Análisis marxista sobre la crisis de productividad en Chile y el mundo


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Los procesos que a continuación describiré son parte del despliegue dialéctico de las contradicciones de las leyes internas del modo de producción capitalista pero que, adquieren carácter universal en al expresarse como procesos históricos y severos conflictos, crisis, convulsiones a nivel planetario y local. Hace más de un año un grupo de compañer@s me pregunto […]

Marcelo D. Cornejo Vilches

 NOSOTR-S  -01.10-2015 018

Los procesos que a continuación describiré son parte del despliegue dialéctico de las contradicciones de las leyes internas del modo de producción capitalista pero que, adquieren carácter universal en al expresarse como procesos históricos y severos conflictos, crisis, convulsiones a nivel planetario y local.

Hace más de un año un grupo de compañer@s me pregunto cuales eran los limites objetivos del desarrollo del capitalismo en Chile.

La pregunta, por su crucial exposición a la discusión política, me remitió al estudio pormenorizado de un aspecto fundamental para la discusión en economía política contemporánea: el problema de la productividad. Aún no había terminado la presentación de mis investigaciones relacionadas con las contradicciones monetarias que explicaban el choque imperialista actual, tampoco había terminado de exponer las contradicciones fundamentales entre los procesos de acumulación y centralización de capitales. Amén de lo anterior, estaba realizando una profunda disquisición sobre los problemas de la renta de la tierra máxime que cada uno de los elementos que aquí he mencionado son abrumadoramente desconocidos por las izquierdas incluyendo aquellos grupos más empapados en la lectura de los clásicos del marxismo -los trotskstas- por ejemplo. Ninguno de esos grupos logra elevar el horizonte de sus análisis para apropiarse del devenir de la lucha de clases -aún bajo esquemas aproximados y erróneos como diría Luchanarsky- precisamente por carecer de una sólida formación teórica y un hábil despliegue del método materialista dialéctico como arsenal donde encontrar problemas, baterías analíticas y límites de los cuerpos teóricos que explican uno y otro campo político analítico. Pero quizás la debilidad más crítica de los análisis consiste en suponer que avanzar en la construcción y despliegue teórico implica abandonar una supuesta práctica en asuntos “concretos”. Reproduciendo una vez más las clásicas disociaciones entre teoría y práctica hechos por la burguesía, creen que lo teórico es diferente a lo práctico, que lo práctico es algo “concreto” mientras lo teórico es algo “abstracto”. No alcanzan a comprender que el abordaje teórico en clave marxista es pura práctica política en y desde el seno de la lucha de clases.

Para la economía política burguesa la discusión sobre la productividad emerge como un problema central y estratégico. Claro está que el formato ideológico con el que es planteada la discusión persigue como objetivo político de clases declarado, deteriorar aún más los maltrechos y escuálidos vestigios de provenientes de las conquistas laborales por parte de la clase proletaria local y mundial. Empero, las izquierdas, se quedan solo con esta lectura, con el fin interesado de la burguesía relacionado con la productividad. Queda clausurado entonces el camino para desembrollar uno de los factores explicativos fundamentales del provenir de la lucha de clases, sus derroteros, intensidad, y oscilaciones. quedan también cerradas a machete las análisis en clave marxista leninista, derivando toda discusión en una pura cuestión de estilo, en verdaderos silogismos intelectualizados, y otras con oscuras intenciones apologéticas, plantean discusiones por fuera del campo de construcción político social caldeado en el gran horno de la lucha de clases.

Así entonces aparecen organizaciones político sociales forjadas en la lucha de clases sin método ni análisis sobre el devenir de la misma lucha y de otro, organizaciones empaladas por las bajas temperaturas que suponen alejarse del campo de lucha de clases y elevarse en la lectura sobre intelectualizada y escolástico-aristotélico ajena a las luchas. Entre ambas grandes tendencias discurre el populismo (en sus versiones reaccionarias -nacionalistas, y en sus versiones radicales-anticapitalistas) el romanticismo culturalista (ahí están algunas expresiones posmodernas), el dogmatismo marxista estaliniano que considera suficiente la mera descripción sociológica del conflicto entre burgueses y proletarios, sin considerar las leyes que rigen el desarrollo capitalista ni menos aún avanzar un ápice en la construcción revolucionaria de proyecto político proletario anticapitalista para la lucha de clases.

