmanentes corresponde a la puesta en evidencia de la esencia del capital en general. Es igualmente cierto que el capital industrial no puede ser comprendido antes que el valor.

“Es fácil concebir el tipo de beneficio cuando se conocen las leyes de la plusvalía. Por la vía inversa, no se puede concebir ni lo uno ni lo otro.” 15

Subrayamos que se trata de concebir (expresar en conceptos) ya que no se puede crear una abstracción del beneficio en general. En este caso basta reducir los fenómenos observados empíricamente a una expresión abstracta. Esta expresión. será totalmente suficiente para distinguir con seguridad los fenómenos de beneficio de otros fenómenos para “reconocer” el beneficio. Cualquier patrón lo sabe hacer, ya que sabe reconocer de maravilla el beneficio del salario, de la moneda, etc.

Pero no es por esto que el patrón comprende el beneficio. No tiene, por otra parte, .ninguna necesidad de ello. Él actúa en la práctica, como un partidario instintivo de la filosofía positiva y de la lógica empírica. Se limita a dar una expresión generalizada a los fenómenos importantes desde su punto de vista, del punto de vista de sus fines subjetivos, y esta expresión generalizada de los fenómenos le sirve perfectamente en la práctica del concepto, permitiéndole distinguir con seguridad el beneficio del no beneficio.

Y como un verdadero positivista, considera sinceramente como escolástica metafísica, aislada de la sabiduría de la vida, todos los discursos sobre la naturaleza interna del beneficio, sobre la esencia de este fenómeno querido a su corazón. “Cada uno puede utilizar la moneda como moneda, sin saber qué es la moneda.” 16

La inteligencia práctica y utilitaria es hostil y extraña a la comprensión, como subrayaba Marx a propósito de P. List en una nota del primer capítulo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política.

Para un patrón es incluso nocivo reflexionar demasiado acerca de la naturaleza del beneficio. Mientras que él procura comprender, otros hombres de negocios más prudentes y prácticos se aprovechan de su parte del beneficio. Y un hombre de negocios no cambiará jamás un beneficio real por la comprensión de lo que realmente eso puede ser.

Pero en la conciencia, en el pensamiento, lo importante es justamente la comprensión, la concepción. La ciencia, es decir, el pensamiento en conceptos, comienza sólo dónde la conciencia deja de expresarse simplemente y de repetir las representaciones acerca de las cosas que le han sido suministradas espontáneamente, para esforzarse en analizar de forma orientada y critica, tanto las cosas como las representaciones que de ella tiene.

Comprender (concebir) un fenómeno significa aclarar su puesto y su papel en el interior del sistema concreto de fenómenos en interacción en el cual se realiza necesariamente, y aclarar justamente las particularidades gracias a las cuales este fenómeno no puede jugar más que este papel en el seno de un todo. Comprender un fenómeno significa aclarar su modo de aparición, la “regla” según la cual esta aparición se realiza con una necesidad oculta por un conjunto concreto de condiciones: significa analizar las condiciones mismas de aparición del fenómeno. Tal es la fórmula general de la formulación de un concepto, de la comprensión (concepción).

Comprender el beneficio es elucidar el carácter universal y necesario de su aparición y de su movimiento en el interior del sistema de la producción capitalista y mercantil: es aclarar su papel específico en el movimiento total de todo el sistema en su conjunto.

Por esto sólo se puede realizar un concepto concreto por intermedio de un sistema complejo de abstracciones que expresa un fenómeno por el conjunto de condiciones de su aparición.

La economía política como ciencia comienza históricamente sólo allí donde los fenómenos, repitiéndose muchas veces (“beneficio”, “salario”. “interés”, etc.), no solamente están fijados con la ayuda de denominaciones universales comprendidas y admitidas (lo cual se produce con anterioridad a la ciencia y fuera de ella, en la conciencia de los que participan prácticamente en la producción), sino cuando son concebidas concretamente por el análisis de su puesto y de su papel en un sistema.

Así, comprender (expresar en un concepto) el beneficio es fundamentalmente imposible si la plusvalía y sus vías de aparición no han sido comprendidas previa e independientemente.

¿Por qué esto es imposible? Si respondemos a esta cuestión bajo una forma teórica general, demostraremos con ello la necesidad real del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto y. su validez en todos los dominios del conocimiento.

Examinemos, pues, la historia de la economía política.

LA INDUCCIÓN DE ADAM SMITH Y LA DEDUCCIÓN DE RICARDO.

LOS PUNTOS DE VISTA DE LOCKE Y SPINOZA EN ECONOMÍA POLÍTICA

Las colisiones lógicas que han marcado el desarrollo de la economía política resultarán incomprensibles si no establecemos las ligazones reales entre ellas y la filosofía de su tiempo. Las categorías, con la ayuda de las cuales los economistas ingleses pensaban concientemente los hechos empíricos, tomaban sus raíces en los sistemas filosóficos de aquella época.

Un hecho característico que tuvo una profunda influencia sobre el pensamiento económico en Inglaterra, fue el clásico empirismo filosófico de John Locke, que fue uno de los primeros teóricos de la economía política.

“Los puntos de vista de Locke tienen una importancia muy grande, pues fue él quien dio una expresión clásica a las representaciones jurídicas de la sociedad burguesa en oposición a la sociedad feudal; además, su filosofía ha servido de base a todas las representaciones de la economía política inglesa ulterior. 17

Los puntos de vista de Locke fueron el eslabón intermedio entre el empirismo filosófico inglés (con todas sus debilidades) y la teoría naciente de la riqueza. Por intermedio de Locke, la economía política ha adoptado los principios metodológicos fundamentales del empirismo, en particular el método exclusivamente analítico e inductivo y el punto de vista de la “reducción” de los fenómenos complejos en sus componentes simples.

De todas formas, como en las ciencias naturales de la época, la práctica real del estudio de los fenómenos económicos difieren notablemente, incluso en Locke, de la teoría del conocimiento que podía recomendar y que recomendaba, en efecto, el empirismo consecuente. El procedimiento por el cual los economistas teóricos formaban, en efecto, en contra de sus ilusiones unilaterales las determinaciones teóricas de las cosas, no coincidían con la lógica empírica inductiva.  Empleando concientemente un método unilateralmente analítico, los teóricos partían, sin darse claramente cuenta, de toda una serie de premisas teóricas que contradecían, en el fondo, los principios de su acercamiento estrechamente empírico a las cosas.

La lógica del empirismo puro era incapaz de elaborar tina vía teórica de los fenómenos de la realidad económica pues ésta presentaba tina confusión extremadamente compleja de formas capitalistas burguesas y feudales de propiedad.

En tales condiciones, la generalización directamente inductiva de los hechos empíricos no habría dado, en el mejor de los casos, más que una descripción correcta de los resultados de la interacción de dos principios de propiedad, no solamente diferentes, sino directamente opuestos. El método de Locke no hubiera permitido penetrar en la “fisiología” de la propiedad privada burguesa.

Se sabe que Locke mismo no se limitaba a generalizar lo que él veía, sino que se detenía activamente en los hechos empíricos, las cínicas formas y los momentos que correspondían. a su parecer, “a la naturaleza eterna” y verdadera del hombre.

