Anwar Shaikh: CONCEPTOS BASICOS DEL ANALISIS ECONOMICO MARXISTA


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INTRODUCCION
Toda ciencia posee ciertos conceptos básicos sobre los cuales se fundamenta cualquier desarrollo científico ulterior. La economía política marxista no se diferencia a este respecto. El concepto fundamental es el de clase, sumado .a los de trabajo excedente y explotación, que examinaremos en esta introducción.
El concepto de capital lo entendemos, no como una entidad física o fi­nanciera (herramientas y equipo, o dinero y activos financieros), sino como una estructura históricamente especificada de relaciones sociales, que en­traña diferentes elementos de reproducción social y los convierte en recur­sos para la obtención de sus propios fines. Esto nos permite explicar por qué una herramienta utilizada en forma capitalista “produce” resultados cualitativamente diferentes a los que arroja cuando es utilizada de manera comunitaria. Lo cual también, forzosamente, nos recuerda que el capitalis­mo es tan sólo una de las tantas formas de organización social que han exis­tido y podrán existir y que, como todas, está destinada a ocupar tan sólo un período en la historia de la humanidad. Estos aspectos serán examinados en la siguiente sección.

El concepto de capital nos lleva inevitablemente al tema de la ganancia puesto que ella es el fin y la razón de ser del capital. Marx identifica dos diferentes fuentes de ganancia que son la transferencia libre o forzada de riqueza (ganancia por enajenación) y la producción de plusvalía (ganancia por plusvalía). La primera fuente domina la larga y azarosa historia del ca­pital comercial, mientras la segunda es, desde luego, la base principal del capitalismo industrial. La distinción entre la ganancia basada en la enajena­ción y la ganancia con base en la plusvalía nos permite formular una crítica al concepto neoclásico de ganancia, que generalmente reduce la segunda a la primera. También nos provee de una clave importante para descifrar la paradoja, por largo tiempo afirmada, de la aparente variabilidad de las ganancias agregadas en presencia de cambios en los precios relativos, que tanto confunde la literatura de la transformación de valores a precios de producción. La tercera sección explorará estos aspectos.
El capital individual es invertido con el propósito de obtener una ganan­cia y expandir el capital disponible. Para poder continuar haciéndolo, este valor capital ampliado debe ser lanzado a la pelea de nuevo, en mejores condiciones.

A un nivel agregado, este circuito recursivo da origen a un proceso diná­mica de crecimiento cuyos patrones estructurales subyacentes están ocul­tos bajo su aparente desorden. Marx denomina estos patrones económicos de largo plazo “leyes generales de la acumulación capitalista”. Comenzare­mos su exposición en la cuarta sección de este Capítulo, al discutir el con­cepto de “ley” delineado por Marx, como una fuerza que domina sus ten­dencias contrapuestas asociadas, de tal manera que el resultado es un pa­trón general dominante.

Existen tres leyes generales que desempeñan un papel fundamental en el análisis económico de Marx. La primera de ellas contempla la concentra­ción y centralización que acompañan a la acumulación de capital. La segun­da se relaciona con la tendencia interna del capital a crear y mantener un fondo universal de desempleo y empleo parcial, un verdadero ejército in­ternacional de reserva de trabajo. La tercera ley general tiene que ver con la tendencia de la acumulación a hacer decrecer la tasa de ganancia y, por lo tanto, a socavar la acumulación en sí misma. Las periódicas crisis económi­cas generales, es decir, depresiones, son la inevitable consecuencia de esta tendencia general de la tasa de ganancia a caer.

La ley de Marx de la tasa decreciente de ganancia es una de las tres teo­rías principales de las crisis económicas en la tradición marxista. El presen­te Capítulo termina con un esbozo de la estructura e implicaciones de las tres teorías marxistas de las crisis. Se reserva para el Capítulo 4 un trata­miento más detallado de los aspectos teóricos y empíricos involucrados en esta temática.Anwar

CLASE, TRABAJO EXCEDENTE Y EXPLOTACION

La sociedad está compuesta por gente que vive dentro -y-por-medio de complejas redes de relaciones sociales que configuran su existencia. Marx sostiene que las relaciones que estructuran la división social del trabajo es­tán a la base de la reproducción social, porque la división del trabajo cum­ple simultáneamente dos metas sociales diferentes: primera, la producción de los muchos y variados objetos que la gente usa en sus actividades de 1, vida diaria; y segunda, la reproducción de los delineamientos sociales básicos bajo los cuales esta producción se realiza. La reproducción social es siempre la reproducción de individuos en tanto individuos sociales.

Las sociedades de clases son aquéllas en las que la imposición de un grupo de gente sobre otro se fundamenta en un tipo particular de división social del trabajo. Esta particularidad proviene del hecho de que la clase dominante se sostiene mediante el control de un proceso por medio del cual se les exige a las clases subordinadas que dediquen una porción de su tiem­po trabajo a la producción de cosas que necesita la clase dominante. La división social del trabajó en una sociedad de clases debe, por lo tanto, estar estructurada alrededor de la extracción de trabajo excedente, es decir, de tiempo de trabajo mayor que el requerido para producir los bienes que sa­tisfagan las necesidades de las clases trabajadoras mismas. En efecto, las clases subordinadas son las que hacen el trabajo para la reproducción de la clase dominante y, por lo tanto, terminan trabajando para reproducir las condiciones de su propia subordinación. Por eso Marx se refiere a la ex­tracción de trabajo excedente en las sociedades de clases como la explota­ción del trabajo[1]. Digamos, de paso, que debería ser claro a partir de esto que la sola ejecución del trabajo más allá de lo necesario para satisfacer ne­cesidades inmediatas no constituye explotación en sí. Robinson Crusoe, que trabajaba en su soledad con el fin de sembrar plantas para su consumo futuro o de crear fortificaciones contra posibles ataques, realizaba solamente un poco del trabajo necesario para satisfacer sus propias necesidades. El no era ni explotado ni explotador. Pero todo cambió una vez que logró su­bordinar al negro Viernes, educándolo mediante la promesa de la religión y la amenaza de la violencia para que alcanzara su nuevo lugar en la vida, y obligándolo a trabajar en la construcción de un microcosmos de la socie­dad inglesa. Entonces, se convirtieron en Robinson el explotador y Viernes el explotado, cuyo trabajo excedente sólo sirve para atarlo aún más a sus nuevas condiciones de explotado.[2]

En el sentido más general, explotar algo significa hacer uso de ello con algún fin particular, como en la explotación de recursos naturales para be­neficio social o para ganancia privada, lo cual equivale a “sacar ventaja” en un sentido neutral o benigno. Pero en la medida en que una actividad im­plica sacar ventaja de otras personas, es decir, sacar ventaja en sentido ma­ligno, la explotación también significa algo inescrupuloso. Finalmente, si la situación de otras personas es desmejorada de manera endémica, como en el caso de los pobres en relación con los terratenientes, prestamistas y similares, el término “explotación” toma la connotación de opresión. Eso es sa­car ventaja sistemáticamente.

Marx utiliza la palabra explotación en todos los anteriores sentidos. Pe­ro, como se indicó ya, también define un concepto nuevo, la explotación del trabajo, que se refiere específicamente a la extracción del trabajo exce­dente sobre la que se funda la sociedad de clases. En este sentido, la explo­tación viene a ser uno de los conceptos básicos de la teoría marxista de las formacionessociales.

Si bien la explotación del trabajo es inherente a todas las sociedades de clases, la forma que toma varía considerablemente de un modo de produc­ción a otro. Bajo la esclavitud, por ejemplo, el esclavo pertenece a su dueño de tal forma que el total de su trabajo y el producto neto correspondiente (es decir, el producto adicional al reemplazo de los medios de producción utilizados) es apropiado ostensiblemente por el esclavista. Pero, de hecho, el esclavo también debe ser mantenido con parte de este mismo producto neto. Por consiguiente, es el producto excedente (la porción del producto neto por encima de la necesaria para mantener a los esclavos) y, por lo tan­to, el trabajo excedente de los esclavos, lo que sostiene a la clase esclavista. De modo similar, bajo el feudalismo, los trabajos excedentes del siervo y el arrendatario soportan el aparato de dominación. Pero aquí las formas de su extracción son muchas y variadas: algunas veces son directas, como en el caso de las cantidades de trabajo y/ o producto anual que el siervo o arren­datario están obligados a entregar al señor, a la Iglesia y al Estado; y algunas veces indirectas, como en el pago de arrendamientos en dinero, diezmos e impuestos que requieren que el siervo o el arrendatario obtengan un pro­ducto excedente y lo vendan para cumplir con las obligaciones impuestas.

La riqueza material de la clase dominante está directamente ligada al tamaño del producto

excedente; éste, a su vez, será más grande cuanto más bajo sea el nivel de vida de las clases subordinadas y más larga, más intensa o más productiva su jornada de trabajo. Ambas proposiciones se traducen en que la relación entre el tiempo de trabajo excedente y el tiempo de tra­bajo necesario para la reproducción de los trabajadores mismos sea más alta, es decir, en una tasa de explotación del trabajo más alta: dada la pro­ductividad del trabajo y la duración e intensidad de la jornada de trabajo, cuanto menor sea la porción del producto consumido por la clase produc­tiva (trabajadores), más grande será la parte de su jornada que es dedicada al trabajo excedente; de manera similar, dado el nivel de consumo del cam­pesino o trabajador medio, mientras más duradero, más intenso o más pro­ductivo sea su trabajo, más pequeña la porción de su jornada que tiene que dedicar a sus propias necesidades de consumo y, por tanto, mayor la por­ción correspondiente al trabajo excedente.

Debido a que la magnitud del producto excedente puede ser elevada en las formas descritas, la clase dominante siempre está interesada en empujar la tasa de explotación hacia sus límites históricos y sociales. En el mismo sentido, el interés de las clases subordinadas es no solamente el de resistir tales esfuerzos, sino también pelear contra las condiciones sociales que ha­cen esta lucha necesaria. El carácter de explotación de las sociedades de clases las convierte en un modo de existencia humana fundamentalmente antagónico,signado por una candente hostilidad entre dirigentes y dirigi­dos y caracterizado por períodos de motines, rebeliones y revoluciones. Es por eso que las sociedades de clases deben derpnder fundamentalmente de la ideología, para motivar y racionalizarla división social sobre la cual están asentadas, y en la fuerza, para proveer la disciplina necesaria cuando todo lo demás falla.

Capitalismo y explotación

El capitalismo comparte los atributos generales mencionados. Es una socie­dad de clases en donde la dominación de la clase capitalista se basa en su propiedad y control del vasto volumen de medios de producción de la so­ciedad. La clase trabajadora, por su parte, está constituida por aquellos que han sido “liberados” de esa misma carga de propiedad de los medios de producción y deben, por lo tanto, ganar su subsistencia trabajando para la clase capitalista. Como Marx en forma tan elegante lo demostró, la condi­ción general social para la reproducción de estas relaciones, es que la clase trabajadora en su conjunto sea inducida a producir trabajo excedente, ya que éste sienta las bases de la ganancia y esta ganancia, a su vez, mantiene a la clase capitalista dispuesta y capaz de volver a emplear trabajadores. Como la historia del capitalismo lo muestra claramente, la lucha entre las clases en torno a las condiciones, los términos y, aun ocasionalmente, el fu­turo de estas relaciones, pasan a través de este proceso global.