La caída de los precios de los energéticos, petróleo y materias primas expresa el llamado fin del “súper-ciclo” de los comoditties, la contracción -¿definitiva o coyuntural?- y término de la llamada renta diferencial por sobre la tasa media de ganancia. Es la apertura de las puertas del infierno entre burguesías y potencias imperialistas por la renta absoluta. Empero para el sistema capitalista simultáneamente se despliegan en contradicción infinita la creación de condiciones para reimpulsar la productividad por efecto del abaratamiento de los precios de la energía al mismo tiempo que despiertan con fuerza cíclopea una nueva ola de fusiones y adquisiciones, lo que trae aparejado una fuerte tensión entre capitales cuya génesis es la ley del valor. Queda así coronada toda una época histórica, la agudización de la contradicción entre acumulación y centralización. Es en este contexto que los llamados “analistas” predicen una ola de fusiones y adquisiciones en las empresas petroleras, con compañías aferrándose a acuerdos de rescate y con una caída el valor de las acciones que puede generar gangas para los depredadores que tengan los bolsillos más grandes.1

En medio de esta tormenta capitalista defendiendo la trinchera de la productividad el capital alemán se esfuerza por retomar posiciones en América Latina. En este sentido, los alemanes hacen alegorías sobre las pequeñas y medianas empresas (pymes) superlativizando su importancia para América Latina, por lo que sus retos y su necesidad de internacionalización están en el punto de mira del empresariado alemán. De este modo, sostuvo el presidente de la Asociación Alemana Empresarial para América Latina, Bodo Liesenfeld, citado por el diario ‘El Comercio’ que, “El empresario latinoamericano está mucho más dispuesto a asumir riesgos que el alemán”. La afirmación fue secundada por el gerente general de esa entidad, Christoph Schmitt en las Jornadas Latinoamericanas realizadas en la ciudad alemana de Colonia al subrayar que “Los latinoamericanos son hoy en día líderes en muchos sectores como el agroindustrial, de fruta seca o productos alimenticios producidos bajo normas de biotecnología”. En la misma ocasión el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, constató que “las pymes latinoamericanas son más productivas, eficientes y competitivas, pero carecen de inversión suficiente y exportan solo uno o dos productos. Uno de los principales problemas es su acceso a la financiación.” 2 Son más de cuatro millones y constituyen el 90% de las unidades productivas pero aportan sólo el 13% del total de las exportaciones. “Uno de los principales problemas es su acceso a financiación”, describió Moreno cifrando su necesidad de capital en unos USD 125.000 millones. “Les falta el foco internacional y necesitan con urgencia know-how”, -prosiguió el presidente del BID- llamando a los alemanes a aportar la experiencia de su “Mittelstand”, sector de empresas medianas de la economía alemana. Moreno instó a una mayor cooperación con otros países y en particular con Alemania, la cuarta economía del mundo cuyas inversiones directas en América Latina constituyen sólo el siete por ciento del total. A la invitación respondió entusiasmado el presidente del Banco Europeo de Inversiones (BEI), el alemán Werner Hoyer subrayando “que es un buen momento para relanzar las relaciones con América Latina”, agregando que “Europa durante mucho tiempo no miró con atención lo que ocurre en América Latina”, y llamó a respaldar la internacionalización de las pymes a ambos lados del Atlántico proveyendo acceso a financiación.

En el caso de Chile, la burguesía entrega antecedentes macizos sobre la brutal crisis de productividad existente en el país. Los índices de productividad en Chile son 40% inferiores a los de economías desarrolladas, mostrando su mayor caída en los últimos 15 años3 . Minería y servicios son los sectores con menor productividad, mientras que las grandes empresas de los rubros agroindustria y retail o comercio minorista, exhiben los mejores resultados. La productividad chilena podría multiplicarse por 2,2, – resalta el influyente Diario El Mercurio – “si mejora la regulación y la calidad de la gerencia en el segmento de las micro y pequeñas y medianas empresas”, agregando que la OCDE propone crear una comisión de productividad, como lo han hecho Australia, México y Nueva Zelandia, para fomentar buenas políticas de innovación o proponer soluciones a cuellos de botella, tales como energía y logística. Plantea además que el país tiene mucha concentración en ciertos mercados, por lo que apunta a la importancia de una norma de fusiones termina afirmando el periódico. Los elementos fundamentales el apoyo público, el tamaño de la demanda, sea local o extranjera, y la construcción de relaciones de largo plazo que permitan invertir en innovación. El país no debiera tener complejos en impulsar políticas industriales, y señala como ejemplo la creación de una banca de desarrollo que impulse inversiones estratégicas o ciertas industrias apuntalando además incentivos tributarios adicionales a pymes o startups declama El Mercurio.