En otros términos, la misma tarea de la distinción abstractamente analítica de los componentes elementales, la tarea de descomposición analítica de los hechos empíricos, suponía también aquí un criterio general determinado, conforme al cual ciertas formas de la economía serían distinguidas como “auténticas”, como “correspondientes a la naturaleza del hombre”, y las otras serían eliminadas como “inauténticas”. Esta es la representación burguesa individualista de la “naturaleza del hombre” que servía de criterio a todos los teóricos burgueses. Locke fue uno de los fundadores de este punto de vista.

Claro está que este fundamento universal y original de la ciencia burguesa, desde el punto de vista del cual eran medidos todos los hechos empíricos, tan difícilmente podía haber sido obtenido por inducción empírica, como la noción del átomo, la propiedad capitalista burguesa de la época de Locke no era la forma de propiedad universal ni dominante. No era un hecho empírico universal y la representación del proceder de la economía política burguesa no podía formarse de ella misma por generalización inductiva de todos los casos y de todas las formas de propiedad “sin excepción”.

Consideraciones diferentes a las puramente lógicas tuvieron parte real en la formación de ese fundamento universal. Aún más, la razón social espontánea se reveló más fuerte que los cánones de la lógica racional.

Dicho de otra forma, la economía política se encontraba desde su nacimiento ante el mismo problema lógico que Newton en su dominio: para hacer; aunque sea una sola generalización inductiva; el economista debía poseer (aunque sea inexpresada) una concepción cualquiera de la verdadera naturaleza universal (de la sustancia) de los fenómenos considerados. Lo mismo que Newton puso como base de todas sus inducciones la noción de que las formas geométricas determinantes de los hechos son las únicas objetivas, los economistas han supuesto tácitamente que sólo las formas económicas que corresponden a los principios de la propiedad burguesa son las formas auténticas.

Todas las otras formas de relaciones económicas han sido tácitamente eliminadas como fruto de ilusiones subjetivas de los hombres, como formas que no corresponden a la naturaleza auténtica natural y por eso objetiva del hombre. Sólo entraron en la teoría de las determinaciones de los hechos que emanaban directamente, que se “deducían” de la naturaleza “eterna y natural” del hombre, o sea, de la naturaleza especifica de la propiedad privada del burgués.

Todos los teóricos de la economía política burguesa debían, pues, partir, y partían realmente de un principio fundamental universal plenamente determinado y de una representación clara de la sustancia, de la naturaleza general objetiva, de los casos particulares y de las formas de la economía.

Igual que en las ciencias naturales, esta concepción de la sustancia no podía ser obtenida aquí por vía de inducción empírica. Pero la teoría del conocimiento de Locke guardaba precisamente silencio sobre este punto decisivo: la cuestión de las vías del conocimiento de la sustancia y de la formación del principio fundamental universal de arranque de la ciencia. Este principio fundamental, esta concepción de la sustancia de la riqueza, los economistas (y el propio Locke) tuvieron que elaborar de forma espontánea, sin tener una concepción clara sobre la forma en que ellos la obtenían.

Pero, de una forma u otra, la economía política inglesa (y, en la persona de W. Petty) ha resuelto esta dificultad al descubrir esta sustancia universal de los fenómenos económicos, esta sustancia de la riqueza, en el trabajo que produce las mercancías, en el trabajo que es realizado con el fin de alienar su producto en el mercado libre.

En la medida en que los economistas partían realmente de esta concepción más n menos claramente conciente, sus generalizaciones revestían un carácter teórico y se distinguían de las generalizaciones empíricas a las cuales podía entregarse cualquier mercader, usurero o pequeño comerciante. Pero esto significa que el acercamiento teórico a las cosas coincidían con la aspiración de comprender las diferentes formas particulares de riqueza como las modificaciones de tina sola y misma sustancia universal.

Mas el hecho de que la economía política clásica se adhiere a la filosofía de Locke, se manifestó en seguida bajo una forma muy demostrativa. Ello conducía a que el estudio propiamente teórico de los hechos estuviese constantemente entremezclado con simples reproducciones acríticas de representaciones empíricas.

Esto se ve particularmente claro en los trabajos de Adam Smith. El primer economista que ha expresado nitidamente la noción de trabajo como sustancia universal de todos los fenómenos económicos, desarrolla una teoría en la cual el examen propiamente teórico de los hechos este constantemente mezclado con la menos teórica de las descripciones de los datos empiricos, desde el punto de vista de un hombre arrastrado a la fuerza en el proceso de producción y de acumulación del valor.

“Smith mismo se mueve con una gran sencillez en una contradicción constante. De una parte, sigue la ligazón interna de las categorías económicas y la estructura encubierta del sistema económico burgués. De otra, yuxtapone a esto la ligazón tal como se da de forma visible en los fenómenos de la concurrencia y tal como se presenta a un observador extraño a la ciencia e igualmente a un hombre que es arrastrado prácticamente en el proceso de la producción burguesa e interesado prácticamente en ella. Estas dos formas de comprender de las cuales una penetra la ligazón Interna del sistema burgués por así decir su fisiología mientras que la otra sólo hace describir, catalogar, contar y llevar a las determinaciones esquemáticas de los conceptos lo que se manifiesta exteriormente en el proceso vital, y eso bajo la forma en la cual ella se manifiesta y sale al exterior, estas dos formas dé comprender no solamente coexisten tranquilamente en Smith, sino que se enredan la una con la otra y se contradicen recíprocamente sin cesar.18

Naturalmente Smith no observaba esta contradicción entre las dos formas de reflejar la realidad de las abstracciones. No es difícil por eso reconocer en él un hombre que se representa el proceso del conocimiento a la manera de Locke. La teoría del conocimiento de este último ignoraba justamente la diferencia entre la abstracción teórica (el concepto) y la abstracción empírica simple, la expresión simple en el lenguaje de semejanzas y diferencias constatadas por los sentidos.

Ricardo dio un paso adelante decisivo con respecto a Aclaro Smith. FI sentido filosófico e histórico de este paso reside, sobre todo, en que distingue por primera vez, conciente y consecuentemente, el examen propiamente teórico de los datos empíricos y la mera descripción del simple catálogo de los fenómenos bajo la forma en la cual son directamente dados a la intuición y ala representación.

Ricardo comprendía perfectamente que la ciencia tiene que trabajar con los mismos hechos empíricos que la intuición y la representación simples, pero en la ciencia los hechos deben ser examinados desde un punto de vista más elevado desde el punto de vista de su vinculo interno. Smith no lo hacia de forma rigurosa y consecuente. Pero Ricardo lo exigía inflexiblemente.

Los puntos de vista de Ricardo sobre la naturaleza ele la investigación científica recuerdan mucho más el método de Spinoza que el de Locke: también él adopta el punto de vista de la sustancia. Cada formación económica, cada forma de riqueza, debe ser no solamente descrita, sino comprendida en tanto que modificación de una sola y misma sustancia universal.

A este respecto, también Spinoza y Ricardo tienen razón ante Smith y Locke. Marx ha expresado un juicio claro y categórico sobre el papel de Ricardo en el desarrollo de la teoría de la ecomomía política.