La especificidad histórica del capitalismo radica en el hecho de que sus relaciones de explotación están casi completamente ocultas detrás de la superficie de sus relaciones de intercambio. A simple vista, la transacción en­tre él trabajador y el capitalista es perfectamente equitativa. Aquél ofrece fuerza de trabajo para la venta, éste ofrece un salario y el trueque es realiza­do cuando ambos lados acuerdan los términos. Pero, una vez terminada esta fase, abandonamos la esfera de la libertad e igualdad aparentes y en­tramos al “recinto oculto de lá producción” en cuyo interior acecha el fami­liar dominio del trabajo excedente”3[3]. Aquí encontramos un mundo de jerar­quías y desigualdad, de órdenes y obediencia, de jefes y subordinados, en el cual la clase trabajadora está destinada a laborar para producir una cierta cantidad de productos para sus empleadores. Del producto total una por­ción, la que corresponde a los materiales y costos de depreciación del pro­ducto total, es comprada por los mismos capitalistas para remplazar los medios de producción utilizados. Una segunda porción es comprada por los trabajadores con los salarios previamente pagados por sus empleado­res. Pero si estas dos porciones llegan a agotar el producto total, los capita­listas habrán logrado producir tan sólo lo necesario para cubrir sus propios costos de producción (materiales, depreciación y salarios): no habría ga­nancia agregada. Para el éxito de la producción capitalista, es decir, para que ésta cree su propia ganancia, los trabajadores deben ser inducidos a trabajar más allá del tiempo requerido para producir sus propios medios de consu­mo,. Deben, en otras palabras, trabajar tiempo de trabajo excedente para pro­ducir el producto excedente sobre el que se fundamenta la ganancia.

Las anteriores proposiciones pueden ser derivadas analíticamente[4]. Más importante aún, se evidencian en la práctica cuando quiera que el tiempo de trabajo se pierde por huelgas o disminuciones de ritmo en el trabajo. Como se erosiona el tiempo de trabajo excedente, la normalmente oculta conexión entre trabajo excedente y ganancia se manifiesta en una corres­pondiente caída de la rentabilidad. Todo capitalista en funciones debe aprender esta lección tarde o temprano.

La economía ortodoxa, enclaustrada en su mágico reino de funciones de producción, competencia perfecta y equilibrio general, por lo común se las arregla para evitar tales temas. En realidad, está ocupada principalmente en la construcción y refinamiento de una imagen idealizada del capitalismo cuyas propiedades investiga con una concentración tan feroz que le es po­sible ignorar por completo la realidad que la rodea. En esta construcción, la producción es un proceso desarticulado llevado a cabo por una entidad in­tangible llamada empresa, que contrata “factores de producción” llamados capital y trabajo con el propósito de elaborar un producto. Cada factor es pagado de acuerdo con su contribución incremental a1 producto total (es decir, de acuerdo con el valor de su producto marginal). Si todo va bien, la suma de estos pagos se realiza hasta agotar exactamente los ingresos netos efectivamente recibidos por la firma, y el terreno queda listo para iniciar otra ronda.

Nótese que este concepto coloca una cosa (capital) y una capacidad hu­mana (fuerza de trabajo) en pie de igualdad, ambos son llamados “factores de producción”. Esto habilita a la teoría para negar cualquier diferencia de clase entre capitalistas y trabajadores al tratarlos como esencialmente igua­les: todos son propietarios de, por lo menos, un factor de producción. El hecho de que la “dotación de factores” pueda variar considerablemente en­tre individuos es, pues, tan sólo un detalle secundario cuya explicación, se dice, reside fuera de la teoría económica. Luego, a1 tratar la producción co­mo un proceso desarticulado el proceso de trabajo humano es reducido a una simple relación técnica, a una función de producción que “proyecta” cosas llamadas “insumos” (incluida la fuerza de trabajo) a una cosa llama­da “producto”. De esta manera desaparece de vista toda lucha durante el proceso de trabajo. Finalmente, puesto que el capital y el trabajo son sim­ples cosas, no se puede decir que este último sea explotado. Sin embargo, en la medida en que el pago de algunos factores cae un poco por debajo de la igualdad con su producto marginal particular, puede decirse que e1 pro­pietario de este factor es explotado. En este sentido, la explotación se define como una discrepancia entre un “pago a factor” real y un pago ideal (una construcción muy similar subyace a las nociones de intercambio desigual, como las de Enmanuel)[5]. Lo que es más importante, el concepto de explo­tación, tal como se definió anteriormente, puede aplicarse en principio tan­to a las ganancias como a los salarios. El capitalismo surge así como un sistema en donde los capitalistas están tan expuestos a ser explotados por los trabajadores como lo contrario.Con este último paso, la noción de ex­plotación se reduce a una absoluta trivialidad[6].

Clase, género y raza

Nos hemos centrado en la noción de explotación como la extracción de tra­bajo excedente, debido a que esta relación es el fundamento sobre el cual está construida la sociedad de clases, en el sentido de que el resto de rela­ciones legales, políticas y personales son estructuradas y delimitadas por este elemento central. Esto no quiere decir que las otras relaciones carezcan de una historia y lógica propias. Solamente significa que en cualquier modo de producción dado, dichas relaciones están, atadas al sistema por el campo de fuerza de esta relación central y configuradas en sus características por su siempre presente atracción gravitacional.

La noción de que la sociedad de clases está marcada por la opresión a lo largo de las líneas de clases obviamente no excluye otras formas de subyu­gación igualmente importantes. Es evidente, por ejemplo, que la opresión de la mujer por el hombre es común a todas las sociedades conocidas y a todas las clases dentro de ellas. Así, cualquier explicación apropiada de la opresión de trabajadores por capitalistas también debe contemplar la opre­sión de la clase de las mujeres trabajadoras por los hombres de todas las clases, así como la opresión de las mujeres de la clase dominante por los hombres de su propia clase.

Pero aun así no es bastante. No es suficiente decir que clase y patriarcado son formas de opresión coexistentes. Necesitamos, también, saber cómo se relacionan estas formas entre sí. Y es aquí donde generalmente los marxis­tas le dan preeminencia a la relación de clase, no porque la opresión de clase sea más gravosa, sino en el sentido de que la naturaleza de la relación de clase modula y define la forma de patriarcado correspondiente. Es decir, los marxistas argumentan que el patriarcado capitalista es distinto al patriarca­do feudal precisamente porque las relaciones capitalistas de producción son de características diferentes a las feudales.

Sobra decir que hay todavía considerable controversia acerca de cuál es exactamente la relación existente entre el patriarcado y las clases[7], entre la raza y cualquiera de aquellos[8]. Estas son cuestiones de gran significación teórica y, lo que es más importante, una lucha unitaria contra estas varias formas de opresión tiene verdadero potencial revolucionario.

EL CAPITAL COMO UNA RELACION SOCIAL

Tomada en sí misma, una piedra tallada es simplemente una reliquia dé algún antiguo e inexorable proceso geológico. Pero acondicionada como un instrumento cortante es una herramienta, o en un sentido un poco criminal, un arma. Como piedra es un objeto natural, pero como herra­mienta o arma es un objeto eminentemente social cuya morfología natu­ral es portadora de las relaciones sociales que, por así decirlo, han toma­do forma en ella.

Aun cualquier objeto social particular, como una herramienta, puede entrar en muy diferentes conjuntos de relaciones sociales. Por ejemplo, dondequiera que un telar sea utilizado para tejer tela es parte de los me­dios de producción de un proceso de trabajo orientado á hacer tela. Sin embargo, como cualquier actividad laboral, es en sí misma parte de la di­visión social del trabajo; su verdadero sentido solamente puede ser com­prendido si se analiza como parte de una totalidad mayor. El proceso de hacer tela puede ser parte del trabajo colectivo de una familia’ o comuni­dad en la que la tela se destina a1 consumo directo; pero, también, la misma gente puede usar el mismo tipo de telar, en una fábrica capitalista en la que el propósito del proceso del trabajo es producir una ganancia para los propietarios. En el caso de la tela producida para uso directo, son las pro­piedades de calidad y durabilidad las que interesan directamente a los productores. Pero en el caso de tela producida en una fábrica capitalista, su propiedad sobresaliente es la ganancia que pueda generar. Todas las demás propiedades son reducidas a simples vehículos para la ganancia y, como sabemos demasiado bien, el empaque del producto puede fácilmen­te desplazar su utilidad real. Por lo tanto, dos procesos de trabajo qué son idénticos técnicamente pueden, no obstante, tener dinámicassustancial­mente diferentes, precisamente porque existen dentro d estructuras so­ciales distintas.

El resultado anterior también es válido para las herramientas del proce­so de trabajo. Por ejemplo, tanto en la producción comunitaria como en la capitalista, el telar sirve como medio de producción en un proceso de traba­jo. Pero sólo en el segundo caso también funciona como capital. Lo cual quiere decir que para sus propietarios capitalistas el significado del telar reside no en su carácter de medio de producción, sino en su papel como vehículo hacia la ganancia; mientras que, para los trabajadores que lo ma­nipulan, el telar funciona no como su instrumento, sino como una herra­mienta capitalista adecuada. En realidad, si se mira más de cerca la fábrica capitalista, se ve que no sólo el telar sino también el dinero, la hilaza y aun la capacidad de trabajo, sirven en diferentes instancias como encarnaciones particulares del capital de los propietarios. Esto se debe a que el capital no es una cosa, sino un conjunto definido de relaciones sociales que pertene­cen á un determinado período histórico en el desarrollo de la humanidad y que confieren a las cosas inmersas en ellas su contenido es específico comoobjetos sociales. Para entender el capital se debe, por lo tanto, descif.rar su carácter como relación social[9].

Capital y clases

La sociedad humana está estructurada por complejas redes de relaciones sociales en las cuales las personas existen y se reproducen. La reproducción de cualquier sociedad requiere no sólo de la reproducción de su gente, sino también de las cosas necesarias para existir como tales y de las relaciones sociales que envuelven tanto a las personas como a las cosas.

Las cosas que las personas necesitan para su existencia diaria forman la base material de la sociedad. Si bien el carácter específico de estas cosas, y aun las necesidades que ellas satisfacen, pueden variar de acuerdo con el tiempo y las circunstancias, ninguna sociedad puede existir durante mucho tiempo sin ellas. Es más, en todas, excepto en la más primitiva de las socie­dades, el grueso de los objetos socialmente necesarios debe ser producido por medio del trabajo humano. La producción y la asignación social de tra­bajo sobre la cual descansa emergen, pues, como aspectos absolutamente fundamentales de la reproducción social. Pero el trabajo social implica ac­tuar sobre la naturaleza mientras se interactúa con otras personas en y me­diante relaciones sociales específicas. El proceso de trabajo termina siendo esencial no sólo para la producción de nueva riqueza sino también para la producción de las relaciones sociales que circunscriben estaproducción, si como también para cualesquiera otras relaciones sociales directamente contingentes con ellas.

El último aspecto adquiere significado particular en el caso de las socie­dades de clases. En efecto, una sociedad de clases está estructurada de tal manera que le permite a un grupo de personas vivir del trabajo de las otras. Para que esto sea posible, las clases subordinadas deben no solamente ser capaces de producir más que lo que ellas mismas apropian sino también, de alguna manera, deben ser inducidas a hacerlo con regularidad. En otras palabras, deben ser forzadas a trabajar por más tiempo del que requieren para satisfacer sus propias necesidades, de modo que su trabajo excedente y el correspondiente producto excedente puedan ser usados para el soste­nimiento de sus dominadores. La existencia de las clases dominantes está fundamentada, entonces, sobre la explotación del trabajo y sobre la repro­ducción de las condiciones sociales y materiales de esta explotación. Además, puesto que cualquier proceso como este es fundamentalmente antagó­nico, todas las sociedades de clases están marcadas por una hirviente hosti­lidad entre dominantes y dominados, puntualizada por períodos de moti­nes, rebeliones y revoluciones. Es por esto que las sociedades de clases siempre se basan en la ideología para motivar y racionalizar la división so­cial esencial sobre la que están fundadas, y en la fuerza para proveer la disciplina necesaria cuando todo lo demás falla.