Es lo que nosotros venimos llamando la tensión dialéctica entre proceso de acumulación de capitales y proceso de centralización de capitales.

Basado en la ortodoxia neoclásica, Rodrigo Fuentes4 destaca que el aumento en el producto per cápita tiene una equivalencia uno a uno con el crecimiento en la productividad laboral. Cabe preguntarse entonces si el publicitado mayor PIB per cápita que ostenta Chile en América Latina con cerca de 24.000 dólares (PPA) es el límite al que pudo llegar el país basado en las actuales condiciones históricas de desarrollo del capitalismo local y mundial. ¿Se puede producir más teniendo como patrón de crecimiento la renta proveniente de la explotación de la minería del cobre y la agricultura?

Siguiendo a Harberger una empresa experimenta un aumento de productividad cuando es capaz de producir lo mismo con un menor uso de los factores productivos. Esto se logra con cambios tecnológicos producto de esfuerzo de innovación y/o adopción de nuevas tecnologías o a través de la eliminación de “ineficiencias en el proceso productivo”, reduciendo costos5 . En este sentido, cambios tecnológicos, políticas que reducen distorsiones y mejoran la eficiencia en la asignación de recursos pueden ser considerados como reducciones de costo y crecimiento en la productividad6 .

En el debate, la discusión se ha centrado en tratar de entender por qué la tasa de crecimiento de la productividad ha disminuido tanto. Sin embargo, también interesa entender si la remoción de las restricciones que han causado la caída de las tasas de crecimiento de la productividad permitiría que se retomaran las tasas de crecimiento histórica o mejor aún las tasas del periodo de los “años dorados”. El desafío, por tanto, es comprender las fuentes que sostienen el crecimiento de largo plazo de la economía.

¿Qué quiere decir nuestra Academia burguesa con este análisis auto crítico?, ¿que el patrón de desarrollo económico rentista sólo debe “eliminar” las “distorsiones” mediante reformas estructurales para recuperar la tasa de ganancia extraordinaria que proporciono la renta diferencial de los años noventa?

Tanto la Universidad Católica como la Universidad Adolfo Ibáñez subrayan que el cambio en la tasa de crecimiento de la productividad se debe fundamentalmente a un cambio en las tasas de crecimiento de productividad sectorial; el efecto reasignación es despreciable, en especial en el segundo periodo. La conclusión general es que el “freno” en el crecimiento de la productividad agregada proviene primordialmente de un “frenazo” en la tasa de crecimiento de los sectores.7 O, dicho de otra forma, las ganancias en productividad pueden trasladarse no necesariamente entre ramas de la misma economía sino entre los mayores productores y distribuidores de capital y mercancías.

Pareciese entonces que la Academia burguesa busca causas explicativas para los años dorados de su modelo basado en el ciclo de renta de la tierra diferencial generador de ganancias extraordinarias por sobre la media real del capitalismo local. En este sentido, ha sido documentado ya que en rigor los aumentos de productividad en la década de los noventa se originaron en la reducción de costos y no en aumentos de valor agregado8 . Pero, ¿qué ocurre si ya no pueden seguir disminuyendo costos? ¿Es posible seguir sosteniendo un patrón de desarrollo capitalista en el que la riqueza obtenida sea simplemente efecto de una renta diferencial ajena a la producción de valor por parte de la clase trabajadora – como supone la teoría neoclásica-? En definitiva, la crisis de productividad en Chile devela y desnuda la escalofriante debilidad teórica de la academia burguesa y su ortodoxia neoclásica.

