“PELANTARU…” VICTORIA FINAL DE LOS PURENENSES


toqui-pelantaru

El gobernador no sabía lo acontecido a Álvaro Núñez ni su fracasado intento de repoblar Angol, por lo que daba aquella misión por cumplida. Pero, cuando regresó a Concepción desde Boroa, y se impuso de los hechos, quiso incursionar en territorio enemigo y estableció su campamento en un lugar llamado Coypu.

Los purenses habían estado acumulando odio. Siendo su principal actividad la de agitar constantemente y apoyar a los comarcanos de cada región, en su lucha había soportado la irrupción en sus reservados dominios, la tala de sus campos, el robo de sus ganados y la profanación de la escondida isla de Paillamacu, donde les quitaron cerca de trescientos caballos. Resuelto a acabar para siempre con la osadía de los conquistadores, Pelantaru reunió una junta de mil ochocientos purenses y preparó la trampa definitiva.

Al llegar a Coypu, los corredores que el gobernador envió delante de sus tropas, dieron caza a dos indios de Purén y les sometieron a continuado tormento para sonsacarles la actividad de sus coterráneos. Les aplicaron suplicio, pero los prisioneros no soltaron palabra, dando prueba, una vez más, de la asombrosa capacidad de resistir el dolor que poseían.

Cierta mañana, sobre una loma vecina al campamento del gobernador, se recortaron contra el cielo  las figuras de cien guerreros de a caballo. Lucían tan gallardos y sus armas de acero y celadas se veían tan lustrosas y relumbrantes que, en el campo español, creyeron que eran refuerzos que venían en su ayuda. Pero algunos batidores que se acercaron pudieron distinguir que eran los famosos conas purenses y corrieron veloces a las tiendas gritando alarma.

A las voces salió el maestre de campo y, mientras el resto de los capitanes organizaban a la soldadesca, montó a caballo seguido por Juan Navarrete y el conocido Diego Gonzales Montero para hacer frente a los indios, a quienes comenzaron a perseguir con decisión.

El gobernador, con más experiencia en las tretas de sus enemigos, sospechó una trampa y contuvo a los otros capitanes que querían salir en seguimiento del maestre, pero uno de ellos le dijo lleno de excitación:

–¡No detengáis a los hombres general! ¡La ocasión de coger a aquellos desvergonzados es tan buena que habemos de agarrarla por los cabellos!

García Ramón se dejó convencer y permitió que salieran varios de sus oficiales con un numeroso grupo de soldados.

Los indios que se habían mostrado en la cresta de la loma, simularon huir ladera abajo perseguidos de cerca por los primeros que salieron a atacarles y, lentamente, fueron conduciéndoles, sin que lo advirtieran, hacia el centro mismo dl ejército araucano que, formando una media luna, se había escondido maravillosamente sin que nada acusara su presencia.

Cuando Juan Sánchez y el mozo González dieron con ellos, fueron cercados por cientos de piqueros, con suma rapidez. Sánchez recibió un lanzazo que le derribó del caballo. En cuanto tocó tierra le cortaron el cuello y le sacaron el corazón, repartiéndose los pedazos.

El hercúleo Diego González se vio solo y rodeado por una muchedumbre dispuesta a rematarle. No pudiendo usar su lanza en tan apretada lucha, la cogió con su mano izquierda, junto a las riendas y, desenvainando su ancha espada, comenzó a repartir tajos sobre picas y enemigos al tiempo que retrocedía lentamente para reunirse con los suyos.

Estaba por conseguir su propósito´, repechando un faldeo, cuando oyó voces de socorro. Era el capitán Miguel de Silva, a quien le habían matado el caballo y estaban por caer cautivo. Don Diego divisó al maestre de campo y le llamó para auxiliar a su compañero. Juntos clavaron espuelas con gran energía y se lanzaron con temerario arrojo sobre el mar de cabezas les rodeaban, muchas de las cueles se abatieron bajo los cascos ferrados de sus bestias o bajo los golpes de sus toledanas.