El capitalismo no difiere a este respecto. Es una sociedad de clases, en la que la clase capitalista existe en virtud de su propiedad y control de la gran cantidad de medios de producción de la sociedad. La clase trabajadora está, a su vez, conformada por todos aquellos que han sido “liberados” de la carga de propiedad de medios de producción y deben, por lo tanto, ganar su sustento gracias a la venta de su capacidad de trabajo (fuerza de trabajo) a la clase capitalista. Como Marx lo demostró tan elegantemente, la condi­ción social general para la venta regular de la fuerza de trabajo es que la clase trabajadora en su conjunto sea inducida a ejecutar trabajo excedente, por cuanto este trabajo excedente forma la base de la ganancia capitalista y ésta, a su vez, mantiene a la clase capitalista dispuesta y capaz de reengan­char trabajadores. Y, como la misma historia del capitalismo lo deja en claro frecuentemente, la lucha entre las clases acerca de las condiciones, términos y futuro de sus relaciones ha sido siempre parte integral de su desarrollo[10].

El capital como relación social individual vs. el capital como la relación social dominante

En la sección precedente hablamos de la sociedad capitalista ya constituida. Pero ninguna forma social brota de manera completamente acabada. En lu­gar de ello, sus elementos constitutivos deben existir ya en otras socieda­des, de manera dispersa, o bien deben surgir y ser nutridos dentro de la estructura de su predecesor directo. Esta distinción entre los elementos y el todo es importante por cuanto nos permite diferenciar entre el capital como relación social individual y el capitalismo como formación social en donde el capital es la relación social dominante.

El capital como relación social individual se ocupa ante todo de la pro­ducción de ganancia. En su forma más general, esto significa avanzar una suma de dinero D con el fin de recuperar una suma mayor de dinero D’. El circuito de capital general siempre está, por lo tanto, acompañado de los dos polos D y D’ y su magnitud es siempre la medida global de su éxito. Obsérvese que el dinero funciona en este caso como un medio para hacer dinero (es decir, como capital-dinero) más que como simple medio para comprar mercancías para el consumo (esto es, como ingreso monetario). Marx define muchas implicaciones significativas y poderosas a partir de esta diferencia funcionalentre capital-dinero e ingreso monetario.

Aun dentro del circuito de capital hay tres posibles rutas diferentes entre sus dos polos. Primera, el capital dinero D puede ser avanzado como un préstamo a cambio de un repago subsecuente D’ que cubre tanto el antici­po original como una suma adicional. Este es el circuito D – D’ de capital financiero, en el cual una suma inicial de dinero aparece creando directa­mente una suma más grande por medio del aparentemente mágico meca­nismo del interés. Segunda, el capital dinero D puede ser utilizado para comprar mercancías M y estas mismas mercancías pueden luego ser reven­didas por más dinero D’ . Este es el circuito D – M – M – D’ de capital comercial, en el cual la doble presencia decomo término intermedio sig­nifica que es el mismo conjunto de mercancías que antes existía como el objeto de compra del capitalista y más tarde como su objeto de (re)venta. En esta oportunidad parece que es el tino del capitalista para “comprar barato y vender caro” el que genera la ganancia del circuito. Finalmente, el capital dinero D puede ser gastado en la compra de mercancíasque compren­dan medios de producción (materiales, planta y equipo) y fuerza de traba­jo; estos últimos elementos son puestos en movimiento como un proceso de producción P y el producto resultante M’ es vendido por capital dinero (ampliado) D’. Este es el circuito de capital industrial D – M… P … M’ – D’, en el cual el término intermedio característico es el del proceso de produc­ción P. En estas circunstancias la habilidad del capitalista para mantener la productividad del trabajo por encima del salario real aparece como fuente de toda ganancia.

Las más antiguas encarnaciones de capital, aún prevalecientes, son las del capital del usurero D – D’ y el capital mercantil D – M – M – D’. Ambas son virtualmente tan viejas como el dinero mismo y han existido por mile­nios en diferentes civilizaciones. Sin embargo, casi siempre aparecen como relaciones parásitas aun en el seno de una sociedad particular, o entre dos c más culturas. Aunque frecuentemente menospreciadas y ocasionalmente te midas, estas actividades individuales eran, no obstante, generalmente tole radas, en la medida en que se ajustaban a la estructura de la formación socia) dentro de la que existían. Fue tan sólo en la Europa feudal, particularmente en Inglaterra, donde estas formas de capital antediluvianas se fusionaron con el capital industrial para constituir la enteramente nueva formación so­cial que denominamos el modo de producción capitalista. Sólo entonces, so­bre la base del trabajo excedente extraído directamente por y para él, encon­tramos al capital como la relación social dominante, y a sus formas indivi­duales como simples momentos particulares del mismo proceso global”[11].

Las leyes generales del capital

El predominio social del capital da origen a ciertos patrones característicos del modo de producción capitalista.

El primero de estos patrones, la relación de clase entre capital y trabajo, es fundamentalmente antagónica, signada por una lucha intrínseca alrededor de las condiciones y términos de la extracción de trabajo excedente. Aunque siempre esté presente, este antagonismo puede brotar a veces con tal fuerza y ferocidad que llega a sacudir las bases del sistema mismo.

Con el segundo patrón, el capitalismo es una forma de organización social que enfrenta a cada elemento contra algún otro en un clima generali­zado deconflicto. Capitalista contra trabajador en el proceso de trabajo, tra­bajador contra trabajador en la competencia por puestos de trabajo, capita­lista contra capitalista en la batalla por la posición del mercado y las ventas, y nación contra nación en el mercado mundial. A1 igual que en la lucha de clases, estos conflictos emergen periódicamente en combate agudo y abier­to entre los participantes, en, las batallas de huelguistas contra esquiroles, de capitalistas contra sus rivales o, aun, en la guerra mundial de un conjun­to de naciones capitalistas contra otras. Precisamente este conflicto real es encubierto por la noción burguesa de “competencia perfecta”[12].

En tercer lugar, e1 hecho de que las relaciones entre las personas estén mediatizadas por relaciones entre cosas, proviene de la misma naturaleza de la producción capitalista, en la que se emprenden trabajos individuales únicamente con el ánimo de obtener una ganancia de sus productos. Los diferentes trabajos individuales son articulados en una división social del trabajo solamente bajo la “cubierta objetivada” de sus productos. Los pro­ductos aparecen, entonces, en primer lugar y los siguen los productores. De aquí se deriva el famoso fetichismo de las relaciones mercantiles, que pare­ce ser una propiedad natural de todos los objetos más que una forma histó­rica especifica de evaluar el contenido social de los trabajos que los produ­cen (véase la sección “Trabajo concreto y trabajo abstracto” del Capítulo 2).

El cuarto punto se deriva directamente del tercero. Como se indicó arri­ba, bajo las relaciones de producción capitalistas los procesos individuales de trabajo se llevan a cabo con la esperanza de obtener una ganancia priva­da sin ninguna consideración previa de la división social del trabajo. Pero cualquier articulación de tales trabajos puede sobrevivir solamente si, por casualidad, reproducen colectivamente las bases materiales Y sociales de su existencia: la sociedad capitalista, como toda sociedad, requiere un modelo particular de trabajo con el fin de reproducir su estructura general. Por lo tanto, bajo la producción capitalista los distintos trabajos individuales ter­minan siendoforzosamente articulados en una división social del trabajo en continuo movimiento, por medio de un proceso de ensayo y error, de ampliación y contracción, de discrepancia, discontinuidad y aun rupturas ocasionales en el proceso de reproducción. Este patrón de aparente anar­quía, regulado por leyes de movimiento internas, es la forma peculiar de la reproducción capitalista. Nótese cuán diferente es este concepto del de equilibrio general, donde el proceso en conjunto se reduce a una éstasis in­mediata y perfecta.

El quinto punto proviene del hecho de que la producción capitalista es guiada por la ganancia. Cada capitalista es impulsado a buscar y agrandar la brecha entre el avance inicial D y el retorno final D’; los que sean más exitosos prosperan y crecen, quienes queden rezagados pronto enfrentarán el espectro de la extinción. Dentro del proceso de trabajo, esto se evidencia en la tendencia a prolongar la duración e intensidad de la jornada de traba­jo hasta sus límites sociales, mientras, al mismo tiempo y constantemente se persigue reformar el proceso de trabajo según patrones que sean aún más “racionales” desde el punto de vista del capital. Esta compulsión es respon­sable directa del papel históricamente revolucionario del capitalismo a ele­var la productividad del trabajo a nuevos niveles. La racionalidad capitalis­ta se expresa de manera más perfecta en la rutinización de la producción, en la reducción de actividades humanas a operaciones repetitivas y auto­máticas, y en el posible reemplazo de las líneas de trabajo-humano-máquina por máquinas reales. Como Marx señala, la llamada Revolución Industrial es tan sólo la señal, no la causa, del advenimiento de las relaciones de pro­ducción capitalistas. Y si bien, antes la herramienta era un instrumento de trabajo, ahora es el trabajador un instrumento de la máquina[13].

Concepción del capital en la economía ortodoxa

En la economía ortodoxa el término “capital” generalmente se refiere a los medios de producción; en ella se afirma que el capital, conjuntamente con el trabajo, existe en toda sociedad. Desde este punto de vista, las formas sociales deben distinguirse por la manera como los factores de producción, el capital y el trabajo, sean puestos conjuntamente a trabajar de acuerdo con sus respectivas disposiciones. El capitalismo es definido como un sistema que utiliza el mercado para acometer esta tarea en el contexto de la propie­dad privada de los medios de producción[14].

A1 tratar la actividad laboral humana como un factor de producción a la par con materias primas y herramientas, por ende como una cosa, la econo­mía ortodoxa logra reducir el proceso de trabajo a una relación técnica entre los llamados insumos y productos (es decir, una función de producción). De ese modo se pierden de vista todas las luchas sobre los términos y con­diciones del trabajo.

Además, una vez el trabajo es definido como un factor de producción, cada individuo (en uso de sus capacidades) es propietario por lo menos de un factor. Desde luego, algunos pueden ser lo suficientemente afortunados para poseer también grandes cantidades de capital. Pero este es un simple detalle de la distribución de “dotaciones iniciales”, aspecto sobre el cual la economía ortodoxa se mantiene cautelosamente neutral. En cambio sí im­porta que, bajo el capitalismo, la idea según la cual cada uno es propietario de un factor de producción sea indicio de una cualidad inherente a los indi­viduos. Cualquier referencia al concepto de clase es por lo tanto bloqueada desde un comienzo.

Se desprende de esto que, debido a que el trabajo es tan sólo uno de los factores de la producción que los individuos son libres de utilizar en la for­ma como escojan, no se puede decir que este trabajo -siendo una cosa- sea explotado. La explotación del trabajo queda fuera de escena, para ser rem­plazada por la noción de cooperación entre capital y trabajo, cada uno de los cuales contribuye con su componente al producto, y recibe, a su vez, su retribución proporcional (como consta en las teorías de la distribución ba­sada en la productividad marginal). Con esto queda completa la santifica­ción del capitalismo.

Límites históricos del capital como relación social

El último aspecto general tiene que ver con la especificidad histórica de la producción capitalista. Por un lado, el capitalismo es una estructura social poderosa y altamente flexible que ha desarrollado sus fuerzas productivas hasta alturas extraordinarias y ha probado que por sí mismo es capaz de disolver o destruir todas las formas sociales anteriores. Su naturaleza inhe­rentemente expansiva lo ha llevado a la creación de grandes cantidades de riqueza y a un dominio que se extiende por todo el Globo. Pero por otro lado, este mismo aspecto progresivo alienta un lado oscuro y enormemente destructivo cuya naturaleza se aclara de manera particular cuándo es vista aescala mundial. La relación capital-trabajo es profundamente desigual y la concentración y centralización del capital que acompaña el desarrollo capi­talista tan sólo profundiza la desigualdad. La lucha competitiva de todos contra todos crea un carácter social alienado y egoísta, que aprisiona a cada quien en una atmósfera de sospecha y tensión, y amontona sus miserias pre­cisamente sobre quienes están en las posiciones más débiles. Finalmente, a medida que el capitalismo se desarrolla, también lo hace su nivel de mecani­zación, de tal manera que es progresivamente menos capaz de absorber tra­bajo. En los países capitalistas desarrollados esto se manifiesta en una masa creciente de gente desempleada a cualquier tasa “natural” de desempleo da­da. En el Tercer Mundo, a medida que la penetración de relaciones capitalis­tas asuela las formas sociales anteriores, los procesos mecanizados que las remplazan tan sólo son capaces de capturar una fracción del gran número “dejado libre” previamente. La creciente productividad de la producción ca­pitalista es acompañada de un foso creciente de trabajo superfluo alrededor del Globo. La presencia de hambrientas masas en el Tercer Mundo, así como de poblaciones flotantes de desempleados en el mundo capitalista desarro­llado, son amargas advertencias de estas tendencias inherentes.

