11 de septiembre de 1973: la historia jamás contada del bombardeo de la FACH a La Moneda


Por Mario López M.

Damos a conocer las identidades que la FACH se niega a entregar. Acción aérea partió desde Concepción. Antecedentes involucran como uno de los participantes al general Fernando Rojas Vender, quien posteriormente fue comandante en jefe de la Fuerza Aérea.

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A pesar de la porfía de la Fuerza Aérea de Chile para no dar a conocer los nombres de los pilotos que bombardearon La Moneda el 11 de septiembre de 1973, se sabe que el oficial Líder de la operación fue el coronel Mario López Tobar (nombre de combate “Libra”), comandante del Grupo 7 y piloto del Avión 1. De hecho, años más tarde orgullosamente escribió un libro sobre la jornada, aunque sin dar nombres: “En la mira de un Hawker Hunter”, se llamó.

Sin embargo, entrevistas oficiales, suboficiales, técnicos y armeros de Carriel Sur, en Concepción, han dado luces sobre las identidades de los otros cuatro pilotos. Varios de ellos participaron en la preparación de los aviones y en la carga de los proyectiles; son los que despidieron a los bombarderos a su salida hacia Santiago. Porque hasta esa ciudad habían sido trasladados los aviones por órdenes del Comandante en Jefe de la FACH, quien temía que en caso de un golpe de estado la base del aeropuerto santiaguino fuera atacada por trabajadores del Cordón Cerrillos.

Todas las aeronaves que participaron en la operación, que fue cuidadosamente planificada con gran antelación, pertenecían al Grupo 7, de Cerrillos, (reforzados por 4 pilotos del Grupo 9).

Bombas sobre La Moneda

Tras López Tobar, quien salió alrededor de las 7:15 de la mañana, cerca de las 11 emprendieron vuelo otros cuatro cazabombarderos. Su misión: atacar las  antenas de las radios Corporación, Del Pacífico, Magallanes, Portales y  Luis Emilio Recabarren, afines a Allende. También debían bombardear la residencia de Tomás Moro y el Palacio de La Moneda.

Las palabras de Allende antes de perder la transmisión radial son elocuentes: “En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que acá estamos, por lo menos con nuestro ejemplo para señalar que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen”.

La casa del Presidente, en Las Condes, fue atacada por los Hawker Hunter piloteados por el capitán Eitel Von Mühlenbrock y por el teniente Gustavo Leigh Yates, hijo del comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar. Gustavo Leigh hijo equivocó el blanco y bombardeó el Hospital de la FACH. Hasta su muerte se burlaron de su mala puntería.

Cohetes y metralla

Los otros dos aviones se dirigieron hacia la zona de la Estación Mapocho y desde allí dispararon contra La Moneda sus cohetes antiblindajes Sura P-3, en cuatro pasadas. El primer disparo lo hizo el teniente de 24 años Ernesto Amador González Yarra (“Pekín”), quien falleció en 1995. Su primer disparo perforó la puerta principal de La Moneda con precisión.

El otro bombardero iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH entre 1995 y 1999. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. Demoraron quince minutos.

La Moneda no solo fue atacada con cohetes sino que además repasada con metralla de 30mm, han indicado quienes conocieron los antecedentes de la operación, que desde tierra habría sido coordinada y dirigida por un operador terrestre, el comandante Enrique Fernández Cortez (alias “Gato”).

No hubo muertes

También se menciona como participante del ataque a Enrique Montealegre Julliá, aunque no se ha especificado qué labor habría cumplido.

Los perjuicios fueron más estructurales y materiales que de costo humano, sin embargo el efecto entre quienes estaban defendiendo la casa de Gobierno fue tremendo e incitó la rendición ordenada por Allende.

“El día 11 de septiembre de 1973, a las 11:50 horas, se produjo un ataque aéreo y terrestre contra el Palacio de La Moneda, a cargo del Grupo N° 7 de la Fuerza Aérea de Chile, acción que provoca el incendio inmediato del recinto y la destrucción parcial de las instalaciones del segundo piso. El Presidente Salvador Allende, quien portaba para su defensa un casco y una metralleta, sube al segundo piso de La Moneda con todos los que lo acompañaban y atendida la situación de peligro que se vivía y con la finalidad de evitar la pérdida innecesaria de vidas, les ordena su rendición y la salida inmediata del Palacio”, señala la sentencia que da cuenta de la muerte de Allende.