“Ricardo aparece y grita a la ciencia: ¡Párate! La base, el punto de partida de la fisiología del sistema burgués, -para comprender su vínculo orgánico interno y su proceso vital- es la definición del valor por el tiempo de trabajo. Es de aquí de donde parte Ricardo, y después obliga a la ciencia a dejar su vieja rutina y a darse cuenta de la medida en la cual las otras categorías que desarrolla y propone -las relaciones de producción y de cambio- corresponden o contradicen esta base, ese punto de partida: en general la medida en la cual la ciencia reflejando y reproduciendo la forma exterior de la manifestación de un proceso, y, puesto que esas manifestaciones mismas corresponden a la base sobre la cual reposa la ligazón interna, la filosofía real de la sociedad burguesa que forma el punto de partida de la ciencia: al darse cuenta de la forma en que se presenta, en general esta contradicción entre el movimiento aparente del sistema y su movimiento real. Es aquí donde reside la gran importancia histórica de Ricardo para la ciencia.” 19

En otros términos, el punto de vista de Ricardo no consistía en reducir los fenómenos complejos a la serie de sus componentes simples, sino deducir todos los fenómenos complejos de una sola sustancia simple.

Esta ha obligado a Ricardo a renunciar concientemente al método de formación de las abstracciones teóricas que la lógica de Locke recomendaba a la ciencia. La inducción empírica no cortespondia a la teoría que se presentaba a Ricardo, tenia que deducir las determinaciones teóricas de un principio estrictamente pensado: de la concepción de la naturaleza-trabajo del valor.

Si Adam Stnith, en la medida en que él daba realmente alguna cosa más que la simple descripción de los hechos, entraba cada vez en contradicción inconsciente y espontánea con sus propias posiciones filosóficas tomadas de Locke, y si no hacía completamente e incluso en absoluto lo que pensaba, Ricardo comprendió con plena conciencia la vía de la deducción teórica de las categorías.

El carácter estrictamente deductivo de su pensamiento se convirtió desde hace mucho tiempo en proverbio de la economía política. Marx supo apreciar correctamente el sentido de esta deducción: demostró que reside en la expresión lógica natural lo que hace el mérito decisivo del acercamiento teórico de Ricardo: su esfuerzo por comprender todas las formas de la riqueza burguesa, sin excepción, como productos más o menos complejos y alejados del trabajo productor de mercancías y de valor, y todas las categorías de la economía política como modificaciones de la categoría del valor. Se distingue de Smith por su esfuerzo por examinar los hechos empíricos siempre desde el mismo punto de vista, estrictamente fijado en las definiciones del concepto de partida, a saber, del punto de vista de la teoría del valor-trabajo.

Este punto de vista existe igualmente en Smith: por eso es un teórico. Pero no es en él, el único punto de vista, y en este asunto Ricardo se opone resueltamente a Srnith. En Smith el examen teórico de los hechos (es decir, su análisis desde el punto de vista del valor trabajo) cede en cada momento el puesto a la descripción empírica.

Ricardo ha sentido espontáneamente lo que podían ser los enfoques justos sobre el análisis teórico de los hechos. De ahí su tendencia al examen estrictamente deductivo de los hechos y de las categorías.

Esta concepción de la deducción no lleva aún nada de metafísico, ni de idealista, ni de lógica formal. Ella equivale a rechazar el eclectisismo en la consideración de los hechos. Esto significa que una vez establecida la concepción de la naturaleza universal de todos los fenómenos particulares y únicos debe permanecer constante a lo largo de la investigación y suministrar el hilo director para la comprensión de todo fenómeno particular. En otros terminos, en esta concepción (¡pero sólo en esta concepción!) la deducción es el sinónimo de un acercamiento realmente teórico de hechos empíricos.

Se sabe que es precisamente la renuncia a las tentativas de desarrollar todo el sistema de categorías económicas a partir de un principio establecido (a partir de la teoría del valor-trabajo) el primer signo formal de la descomposición de la escuela de Ricardo en economía política. Es, sobre todo, contra la manera deductiva de su maestro que se levantaron los representantes de la “economía vulgar” y, aún más, esta “ensalada de compilación sin sistema” que Marx pisotea desdeñosamente como “la forma universitaria de descomposición de la teoría”. No podían admitir lo que había sido la superioridad decisiva de Ricardo como teórico, su esfuerzo por comprender cada categoría como una forma transformada del valor, como una modificación compleja del trabajo creador de mercancías.

El principio de la forma “vulgar” y “universitaria” de teorización consistía en lo siguiente: si no se consigue deducir la comprensión de los fenómenos reales de una base única común a todos (en el caso considerado, de la teoría del valor-trabajo) sin chocar en seguida con una contradicción, entonces no hace falta intentar hacerlo, es necesario introducir otro principio de explicación, otro “punto de vista”. ¿Y si eso no resulta? Entonces hace falta introducir un segundo, un tercer principio, tener en cuenta esto y aquello, y un quinto o un décimo principio. “No se trata de contradicción, sino de plenitud.”

¿El valor comercial real (el precio) de una mercancía producida de forma capitalista no se explica por la cantidad de tiempo de trabajo necesario empleado para su producción? [ejemplo] Entonces, no es menester obstinarse y ver las cosas de una manera unilateral. ¿Por qué no admitir que el valor proviene no solamente de una sola fuente universal, como lo suponía Ricardo, sino de un gran número de fuentes diversas? ¿El trabajo? Si, el trabajo entre otros: pero no solamente el trabajo; no hay que subestimar el papel del capital y el de la fecundidad natural del suelo: hay que tomar también en consideración los caprichos de la moda, los azares de la demanda, la influencia de las estaciones. (las botas de fieltro cuestan más caras en invierno que en verano) y muchas otras cosas, hasta la influencia sobre la coyuntura de las modificaciones periódicas de las manchas del sol. Marx no ha tratado ninguna manera de teorizar con mayor desprecio que a las seudoteorias “vulgares” y “universitarias”. Esta forma ecléctica de explicar un fenómeno complejo por una multitud de factores y de principios cuando no hay entre ellos ningún lazo interna representa, según la justa expresión de Marx, la verdadera tumba de la ciencia.” Aquí ya no hay nada de teoría, de ciencia, de pensamientos por conceptos. No hay nada más que la traducción en el lenguaje doctrinario de la terminología económica de concepciones superficiales, corrientes y su sistematización.

Keynes, que es considerado como el genio y el clásico de toda ciencia oficial contemporánea del mundo capitalista., no se permite nunca hablar de “valor”. A su entender, es un mito, una palabra vacia. El sólo admite como “realidad” el precio de mercado. Este es determinado por el concurso de las circunstancias y los factores más diversos entre los cuales el trabajo juega un papel de décimo orden. La tasa del interés depende enteramente de las emociones de los poseedores del capital: es un hecho puramente psicológico. Pero esto no le basta a Keynes: “Seria, puede ser, aún más exacto llamar a la tasa del interés no un fenómeno psicológico en el más alto grado, sino un fenómeno convencional en el más alto grado” 20 La crisis de superproducción “es la simple consecuencia de la destrucción del equilibrio delicado del optimismo espontáneo. Para juzgar las perspectivas de las inversiones, debernos tener en consideración los nervios, la tendencia a la histeria e incluso los trastornos gástricos y la reacción a los cambios de tiempo de aquello de cuya actividad espontánea ellos dependen esencialmente”21

Naturalmente, aquí ya no es cuestión ni de teoría ni de ciencia. Si la “economía vulgar” se ocupaba, sobre todo, de traducir las concepciones superficiales corrientes en lenguaje doctrinario, estimando que ella elaboraba con esto los “conceptos” la ciencia burguesa contemporánea, toma por “conceptos” las emociones irracionales del capitalismo y su expresión escolástica.