La anterior perspectiva recuerda forzosamente que el capitalismo es tan sólo una forma histórica particular de organización social, sujeta a profundas contradicciones que son inherentes a la estructura de su exis­tencia. Precisamente, debido a que estas contradicciones están incorpora­das, cualquier lucha exitosa contra sus efectos destructivos debe ir más allá de las reformas, al rechazo de su misma estructura. En el siglo XX tales es­fuerzos han tomado una gran variedad de formas, que van desde el llamado socialismo parlamentario hasta la revolución socialista. Sea lo que sea lo que podamos pensar de las fortalezas y debilidades de estos novedosos movi­mientos sociales, la tendencia general es parte de un proceso humano de vieja data. La historia nos enseña que ninguna forma social dura por siem­pre. Y el capital, en tanto relación social, no es la excepción de esta regla.

GANANCIA Y PLUSVALÍA

La rentabilidad regula la salud de la sociedad capitalista. A este respecto, Marx identifica dos fuentes distintas de ganancia. Ganancia por_transferen­cia (o incluso apropiación violenta) de riqueza, que domina el período mer­cantilista. Yganancia por la producción de plusvalía, que viene a tener pro­minencia en la época del capitalindustrial. Puesto que las actividades co­merciales pueden estar ligadas a cualquier fuente de ganancia es útil co­menzar con las ganancias comerciales.

La ganancia comercial individual se presenta dondequiera que una mer­cancía sea revendida en busca de ganancia. Para el comerciante que adquie­re una mercancía por £100 y la revende por £200, lo que determina su ga­nancia (que cubre costos comerciales y beneficios) es su habilidad empresa­rial para “comprar barato y vender caro”. Pero desde la perspectiva del sis­tema en su conjunto, la cadena de transacciones desde la venta inicial hasta la final, simplemente sirve para dividir el precio de venta total entre los diferentes negociantes, incluido el comerciante. Esto es cierto aun, si las transacciones son justas o injustas, libres o forzadas.

La ganancia del comerciante es su “balance del excedente comercial”. Pero es esencial distinguir entre una situación en la que el “balance de co­mercio “global” es cero debido a que el excedente del comerciante es compensado por un déficit correspondiente en cualquier parte de la cadena; y otra, en la que el balance total es positivo a causa de que la ganancia del comerciante es solamente su participación particular en algún excedente global cuyo origen descansa, por lo tanto, fuera de las actividades de co­mercio mismas. El primer caso corresponde a la ganancia por la transferen­cia de riqueza, y el último a la ganancia por la producción de plusvalía. A continuación consideraremos cada una por separado.

Ganancia por transferencia de riqueza

La existencia de un amplio sistema de ganancia debido a la transferencia de riqueza es misteriosa ya que el excedente del comerciante no parece ser compensado por algún déficit correspondiente. Supongamos que comer­ciantes capitalistas intercambian bienes que adquieren por £100 a los co­merciantes de una comunidad no capitalista o tribu y luego los revenden por £200. Estetrueque deja la riqueza conjunta de los participantes intacta. Sin embargo, da origen a una ganancia del lado capitalista sin ninguna pér­dida correspondiente del lado no capitalista, así que aparece una ganancia neta para el sistema como un todo. ¿Cómo es posible esto?

La participación de la tribu en el comercio puede ser motivada por mie­do, por consideraciones rituales o por la esperanza de conseguir objetos que sean socialmente más deseables. En todos los casos subyace una va­luación social del comercio. Pero, para los comercianteslo importante es que los objetos tribales adquiridos puedan ser revendidos para lograr una ganancia monetaria. En terminología de Marx, la tribu opera dentro del circuito simple de mercancías M – M’, en el que un conjunto de valores de uso M es intercambiado por otro conjunto útil M’ , mientras que los co­merciantes operan dentro del circuito del capital D – M – M’- D’ donde una suma de dinero D = £100 es finalmente transformada en una suma más grande D’ = £200, por medio del intercambio de un conjunto de va­lores de uso por otro más valioso M’.

Estos circuitos forman los dos polos de la transacción. Sin embargo, da­do quesólo uno de los polos es estimado en términos monetarios, cualquier ganancia monetaria que sé registre no tiene contraparte en el otro polo. Una ganancia monetaria neta puede aparecer solamente para el sistema como un todo. Nótese que ésta no sería la situación si los dos polos fueran trata­dos en los mismos términos. Si los bienes de la tribu fueran valorados a su precio final de venta de £200, sería obvio que la tribu habría intercambiado un conjunto de mercancías con valor de £200 por otro con valor de £100 tan sólo, perdiendo, por lo tanto, exactamente lo mismo que ganan los co­merciantes en términos monetarios. A1 final, la desigualdad del intercam­bio está a la base de la ganancia por transferencia de riqueza (ganancia de enajenación)[15].

Es interesante observar de qué manera la economía neoclásica tiende a tratar la ganancia como simple ganancia de enajenación, razón por la que el análisis del “intercambio puro” ocupa una posición tan prominente en la teoría. Por ejemplo, una representación clásica describe un campo de prisio­neros de guerra en el que todos los prisioneros reciben (de la Cruz Roja) paquetes iguales de mercancías. Un empresario que se encuentra entre los prisioneros sirve de intermediario para realizar una distribución más con­veniente de la masa total de mercancías, una parte de las cuales guarda para sí como su propia recompensa. Puesto que todos los otros prisioneros ganan en términos de sus respectivas utilidades subjetivas (por lo tanto no comparables), la porción de la dotación colectiva que se gana el empresario no es tratada como pérdida para ellos. Por otra parte, el empresario conta­biliza precisamente esta riqueza transferida como su ganancia. Con un polo de la transacción puesto en la utilidad subjetiva y el otro en el beneficio material, la ganancia parece haber sido creada del aire. En vez dé intentar disolver esta falsa apariencia, la economía neoclásica se concentra en pre­sentar la ganancia como la justa recompensa de la clase capitalista[16].

Ganancia por producción de plusvalía

Con el ascenso del capital industrial, se hizo cada vez más claro que la ga­nancia industrial era muy diferente de la ganancia por enajenación. Estadependía del comercio y del intercambio desigual, mientras que aquélla estaba atada a la producción, el trabajo asalariado y el intercambio aparen­temente igual[17]. Precisamente con el fin de localizar la diferencia entre las dos formas de ganancia, Marx insiste en la explicación de la ganancia in­dustrial aun en la situación en que todos los intercambios sean esencial­mente iguales[18].

Marx comienza señalando que toda sociedad debe, de alguna manera, dedicar el tiempo de trabajo a su disposición a la producción de los bienes y servicios necesarios para mantenerse y reproducirse. En las sociedades de clase, la reproducción de la clase dirigente requiere que ésta sea capaz de extraer un producto excedente de las clases subordinadas. Esto significa que toda clase dominante debe hacer, por cualquier medio, que las clases subordinadas trabajen más allá del tiempo necesario para producir sus pro­pios medios de consumo, por cuanto con este tiempo de trabajo excedente se crea el plusproducto requerido (véase la sección sobre explotación en este Capítulo).

El mismo proceso básico opera en la sociedad capitalista, pero está oculto bajo la superficie de relaciones de intercambio y magnitudes mone­tarias. Para demostrar tal cosa, Marx comienza suponiendo que el precio monetario de cada mercancía es proporcional al tiempo de trabajo abstrac­to total socialmente necesario para su producción (su valor trabajo). En el caso del trabajo asalariado, esto significa que los salarios monetarios son proporcionales al número de las horas (v) que los trabajadores deben la­borar en un día dado para producir sus medios de consumo colectivo dia­rios. Bajo tales circunstancias todas las mercancías, incluso la fuerza de tra­bajo (la capacidad de trabajo), se intercambian en proporción al tiempo de trabajo socialmente necesario para su reproducción. Todos los intercam­bios son, por lo tanto, iguales en un sentido social fundamental, de tal for­ma que (por el momento) la ganancia de enajenación queda por fuera de consideración.

Durante el proceso de producción, una cantidad particular de medios de producción (materias primas y máquinas) es utilizada cada día. El tiempo de trabajo abstracto (c) que previamente se necesitó para reproducirlos es, en consecuencia, transferido al producto. Si agregamos a esto el tiempo de trabajo laborado por los trabajadores en un día dado (l), la suma resultante (c+l) representa el tiempo de trabajo abstracto total socialmente necesario para producir el producto diario.

Si el intercambio es proporcional a los tiempos de trabajo, el precio del producto social total es proporcional a c+1. Pero el costo monetario corres­pondiente a la producción de este producto es proporcional a c+v, puesto que c representa el costo de trabajo abstracto de los medios de producción utilizados y v representa los costos correspondientes a los trabajadores empleados. De aquí se deriva que las ganancias agregadas existirán sólo sic+l > c+v, lo que implica 1 > v. En otras palabras, cuando los precios son proporcionales a los valores trabajo (intercambio igual), la ganancia es la expresión monetaria directa del tiempo de trabajo excedente p = l – v > 0. Este tiempo de trabajo excedente, ejecutado por los trabajadores que produ­cen mercancías para los capitalistas (esto es, que producen capital-mercan­cía), es lo que Marx llama plusvalía.

Incluso cuando el intercambio ya no se considere proporcional al valor-trabajo, la conexión entre ganancia y plusvalía se mantiene, pero de una manera más compleja. En efecto, cuando los precios se desvían de su pro­porcionalidad con los valores trabajo, pueden darse transferencias de valor desde un grupo de negociantes hacia otro. En estas circunstancias las ga­nancias totales pueden apartarse de su proporcionalidad con la plusvalía total -aun cuando, en términos agregados, las ganancias y pérdidas debi­das a transferencias de valor se cancelen exactamente. Esta aparente para­doja, que ha perturbado por largo tiempo la extensa literatura del llamado problema de la transformación, es resuelta fácilmente una vez se reconoce que la ganancia es una medida que sólo recoge una parte de las transferen­cias totales de valor involucrado. Por definición, la ganancia agregada es simplemente la diferencia entre el precio del producto total y el precio de aquella porción de este producto que corresponde al flujo de mercancías utilizadas como “insumos” en la producción, sea en forma directa como medios de producción o indirecta como bienes-salario. A medida que el valor es transferido entre el producto total y los insumos particulares, la ganancia que los productores capitalistas en su conjunto puedan obtener, gracias a precios de venta más altos, es, al mismo tiempo, lo que perderían con mayores costos de los insumos.

Las ganancias totales se mantienen inmodificadas debido a que la retro­alimentación que se establece entre el precio de los productos y los precios de los insumos particulares evita cualquier transferencia total de la plusva­lía. Pero no puede decirse lo mismo de aquellas transferencias que com­prenden las porciones restantes de producto agregado, que entran respec­tivamente en el acervo de capital de la firma (como inventarios, planta y equipo) o en la posesión de los capitalistas mismos como bienes de consu­mo. En el primer caso, cualquier transferencia se refleja en los balances con­tables de las firmas y, a lo sumo, se trasmite sólo parcialmente a los costos; en el segundo caso, cualquier aumento en las ganancias debido a un precio de venta más alto de los bienes de consumo capitalista se refleja en una pérdida correspondiente en la contabilidad personal de los mismos capita­listas, más que en incrementos en los costos de sus negocios. Ya que la me­dición de la ganancia sólo abarca un subconjunto de la transferencias de valor, la ganancia total puede terminar desviándose en alguna proporción de la plusvalía -dentro de límites estrictos.Este es simplemente el mismo principio que subyace a la ganancia mercantilista, lo que era bien conoci­do por el mismo Marx[19].