Sin embargo, una son las explicaciones y otra distinta son las tendencias históricas objetivas. Desde el análisis marxista, cuando hablamos de crisis de productividad estamos planteando que para todo el mundo, se acabo el súper ciclo que permitió vivir de renta diferencial (en la definición marxista y ricardiana), es decir que por la venta de materias primas, se obtenían unas tasas de ganancia extraordinaria superior a la tasa de ganancia media o normal. Esto significa que las economías podían funcionar independiente de que la cantidad de valor real creado, de plusvalía constante y sonante -la tasa de ganancia media- fuese inferior a la tasa de ganancias extraordinarias. Lo anterior alimento el capital ficticio a niveles exorbitantes provocando una feroz agudización del conflicto entre los procesos de acumulación de capital y centralización de capital, hecho que a su vez desencadeno una verdadera guerra de divisas e incertidumbre monetaria. En segundo término, el fin del ciclo de renta diferencial, lanza como bestias hambrientas a los imperios en la conquista de áreas geográficas, espacios económicos, etc. en busca de la renta absoluta. Sin embargo, las dos situaciones anteriores ha implicado una crisis de productividad a nivel mundial. El punto es que el crecimiento de producción de la masa de medios de producción se ha estancado y ha ido disminuyendo. Cuando hoy habla de crisis de productividad mundial no solo se refiere a la diferencial entre ganancia extraordinaria y ganancia media, sino a un problema clave y estratégico: se está estancando la capacidad, la potencia para producir una enorme masa de medios de producción que se corresponda con la cantidad de plusvalía que anda dando vueltas y que reclama su estatus de capital valorizándose en el proceso de producción social en conjunto. El hecho de que digamos que el capitalismo no está produciendo la suficiente masa de medios de producción es gravísimo para el sistema, implica ni más ni menos una de las condiciones claves que Marx señalo como clave para la creación por parte del mismo sistema de las condiciones objetivas para el socialismo ya no solo a nivel local, como yo pensaba en un principio, sino también a nivel mundial. Es una especie de fatiga mundial -aún no tengo certeza de que esta crisis sea definitiva, cuasi definitiva o solo parcial -; lo anterior significa la agudización de la lucha de clases mundial – comprendiendo que el hecho que se agudice la lucha de clases no es directamente proporcional a la conciencia, organización y victoria del proletariado- dejando como una aparente salida el militarismo y la guerra expresada como guerras locales, regionales, de baja intensidad, hibridas, de cuarta generación etc. Empero, cuando la crisis de productividad expresa el agotamiento de alguna de las leyes históricas fundamentales al modo de producción capitalista, esta ya no brinda la posibilidad cierta de canalizar una salida segura. En este sentido, a nivel geopolítico, el diagnostico y la estrategia de Vladimir Putin es más lúcida pues, las guerras inspiradas en la destrucción de Estados y caos socio-político posterior -estrategia que la OTAN ha hecho suya bajo la directriz anglosajona- puede llevar a tal desestabilización global que, el mundo inmerso en la agudización de la lucha de clases y la crisis de productividad podría ser caldo de cultivo para la generación de condiciones subjetivas que apunten vectorialmente hacia una sola resultante: una revolución social anticapitalista de carácter mundial.

En Chile, el estancamiento de productividad fue expresado de una manera colosalmente clara por el trabajo de la Commission on Growth and Development del Banco Mundial. Esta muestra que el insuficiente crecimiento de la eficiencia de las empresas existentes, el nulo crecimiento de la participación de mercado de las empresas más productivas, y el bajo emprendimiento innovador explicarían por qué una vez obtenidas las ganancias del cambio estructural se habría estancado el crecimiento agregado de la PTF en el sector manufacturero; similares conclusiones se obtienen de los análisis de descomposición de crecimiento de Bergoing et .al9 y el Economic Survey de la OCDE 2010 que incluye todos los sectores de la economía. 10

En clave marxista la burguesía reconoce que los trabajadores generan la riqueza sin embargo, a su vez, asumen que para aumentarla hay que lidiar no sólo con el costos de la fuerza de trabajo, sino con la realización de la plusvalía, o sea aumentar la explotación, que a su vez contribuye a deprimir la tasa media de ganancia. Es una confesión ex profeso del verdadero secreto de la economía política capitalista explicitada por Marx.

Conforme a la investigación y cálculos de Fuentes y Morales11 (2009), en que analiza el impacto del salario mínimo se llega también a conclusiones similares. A juicio de estos economistas burgueses el indicador de flexibilidad microeconómica medido como la velocidad en que se restaura el equilibrio de salarios con el valor del producto marginal, es un manifestación de distorsiones en varios mercados. De modo que una empresa enfrentada a un shock tiene tres formas de enfrentar la contingencia, reducir la mano de obra y seguir operando en el mismo mercado, reorientar su actividad a sectores menos afectados por el shock y una combinación de ambos. La posibilidad de seguir estas estrategias se ven influidas por imperfecciones en el mercado laboral (rigideces), insuficientes competencias de empleabilidad que permitan reorientar a los trabajadores y restricciones de liquidez que impiden financiar bienes de capital o la inversión en intangibles para producir la reorientación. En consecuencia, la capacidad de la empresa de innovar en una crisis es lo que le permite tener mayor flexibilidad para enfrentarla. En la medida que el rápido crecimiento de la PTF en la década de oro se debió a un cambio estructural y no a un aumento de productividad de las empresas existentes o a un proceso de progreso tecnológico, y que los aumentos de productividad intrafirma estuvieron principalmente en sectores no transables o empresas de sectores transables que no crecieron es lógico entender que los beneficios de este cambio estructural generaron un salto en la productividad que no era sustentable en el largo plazo. De una muestra de 4.000 empresas, el gasto en innovación como porcentaje del PIB habría caído de 1,6% en 2003- 2004 a un 1,2% el 2005-2006, mientras que el porcentaje de empresas que innova se habría reducido de un 38% a un 33% del total de compañías con más de 10 trabajadores. En tanto, la inversión en I+D, más vinculada a grandes empresas, habría caído del 0,3% del PIB en 2003-2004 al 0,25% del PIB en 2005-200612 .

