“PELANTARU…” LA CAMPAÑA DE GARCIA RAMON EN EL VERANO DE 1606


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García Ramón partió de Santiago el 6 de diciembre a la cabeza de mil doscientos hombres y, distribuidos en los fuertes le esperaban otros mil. Llegando a Concepción, hizo que todas sus fuerzas se concentraran en la ciudadela de Nuestra señora de Halle, mientras trazaba las líneas generales de su plan de campaña. Reforzó los fuertes de Nacimientos y Santa fe, y encargó al capitán Álvaro Núñez de Pineda que en cuanto llegaran los refuerzos mejicanos repoblara el fuerte de Angol.

Todos  los militares que se hallaban en Chile comprendían que lo único cuerdo era continuar con la estrategia desplegada por Alonso de Ribera, cuyos buenos resultados estaban a la vista, en vez de aventurarse con nuevos sistemas o regresiones a las tácticas antiguas. Pero en la corte de España, las cosas se miraban de manera diferente. Allá conocían la guerra sólo de oídas, y los consejeros del Rey se convertían en generales de escritorio.

Felipe III, al asignar la remoción de Ribera, afirmó también la renuncia de España a la conquista de Arauco. García Ramón no quería, por amor propio, continuar con el plan de Ribera, pues  si la corona le había cambiado, era porque no estaba de acuerdo con su modo de hacer la guerra. Y si le habían nombrado a él, porque era un militar experimentado en las luchas de Arauco, debía tener sus propias ideas. Lo malo era que no las tenía. No puede negársele que era un jefe astuto, intrépido y activo, pero no poseía la concepción político-estratégica de Ribera, ni era capaz de trazar un plan de vuelo. Después de muchas vacilaciones, tomó su decisión. Dividió en dos las fuerzas que traía, sin remover las guarniciones de los fuertes para tener las espaldas bien guardadas, y organizo un ejército de quinientos hombres que, al mando de Pedro Cortés y González de Nájera, debía recorrer la zona comprendida entre la cordillera de Nahuelbuta y el mar, arrasando cuanto encontraran a su paso, y aniquilar a sangre y fuego a los indios de Tucapel y Arauco, pasando la región por un cedazo para lograr su absoluta pacificación.

Después de esta operación, debían juntarse en Purén, con la otra columna que, comandaba  directamente por él y por Diego Bravo de Saravia, haría lo mismo por el valle central. Acompañaban al nuevo gobernador, el padre Valdivia y algunos religiosos que pensaban poner en práctica su nueva doctrina, y doña Marcela Lezcano, una española que había escapado del cautiverio de los indios, y se ofrecía para conducir a los soldados a los ocultos lugares donde tenían a las otras prisioneras. Lo malo es que la dama opinaba sobre el modo de hacer la guerra y, vacilante como estaba García Ramón, oía demasiados pareceres.

Los oficiales de más prestigio protestaron a menudo por los errores que cometían, y consiguieron evitar en parte los de más envergadura, pero la campaña de García Ramón estuvo plagada de equivocaciones que beneficiaron enormemente la causa de los araucanos.

El resultado de la operación fue el que habían predicho  Ribera, Sotomayor y los demás militares de capacidad. Ambas columnas se reunieron en Purén el 3 de febrero, adonde llegaron con tres días de diferencia sin haber conseguido absolutamente nada. El que más éxito tuvo fue el gobernador, que cazó a “tres indios valentones que atalayaban nuestro campo”. Todo el enorme dispendio de fuerzas y recursos en una expedición inútil. No se comprende cómo Gracia Ramón, que tenía una larga experiencia en la guerra con los araucanos, no fue capaz de prevenir este resultado. De sobra conocía a los indios, y sabía que su gran inteligencia militar les llevaba a esquivar los ejércitos poderosos, a la espera de que dividiesen sus fuerzas para atacarlos por separado. Los mapuches advertían y aceptaban la superioridad de las armas españolas, pero no por eso renunciaban a hacerles la guerra. Usaban su astucia ante un enemigo superior y aplicaban la táctica del torero. Cuando el toro ataca embravecido y lleno de energías, el diestro le comienza a agotar con lentitud, dejándole pasar repetidamente hasta que el animal se agobia: y cuando ya le tiene cansado, se prepara para darle el golpe mortal. Es la lucha de la mente humana contra la fuerza bruta.