19

Consideraciones adicionales

Primero que todo, es importante anotar que la ganancia monetaria (con o sin la nivelación de la tasa de ganancia) sólo se puede considerar como la únicaexpresión de la plusvalía a un nivel de análisis abstracto. A un nivel más concreto, la plusvalía aparece como ganancia de los productores, már­genes brutos de comercio, rentas, intereses, impuestos y dividendos. De manera similar se puede desarrollar el análisis para explicar las ganancias en las industrias, las firmas en el interior de las industrias, en las regiones y en las naciones. Dentro de este movimiento de lo abstracto a lo concreto se encuentra comprendida una sutil y poderosa teoría de la competencia v los precios sobre cuyas bases se puede adelantar este análisis.

En segundo lugar, nuestra anterior discusión sobre la ganancia por ena­jenación debería llamar la atención sobre el hecho de que la plusvalía no es la única fuente de ganancias. La comprensión de este aspecto es uno dé los puntos más fuertes del análisis de Marx sobre los determinantes de las ga­nancias. Es también una cuestión histórica y empírica importante por sí misma. Aun considerando el mundo capitalista moderno, donde la plusva­lía es claramente la base principal de la ganancia, se debe ser cuidadoso al explicar las transferencias de riqueza y valor desde esferas no capitalistas (pequeña producción y producción de bienes que no son mercancías) hacia esferas capitalistas -particularmente cuando se efectúan análisis del llama­do “Tercer Mundo”.

En tercer lugar, se debe anotar que el mismo concepto de transferencia de riqueza y valor está fundamentado sobre la distinción entre actividades queproducen los bienes y servicios (valores de uso) que conforman la riqueza anual, y actividades que sirven para transferir esta riqueza de unas manos a otras. Esta distinción es, a su vez, tan sólo parte de otra más general existente entre las actividades de producción y de no-producción. Entre estas últimas encontramos no sólo la categoría familiar de actividades de consumo perso­nal, sino también la noción clásica de actividades de consumo social, tales como aquéllas contempladas en el intercambio de bienes, servicios y dinero: las actividades de administración general en los sectores público y privado; y otras actividades como la defensa nacional, etc. La producción .utiliza va­lores de uso con el fin de producir más valores de uso. Los consumos perso­nal y social utilizan valores de uso para alcanzar cualquier otro. fin deseado. En tal sentido, la distinción entre las actividades no tiene nada que ver, per se, con otras distinciones como las que existen entre las actividades nece­sarias/innecesarias, deseables/ indeseables y básicas/no básicas. Pero lo que es más importante, la distinción entre actividades de producción y de no-producción tiene profundas implicaciones para la manera como se mide y analiza la riqueza de las naciones capitalistas[20]

En cuarto lugar, dentro de la categoría general de actividades de produc­ción, surge una diferencia adicional entre las actividades queproducen plusvalía (es decir, que producen trabajo excedente para un empleador ca­pitalista) y las que producen valor (pequeños productores de mercancías) o valores de uso vara uso directo (hogares, comunidades que producen bie­nes que no son mercancías). Aunque todos estos trabajos son productores de riqueza social, tan sólo los primeros son directamente productores de plusvalía. Es por esto que Marx distingue esta forma particular de trabajo como el trabajo-que-es producto-de-capital esto es, que es “trabajo produc­tivo” desde el punto de vista del capital. Como corolario de lo anterior, se hace necesario distinguir entre la tasa de explotación.(que se refiere a todos los trabajadores empleados por el capital) y la tasa de plusvalía (que es la tasa de explotación del “trabajo productivo” solamente, puesto que es el único que produce plusvalía)[21].

Finalmente, es importante reconocer que las categorías precedentes inte­ractúan en complejas formas. Por ejemplo, la plusvalía es simplemente la diferencia entre la duración de la jornada de trabajo (1) de los trabajadores productivos, y la porción de la misma (v) requerida para producir las mer­cancías que ellos y sus familias consumen. Pero la cantidad de tiempo de trabajo social representado por v no es, en absoluto, la misma cantidad de tiempo de trabajo social requerido para reproducir a 1os trabajadores pro­ductivos, ya que este último, generalmente, incluye el trabajo comunitario y familiar involucrado en la reproducción de la fuerza de trabajo. En la me­dida en que de estos trabajos no capitalistas son responsables del grueso de los valores de uso consumidos por los trabajadores productivos, sólo una pequeña cantidad de mercancías estará contemplada en esa reproducción. Pero, puesto que los capitalistas sólo necesitan pagar a los trabajadores lo suficiente para que adquieran la porción de mercancías que corresponda a su patrón de vida, v será pequeño y s alto. Por consiguiente, a medida que la producción capitalista socave la producción campesina y/o familiar, las mercancías comenzarán a constituir una mayor porcióndel nivel de vida de los trabajadores, incluso si el nivel general mismo declina. Para los capi­talistas, los trabajadores se van haciendo progresivamente más “caros” a medida que sus necesidades de mercancías crecen. Aunque los trabajadores mismos pueden ser todavía más pobres si su nivel de vida general decae. Durante ciertos períodos, un salario real creciente es perfectamente compa­tible con un nivel de vida decreciente -tal como la historia de muchos paí­ses capitalistas en desarrollo lo indica. Todo nos conduce a mostrar que nin­gún análisis de una formación social concreta puede ignorar las interrela­ciones existentes entre ganancia por transferencia de riqueza y ganancia por producción de plusvalía, entre actividades de producción y de no-pro­ducción, y entre trabajo capitalista y no capitalista.

LEYES GENERALES DE LA ACUMULACION CAPITALISTA

Las leyes generales como tendencias dominantes

A1 analizar el sistema capitalista, Marx se refiere constantemente a sus “le­es de movimiento”. Por ejemplo, habla de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia como una ley general, mientras que’ al mismo tiempo, pre­senta varias tendencias opuestas “que contrarrestan y anulan los efectos de la ley general”. Así, pues, surge naturalmente la pregunta: ¿cómo se origina una “ley” a partir de la tendencia y la contratendencia? Hay dos formas básicas de responder a esta pregunta. Una posibilidad estriba en concep­tualizar las diversas tendencias como si operasen en plano de igualdad. El capitalismo da lugar a una serie de tendencias antagónicas, y el equilibrio de fuerzas existente en una “coyuntura” histórica particular es el que deter­mina la dirección final del sistema. Desde esta perspectiva, la reforma es­tructural y la intervención del Estado parecen disponer dé gran potencial puesto que, en las circunstancias apropiadas, pueden inclinar 1a balanza y regular el resultado. Esta perspectiva general subyace en la mayoría de los enfoques marxistas modernos.

Marx abordó el tema de una manera bastante diferente. Para él lo crucial era distinguir entre la tendencia dominante y las diversas tendencias su­bordinadas contrapuestas, ya que estas últimas operan dentro de los límites aportados por la primera. Como las tendencias dominantes surgen de la misma naturaleza del sistema, dándole un poderoso ímpetu, las tendencias subordinadas operan efectivamente dentro de límites móviles, y se canali­zan, por así decirlo, en una dirección determinada[22]. Desde esta posición ventajosa, las reformas estructurales, la intervención estatal e, incluso, las luchas de clase que dejen intacta la naturaleza básica del sistema, tienen un potencial limitado, justamente porque terminan subordinadas a la dinámi­ca intrínseca del sistema. Una ley_ surge, precisamente, debido a que hay una tendencia dominante.

Concentración y centralización del capital

El capital posee dos aspectos distintos: en relación con el proceso de trabajoexiste como una masa concentrada de medios de producción mandó de un ejército de trabajadores y, en relación con un capitalista individual; re­presenta la parte de la riqueza social que está concentrada en sus manos como capital. Sobre estos aspectos del capital operan, a su vez’, de modo diferente, dos procesos distintos: el proceso de concentración creciente por medio de la acumulación, llamado por Marx la “concentración del capi­tal“, y el proceso de concentración creciente gracias a la competencia y el crédito, al que llama “centralización del capital“.

La acumulación es la reinversión de las ganancias en métodos de pro­ducción más nuevos y potentes. Nuevos métodos conllevan una escala de inversión mínima incrementada y un aumento de la tasa de capital inverti­do por trabajador, y por tanto, una creciente concentración del capital res­pecto al proceso de trabajo. A1 mismo tiempo, aun cuando la acumulación tiende a incrementar el monto de capital a disposición de un capitalista in­dividual, la división de la propiedad entre los miembros de una familia, la separación de los capitales nuevos de los viejos y el nacimiento de nuevos capitales, todo ello, tiende a aumentar el número de los propios capitalistas y, en consecuencia, a disminuir el capital social concentrado en unas pocas manos. Como la acumulación es comparativamente lenta en relación con estos últimos factores, el efecto neto sobre la propiedad tiende a ser una descentralización. Como resultado final, la acumulación concentra el capi­tal en el proceso de trabajo, pero tiende a descentralizar su propiedad.

La competencia y elcrédito, por su parte, incrementan la concentración en ambos frentes. La competencia favorece las inversiones en gran escala debido a sus menores costos de producción, mientras que el sistema credi­ticio permite a los capitalistas individuales reunir las grandes sumas nece­sarias para estas inversiones. La concentración del capital en el proceso de trabajo avanza así mucho más velozmente que lo que permite la sola acu­mulación del capital. A1 mismo tiempo, debido a que la competencia des­truye a los capitalistas más débiles y el sistema crediticio habilita al fuerte para tragarse al débil, estos dos elementos conducen a una concentración de la propiedad de capitales que compensa con creces las tendencias des­centralizadoras propias de la simple acumulación.

En términos generales el capitalismo es acompañado por la creciente capitalización de la producción, así como una creciente centralización de la propiedad del capital social[23]. En el análisis de Marx, ambos fenómenos emanan de la batalla de la competencia y, a su vez, sirven para intensificarla. En la economía burguesa, sin embargo, el concepto mismo de competencia “pura”, o “perfecta” implica que toda concentración o centralización es la antítesis de la competencia. Una vez se identifica la concepción burgue­sa con la realidad de la competencia en el capitalismo primitivo y/o con el análisis que de él hizo el propio Marx, el hecho histórico de la concen­tración y centralización crecientes representa prima facie la prueba del quebrantamiento de la competencia, del ascenso de la competencia “imperfecta”, del oligopolio y del monopolio. Dentro de la economía marxista, la tradición dominante originada por Hilferding y desarrollada por Kalecki, Steindl, Baran y Sweezy, efectúa exactamente esta doble identificación. Ello lleva a sus proponentes a sostener que el capitalismo moderno está, en última instancia, regulado por los resultados de las relaciones de poder entre los monopolistas, los trabajadores y el Estado. Del lado opuesto, Varga[24] y algunos otros autores más recientes han sostenido que la concentración y la centralización han intensificado la competencia, en vez de quebrarla y que la evidencia empírica relativa a la rentabilidad contribuye, de hecho, a apoyar la teoría de la competencia enunciada por Marx[25]. Hay que señalar que Lenin es reclamado por ambas partes. No es necesario decir que este debate entraña importantes repercusiones con respecto al análisis del capitalismo moderno y la actual crisis.