Marx ha mostrado claramente que después de Ricardo, que fue su cumbre, el pensamiento burgués en economía política ha entrado en su fase de degradación. Esta degradación se esconde bajo grandes frases, llamando a “un estudio lucido inductivo y empírico” de los hechos. Oponiendo su “inducción” al “método deductivo de Ricardo, los representantes de la descomposición de la economía política burguesa se pronuncian simplemente por el eclecticismo contra la teoría.

Ellos no admiten los esfuerzos del teórico para comprender todas las categorías sin excepción desde el punto de vista de la teoría del valor-trabajo, pues han podido convencerse de que este punto de vista conduce inevitablemente a comprender él sistema de la economía burguesa como un sistema de antagonismo de contradicciones insolubles. El motor de esta actitud hacia Ricardo es simplemente una actitud de apología de la realidad.

Ricardo no niega el momento empírico en la investigación. Considera, al contrario, que una comprensión auténtica de los hechos empíricos dados y un empirismo auténtico (y no ecléctico) no pueden ser realizados más que si no se considera los hechas empíricos desde el punto de vista del azar, sino desde un punto de vista que posee, en si mismo, un fundamento teórico.

Asi, obedeciendo espontáneamente a la lógica de las cosas. Ricardo llega a un punto de partida teórico que Marx debía posteriormente admitir de forma enteramente conciente. Pero el hecho de que Ricardo llegue a este punto de vista de forma puramente espontánea, sin darse claramente cuenta de la dialéctica “de lo general, de lo particular y de lo singular” con lo cual se ha enfrentado, no deja de tener consecuencias.

Las concepciones filosóficas consientes de que disponía acerca de las relaciones entre la deducción y la inducción. lo general y lo particular, la esencia y el fenómeno, etc., no estaban separadas del proceso real del conocimiento. Actuaban sobre la marcha de su investigación de una manera notable y sobre ciertos puntos predeterminaban directamente el fallo de sus investigaciones.

Lo que Ricardo hacia, no era en absoluto la deducción en el sentido en que lo entendía la lógica metafísica de su época, es decir, una deducción especulativa de los conceptos. Era sobre todo, entre sus manos, un método de expresión teórica de los hechos y de los fenómenos empíricos en si, unidad interna. En tanto que tal, este método incluye la inducción empírica. Pero el hecho de que esta coincidencia de la deducción y de la inducción es puramente espontánea no deja de tener efecto. En los casos en los que se da cuenta del método con el cual estudia los hechos se ve obligado a recurrir a la concepción contemporánea de la deducción y de la inducción, la relación de lo general a lo particular, de la ley a sus formas de manifestación, etc. Y la concepción metafísica de las categorías de la lógica y de las vías de reproducción de la realidad en el pensamiento le desorienta en seguida.

Vamos a mostrarlo en el análisis de la marcha del pensamiento de Ricardo. He aquí su método. Parte de la definición del valor por la cantidad de tiempo de trabajo como base fundamental general de todo el sistema. Pero después intenta aplicar directamente esta base fundamental a cada una de las categorías particulares para verificar si ellas están de acuerdo o no.

Se fuerza siempre por mostrar la concordancia directa de las categorías económicas con la ley del valor. Piensa que la definición general puesta por él en la base de la deducción era un concepto genérico inmediato, es decir, un concepto general abstracto que incluye los caracteres directamente comunes a todos los fenómenos abarcados por él, y nada más. Las relaciones del concepto de valor con los conceptos de moneda, de beneficio, de renta, de salario, de interés, etc., le parecen ser relaciones genéricas entre conceptos. Según esta concepción, que se basa en una comprensión metafísica de las relaciones entre lo general, lo particular y lo singular, únicamente los caracteres comunes tanto a la moneda como al beneficio, a la renta y a todas las otras categorías pueden formar parte de la definición del concepto de valor. En el espíritu de la misma concepción, estima que una categoría particular no es agotada por los caracteres expresados en las determinaciones del concepto general y que cada categoría particular posee además, sus determinaciones generales de caracteres complementarios específicos que expresan justamente, la particularidad de cada categoría particular.

Por consiguiente, llevar cada categoría a un principio general, a la determinación de un concepto general (en el caso presente, el valor) sólo es la mitad del asunto. Esta operación permite considerar en una categoría particular solamente lo que está ya expresado bajo forma de determinación del concepto general. Pero queda por aclarar que determinaciones contiene aún y qué expresan no lo general, no lo idéntico, sino justamente, lo distinto.

Aplicada a la categoría de la economía política, esta concepción lógica se presenta así. La moneda por ejemplo, como todas las otras categorías, es una forma particular del valor. Por consiguiente, ella (es decir, el dinero real) está sometida en su movimiento, sobre todo, a la ley del valor. Por consiguiente, la teoría del valor-trabajo es inmediatamente aplicable a la moneda; dicho de otra forma, en la determinación teórica de la moneda debe entrar, ante todo, las determinaciones contenidas en el concepto de valor. Así se deduce la primera determinación de la moneda.

Pero está perfectamente claro que la naturaleza concreta de la moneda no se agota con esto. Seguidamente viene la tarea de comprender lo que es la moneda precisamente en tanto que moneda. Lo que es, además del hecho de ser valor, como todo el resto, de comprender por qué ella es moneda y no simplemente valor.

En este punto de la investigación cesa toda deducción. La deducción nos ha permitido ver en la moneda más que las determinaciones teóricas; de su naturaleza, que fueron incluidas ya anteriormente en el concepto de valor. ¿Y ahora? ¿Cómo descubrir en los fenómenos empíricos reales de la circulación monetaria las propiedades de la moneda, tan necesarias como las que han sido deducidas del concepto de valor? ¿Cómo leer en le moneda real las características que le pertenecen con la misma necesidad que todas las determinaciones generales del valor, pero que constituyen, al mismo tiempo lo que distingue a la moneda de todas las otras formas de existencia del valor?

En este punto la deducción resulta imposible. Hace falta recurrir a la inducción, que tiene como meta librarse de las determinaciones que son igualmente comunes a todos los casos, sin excepción, del movimiento de la moneda, es decir, los caracteres generales específicos de la moneda.

Ricardo se veía obligado a actuar así. Sacaba las nuevas determinaciones teóricas, de la forma monetaria por vía de inducción empírica, inmediata, distinguiendo lo que tienen abstractamente en común todos los fenómenos de circulación monetaria sin excepción. Generalizaba directamente los fenómenos del mercado del dinero, en el interior del cual circulan simultáneamente las diversas formas de moneda: piezas metálicas, lingotes de oro, billetes, etc. Busca lo que la moneda metálica tiene de común con los billetes de papel, los lingotes de oro o de plata, las obligaciones bancarias, los giros, etc. Es aquí donde reside, la debilidad fatal de su teoría de la moneda.