El secreto mejor guardado

Sobre los nombres de quienes participaron en el bombardeo, sus grados, cuántos fueron y todas las circunstancias que rodearon ese fatídico episodio, todos quienes tenían mando en la época y quienes les han sucedido han guardado estricto silencio. Solo algunos optaron por romper el pacto impuesto a quienes prepararon aviones o participaron de algún modo. Incluso muchos de ellos lo hicieron sin saber hasta el último instante; eran ingenieros y técnicos que prepararon los aviones, ignorando la misión.

En diversas causas judiciales se ha solicitado tener acceso a esa información, sin que ninguno de los altos mandos que han sido interrogados pudiera recuperar la memoria, perdida justamente acerca de esos nombres y antecedentes.

También se han exigido por vía administrativa, mediante el Consejo para la Transparencia, sin lograr el objetivo hasta ahora. Luego que el abogado Cristián Cruz reiterara en marzo del presente año ante el Consejo para la Transparencia la entrega de los nombres por parte de la FACH de quienes fueron parte de la bandada de aviones que atacó el palacio presidencial, desde la institución se entregaron antecedentes que no dieron luces de lo solicitado.

La orden del Consejo fue clara: “entregar al señor Cristián Cruz la identidad de los pilotos que el 11 de septiembre de 1973 bombardearon La Moneda. También los registros de vuelos, estadías, pilotos y copilotos asignados entre los días 10 y 14 de septiembre de 1973, de todos los aviones Hawker Hunter que estuvieron operativos o en condiciones de operar en todo o parte del territorio nacional.  Además, el plan operativo de la Fach el 11 de septiembre de 1973, y el plan operativo de los aviones Hawker Hunter el mismo día”.

“Una burla”

Para el profesional, si bien “Transparencia obligó a la FACH que entregase los antecedentes, lo que hizo la Fuerza Aérea fue entregar una serie de documentación, más de cien páginas, que en definitiva no responden de manera directa, sino que además niegan que dichos antecedentes obren en su poder”,  señala Cruz a Cambio21. De hecho, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, Jorge Robles, desconoció la existencia de esos antecedentes.

No era la primera vez que se ordenaba entregar los nombres y demás antecedentes del bombardeo. El 2 de octubre de 2015 ya la institución había evacuado otro oficio señalando que declinaba entregar la información, pues “su entrega podría ir en desmedro de la investigación y persecución de un crimen o simple delito, por tratarse de antecedentes que fueron remitidos en tres causas judiciales a los respectivos ministros en visita”.

La autoridad máxima de la institución afirmó tras negar que se tuvieran los antecedentes requeridos, que ya “se entregó toda la información disponible, por lo que la institución merece avanzar y no quedarse en el pasado”.

Sin embargo, el Consejo de la Transparencia nuevamente va a oficiar al comandante en jefe de la FACH para que entregue los nombres de los pilotos y las bitácoras de los Hawker Hunter el 11 de septiembre, tras recibir una petición de nuestro medio de comunicación y de abogados de Derechos Humanos.

Los nombres: un “secreto a voces”

Para Cruz, no existe razón a la negativa, pues “en esencia esa es información que califica perfectamente bajo los estándares de información pública. Se trata de la negativa más bien de una decisión política o una estrategia judicial de defender a quiénes a través de sus instituciones pudieron cometer actos ilícitos. Con estas actuaciones no aportan nada a la transparencia y menos a aclarar lo que pasó en casos de derechos humanos”.

Desde la UDI  y Renovación Nacional se habían acoplado a la idea de negar la entrega de nombres. Es más, el secretario de RN Mario Desbordes con ocasión de un reconocimiento a obreros escoceses que en 1974 se negaron a reparar los aviones de la Fach, llegó a afirmar que el bombardeo de La Moneda en 1973 fue un “acto necesario para salvar lo que quedaba de Chile. A los pilotos habría que condecorarlos”, señaló en redes sociales.