Ejército de reserva de trabajo

Una característica inherente a la sociedad capitalista es el conjunto de trabajo desempleado sub-empleado que se crea y reproduce directamte por la propia acumulación de capital. Marx denomina a este conjunto “ejército de reserva de trabajo” o “ejército industrial de reserva”. La acumulación: de capital significa el incremento de éste, pero conlleva también nuevos méto­dos de producción, a mayor escala y más mecanizados, que la competencia obliga a los capitalistas a introducir. El crecimiento del capital aumenta la demanda de trabajo, pero la mecanización sustituye a los obreros por máquinas y reduce, en consecuencia, la demanda de trabajo. Esta, en términos netos, depende, por lo tanto, de la fuerza relativa de estos dos efectos, y, son precisa­mente esas fuerzas relativas las que varían para mantener el ejército de reserva de trabajo. Cuando elefecto empleo es más fuerte que el efecto desplazamiento durante un tiempo suficientemente largo como para absorber el ejército de reserva, la escasez de trabajo y el aumento de salarios resultantes reforzarán automáticamente el desplazamiento relativo al empleo; el alza de salarios re­duce el ritmo de crecimiento del capital y, por lo tanto, del empleo. Esto, junto con la escasez de trabajo, acelera el proceso de mecanización y, por consiguien­te, de desplazamiento. De esta forma, la acumulación de capital repone automáticamente el ejército de reserva[26]. A ello se suma la importación de trabajo procedente de sectores de alto desempleo y la movilidad del capital hacia sec­tores de salarios bajos, lo cual sirve conjuntamente para restablecer la relación “apropiada” entre el capital y una población relativamente superflua.

Independientemente de sus límites históricos, el sistema capitalista ha creado y conservado siempre un ejército de reserva. El capitalismo moder­no abarca todo el globo terrestre y también lo abarca su ejército de reserva. Las masas hambrientas del Tercer Mundo, la importación y subsecuente ex­pulsión de “obreros inmigrantes” por parte de los países industrializados, y la fuga de capital a regiones de salarios bajos, son simplemente manifes­taciones de este hecho.

Tasa decreciente de ganancia

La ley de la tasa decreciente de ganancia expresa el resultado del análisis de Marx sobre las fuerzas básicas que dan lugar a los ritmos de largo plazo de la acumulación capitalista: largos períodos de crecimiento acelerado que van seguidos necesariamente por períodos correspondientes de crecimien­to desacelerado y probables convulsiones económicas de gran alcance. La Gran Depresión de los años treinta fue uno de esos períodos; según algu­nos marxistas, el mundo capitalista está nuevamente fluctuando alrededor de una situación extrema. Debe observarse que este tipo de crisis económi­ca generalizada es bien diferente de las fluctuaciones cíclicas de plazo más corto, como los ciclos económicos o las crisis parciales causadas por sucesos específicos, como malas cosechas, perturbaciones monetarias, etc. Los ci­clos económicos y las crisis parciales se explican por factores más concretos y sus ritmos se superponen, por así decirlo, sobre el ritmo de largo plazo[27]. El hecho de que puedan desencadenar una crisis general cuando las condi­ciones básicas sean propicias no hace más que resaltar la necesidad de ana­lizar primero los movimientos básicos en sí mismos.

La fuerza que da impulso a la actividad capitalista es el deseo de ganan­cias, lo que obliga a cada capitalista individual a dar la batalla en dos fren­tes: en el proceso de trabajo, contra los trabajadores ,durante la producción de plusvalía, y en el proceso de circulación, contra otros capitalistas, du­rante la realización de la plusvalía en forma de ganancias. En el enfrenta­miento con el trabajo, la mecanización aparece como la forma más eficaz para incrementar la producción de plusvalía, mientras en el enfrentamien­to con otros capitalistas, 1a reducción de los costos unitarios de produc­ción por unidad (precios de costo unitarios) surge como principal arma para la competencia.

Marx sostiene que los métodos de producción más avanzados conllevarán instalaciones mayores y más intensivas en capital, en las que, con una utiliza­ción normal de capacidad, los costos unitarios de producción serán menores. La inversión de mayores cantidades de capital fijo por unidad de producto es el media fundamental para lograr economías de escala. Como las plan­tas a gran escala permiten a un número dado de trabajadores procesar ma­yor cantidad de materias primas y transformarlas en una correspondiente mayor cantidad de producto, tanto las materias primas como el producto por unidad de trabajo tienden a aumentar a la vez. A1 mismo tiempo, la mayor cantidad de capital fijo por unidad de producto implica cargos de depreciación más elevados y mayores costos de materiales auxiliares (elec­tricidad, combustible, etc.) por unidad de producto. Así, pues, para méto­dos más avanzados la capitalización más alta (capital adelantado por uni­dad de producto) implica costos no laborales unitarios más elevados (capi­tal constante por unidad de producto, ), mientras que la mayor produc­tividad se manifiesta en costos laborales unitarios menores (capital variable por unidad de producto, v). A1 final, el costo unitario de producción c+v debe descender de modo que el último efecto ha de compensar con creces el primero.

Puede demostrarse que este modelo supone que los métodos más avanzados tienden a lograr un costo unitario de producción más bajó a. expensas de una tasa dé ganancia inferior. La competencia, no obstante, obliga a los capitalistas a adoptar tales méto­dos, porque aquellos, con costos unitarios más bajos, pueden bajar sus precios y ex­pandirse a costa de sus competidores , compensando así esta tasa de ganancias baja por medio de una mayor participación en el mercado. Como observa Marx, “cada capital individual se esfuerza por capturar la mayor participación posible en el mer­cado y por suplantar en él a sus competidores […]”. En términos de categorías mar­xistas, se puede demostrar que el proceso mencionado supone que la composición orgánica del capital subirá más rápido que la tasa de plusvalía, incluso cuando los salarios reales, al igual que la amplitud e intensidad de la jornada de trabajo, sean constantes, de modo que la tasa general de ganancia decrecerá independientemente de cualquier impulso introducido por parte del trabajo[28].

Marx indica que la actuación de diversas influencias contrarias frena, e incluso invierte temporalmente, el descenso de la tasa de ganancia. Una mayor intensidad de la explotación, salarios más reducidos, capital cons­tante más barato, crecimiento de industrias de composición orgánica relati­vamente baja, importación de bienes salario o medios de producción bara­tos, y migración del capital hacia regiones de mano de obra y recursos na­turales igualmente baratos, pueden actuar para elevar la tasa de ganancia al aumentar la tasa de explotación, bajar la composición orgánica del capital, o ambas soluciones a la vez. Sin embargo, precisamente porque estas con­tratendencias operan dentro de límites estrictos, la caída por largo período de la tasa de ganancia sobresale como tendencia dominante.

La tasa decreciente de ganancia conduce a una crisis generalizada por medio de su efecto sobre la masa de ganancias. Dado un capital ya invertido, cualquier decrecimiento . en la tasa de ganancia reduce la masa de esta últi­ma; por otro lado, la acumulación acrecienta el acervo de capital avanzado y, por tanto, aumenta la masa de ganancia, en tanto que la tasa de ganancia de los nuevos capitales sea positiva. El movimiento de la masa total de ganancias depende, por lo tanto, de la fuerza relativa de los dos efectos. Pero una tasa de ganancia decreciente debilita progresivamente el incen­tivo para la acumulación y, al descender ésta, el efecto negativo empieza a dar alcance al efecto positivo hasta que, en un momento determinado, la masa total de ganancias empieza a estancarse. En esta fase comienza la crisis, aunque naturalmente la forma específica que adopta está condi­cionada por factores institucionales e históricos concretos. Hay que des­tacar que el proceso mencionado supone una “onda larga” en la masa de las ganancias, que al principio se acelera, luego se desacelera, se estanca y, finalmente, se hunde en la crisis. Así, pues, los fenómenos de “ondas largas” en la acumulación capitalista pueden explicarse por una caída continuada de la tasa de ganancia.

En general, los adversarios de esta teoría argumentan que, en la noción económica burguesa de “competencia perfecta”, tal proceso queda lógica­mente excluido, y que, en todo caso, la evidencia empírica no lo respalda. En cualquiera de ambas situaciones es fácil mostrar que ninguna de las con­clusiones es válida una vez que examinamos críticamente la teoría econó­mica neoclásica y los datos en que se basan sus conclusiones[29].

Ceteris paribus, salarios más altos y mejores condiciones de trabajo hacen descender directamente las ganancias y estimulan también el aumento de la mecanización, con lo que se intensifica doblemente la tendencia inheren­te de la tasa de ganancia a caer. Sin embargo, como destaca Marx, éstas y otras luchas enfocadas hacia la reforma del sistema operan necesariamente dentro de límites estrictos que proceden de la rentabilidad, la movilidad del capital y la competencia (en todo el mundo) y, por tanto, continúan siendo constreñidas por la dinámica básica de la acumulación capitalista. Un argumento similar puede ofrecerse respecto a los límites de la interven­ción estatal.

Cada crisis precipita la destrucción al por mayor de los capitales más débiles y los ataques intensificados contra los trabajadores. Esos son los mecanismos “naturales” del sistema para recuperarse. Cada recuperación sucesiva desemboca, a su vez, en una mayor concentración y centralización. y, generalmente, en menores tasas de ganancia y crecimiento de largo pla­zo. En consecuencia, aunque las contradicciones empeoran con el tiempo, no habrá crisis final hasta que los trabajadores adquieran suficiente con­ciencia de clase y se organicen para derribar el sistema mismo[30].

TEORIAS MARXISTAS DE LAS CRISIS ECONOMICAS

A1 analizar las teorías de la crisis debemos distinguir entre las crisis gene­rales, que implican un vasto colapso de las relaciones de reproducción eco­nómicas y políticas, y las crisis parciales los ciclos económicos, que cons­tituyen características de frecuente aparición en la historia capitalista. En la producción capitalista el deseo individual de ganancia choca periódica­mente con la necesidad objetiva de la división del trabajo. Las crisis parciales y los ciclos económicos ó son más que el método intrínseco del sistema para reintegrarlos. Cuando el sistema goza de buena salud, se recuperarápidamente de sus inherentes convulsiones internas. Sin embargo, cuanto peor sea su salud, más largas serán sus convalecencias, más anémi­cas sus recuperaciones y mayor la probabilidad de que entre en una larga fase de depresión. En los Estados Unidos, por ejemplo, aunque han habido 35 ciclos económicos y crisis en más de 150 años, que van desde 1834 hasta nuestros días, tan sólo dos de ellos, las grandes depresiones de 1873-1893 y 1929-1941, califican como crisis generales. El interrogante con que se en­frenta ahora el mundo capitalista es si la gran depresión de los ochentas se añadirá o no algún día a esta lista[31].

Podemos identificar dos tipos principales de teorías de la crisis, correspondientes a las dos aproximaciones metodológicas diferentes a la historia capitalista que fue analizada en la cuarta sección de este Capítulo: lasteo­rías de la posibilidad, basadas en la noción de ley como el resultado de tendencias conflictivas, en donde las crisis generales se dan siempre y cuan­do se produzca una cierta conjunción de factores históricamente determi­nados, y las teorías de la necesidad, basadas en la noción de ley como la expresión de una tendencia intrínseca dominante que subordina a las tendencias contrapuestas y en donde es inevitable la existencia periódica de crisis generales (aunque, por supuesto, la forma específica y el momento de aparición vienen determinados dentro de ciertos límites por factores histó­ricos e institucionales). Veamos ahora cómo ilustran estos dos enfoques las modernas teorías marxistas de la crisis.

Teorías de la posibilidad

Podemos identificar dos grupos principales: las teorías del subconsu­mo/estancamiento y las teorías de la presión salarial.

Teorías del subconsumo/estancarmiento

En la sociedad capitalista el valor en dinero del producto neto es igual a la suma de los salarios pagados a los trabajadores más las ganancias acumu­ladas por los capitalistas. Como a los trabajadores se les paga menos del valor total del producto neto, su consumo nunca es suficiente para com­prarlo: el consumo de los trabajadores genera una “brecha de demanda”, Y cuanto mayor sea la participación de las ganancias en relación con los sala­rios en el valor agregado, tanto mayor será la brecha de demanda. Claro está que los capitalistas consumen una porción de sus beneficios, lo que contribuye a cubrir parte de la brecha. No obstante, el grueso de su ingreso se ahorra, no se consume y, a la manera keynesiana, estos ahorros se consi­deran como un “drenaje” de demanda, cuya base fundamental la siguen constituyendo los limitados ingreso y consumo de las masas. Si no se cu­briera la porción de la brecha de demanda que corresponde a los ahorros de los capitalistas, no se vendería parte del producto o, al menos, no se vende­ría a precios normales, de suerte que todo el sistema se contraería hasta que las ganancias fuesen tan escasas que los capitalistas se verían forzados a consumir todos sus ingresos, en cuyo caso no habría ninguna inversión (ne­ta) y, por consiguiente, tampoco crecimiento. Se dice, por lo tanto, que la lógica económica interna de una economía capitalista está predispuesta al estancamiento.