En esta vía, Ricardo confunde la determinación teórica de la moneda, como moneda, con aquellas de sus propiedades que ella debe, de hecho, al capital, que efectúa a través de ella su movimiento específico, que no tiene nada de común con el fenómeno de circulación monetaria como tal. El resultado es que toma por leyes del movimiento de la moneda las de la circulación del capital bancario, y viceversa, que reduce las leyes del capital bancario a las de la simple circulación de la moneda metálica. En cuanto a la moneda como fenómeno económico particular, queda incomprendida teóricamente, o, más exactamente, falsamente comprendida.

Ricardo sentía, él mismo, que este método no era satisfactorio. Comprendía que la inducción puramente empírica a la que estaba recurriendo en este caso no daba y no podía dar, por su esencia misma, las conclusiones necesarias acerca de la naturaleza de la moneda. Esta conciencia no venia de consideraciones puramente lógicas. Ricardo está en constante polémica con los directores de la banca, con los financieros, que, a su modo de entender tratan la moneda en contra de su naturaleza. Ve en esto la causa de todas las colisiones y de todos los disturbios desagradables de la circulación monetaria. Es esto lo que le empuja a aclarar la verdadera naturaleza de la moneda, y no razones lógicas o filosóficas.

El panorama dado empíricamente de la circulación monetaria no ofrece, a primera vista, la verdadera naturaleza de la moneda, sino exactamente lo inverso: una forma de servirse de ella que uno corresponde a su naturaleza. De tal forma que la inducción puramente empírica, como Ricardo lo comprendía perfectamente, procura, en el mejor de los casos, una expresión generalizada de un movimiento inauténtico de la moneda y jamás el de un movimiento de dinero que corresponde a su ley de existencia.

En otros términos, quería encontrar la expresión teórica de un movimiento de la moneda (oro, piezas, billetes, obligaciones, etc.) que responde directamente a las exigencias de la ley general del valor y no dependen (como eso se produce en la realidad empírica) de la arbitrariedad, de la avidez y de los caprichos de los dirigentes de los bancos. Su investigación de la verdadera naturaleza de la moneda tiene como fin obtener que el que maneja las finanzas no actúe como lo hacía hasta entonces, sino conforme a las exigencias que derivan de la naturaleza de la moneda.

Se esfuerza en resolver este problema deduciendo las determinaciones teóricas de la moneda de la ley del valor, esta deducción es la única que puede poner de manifiesto las notas necesarias contenidas en la naturaleza misma de la moneda. Pero ya no consigue deducir los rasgos distintivos específicos de la moneda cono tales, no contenidos en las determinaciones teóricas de la ley general del valor, sino que constituyen la particularidad de la moneda como forma particular del valor. Ningún artificio puede extraer los rasgos específicos de la moneda de las determinaciones del valor. Se quiera o no, hace falta obtenerlos no por deducción de un principio teórico general, sino por introducción puramente empírica, por abstracción de lo que es común a todas las formas de la circulación monetaria sin excluir ni la moneda metálica, ni los papeles de valor, ni los billetes de los bancos de Estado, etc.

Por esto, la concepción de la moneda ha quedado como uno de los puntos más débiles de la escuela ricardiana.

La deducción de Ricardo resulta en realidad puramente formal; no permite desprender en un fenómeno más que lo que ya estaba contenido en los determinaciones del concepto general, y la inducción es puramente empírica, puramente formal y no teórica la inducción formal no permite abstraer de un fenómeno aquellos de sus rasgos que le pertenecen necesariamente, que son atributos de la naturaleza del fenómeno y no han a parecido en él bajo la acción de circunstancias exteriores no relacionadas a su naturaleza.

El carácter formal de la deducción se manifestó aún más en Ricardo cuando intentó reducir fenómenos como el beneficio y la plusvalía a la ley del valor. Ricardo tropezó aquí con el hecho paradójico de que el beneficio puede, por una parte, ser reducido a la categoría de valor, mientras que, por otra, conserva, más allá de las determinaciones generales puestas en evidencia, algo que si se intenta expresar por medio de la misma categoría del valor, se pone inmediatamente a contradecir la ley general.

Ocurre algo similar con lo que se produce cuando se hace entrar a un llamado Caius en el campo de acción de la proposición: “todos los hombres son mortales”. Advertimos que, por una parte, él entra en ella: pero, por otra parte, su particularidad individual consiste justamente en esto, sólo en esto: que ese Caius…es inmortal.

Ricardo creyó en una situación absurda cuando intentó deducir las determinaciones teóricas del beneficio partiendo de la ley del valor y de relacionar directamente el beneficio con la ley del valor. Es cierto que Ricardo no notó esta contradicción, aunque él mismo la puso en evidencia. Pero los enemigos de la teoría del valor-trabajo, en particular Malthus, lo vieron en seguida.

Se sabe cuántos esfuerzos hicieron los partidarios de Ricardo para demostrar lo indemostrable, es decir, que esta contradicción en su sistema no existe, y que si existe no es mas que por falta de rigor en las expresiones del maestro, de la insuficiente elaboración de su terminología, etc.: por eso puede y debe ser eliminada por medios puramente formales, cambiando denominaciones, precisando definiciones, expresiones, etc.

Pero son justamente esas tentativas las que han iniciado el proceso de descomposición de la escuela de Ricardo, es decir, la renuncia, de hecho, a los principios de la teoría del valor-trabajo, encubierta por un acuerdo formal con ellos. Es precisamente porque la contradicción lógica entre la ley general del valor y la ley de la tasa media del beneficio que manifiesta la teoría de Ricardo es una contradicción enteramente real que todas las tentativas para presentarla como inexistente o como producto de la inexactitud de ciertas expresiones o definiciones no pueden conducir más que a renunciar, de hecho, a la esencia misma de la teoría y a su fundamento racional.

El primer indicio, y el fundamental, de la descomposición de la escuela de Ricardo es el abandono, de hecho, del esfuerzo para desarrollar todos los sistemas de categorías económicas a partir de un principio universal, la definición del trabajo creador de mercancias como sustancia y fuente real de todas las otras formas de riqueza.

El desarrollo de la teoría después de Ricardo ha conducido simultánea y directamente a la necesidad de aclarar la dialéctica de las relaciones de un ley general con las formas desarrolladas de su realización en particular. Por su evolución, la teoría de Ricardo ha conducido al problema de la contradicción en la esencia misma de las determinaciones del objeto de la investigación teórica. Ni Ricardo ni sus sucesores ortodoxos consiguieron resolver las dificultades que la dialéctica de la realidad descubre al pensamiento. Al quedar, en el fondo metafísico, su pensamiento no podía expresar la dialéctica en los conceptos sin renunciar a sus concepciones lógicas fundamentales, en particular a la concepción metafísica del problema de las relaciones de lo abstracto y de lo concreto, de lo general y de lo particular, en lo único.

Como no sabe ni quiere expresar concientemente en los conceptos la dialéctica contradictoria de las cosas, su pensamiento cae en contradicciones lógicas: rechazarlas del pensamiento, interpretarlas como resultado de inexactitudes de expresión, como un mal puramente subjetivo.

