12. DOCUMENTO DE MARZO 1974… DEBILIDADES DEL PROCESO


Foto histórica de lo que “era” la FJ.S.

Foto histórica de lo que “era” la FJ.S.

La derrota del pueblo y el triunfo de la alternativa contrarrevolucionaria, no puede explicarse como la simple derrota militar en la resistencia directa al golpismo. La derrota política del movimiento popular estuvo sellada antes del 11 de septiembre, determinada por el grado de aislamiento de la clase obrera y la ausencia de una real fuerza dirigente capaz de hacer uso, con posibilidades de éxito, de la potencialidad revolucionaria latente en la fuerza de las masas y en los instrumentos de poder institucional al alcance del Gobierno.

La incapacidad de usar la fuerza que se tenía y evitar el aislamiento progresivo de la clase obrera, reflejan claramente que no llegaron a imponerse los intereses de éste en la conducción del proceso. Contando con las más importantes y significativas posiciones conquistadas del poder, el movimiento popular no logró concretar un acuerdo estratégico en torno al cual constituir una real fuerza dirigente del Gobierno y el movimiento de masas.

No habiendo hegemonía de la clase obrera en el frente, no fue posible desarrollar una política correcta para concretar la alianza que presumía el programa, no se consiguió evitar el aislamiento buscado por el enemigo, no hubo capacidad de autocrítica y corrección oportuna de los errores, no hubo capacidad para retomar la ofensiva, no hubo línea política clara, confundiéndose diversas orientaciones y matices que no hacían sino reflejar la presión de las tendencias pequeño burguesas, disparadas hacia el evolucionismo, la conciliación sin principios, el aislamiento o el extremismo anárquico.

La ausencia de unidad en torno a una estrategia única del movimiento popular, orientada por la clase obrera como fuerza dirigente, se expresó en diversos errores cometidos en el tratamiento de problemas y situaciones específicas a lo largo de los tres años.

Se manifestaron discrepancias respecto al ritmo de desarrollo del proceso, cuestión que dependía en cada momento de la correlación de fuerzas real y no de la voluntad o buenos deseos de nadie. No hubo comprensión acertada de los requisitos de un proceso de acumulación de fuerzas para derrotar a un enemigo poderoso, y de la necesidad de avanzar fijando prioridades y subordinando los objetivos parciales al gran objetivo estratégico. No tenía sentido dispersar fuerzas en la intervención de una pequeña empresa, mientras la Papelera continuaba siendo el principal monopolio del país.

Faltó capacidad para que todo el movimiento popular expresara en la acción de masas y en el ejercicio del poder de Gobierno, diferenciara a los enemigos principales del pueblo de quienes no lo eran. No era los mismo tratar a la SNA que a la Federación de Asentamientos, a la SOFOFA que a la AMPICH; al PN y P y L que a la DC, etc.

Respecto a la posibilidad de concertar compromisos tácticos y a la política de alianzas hubo todo tipo de desviaciones y prejuicios. Junto a las posiciones “izquierdistas” de rechazo a cualquier forma de compromiso calificándolos de conciliación y traición, hubo quienes reducían el problema de ganar a los aliados sociales que señalaba el programa, a conquistarlos por la base a través de la política económica, al margen de sus representantes políticos, sin entender nada del papel decisivo que juega la ideología, sobre todo en las llamadas capas medias. Por otra parte, se manifestó la tendencia al entendimiento político superestructural desde posiciones de debilidad, faltó claridad para comprender el papel que jugaba en el proceso las condiciones y oportunidad de su reemplazo.

Una de las cuestiones fundamentales sobre la que debió existir y educarse a las masas, es el problema del enfrentamiento de clases y la violencia revolucionaria. Se sembraron ilusiones en el desarrollo pacífico y evolutivo del proceso y cundió también el verbalismo insurreccionalista, que reducía el problema de la revolución a meras situaciones de enfrentamiento. Faltó energía para imponer un consenso en torno a una apreciación correcta del problema. Se debía estar alerta y contar con la fuerza necesaria, para imponer la voluntad mayoritaria del pueblo y consolidar el proceso revolucionario en todos los terrenos, incluyendo el del enfrentamiento directo. Pero contando el movimiento popular con la iniciativa, teniendo en sus manos parte importante del poder del Estado para cumplir sus objetivos y teniendo una legitimidad de ejercicio de ese poder reconocida ampliamente, más que nunca la violencia sería iniciada y responsabilidad del enemigo. La fuerza de las masas y la fuerza institucional importante con que se debía contar, ejercían la violencia revolucionaria con plena legitimidad para aplastar de contragolpe la acción insurreccional del enemigo, de paso barrer con todos los vestigios de su poder y consolidar el curso socialista de la revolución. Para hacer efectiva esta posibilidad no se debía legitimar la acción del enemigo y su propaganda hacia las FFAA, jugando a las milicias o haciendo gala de verbalismo insurreccionalista, no se podía tener tolerancia alguna con el terrorismo fascista al que debió haberse reprimido sin contemplaciones con la fuerza institucional apoyada en las masas. La política era desarrollar la fuerza del movimiento popular y darle confianza manteniendo la legitimidad.

