“PELANTARU…” DESPOBLACION DE LA IMPERIAL


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El gobernador Quillones sabía que el coronel  Del Campo iría en auxilio de Osorno y de Villarrica pero desesperaba por acudir en socorro de La Imperial y de Angol. Sus preparativos, sin embargo se vieron postergados por la presencia de corsarios holandeses en las costas chilenas.

Además, mientras se preocupaba de reunir tropas para su expedición, descubrió una conjura en su contra. Los crueles castigos que impuso a los indios de Chillán y Yumbel, llevaron a éstos a tratar de envenenarle. Don Francisco de Quiñones, ya bastante anciano, solía exagerar sus actos de represión. Cuando descubrió la trama, en represalia sacó a varios caciques de Yumbel a quienes tenía prisioneros en su casa, les colocó sobre una pira de madera y les quemó vivos. A juzgar por su carta al Rey, fechada el 18 de febrero de 1600, el gobernador comprendió que el castigo había sido excesivo. No obstante, en ella se justifica asegurando que, luego de haber frustrado el intento en su contra, suplicó a los caciques que recibieran el bautismo, y ante su negativa, informa: “hice una hoguera y los quemé vivos”.

Quiñones había recibido varios refuerzos del Perú, pero también vio mermar sus tropas, tanto por muertes como por deserciones de soldados que se pasaban al bando de los naturales.

En tal estado de cosas, agobiado por la edad y el temor de estar siendo envenenado lentamente por las indias que servían en su casa, se debatía entre angustiosas dudas que aumentaron con el arribo del fraile Domingo de Villegas, portador de una misiva del coronel Del Campo, quien solicitaba con urgencia cien hombres más que deberían ser enviados al puerto de San Pedro.

No queriendo echarse encima la responsabilidad de negarle el socorro, recurrió a un ardid muy poco digno de su merecimiento. Citó a su presencia, en forma separada, a los diferentes maestres y pilotos de los barcos fondeados en la rada, y les preguntó si accedían a llevar la ayuda pedida por Del Campo. De ante mano sabía la acogida que tendría tal petición. Los marinos se negaron, aduciendo que no conocían tal puerto, que creían ·estaba junto a Chiloe y que perderían si a él fuesen” y agregaron que “son tan grandes los nortes que cuando acá pase algún navío fuera a dar al Estrecho”.

A fin de evitarse futuras acusaciones, Quiñones les hizo firmar su negativa bajo la santidad del juramento. Pero como los cargos de conciencia que pesaban en su alma eran enormes, mandó catorce arcabuceros en el barco de Diego de Lalla para que fuesen a Valdivia, “y procuren tomar lengua allí del coronel”.

Entretanto, tuvo la suerte de recibir el refuerzo que meses antes le habían prometido del Virrey. El 14 de febrero llegó  a Concepción don Gabriel de Castilla con doscientos soldados además de los tripulantes y no pudiendo  postergar más el auxilio a las plazas de Angol y La Imperial, partió hacia el sur con cuatrocientos hombres.

Luego de sostener una escamaruza con algunas bandas de indios rebeldes de Yumbel, a quienes desbarató con facilidad, llegó hasta Angol donde dejó el refuerzo de tropas y víveres que traía, sacó de la plaza algunos oficiales conocedores de la zona, y continuo viajes a la Imperial.

El gobernador sabía perfectamente que debía dejar deshabilitada la ciudad. Sólo 1quedaba un trozo del fuerte carcomido por las ratas, y de las casas permanecían en pie únicamente la del obispo Cisneros, donde se habían refugiado los sobrevivientes del ataque de Anganamón. Comprendía también que no disponía de soldados ni alimentos para dejar en la plaza, pero temeroso de ser criticado por sus sucesores, tal como él lo había hecho con sus antecesores, inició una larga comedia antes de tomar una decisión.

Finalmente, después de publicar bandos, invocar la resolución del cabildo imperialeño, y de numerosas peticiones de sus moradores para que ordenara abandonar el lugar, levantó el 4 de abril el acta de su despueble, y al día siguiente se inició la larga caravana de regreso al norte, poniendo fin al sufrimiento de esa pobre gente.

Durante el camino se planteó nuevamente la interrogante de si socorrer a Villarrica, distrayendo algunas de sus tropas, o regresar todos juntos. La proximidad del invierno y el peligro que significaba separar sus fuerzas en pleno territorio rebelado, postergó una vez más la ayuda a Villarrica.

Nueve días después. Llegó nuevamente a Angol, y pese a saber que tenía que desmantelar el lugar, repitió la escena presentada en La Imperial. Hizo levantar un censo de los alimentos, reunió a los vecinos más principales, solicitó una determinación de su cabildo por escrito, y por último, el 18 de abril, ordenó la despoblación e  inició el inmediato  regreso a Concepción.

 

logo-15CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

APÉNDICE

CARTAS SOBRE EL TOMO I DE “EL CAPITAL”

Marx a Kugelmann

Londres 11 julio 1868

Párrafo 05:

El economista vulgar no tiene ni la más remota idea de que las relaciones diarias y reales del cambio y las magnitudes de valor no pueden ser directamente idénticas. La gracia de la sociedad burguesa consiste precisamente en eso, en que a priori no existe en ella una regulación consciente, social, de la producción. Lo racional y lo naturalmente necesario sólo se imponen en ella como un ciego promedio. ¡Y el economista vulgar cree hacer un gran descubrimiento cuando, frente al desenmascaramiento de la unidad interna, se obstina en sostener que las cosas, en su modo de manifestarse, presentan otro aspecto! En realidad, a lo que se aferra es a la apariencia de las cosas, aceptándola como algo inapelable. Pero entonces, ¿para qué la ciencia?

– Página – 706 —   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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