A pesar de su aproximación espontánea justa a los hechos y de su proceso de expresión teórica, Ricardo se quedó, concientemente, en las posiciones del modo de pensar metafísico. La deducción quedó en él como antes: un procedimiento de desarrollo de los conceptos que permite no considerar en un fenómeno particular mas que lo que ya había en la premisa mayor, en un concepto general de partida y en sus determinaciones; por ello mismo la inducción conservaba un carácter exclusivamente empírico. No permitía poner en evidencia los rasgos de los fenómenos que le pertenecen necesariamente y formar una abstracción teórica que expresa los fenómenos en su forma pura y en su contenido inmanente.

La deducción y la inducción, el análisis y la síntesis, el concepto general y el concepto que expresa una particularidad de un fenómeno, todas estas características quedaron en Ricardo como contrarias metafísicas que él nunca logró ligar las unas a las otras.

La deducción siempre estuvo en él en contradicción con la generalización inductiva de los hechos; nunca pudo reunir las abstracciones analíticas en sistema, es decir, hacer la síntesis, sin pensar con una contradicción lógica; un concepto general (el valor) se encontró en su sistema en relación de contradicción absoluta con un concepto particular (el beneficio), y así, sucesivamente. Todos estos fallos han conducido, bajo los golpes del enemigo, a la descomposición de la teoría del valor-trabajo y a una complicación sin sistema que sólo puede vanagloriarse de su plenitud empírica, pero queda totalmente desprovista de concepción teórica de lo concreto real.

La filosofía y la lógica de la época de Ricardo no le daban y no le podían dar ninguna indicación correcta sobre la forma de liberarse de estas dificultades. Para ello era necesaria una dialéctica conciente que combinara una actitud, crítica revolucionaria con respecto a la realidad a un método de pensamiento que no temiera la contradicción de las definiciones de las cosas y que fuera ajena a toda apologética del estado de cosas existente. Todos los problemas convergían en uno; la necesidad de concebir el sistema de producción capitalista y mercantil como un sistema histórico concreto, que ha nacido, se desarrolla y va continuamente hacia su pérdida.

 

LA DEDUCCIÓN Y EL PROBLEMA DEL HISTORICISMO

Al concebir al mismo tiempo el objeto de su estudio, la economía capitalista y mercantil, como un todo único coherente en todas sus manifestaciones y como un sistema de relaciones de producción y de distribución que se condicionan las unas a las otras, Ricardo no concebía este sistema en su devenir histórico como un conjunto orgánico de relaciones entre los hombres y las cosas comprometidos en el proceso de producción, que tienen un pasado histórico común y que continúan su desarrollo juntos.

Todos los méritos del método de investigación de Ricardo se relacionan orgánicamente con el punto de vista de la sustancia, es decir, con la concepción del objeto como un todo único y coherente. Al contrario, todos los defectos de su método tiene sus raíces en su perfecta incomprensión de que éste todo resulta de un devenir histórico.

La forma capitalista y mercantil de producción le parecía, la forma “natural” y eterna de toda producción. De ahí el carácter no histórico (e incluso antihistórico) de su abstracción. Si la deducción de las categorías está acompañada de una concepción no histórica del objeto al cual ayudan a reproducirse en un concepto reviste, inevitablemente un carácter puramente formal.

No es difícil constatar que la deducción por su propia forma, corresponde a una representación del desarrollo, es decir, del movimiento de lo que es simple, no dividido y general hacia lo que es complejo, dividido y particular. Pero si la realidad objetiva, que está reproducida en los conceptos por vía deductiva, está concebida ella misma, como una cosa que no se desarrolla, como un sistema eterno y natural de fenómenos en interacción, entonces la deducción no será inevitablemente considerada más que como un procedimiento artificial de desarrollo del pensamiento. En este caso ta lógica vuelve, necesariamente, al punto de vista clásicamente expresado por Descartes sobre la naturaleza de la deducción.

Cuando Descartes se dispone a construir su sistema del mundo y a deducir todas las formas complejas de interacción de la naturaleza del movimiento de partículas materiales simples definidas de forma exclusivamente geométrica, justifica así su derecho a usar de este método: “Su naturaleza (de las cosas) es más cómodo concebirlas cuando se las ve nacer poco a poco, de esa manera, que cuando se las considera hechas.”22  Pero en el mismo sitio, para no entrar en conflicto abierto con la doctrina de la creación del mundo. Descartes hace una reserva característica:

Sin embargo, yo no quería inferir de todas estas cosas que este mundo haya sido creado, en la forma que yo proponía. porque es más verosímil que desde el principio Dios haya hecho esto tal y corro debía ser.” 23

Es evidente para Descartes que la forma de deducción que él emplea concientemente se aproxima profundamente a una concepción del desarrollo, de la aparición y del origen de las cosas en su necesidad. Por ello se encontró ante un problema delicado: cómo conciliar la deducción con la concepción según la cual el objeto es eternamente igual a si mismo y habiendo sido creado de una vez por Dios, no proviene de ninguna parte.

Ricardo se ha encontrado en una situación análoga. Comprendía perfectamente que el movimiento deductivo del pensamiento podía por si solo expresar los problemas, en su ligazón interna, pero no se pedía conocer esta ligazón, más que considerando la aparición gradual de diversas fornas de riqueza a partir de una sustancia común a todas ellas, el trabajo productor de mercancías. Ahora bien. ¿cómo conciliar esto con la concepción según la cual el sistema burgués es natural y eterno y no pueden ni nacer ni desarrollarse realmente? Ricardo concilia estas dos concepciones de naturaleza absolutamente incompatibles. Esto no puede dejar de reflejarse en su método de pensamiento y en su modo de formación de abstracciones.

Si la teoría comienza a edificarse a partir de la categoría del valor gira pasar luego al examen de otras categorías, ello puede justificarse por el hecho de que la categoría de valor es el concepto más general e implica el beneficio, el interés, la renta. El Capital y todo lo demás: es un abstracto genérico, de todos estos fenómenos reales, particulares y singulares.

El movimiento del pensamiento de una categoría general abstracta hacia la expresión de las particularidades de los fenómenos reales se presenta pues, como un movimiento que se desarrolla exclusivamente en el pensamiento y no en la realidad. En esta realidad, todas las categorías, -beneficio, capital, renta, salario, moneda, etc.-  existen simultáneamente las unas al lado de las otras, y la categoría del valor expresa lo que hay de común entre ellas. El valor no existe realmente como tal mas que en la cabeza que lo abstrae, como reflejo de lo que la mercancía tiene de común con la moneda, el beneficio, la renta, el salario, el capital, etc. El concepto genérico que abarca todas las categorías particulares he aquí el valor.

Ricardo razonaba así, en la línea de la lógica nominalista de su tiempo, en oposición al realismo medieval y a las representaciones creacionistas, según las cuales, por ejemplo, existe un animal en general antes que el caballo, el zorro, la vaca o la liebre, antes de las especies particulares de los animales: este animal se transforma después por “disyunción” en caballo, zorro, vaca o liebre.