La brecha de demanda, como es obvio, no sólo puede cubrirse por el consumo, sino también mediante demanda de inversión (la demanda de planta y equipo). Cuanto mayor sea esta demanda, mayor será el nivel de producción y empleo en el sistema en cualquier momento dado, y tanto más rápido será su crecimiento. Por eso, en última instancia, el movimiento final del sistema depende de la acción recíproca de la tendencia al estanca­miento, creada por los planes de ahorro de los capitalistas, y la tendencia opuesta, creada por sus planes de inversión. Los capitalistas ahorran porque, en cuanto capitalistas individuales, tienen que intentar crecer a fin de, sobrevivir. Pero sólo pueden invertir cuando existen posibilidades objeti­vas, y éstas dependen, a su vez, de dos factores. Específicamente, el fundamento del comercio y del intercambio a gran escala se da cuando la hegemonía de una determinada nación capitalista (Gran Bretaña en el siglo XIX; y los Estados Unidos en el XX) permite orquestar y reforzar la estabilidad; política y económica internacional. Y elaliciente para la inversión. a gran, escala se da cuando coinciden, a un tiempo, una masa crítica de productos,­ mercados y tecnologías nuevos. Cuando coinciden base y aliciente, los factores expansionistas serán ascendentes. Por otro lado, a medida que se, agota el aliciente y las rivalidades intercapitalistas socavan cada vez más el fundamento, se reafirman en algún punto los factores contraccionistas y, el estancamiento se pone al orden del día, hasta que, por supuesto, un nue­vo orden hegemónico (forjado tal vez mediante una guerra mundial) y un nuevo estallido de descubrimientos, inicien otra época de crecimiento.

Nada de esto se ve alterado fundamentalmente por la cuestión del po­der monopólico. En el capitalismo moderno se dice que unas cuantas em­presas poderosas dominan cada industria, y que, al restringir el producto’ y elevar los precios, pueden redistribuir los ingresos a su favor a costa de los trabajadores y de las pequeñas empresas capitalistas. Como los gran­des capitalistas ahorran una mayor proporción de sus ingresos, aumenta el ahorro total. Por otro lado, a fin de sostener los niveles de precios y ga­nancias, las grandes empresas restringen la inversión en sus propias in­dustrias, reduciendo así los posibles mercados de inversión disponibles.’ A1 aumentar la brecha de demanda y simultáneamente debilitar las opor­tunidades de inversión, los monopolios hacen el estancamiento, en teoría, virtualmente inevitable. Claro que en la práctica, el “capitalismo monopo­lista” de posguerra ha disfrutado hasta hace muy poco “de una prosperi­dad prolongada (…) superior en muchos aspectos a cualquier otra de su’ historia anterior”[32]. Y he aquí, una vez más, que la *ausencia de estanca­miento real se explica por la presencia de factores contrapuestos extraordi­nariamente poderosos: hegemonía norteamericana de posguerra, nuevos productos y tecnologías, y gastos militares.

Dentro de semejante marco, es evidente que cualquier intervención económica que refuerce y dirija los factores expansionistas puede supe­rar, en principio, la amenaza de estancamiento. La economía keynesiana, por ejemplo, proclama que el Estado, bien por cuenta de sus propios gas­tos, bien estimulando el gasto privado, puede alcanzar los niveles social­mente deseados de producción y empleo y, de este modo, determinar, en última instancia, las leyes de movimiento de la economía capitalista. Los teóricos del subconsumo no niegan esta posibilidad. Tan sólo afirman que actualmente no es práctico, porque el capitalismo moderno se carac­teriza por el monopolio y no por la competencia: el monopolio aumenta la tendencia del capitalismo al estancamiento que, cuando comienza a aparecer, es contrarrestada por el Estado por medio de estímulos a la de­manda agregada. Pero los monopolios responden aumentando los pre­cios en vez de la producción y el empleo (como harían las empresas com­petitivas). El empate resultante entre el poder del Estado y el de los mo­nopolios produce estancamiento con inflación: “estanflación”[33]. Si el Es­tado se retira de la lucha y se atrinchera, tendremos entonces una rece­sión o tal vez una depresión. Desde este punto de vista, la aparición de una crisis es un acontecimiento esencialmente político, debido a la nega­tiva del Estado a hacer frente a los monopolios. La teoría keynesiana afir­ma que el Estado tiene capacidad económica para dirigir el sistema capi­talista y, una vez aceptada esta premisa, tanto la existencia de la crisis como su recuperación, son cuestiones de los fines políticos a los que se aplique esa capacidad. Así, pues, esta teoría apunta a concluir que un programa político para limitar los monopolios mediante controles de precios, regulación y planificación económica forzosa, quebrará la co­lumna vertebral de la inflación, mientras que el aumento de los gastos de bienestar social, e incluso el alza de los salarios, no sólo beneficiará a la clase trabajadora, sino también al sistema capitalista en su conjunto (al reducir la brecha de demanda). Las contradicciones económicas del sis­tema pueden, por lo tanto, desplazarse hacia y resolverse dentro de la esfera política, a condición de que se ejerza presión suficiente sobre el Estado.

El propio Sweezy evita con cuidado trazar las conclusiones políticas in­herentes a su argumento, aunque advierte que los propios capitalistas pue­den descubrir nuevas formas de manejar el sistema[34]. Pero otros autores son mucho menos reticentes[35].

Teorías de la presión salarial

Las teorías sobre la presión de los salarios intentan vincular las crisis gene­rales con el descenso sostenido de la tasa de ganancia. El punto de partida es el reconocimiento de que cuando aumentan los salarios reales y/ o disminu­ye la amplitud e intensidad de la jornada laboral, desciende la tasa potencial de ganancia, permaneciendo iguales las otras condiciones. En términos mar­xistas, un descenso en la tasa de plusvalía produce el descenso de la tasa general de ganancia, ceteris paribus. No obstante, esto equivale sencillamente a decir que un aumento de los salarios reales (ajustados por la duración e intensidad del trabajo) reduce la tasa de ganancia en relación con su ten­dencia. Si la tasa de ganancia tiende a bajar independientemente del movi­miento de los salarios, resulta que el aumento de los salarios reales (ajusta­dos) no hace más que reforzar la caída preexistente de la tasa de ganancia. Como veremos en la sección siguiente, esto es lo que argumenta Marx. Pero si la tasa de ganancia tiende, por otro lado, a aumentar, resulta que tan sólo un incremento suficientemente rápido de los salarios reales puede ser el res­ponsable del descenso real de la tasa de ganancia. Esta es la afirmación típica de los teóricos de la presión salarial, quienes dan por sentado que, ante la ausencia de cambios en el salario real, él cambio técnico tiende a incrementar la tasa de ganancia y la relación entre ganancias y salarios.

En una versión de la teoría, ésta tasa creciente de ganancia alimenta di­rectamente la expansión de la inversión; en otra versión, que no es en reali­dad más que una extensión de la teoría del subconsumo/estancamiento, la creciente relación ganancia-salario y el ascendente poder de los monopo­lios, empeoran la brecha de demanda y, por consiguiente, la tendencia del sistema hacia el estancamiento, la cual, no obstante, el Estado es capaz de contrarrestar, y mantener así el auge. En cualquier caso, si el auge dura lo suficiente como para que el mercado de trabajo se haga tan estrecho y los obreros tan combativos que sus demandas salariales produzcan un descenso continuado de la tasa efectiva de ganancia, resulta que al final puede estallar la crisis. Es muy propio de la teoría de la presión salarial buscar evidencia en salarios reales que aumenten con mayor rapidez que la pro­ductividad como prueba de que el trabajo se halla detrás de la crisis.

Por ejemplo, el tratamiento matemático convencional de la llamada selec­ción de técnicas implica una tasa creciente de ganancia, a menos que los au­mentos de salario real inviertan su curso. Esto es lo que citan la mayor parte de los defensores modernos de la presión salarial, como Roemer, Bowles y Arms­trong y Glyn[36]. Otros, como Hodgson sencillamente se refieren a la estabili­dad empírica de la composición orgánica como una característica del capitalis­mo moderno[37]. Por último, se suele citar a Kalecki como fuente del argumento de que la intervención estatal transforma la tendencia al subconsumo en pre­sión salarial[38]. Debería observarse que, incluso dentro de la literatura conven­cional sobre la selección de técnicas, un salario real que aumente en relación con la productividad no es necesario ni suficiente para generar una tasa decre­ciente de ganancia. Así lo demuestran fácilmente los diagramas elaborados por Shaikh[39], en un trabajo donde ilustra que la tasa máxima de salarios. (la intersección en el eje vertical) es el producto neto por trabajador

Es importante observar a este respecto que, como la crisis se da única­mente cuando los aumentos salariales de los trabajadores son “excesivos’, esta teoría deja amplio espacio para delinear una visión del capitalismo que puede propiciar tanto el aumento de los salarios reales de los trabajadores como una tasa creciente de ganancia para los capitalistas. Desde este punto de vista, el Estado puede diseñar, en principio, la recuperación, si obreros y capitalistas hacen concesiones suficientes, y puede evitar crisis futuras si ambas partes muestran cierta moderación. Una característica de las teorías de la posibilidad, en general, es terminar por otorgar al Estado el poder de determinar las leyes básicas del movimiento del capitalismo, con lo cual tanto las expectativas como las promesas de sus defensores, pasan a depen­der en gran medida de lanoción, según la cual, bajo el capitalismo la política puede comandar el sistema. Si esta premisa es falsa, resulta entonces que, como mínimo, las tácticas y la estrategia que la rodean plantean serias dudas. Como veremos a continuación, esto es exactamente lo que implican las teorías de la necesidad de la crisis.

Teorías de la necesidad

La principal teoría moderna de la necesidad es la teoría marxista de la tas de ganancia decreciente. En el pasado incluso algunas versiones de la teoría del subconsumo (como la de Rosa Luxemburgo), eran concebidas como teorías de la necesidad, pero, en general, se admite que esto se debía primordialmente al entendimiento erróneo de la lógica de su propio argumento. La ley de la tasa decreciente de ganancia intenta explicar por qué el capitalismo atraviesa lar­gos períodos de crecimiento acelerado, que van seguidos, necesariamente, por otros períodos correspondientes de crecimiento desacelerado y crisis finales. Lo que explican las teorías del subconsumo mediante factores aparentemente externos, tales como oleadas de descubrimientos, lo explica Marx mediante factores internos basados en los movimientos de la tasa potencial de ganancia.

La fuerza motriz de toda actividad capitalista es la ganancia, y la plusva­lía su base oculta. A fin de extraer la mayor cantidad posible de plusvalía, los capitalistas deben aumentar la duración y/o intensidad de la jornada laboral y, sobre todo, incrementar la productividad del trabajo. Además, para competir eficazmente contra otros capitalistas deben lograr simultá­neamente costos inferiores por unidad de producto. El aumento de capital fijo es la solución de ambos problemas. En pocas palabras, el crecimiento del capital fijó en relación con el trabajo (la mecanización de la producción) es el principal medio de elevar la productividad del trabajo, y el crecimiento del capital fijo en relación con el producto (la capitalización de la produc­ción) es el principal medio de reducir los costos de producción unitarios. Puede demostrarse, sin embargo, que el aumento del capital fijo también tiende a hacer disminuir la tasa de ganancia sobre los métodos de produc­ción más avanzados[40]. Los capitalistas individuales que adoptan primero los métodos más amplios, más intensivos en capital, obtienen menores cos­tos unitarios que les permiten reducir los precios, y ampliarse a costa de sus competidores, contrarrestando así, la menor tasa de ganancia al abarcar una porción mayor del mercado. No obstante, para el sistema en su conjunto­, esto hace que la tasa media de ganancia tienda a bajar. Aunque varios sectores pueden contrarrestar temporalmente esta tendencia, operan dentro de límites estrictos, de suerte que el descenso prolongado de la tasa de ganancia se presenta como tendencia dominante.