Cuando los jefes indios supieron del poderoso ejército que venía a incursionar en sus tierras, le cedieron el camino con rapidez. Su forma de vida y organización les permitía trasladarse con celeridad a los más recónditos parajes, y estaban prestos para caer sobre el enemigo en cuanto advertían que podían vencerle.

Con las dos columnas reunidas en Purén, García Ramón pensó que debía barrer con las famosas ciénagas vecinas al lugar, que era el antro donde se escondían los araucanos, y en especial sus cabecillas, los purenses. Con gran cuidado, se estudiaron en detalle todos los aspectos del ataque. Se elaboraron detenidamente los planes de guerra, se prepararon balsas, se hicieron puentes de fajina y rellenaron ciertos pasos para las tropas. Todo se previno hasta en los más mínimos detalles.

García Ramón dio la voz de ataque y los purenses hicieron sentir su presencia, pero no se dejaron ver para obligarles a meterse en los pantanos. Cuando les tuvieron dentro aparecieron sobre una loma detrás de las ciénagas, riéndose a carcajadas de sus enemigos que chapoteaban con el agua hasta la cintura. No les atacaron, se contentaron con burlarse y tocar sus trutrucas en son de fiesta. Cuando algunos soldados, llenos de ira y vergüenza por la desairada situación en que estaban, alcanzaron el otro lado y repecharon la loma furiosos en su persecución, los indios desaparecieron misteriosamente por entre la maleza, salvo tres o cuatro que se enzarzaron en brava pelea con los españoles y rindieron sus vidas.

Después de muchas horas de perseguir a los mapuches por esos andurriales, con estrepitoso fracaso, García Ramón llamó a retirada a los mil soldados que habían dedicado al empeño. Después, ambas columnas se separaron: la de Pedro Cortés partió a fundar el fuerte Ilicura, y la de García Ramón, al lugar donde antes había existido La Imperial.

 

007-aa-logo-ceciliaCRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LOS ARTICULOS DE ENGELSs

I

(Publicado en “Die Zukunft”, Berlín, 30 octubre 1867; núm. 254, suplemento)1

Párrafo 01:

Es un hecho entristecedor para cualquier alemán lo poco que nuestro pueblo, el pueblo de los pensadores, ha producido hasta hoy en el campo de la economía política: nuestros prestigios en esta ciencia son, en el mejor de los casos, simples compiladores como Rau y Roscher. Los que aportan algo original profesan el proteccionismo, como Liszt (de quien, por lo demás, se dice que ha plagiado a un francés), o el socialismo, como ocurre con Rodbertus y Marx. Tal parece como si nuestra economía política ortodoxa se empeñase en empujar hacia el campo socialista a cuantos toman en serio la ciencia económica. Ya hemos visto cómo toda la economía oficial se atrevió a negar frente a un Lassalle la vieja y conocida ley de la determinación del salario, dejando a Lassalle la tarea de defender a hombres como Ricardo contra ataques de los Schulze-Deliztsch y otros. Desgraciadamente, nadie podría negar que estos autores no pueden siquiera enfrentarse en el plano científico con un Lassalle y que—por mucho respeto que sus apariciones prácticas puedan merecernos—no aciertan a desembarazarse del reproche de que toda su ciencia se reduce a diluir las armonías de un Bastiat, con las que se esfuman todas las contradicciones y dificultades. Se eleva a los altares a Bastiat y se reniega de Ricardo: ¡he ahí la economía alemana oficial de nuestros días! Pero no debemos sorprendernos demasiado de que así sea. Por desdicha, en Alemania la economía es una materia que a nadie interesa como ciencia; los que estudian economía, lo hacen para ganarse la vida, como materia de examen para ingresar en la administración pública o para pertrecharse con las armas más superficiales que pueda imaginarse con vistas a ala agitación política. ¿Dónde está la raíz de este mal? ¿En la desintegración de Alemania, como estado? ¿En el carácter, tan rudimentario todavía, desgraciadamente, de nuestra industria? ¿O en nuestra tradicional mediatización por el extranjero, en el campo de los estudios económicos? 

1: Engels escribió a Marx que este artículo apareció, al publicarse, “abreviado y mutilado” Pero sólo se trataba de dos modificaciones muy leves (Ed.)

– Página –733 —   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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