Según Ricardo, el valor como tal no puede existir mas que post rent, a titulo de abstracción intelectual de diversos aspectos del valor, y en ningún caso ante rem, bajo forma de realidad independiente, que precede en el tiempo a la aparición de esos aspectos particulares. Sin embargo, esos aspectos particulares del valor existen eternamente los unos al lado de los otros y no provienen en ningún caso del valor, lo mismo que el caballo no proviene realmente de un animal en general.

Pero la desgracia consiste en que la concepción normalista del concepto general, al mismo tiempo que ataca justamente la tesis principal del realismo medieval, elimina (como ella) del mundo real las cosas singulares y la idea de su desarrollo real.

En la medida en que Ricardo adoptaba el punto de vista de la burguesía en su concepción de la naturaleza de la economía burguesa, la concepción unilateral y sumamente metafísica del nominalismo en lógica le parecía lo más natural y la más conveniente. Sólo ha existido siempre y sólo existirán siempre los fenómenos singulares pertenecientes a aspectos particulares del valor: mercancía. moneda, capital, beneficio, renta y otros. En cuanto al valor, es la abstracción de esos fenómenos económicos singulares y particulares, universalia post rem, y de ningún modo universalia ante ren, Por esto Ricardo no estudió el valor como tal, el valor en si, la abstracción rigurosa del beneficio del salario de la renta y de la concurrencia.

Después de haber formulado el concepto valor, pasó inmediatamente al examen de las categorías particulares desarrolladas y la aplicación directa del concepto del valor a los fenómenos de beneficio, de salario, de renta, de moneda, etc.

Es el más natural de los pasos lógicos si la realidad que reproduce es concebida como un sistema eterno de interacciones entre formas particulares del valor. Está claro que si se concibe el contenido del concepto general que reposa sobre la base de todo el sistema de la teoría como la suma de caracteres abstractamente comunes a todos los fenómenos particulares y singulares, hace falta actuar exactamente como lo hizo Ricardo. Si se concibe lo universal como la propiedad abstracta común a todos los fenómenos singulares y particulares sin excepción, en el caso del valor, si se quiere obtener su definición teórica, hace falta considerar en particular el beneficio, en particular la renta, y abstraer lo que les es común. Así es como actuó Ricardo. Y es por lo que Marx le criticó tan severamente, ya que es ahí que se expresaba la actitud antihistórica de Ricardo acerca del problema del valor y de sus aspectos.

Marx veía el defecto esencial del método de investigación de Ricardo en el hecho que no estudiaba especialmente la definición teórica del valor como tal, en su dependencia más estricta del proceso de producción de la plusvalía, de la concurrencia, del beneficio, del salario y de todos los otros fenómenos. En el primer capitulo de la obra fundamental de Ricardo no es sólo cuestión del cambio de mercancías contra mercancías (es decir, de la forma simple del valor como tal), sino también del beneficio, del salario, del capital, de la tasa media del beneficio y de otras cosas parecidas.

“Nosotros vemos que si se le acusa a Ricardo de ser demasiado abstracto, el reproche inverso será también justo: una fuerza de abstracción insuficiente, la incapacidad, cuando él examina el valor de las mercancías, de olvidar el beneficio, hecho que surge ante él fuera de la esfera de la concurrencia.” 24

Pero esta exigencia de una plenitud objetiva de la abstracción no puede ser satisfecha si primero no se renuncia a la concepción metafísica formal del concepto universal (como simple abstracto de los fenómenos particulares y singulares a los que él se refiere) y si, segundo, no se pasa al punto de vista del historicismo en la concepción (en el caso de desarrollo presente del valor al beneficio).

Marx pide a la ciencia que conciba el sistema económico como un sistema en desarrollo y que reproduzca en el desarrollo lógico de las categorías la historia real de la aparición y del desarrollo del sistema.

Pero si esto es así, el valor como punto de partida de la concepción teórica debe ser concebido por la ciencia como una realidad económica objetiva, existente antes de que pudieran aparecer y existir fenómenos como el beneficio, el capital, el salario, la renta, etc. Por esto, las determinaciones teóricas del valor no deben obtenerse por abstracciones de lo que la mercancía la moneda, el capital, el beneficio, el salario y la renta tienen en común, sino por una vía completamente distinta. Se supone que todas estas cosas no existen. Ellas no han existido en toda la eternidad sino que han aparecido en un punto cualquiera y la ciencia debe descubrir esta aparición en su necesidad.

El valor es la condición real y objetiva sin la cual ni el capital, ni la moneda, ni el resto son posibles. Las determinaciones teóricas del valor corno tal no pueden ser obtenidas si no se examina una realidad económica objetiva existente antes fuera e independiente de todos los fenómenos que se han desarrollado después, basándose en ella.

Esta realidad económica objetiva, elemental, ha existido mucho antes que apareciera el capitalismo y todas las categorías que expresan su estructura. Esta realidad, es el intercambio directo de tina mercancía por otra.

Hemos visto que los clásicos de la economía política han elaborado justamente el concepto general del valor, examinando esta realidad, aunque ellos no se han dado cuenta del verdadero sentido filosófico y teórico de lo que hacían.

Hay que pensar que Ricardo hubiera estado muy desconcertado si se le hubiese llamado la atención sobre el hecho que sus predecesores y él mismo han elaborado la categoría general de su ciencia, no examinando la regla abstracta a la cual obedecen todas las cosas que poseen un valor sin excepción, sino todo lo contrario, examinando la excepción más rara de la regla: el intercambio directo, sin dinero,de una mercancía por otra.

En la medida en que han actuado así han adquirido una concepción teórica realmente objetiva del valor. Y es en la medida en que no se han atenido lo bastante rigurosamente a los limites del examen de ese modo de interacción económica, totalmente particular y extremadamente rara en el capitalismo desarrollado, que no pudieron comprender el valor hasta el fin.

Es en esto que consiste el carácter dialéctico de la concepción de lo universal en Marx; es aquí donde reside la dialéctica de la concepción del modo de elaboración de una categoría universal del sistema de la ciencia.

No es difícil convencerse de que una tal concepción no es posible si uno no se apoya sobre un acercamiento fundamentalmente histórico del estudio de la realidad objetiva.

La deducción basada en un historicismo conciente se convierte en la única forma lógica, correspondiente al punto de vista para el cual el objeto no está listo, sino que ha nacido y se ha desarrollado históricamente. “La teoría de la evolución sustrae a la inducción toda clasificación de los organismos y la reduce a la “deducción”, a la descendencia -una especie está literalmente deducida de otra al establecer su descendencia- y es imposible demostrar la teoría de la evolución con la ayuda de la simple inducción, ya que es totalmente anti-inductiva.”25.

El caballo y la vaca no provienen, naturalmente, de un “animal en general”, lo mismo que la pera o el manzano no son los productos de la autoalineación del concepto de fruta en general. Pero no hay lugar a dudas que la vaca y el caballo, en la noche de los siglos, tuvieron un antepasado común. y la manzana ,y la pera son también los productos de la diferenciación de una forma de fruta común. Ese antepasado común real de la vaca, del caballo, de la liebre, del zorro y de todas las otras especies de animales actualmente vivos no existía en el seno de la razón divina o bajo una forma de idea del animal en general, sino en la naturaleza misma, como especie completamente real y particular, que debía producir las otras especies por vía de diferenciación.