Durante un período largo de tiempo, los efectos de esta tendencia decre­ciente de la tasa de ganancia sobre la inversión producen una “onda larga” en la masa de ganancia potencial global, que se acelera primero y luego desacelera y se estanca. En la última fase se derrumba la demanda de inver­sión y se generaliza el exceso de capacidad, mientras que la falta de nueva inversión reduce el crecimiento de la productividad de manera que los sa­larios reales pueden aumentar durante cierto tiempo en relación con la productividad. En otras palabras, fenómenos como el subconsumo y la pre­sión salarialaparecen como efectos de la crisis de rentabilidad. Pero no causan crisis generales, puesto que existen mecanismos incorporados en la acumulación capitalista que ajustan la capacidad instalada a la demanda efectiva, y mantienen los aumentos salariales dentro de los límites de los aumentos de la productividad[41].

Cada crisis general precipita la destrucción masiva de capitales más dé­biles e intensifica los ataques contra el trabajo, lo cual contribuye a restau­rar la acumulación aumentando la centralización y concentración y ele­vando globalmente la rentabilidad. Tales son los mecanismos “naturales” de recuperación del sistema. Sin embargo, debido a la baja en períodos prolongados de la tasa de ganancia, cada ascenso largo sucesivo se carac­teriza por tasas de ganancia y crecimiento de largo plazo generalmente in­feriores, de tal manera que, en el mundo dominado por el capitalismo, los problemas de estancamiento y desempleo a escala mundial empeo­ran con el tiempo. Como estos problemas emanan de la propia acumula­ción capitalista y no de la competencia insuficiente ni de los salarios exce­sivos, no pueden “solucionarse” sencillamente mediante la intervención del Estado, por muy progresistas que sean sus intenciones. La política no puede ni podrá ser la directriz del sistema, a menos que esté dispuesta a reconocer que la solución capitalista a la crisis requiere un ataque a la cla­se trabajadora, y que la solución socialista exige, a su vez, un ataque al propio sistema. Como observa Yaffe, la dependencia característica de las teorías de la posibilidad respecto del poder estatal pueden ser una peligro­sa ilusión[42].

[1] K. Marx, El capital, México, Siglo XXI Editor-, 1975-1981, (en 8 vols.), T. I, Vol. l, Sección Tercera y Apéndice.

[2] S. Hymer, “Robiuson Crusoe and the Secret of Primitive Accumulation”, Monthly Review, Vol. 73, No. 4, septiembre, 1971.

[3] K. Marx, op. cit., C. VI.

[4] M. Morishima, Marx’s Eoonomics, Cambridge University Press, Cambridge,1973.

[5] A. Emmanuel, Unequal Exchange: A Study of the Imperialism of Trade, Nueva York, Monthly Review Press, 1969.

[6] G. Hodgson, “A Theory oí Exploitation Without the Labor Theoty of Value”, en Science and Society, Vol. XLIV, 3, Otoño.

[7] M. Barret, Womcn’s Opression Today: Problems in Marxist Feminist Analysis, Londres, Verso, 1980.

[8] A. Y. Davis, Women, Race and Class, Nueva York, Vintage, 1983.

[9] K. Marx, op. cit., T. III, VoL 8, G XLVIII; véase también K. Marx, op. cit. T. I.

[10] K. Marx, op. cit., T. I, Sección segunda y Apéndice. Véase también la Sección “Ganancia y plusvalía” del presente Capítulo.

[11] K. Marx, Grundrisse (Elementos fundanutales para la crítica de la economía política,, borrador 1857-1858), México, Siglo XXI Editores, 3 Vols., 1971 (Vol. l), 1972 (Vol. 2),1976 (Vol. 3).

[12] Shaikh, “Neo-Ricardian Economics: A Wealth of Algebra, a Poverty of Theory”, en The Review of Radical Political Economics, 14(2), verano, 1982 Varias partes del texto de este artículo se encuentran incorporadas a los Capítulos 2 y 3 del presente libro.

[13] K. Marx, El capital, ed. cit., T. I, Vols. l y 2, Secciones Tercera y Cuarta.

[14] A. A. Alchian y W: A. Allai, Exchange and Production: Competítion, Coordination and Control, Belmont, California, Wadsworth Publishing Co.,1983, C 1 y 8.

[15] K. Marx, Theories of Surplus Value, Parte I, C.1, Moscú, Progres Publishers.

[16] A. Alchian y W. Allen, op. cit., C.1-4.

[17] R. L. Meek, Studies in thc Labor Theory of Value, Nueva York, Monthly Review, 1956 C.1.

[18] K. Marx, El capital, ed, cit. T. L, Vol, l, C. V.

[19] A. Shaikh, “The Transformation from Marx to Sraffa” en Ricardo, Marx, Sraffa, Londres, E. Mandel editor, Verso, 1984. Varias partes de este artículo se encuentran incorporadas a los Capítulos 2 y 3 del presente libro.

[20] A. Shaikh, “An Introduction to the History of Crisis Theories”, en U.S. Capitalism in Crisis, Nueva York, U.R.P.E, 1978, Sección IV. El texto de este articulo corresponde a la Sección “Historia de las teorías de la crisis”, del Capítulo 6 del presente libro.

[21] K. Marx, op, cit., T. I, Vols. 1 y 3, Sección segunda, Apéndice.

[22] Dentro de estos limites las tendencias subordinadas pueden funcionar perfectamente como tendencias opuestas de la misma importancia.

[23] K, Marz, op. cit., T. I, Vo1. 3, XXIII; T. III, Vol. 6, C. XV; Theories of Surplus Value, ed. cit. Parte III.

[24] E. Varga: “Changes in the Economy of Capitalism Resulting from the Second World War”, mimeo, Washington, 1948.

[25] J. A. Clifton, “Competition and the Evolution of the Capitalist Mode of Production”, ” Cambridge Journa1 of Economics, l, 2, 1977.

[26] K. Marx, op. cit., T. I, Vol. 3, C. XXIII; E. Mandel, Introducción a K. Marx,Capital, Volumen I, ed. cit., 1976, pp. 63-64.

[27] E. Mandel, Late Capitalism, Londres, New Left Books,1975, p.128. El mismo Mandel se basa en una tasa de ganancia que se eleva y cae, para explicar los movimientos de largo plazo (esto es, ondas largas). Como se indica más adelante, el argumento de Marx para explicar la tasa de ganancia que decrece en largos períodos implica un movimiento de la masa de ganancias del tipo “onda larga” con lo cual ofrece una base alternativa para la explicación de los fenómenos observados.

[28] A. Shaikh, “Political Economy and Capitalism: Notes on Dobb’s Theory of Crisis” y “Marxian Competition Versus Perfect Competition…,” en Cambridgc Journal of Economics, 1978, 2, pp. 237-241 y 1980, 4, p. 75, respectivamente.Bajo condiciones técnicas dadas medida que se alcanzan los límites del conocimiento y la tecnología existentes, los incrementos en inversión por unidad de producto que se realicen obtendrán cada vez menores disminuciones de los costos unitarios de producción. Esto, se puede demostrar, implica menores tasas de ganancia para los métodos de más bajos costos y por ende (de acuerdo con el Teorema de Okishio), una tasa general de ganancia en descenso. También en A. Shaikh, “Notes on the Falling Rate of Profit,” inédito, febrero de 1982 La cita de Marx está tomada de Theories of Surplus Value, ed, cit., Parte II, C. XVII, p. 484. Las Secciones “Economía política y capitalismo: notas sobre la teoría de la crisis de Dobb” y “Competencia marxista versus competencia perfecta”, del Capítulo 6 del presente libro, corresponden a los textos de estos artículos.

[29] Para mayores detalles críticos de la teoría, véase A. Shaikh, “Political Economics and Capitalism…”’, op. cit., Sección III, pp. 5-7. Para críticas de los datos, véase V. Perlo, “Capital-output Ratios in Manufacturing”, en Quarterly Review of Economics and Business, 8 (3), Otoño de 1966, pp. 29-42 y R. Gordon, “A Rare Event”, en Survey of Current Business, julio 1971, Vol. 51, No. 7, Parte II, pp. 83-86. Perlo es marxista y Gordon economista ortodoxo. Ambos encuentran que el método convencional de estimación del acervo de capital lo subestima seriamente. Esto, a su vez, implica una seria sobreestimación de la tasa de ganancia.

[30] G. A. Cohen, Marx’s Theory of History: A Defense, Princeton University Press, Princeton,1978, pp, 201, 204.

[31] E. Mandel, Late Capitalism, ed. cit;, A. F. Burns, The Business Cycle in a Changing World, Nueva York, Columbia University Press,1969.

[32] P. Sweezy, artículos varios en Monthly Review; los principales en los números 31 (3, 6), 32 (5), 33 (5, 7), 34 (2).

[33] P. Sweezy, op, cif„ C. Harman “Theories of Crisis”, en International Socialism, No. 2 (9), 1980, pp. 45-80. A. Shaikh, “An Introduction to the History of Crisis Theories”.

[34] P. Sweezy, Monthly Revíew, No. 31(3),1979, pp. 12-13.

[35] Véase, M. Harrington, Socialism, Nueva York, Saturday Review Press, 1972, C. XII y del mismo autor, “The Democratic Socialist Organizing Committee and the Left”, Socialist Review, 1979, p. 29. Además pueden consultarse al respecto varios números especiales de Dollars and Senses, particularmente octubre 1979 y julio-agosto 1981. Por último, D. Gordon et al., “Four Ways to Change the Corporations”, The Nation, mayo 151982, pp. 589-591.

[36] J. E. Roemer, “Continuing Controversy on the Falling Rate of Prolit: Fixcd Capital and Other Issues” en Cambridge Journal of Economics, No. 3(4),1979;. S. Bowles, “Technical Change and the Profit Rate”, en Cambridge Journal of Economics, No. 5, 2,1981; P. Armstrong y A. Glyn, “The Law of the Falling Rate of Profit and Oligopoly”, en Cambridge Journal of Economics, No. 3,1,1980.,

[37] 37 M. Kalecki. Selected Essays on the Dynamics of the Capitalist Economy, Cambridge University Press Cambridge-Nueva York, 1971.

[38] A. Shaikh, “An Introduction…” op.cit., p. 236

[39] A. Shaikh, “An Introduction…” op.cit., pp. 242-247

[40] Véanse las referencias bibliográficas citadas en la sección “Tasa decreciente de ganancia” de este Capítulo.

[41] K. Marx, E1 capital, ed. cit., T. I, Vol. 3, C. XXV, Sección Séptima; P. Garegnani, “Notes on the Consumption, Investment and Effetive Demand. A RepIy to Joan Robinson”, en Cambridge Economic Journal,1978, 3, pp. 184-185.

[42] D. Yaffe, “Hodgson and Activist Reformism”, en Revolutionary Communist, 1978

 

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CARLOS MARX

APÉNDICE

CARTAS SOBRE EL TOMO I DE “EL CAPITAL”

Martx a Engels

2 de la mañana 16 agosto 1867

Párrafo 01:

Dear Fred:

     Acabo de corregir y despachar el último pliego (el 49). El apédice—la forma valor–, impreso en tipo pequeño, hace ¼ de pliego.

El prologo fue devuelto ayer, ya corregido. Por tanto, este tomo está listo. Y he reconocer que ello ha sido posible gracias a ti. Sin los sacrificios que tú has impuesto por mí jamás habría podido dar cima al inmenso trabajo que han supuesto los tres tomos de la obra.

Te abrazo, lleno de gratitud.

Adjuntos 2 pliegos de capillas [….]

Salut, mi querido, caro amigo.

(P.S.) No necesito que me devuelvas las capillas hasta que esté publicado todo el libro.

 

– Página – 687 —   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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