Según cifras de la OCDE, en promedio, el Producto Interno Bruto (PIB) generado por cada trabajador en una hora ascendió en 2010 a US$42,6. En 2010, el PIB producido por un trabajador estadounidense por cada hora fue de US$59,5. En Noruega, US$75,4. En Chile, la cifra llegó apenas a US$19,213. La minería, intensiva en consumo energético, registra la mayor caída en esta medición en los últimos cinco años. La industria financiera, por el contrario, registra un fuerte aumento. Entre enero y septiembre de 2007, cada trabajador de la minería produjo $11 millones. El año 2011, sólo $4,5 millones, una caída de 61%. Pero en la industria financiera, si cada trabajador generó a$567 mil en los tres primeros trimestres de 2007, la cifra saltó a $26 millones este año. Pero, un par de años después, las alarmas sonaban con mayor fuerza aún cuando, BHP Billiton expone preocupación por costos de producción y caída de la productividad en Chile. 14 Al respecto el presidente de BHP Billiton Cobre, Peter Beaven, se manifestó preocupado ante el alza en los costos de la producción de las operaciones mineras en Chile, los cuales entre 2007 y 2012, en promedio, aumentaron en un 46%, mientras que la productividad en el sector registró una caída aproximada del 30% entre 2004 hasta la fecha. “Chile vive un punto de inflexión, un momento único para su desarrollo y ello coincide con un momento decisivo para la industria minera, que ha sido históricamente su columna principal y actualmente enfrenta situaciones complejas en los yacimientos”, explicó. Dicho de otro modo, cada peso invertido en Chile desde 2004, solo ha permitido que la producción de cobre no baje y se haya mantenido constante en 5 millones de toneladas anuales”. Se deriva entonces que el agua y la energía pesa alrededor un 30% en la caída de productividad, o dicho al revés, requieren aumentar en un 30% la producción de agua y energía, o dicho de otra manera, necesitan convertir en renta al menos un 30% de los recursos naturales habidos en el país.

 

 

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CARLOS MARX

APÉNDICE

CARTAS SOBRE EL TOMO I DE “EL CAPITAL”

Engels a Marx

22 de octubre 1867

Párrafo 01 xxxx:

     […] Haré con mucho gusto el artículo para la Fornightly Review. Pero dime de cuanto espacio puedo, aproximadamente, disponer. Seguramente preferirás que la cosa se haga en forma de resumen, destacando concisamente los puntos principales de la obra: orígenes del capital; plusvalía; jornada de trabajo; revisión de las leyes ricardianas, etc., etc.; desde luego, yo no puedo criticar la obra. También me gustaría saber la fecha aproximada en que tiene que estar allí el artículo. Para el núm. De 1 de Noviembre es ya muy tarde: tendrá que ser, pues, para el núm. 1 de Diciembre.

– Página – 692-693 —   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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1 comentario

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Una respuesta a “Análisis marxista sobre la crisis de productividad en Chile y el mundo

  1. Pablo Martell

    Todo tu analisis se le cae la estanteria cuando analizamos pequeñas economias como las de Taiwan, Honk Kong o China, que en su momento hicieron cambios estructurales para permitir que la economia trabajase bajo libertad y competencia. Muy por el contrario, el pais mas rico de sudamerica introdujo cambios para centralizar su economia, expropio gran parte de los medios de produccion y hoy en dia no tienen que elegir, o compran alimentos o pagan la deuda, pero no pueden hacer las dos. Estan jodidos porque el sistema marxista no trabala. Es cosa de mirar Cuba, van 56 años de parias o de sovieticos o de venezuela, porque la promesa de la revolucion comunista de construir un estado benefactor no se pudo financiar, basicamente porque el sistema marxista es una mentira. Justamente de ese hecho vino el desplome de la ex union sovietica, por lo que soñar con implantar ese ideario en nuestros paices o es de una gran cegera intelectual o raya en la locura.

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