[¿Ameba, gusano marino?] Esta forma general de animal, o, si se quiere, este animal como tal, no es en absoluto una abstracción que contiene en si lo que las especies animales actualmente vivas tienen de común entre ellas. Este general es al mismo tiempo una especie particular que posee no solamente y a tal suerte los rasgos que se conservaron en todos sus descendientes y le son comunes, sino también los rasgos propios completamente específicas y de los cuales una parte ha sido heredada por los descendientes, mientras que la otra se perdió y ha sido reemplazada por rasgos diferentes. Es absolutamente imposible construir un modelo concreto del antepasado común del cual provienen todas las especies actualmente existentes a partir de los caracteres que son inmediatamente comunes a estas especies.

Actuar así en biología sería emprender el mismo camino por el que Ricardo buscaba las determinaciones del valor como tal, la forma universal del valor, suponiendo que estas determinaciones deban ser abstraídas del beneficio, de la renta, del capital y de todas las formas del valor que tenia ante sus ojos.

La concepción del desarrollo como sucesión de fenómenos que toman su origen los unos en los otros, se relaciona con la concepción materialista dialéctica del proceso de deducción de categorías, del proceso que se eleva de lo abstracto a lo concreto, de lo general (que es en si mismo un particular enteramente determinado) a lo particular (que expresa también una determinación general y necesaria del objeto).

La base general de partida de un sistema de determinaciones teóricas (el concepto de partida de una ciencia) expresa, desde el punto de vista de la dialéctica, las determinaciones teóricas concretas de un fenómeno típico enteramente particular y determinado, enteramente dado en la práctica sensible a la intuición empírica, en la práctica social y la experiencia.

La particularidad de este fenómeno reside en que él es, realmente (fuera de la cabeza del teórico) el punto de partida del desarrollo del conjunto de fenómenos en interacción que se estudia, de todo este concreto que está en el caso dado, el objeto de la reproducción lógica.

La ciencia debe comenzar por donde comienza la historia real. El desarrollo lógico de las determinaciones teóricas debe expresar el proceso histórico concreto del devenir y del desarrollo del objeto. La deducción lógica no es otra cosa que la expresión teórica del proceso del devenir histórico de lo concreto estudiado.

Pero la justa comprensión de este principio supone una vía adecuadamente concreta y de índole dialéctica en torno a la naturaleza del desarrollo histórico. Este punto de extrema importancia de la lógica de Marx -la solución del problema de la relación del desarrollo científico, con el histórico (de la relación de lo lógico y de lo histórico)- debe ser examinado aparte.

* Publicado como E. ILIENKOV El Capital, teoría, estructura y método”. 

    Tomo 1. Ediciones de cultura popular. Selección y prólogo de Pedro López Díaz

 

 

NOTAS:

1  Marx. Contribución a la Critica de la economía política. Ediciones de Cultura Popular, México. 1971.

ibid. p. 165

ibid

4  Lenin. Cuadernos Filosóficos. Ediciones Sociales, París 1955. p. 202. (de. Esp. Ed. Política. La Habana. 1964.)

Christen oder Bolschewisten, Stuttgart. 1957, p, 89.

6  Marx. Contribución a la critica de la economía política, Op. cit.. p. 9.

7  Ver Marx. Contribución a la critica de la economía política, Op. cit. p. 165.

8  Engels, Dialéctica de la naturaleza. Editions sociales, 1957. p, 191. (en español Edit. Grijalbo, México. 1961.)

9  Hilferding. Preparación histórica de la economía politica de Marx, en los Problemas fundamentales de la economía política.

10 K Renner. Teoría de la economía capitalista. trad. rusa Moscú. 1926. P. XIX.

11 ibid

12 Lenin, Cuadernos Filosóficos, op. cit., p. 189. – Acerca de la “Ciencia de la Lógica”  suele denominarse “Gran Lógica” para distinguirla de las partes que tratan de ella en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas.

13 ibid. p. 192.

14 Engels. Dialéctica de la naturaleza. Op. cit., p. 731.

15 Marx. El Capital, Editións Sociales. t. I, p. 213-214 en español Ed. FCE, México.)

16 Marx. Teorías de la plusvalía. ed. rusa. 1936, t. III, p. 127 (en español Ed. Cartago. Buenos Aires, 1965.)

17 Marx. Theorien úber den Mehrwert, 1, Berlín 1956, p. 331.

18  ibid. Berlín, 1959. p. 156.

19 ibid. p. 157.

20 Keynes. Teoría general del empleo de la moneda. Traducción rusa. 1948. P. 195-196.

21 ibid. P. 154.

22  Descartes. Discurso del método. “Los clásicos del pueblo”. Editions Sociales. 1950. p. 195.196.

23 Ibid.

24 Marx. Theorien úber den Mehrwert, 1I. p. 184

25 Engels. Dialéctica de la naturaleza, p. 230.

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Tomado de http://elsudamericano.wordpress.com/

 

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CARLOS MARX

CAPÍTULO XXXIV

LA LLAMADA ACUMULACIÓN ORIGINARIA

5.Cómo repercute la revolución agrícola sobre la industria. Formación del mercado interior para el capital industrial.-

Párrafo 02:

…Ni en las grandes manufacturas ni en las grandes granjas hay ningún signo exterior que indique que en ellas se reúnen muchos pequeños hogares de producción y que deben su origen a la expropiación de muchos pequeños productores independientes. Sin embargo, el ojo imparcial no se deja engañar tan facialmente. Entiempo de Mirabeu, el terrible revolucionario, las grandes manufacturas se llamaban todavía manufactures réunies, talleres reunidos, como decimos de las tierras cuando se juntan. “Sólo se ven—dice Mirabeu—esas grandes manufacturas, en las que trabajan cientos de hombres bajo la sórdenes de un director y que se denominan generalmente manufacturas reunidas (manufactures réunies) En cambio, aquellas en las que trabajan diseminados, cada cual por su cuenta, gran número de obreros, pasan casi inadvertidas. Se las relega a último término. Y esto es un error muy grande, pues son éstas las que forman la parte realmente más importante de la riqueza nacional… La fábrica reunida (fabrique réunie) enriquecerá fabulosamente a uno o dos empresarios, pero los obreros que en ella trabajan no son más que jornaleros mejor o peor pagados, que en nada participan del bienestar del fabricante. En cambio, en las fábricas separadas (fabriques séparées) nadie se enriquece, pero gozan de bienestar multitud de obreros… El número de los obreros activos y económicos crecerá, porque ven en la vida ordenada y en el trabajo un medio de mejorar notablemente su situación en vez de obtener una pequeña mejora de jornal, que jamás decidirá del porvenir y que, a lo sumo, permite al obrero vivir un poco mejor, pero siempre al día,. Las manufacturas separadas e individuales, combinadas casi siempre con un poco de labranza, son las más libres.*51

 

.*51 Pie de página*: Mirabeu, De la Monarchie Presienne, t. II, pp. 20-109 ss. El hecho de que Mirabeu considere también a lso talleres diseminados como más rentables y productivos que los “reunidos”, no viendo éstos más que plantas de estufa sostenidas artificialmente con la ayuda del estado, se explica por la situación en que entonces se encontraban una gran parte de las manufacturas del continente.

 

– Página –635–   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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