Muy relacionado con lo anterior, estaba el tratamiento correcto de las FFAA. Hubo excesiva tolerancia con elementos golpistas que debieron ser reprimidos a tiempo, no se respaldó firmemente a quienes defendieron dentro de las instituciones militares una posición progresista y constitucionalista, no hubo decisión para ejercer las atribuciones legítimas del Ejecutivo en este plano, no se planteo nunca una discusión para estudiar los problemas de la democratización y reorganización institucional que postulaba el Programa, se limitó al trato a los mandos superiores y hubo, en general, una actitud demasiado rígida y mecánica del gobierno y los partidos políticos respecto de las FFAA. Se desconfió de las posibilidades de integración al proceso y no se aplastó al golpismo cómo y cuando se debía. De otro lado, el MIR, con su típico espíritu infantilista enajenó el apoyo de sectores de las FFAA, al hacer llamados abiertos que servían fundamentalmente de justificativo a los golpistas, a pesar de su intensión de esclarecer y orientar a la tropa, olvidando la fuerza ideológica de la jerarquía militar. No comprendieron que atacando al Gobierno se debilitaba su ascendiente dentro de las FFA.

Existieron además otros tipos de errores y desviaciones como la tolerancia frente a la burocratización, casos de corrupción administrativa no denunciados y combativos públicamente, sectarización del trabajo del frente en la base, ausencia de políticas sectoriales claras y únicas, y definición de las relaciones de Gobierno-Partidos, etc.

Pero la deficiencia principal, fue la incapacidad para articular y combinar el ejercicio de todas las formas de poder con que contaba el movimiento popular: el poder del Gobierno y la fuerza del movimiento de masas organizado. Todas las desviaciones pequeño burguesas, cuya pugna esterilizó la política popular, se conjugaron para impedir el avance del proceso sobre la base de la utilización armónica oportuna y coordinada de estas fuerzas de poder, subestimando algunos las posibilidades del Gobierno y otros las de la acción de las masas.

Esta deficiencia fundamental se reflejó en la incomprensión del problema de la generación del Poder Popular, en actitudes paternalista en el estímulo al enfrentamiento entre el Gobierno y el poder de masas, en la no valoración de la participación de los trabajadores en los diversos niveles de decisión económica y política, en la creencia que la fuerza de las masas se expresaba únicamente por medio de concentraciones y desfiles, en el descuido de problemas concretos de las masas que podían ser resueltos a no mediar la insensibilidad de la burocracia funcionaria, en el sectarismo y chovinismo partidario que castraba la fuerza del movimiento de masas (recuérdese las elecciones de la CUT, el Congreso de los Trabajadores de la construcción, la Confederación del Cobre, las elecciones de FESES, la lucha por el control de los organismo sindicales y de participación, etc.), en la lucha ideológica que con escasas excepciones que con escasas excepciones no tenían en vista la necesidad de educar a las masas respecto a los grandes problemas del proceso, y, sobre todo, en la renuncia a utilizar el poder del Gobierno para fortalecer mucho más aún el poder y la fuerza de las masas organizada, y estimular un apoyo mutuo de Gobierno y masas, basado en la comprensión real del significativo papel revolucionario que cumplían ambos elementos de poder.

Todas estas desviaciones, producto de la insuficiente hegemonía proletaria en el proceso, crearon las condiciones propicias para el éxito de la estrategia de la contrarrevolución.

La unidad alcanzada entre el P.S. y el P.C., y entre todas las fuerzas de la Unidad Popular, fue suficiente para aplicar el Programa en sus postulados económicos fundamentales (con las debilidades y excesos anotados), pero fue absolutamente insuficiente para enfrentar las circunstancias más decisivas en que estuvo en juego el cambio de calidad en la correlación política de fuerzas, o el propio problema del poder.

Para realizar los virajes tácticos exigidos por la situación política, o para entregar consignas únicas a las masas en las fases de repliegue del enemigo, o en sus momentos de ofensiva abierta, casi nunca estuvimos de acuerdo los socialistas y comunistas.

Esta dispersión y divergencias casi constantes, no hicieron posible que la hegemonía proletaria adquiriera la fuerza determinante en todo el proceso.

008-aa-logo-huenanteEL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL

Sección Primera

LAS METAMORFOSIS DEL CAPITAL Y SU CICLO

Capítulo I

EL CICLO DEL CAPITAL DINERO

  1. Primera fase: D—M

 

Párrafo 03:

                                                                  T

Por tanto, la fórmula   D–M      no expresa solamente la proporción cualitativa según la 

                                                                           Mp

cual una determinada suma de dinero, por ejemplo 422 libras esterlinas, se invierte en determinados medios de producción y en la fuerza de trabajo que a ellos corresponde, y viceversa, sino también la proporción cuantitativa entre la parte del dinero invertida en fuerza de trabajo (T) y la parte invertida en medios de producción (Mp.), proporción que corresponde de antemano a la suma de trabajo excedente que un determinado número de obreros debe rendir.

– Página –28 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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