Sin embargo, lo cierto es que no para todos fue motivo de celebración ni entusiasmo. Ni siquiera en la propia FACH. Relatos de testigos dicen que al regresar de la misión uno de los pilotos que descendió de la cabina de su Hawker Hunter en la pista de Carriel Sur, fue recibido por un grupo de suboficiales que en lugar de felicitarlo lo miraron en silencio. El piloto se acercó, bajó la vista y les dijo: Lo siento… No fue mi culpa… no fue mi culpa… Perdonen…

Pacto de silencio

La respuesta de la FACH que niega tener en su poder los antecedentes la bitácora, registros de vuelos, estadías, nombres de pilotos y copilotos y que estuvieron a cargo de los aviones Hawker Hunter que atacaron La Moneda, sella el pacto de silencio en la institución y corona la impunidad de quienes participaron del hecho que se investiga como delito por los tribunales.

Los pocos nombres que se conocen como un secreto a voces se obtuvieron producto de una investigación del periodista Eduardo Labarca, de hace ya casi cuatro décadas. También constan en el expediente, pero la FACH ni lo ha desmentido ni lo ha confirmado.

“Seguiremos insistiendo hasta que se conozca la verdad”, señaló a nuestro medio el abogado Cristián Cruz. “Los antecedentes se encuentran en los expedientes judiciales ya archivados y que cualquiera puede consultar”, señala el profesional, para quien el negar la información pretende cerrar un capítulo de nuestra historia sin que se conozca la verdad, lo que es delicado, pues se trata de uno de los atentados más graves que recuerde la historia de América, el ataque vía aérea a la casa de gobierno.

Héroes del silencio

Luego de conocerse mundialmente el ataque aéreo a La Moneda y la caída del gobierno de Allende, un año más tarde un grupo de obreros escoceses dio un testimonio que solo ha sido reconocido hace muy poco tiempo. En 1974 el gobierno de Pinochet envió a Escocia los aviones Hawker Hunter que habían participado en el ataque para su reparación. Trabajadores de la fábrica de Rolls Royce, donde se encontraban las naves, se negaron a repararlos. Tres obreros dieron inicio a la protesta que luego se transformó en boicot para no realizar la mantención a los motores de aviones que bombardearon del palacio de Gobierno en el golpe de 1973.

Recién en 2014 esta historia ocurrida en la localidad de East Kilbride se hizo conocida en Chile. Un cortometraje documental -“Nae pasaran”- del realizador chileno-belga Felipe Bustos, exhibido ese año en el festival de documentales FIDOCS, lo sacó a la luz y, para muchos, elevó a estos obreros a la calidad de héroes. El embajador de Chile en el Reino Unido, Rolando Drago, los condecoró con la Medalla Bernardo O´Higgins.

Los aviones nunca fueron reparados allí y se mantuvieron como testimonio de la protesta en los hangares de la fábrica, hasta que en 1978 los motores “desaparecieron”. Nunca imaginaron los trabajadores que más de cuarenta año después su acción sería reconocida y premiada. Bob Fulton, Robert Somerville y John Kennan ayudaron con su resistencia ética a tomar conciencia de la situación por la que pasaba Chile tras el golpe.

 

001-a-2-huenanteCRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

APÉNDICE

CARTAS SOBRE EL TOMO I DE “EL CAPITAL”

Engels a Marx

30 noviembre 1867

Párrafo 01:

      […] Con este hombrecillo, yo me mostraría un poquito retraído. Así morderá mejor, y ya sabrás cuán poco hay que fiarse de él, a menos de tenerle sujeto del todo. A mi juicio, podrías autorizarle desde luego a publicar algunos extractos en el Courier Francais, con objeto deber cómo se propone tratar el asunto. Naturalmente, los firmará, con lo cual le dejamos ya, en cierto modo, calificado como pecador arrepentido. Después de esto, podrías tratar ya de la traducción de todo el libro, como él propone, reservándote tú la revisión; tratar de las condiciones cuando haya editor […]

– Página – 695 —   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias :

https://unidadmpt.wordpress.com/2012/05/08/transcribiremos-a-la-letra-el-capital-de-carlos-marx-tomo-uno/

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