El toqui Relmuante que comandaba ese grupo de atacantes, comprendió que si no detenía a estos energúmenos, perecerían muchos de sus guerreros. Abriéndose paso hasta do Diego, le arrojó la pica con fuerza increíble, pero el mozo español hizo volver la yegua sobre sí misma y, desviando el venablo, le disparó de rejón su lanza con tanto ímpetu, que el clavo la pierna contra la silla de su caballo.

Al ver a su jefe herido, los puerenses se apretaron junto al joven, disputándose para matarlo, pero éste volvió a usar la tizona con movimientos tan veloces y potentes que pronto hizo un claro lleno de muertos a su alrededor, hasta que consiguió acercarse a Miguel de Silva y rescatarle.

En otro lado de la brega, el capitán Tomas Machin fue ultimado por un grupo de piqueros. Tanto era el odio que le tenían por el maltrato que daba a los prisioneros que le cortaron en tajadas y pusieron su cabeza sobre una lanza. Cuentan las crónicas que cada vez que Machín aprehendía a un enemigo, le hacía arrodillarse y le decía:

–“¡Mirad el cielo y veréis que el sol está enfermo!”  Y cuando el infeliz levantaba los ojos, le rebanaba el cuello con un grueso alfanje que tenía.

Al gobernador le llegaron noticias terribles. Todos daban por muertos a Sánchez, a Machín, a Alva y a Diego González. Sumido en enorme pena por haber perdido a tan valientes capitanes, salió con varios reformados a apoyar a los combatientes, pero a medio camino se topó con Diego González que volvía con algunos soldados y con Miguel de Silva.

La alegría del gobernador fue indescriptible y se maravilló al oír las proezas que la tropa contaba de don Diego. Después de darle los parabienes por sus hazañas, le preguntó:

–¿Cómo perecieron los demás capitanes? ¡Respondedme vos, que habéis estado desde el comienzo hasta el final!

–Quien pelea no mira lo que pasa, y quien mira lo que pasa no pelea, y yo no pude atender a más de lo que a mí me pasó, que me dieron harto en qué entender—contestó el mozo con agudeza.

Entre mohíno y confuso, el gobernador celebró mucho la respuesta del muchacho y continuo con su gente a apoyar a los que aún luchaban. En cuanto los purenses les vieron llegar a su campo, cerraron sobre ellos las alas de la media luna y les atacaron con tan espesa lluvia de flechería, que muchas traspasaron las lechuguillas del cuero de sus adargas. Los soldados sólo atinaron a protegerse tras las rodelas y los arcabuceros intentaron disparar, hurtando el cuerpo a las flechas, de suerte que ninguna de sus balas dio en el blanco.

Mientras el grueso de las fuerzas españolas trataban de parapetarse, el propio Pelantaru, seguido de cerca por Relmuante, que aún llevaba la pierna clavada a la silla, se arrojó al ataque a la cabeza de los más temidos purenses, gritando: ¡¡LAPE,¡LAPE!! Al ver la avalancha de furiosos centauros que acabaría con ellos, los hispanos iniciaron una confusa retirada que pronto se transformó en fuga, capoteando en el barro que producía la naciente lluvia. Los que resbalaron fueron muertos a lanzazos y el resto consiguió huir gracias a que la noche se vino encima.

Y mientras García Ramón sólo lograba reunir sus tropas cerca de Angol, y se retiraba a Concepción rumiando la vergüenza de su derrota, en el campo araucanos los bravos guerreros celebraban con alegría indecible su victoria: era el triunfo de sus pillanes en el cielo contra los pillanes invasores, que derramaban su llanto en copiosa lluvia sobre la tierra recién liberada.

 

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CARLOS MARX

LOS ARTICULOS DE ENGELS

II

(Manuscritos inédito)

Párrafo 09:

Cualquiera que sea la opinión que el lector se forme de las ideas socialistas sustentadas por el autor, creemos haber demostrado con lo dicho por encima de la literatura socialdemocrática corriente. Añadiremos que. Aparte de las primeras 40 páginas, en que se desarrollan doctrinas un poco profundas por su forma dialéctica, la obra, pese a su rigor científico, es de fácil inteligencia, y el estilo sarcástico del autor, que no perdona nada ni a nadie, le hace todavía más interesante. 

– Página –738 —   El CAPITAL “TOMO I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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