23 de 30 . DOCUMENTO DE MARZO 1974… LA POLITICA DE ALIANZAS Y LA HEGEMONIA DE LA CLASE OBRERA EN EL FRENTE


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Desde el punto de vista de las fuerzas motrices de la revolución, la orientación estratégica es unir a todas las clases y capas del pueblo que tienen contradicciones objetivas con los enemigos fundamentales. Por cierto, no todos los sectores no-monopólicos no antiimperialistas, tienen contradicciones de la misma naturaleza con ellos, pero, las condiciones políticas y sociales creadas por la contrarrevolución permiten consolidar una férrea alianza entre clase obrera, el subproletariado, y una gran parte de la pequeña burguesía no propietaria y propietaria, y, en torno de este bloque fundamental agrupar como aliados secundarios a al menos neutralizar a los sectores no-monopólicos de la burguesía, fuertemente golpeados por la política de la dictadura.

La alianza no se producirá espontáneamente ni con facilidad. Es obligación de la clase obrera y sus vanguardias conquistarlas, y ello implica no sólo postular las reivindicaciones y considerar los intereses particulares de cada sector en el programa, sino también conseguir el entendimiento con los representantes y agentes políticos de las diversas clases y fracciones de clases.

La alianza pluriclasista encabezada por la clase obrera encontrará su expresión en el Frente Anti-fascista, donde deben confluir la Unidad Popular, el MIR y la Democracia Cristiana, sobre la base de la hegemonía de su sector democrático y progresista. El desarrollo del proceso unitario y su fortalecimiento conduce a la derrota DC. Frei no es, precisamente, el llamado a encabezar en la alianza antifascista. Su compromiso con los golpistas, antes del 11 de Septiembre, y su fatigosa rastrera búsqueda de ser elegido por el imperialismo como la alternativa menos sanguinaria de Pinochet, lo ubican en el campo de los aliados de los grandes capitales extranjeros y nacionales.

El carácter revolucionario de la alianza y del frente, y el resguardo de los intereses históricos de la clase obrera, está sustentado en el ejercicio de una real hegemonía suya en él. La cuestión del papel dirigente de la clase obrera se convierte, más que nunca, en decisiva para asegurar el avance consecuente de la lucha por el programa del frente.

En el frente popular tienen vigencia los conceptos de unidad y lucha, al agrupar fuerzas sociales y políticas muy diferentes, entre las que subsisten importantes contradicciones internas. De allí la necesidad de conservar la más completa independencia de clase del proletariado y la importancia crucial de su hegemonía, que depende en lo esencial, del desarrollo de una dirección única proletaria.

Condición básica para ello es pasar a nuevos niveles de unidad en las relaciones socialista-comunista, y consolidar cada vez más estrechamente la alianza con las demás organizaciones de la Unidad Popular.

Para asegurar la dirección proletaria del frente es imprescindible que los partidos populares superen sus deficiencias orgánicas, ideológicas y políticas. La responsabilidad fundamental corresponde a los partidos Socialista y comunista, vertientes históricas de la clase obrera chilena. Sobre la base de la enseñanza de los éxitos y fracasos anteriores, es posible construir una línea justa. Esta tarea revolucionaria fundamental, la crítica y la autocrítica, debe realizarse desde el interior del movimiento popular y de los partidos obreros, en particular, al calor de los nuevos combates librados contra la dictadura fascista. Es una pretensión absurda intentar hacer tabla rasa de la rica experiencia de los partidos de la clase obrera y creer mecánicamente que ellos no tienen vigencia postulando su reemplazo por seudo-vanguardias “puras, sin pecados originales”,

La calidad de partidos revolucionarios se demuestra también por el conocimiento franco de sus propios errores y su superación. Esta actitud es comprendida y respaldada por los sectores conscientes de la clase obrera, y sólo de esta manera se reconquista plenamente su confianza.

Conviene reiterar una vez más la importancia fundamental que tiene la unidad socialista-comunista, por el papel histórico del Partido Comunista, partido obrero revolucionario, y hacer presenta la necesidad de una fraternal crítica mutua.

El Partido Comunista es un Partido ligado históricamente al desarrollo del proletariado chileno, prioritariamente a su núcleo minero-industrial, y al movimiento internacional, desde su misma fundación. Ha sido una fuerza inserta vitalmente en las luchas del movimiento popular, contribuyendo poderosamente a su organización y desarrollo ideológico. No es por casualidad que se reconoce en la clase obrera un alto grado de maduración política. Esta tarea la compartido con el PS, que se ha incorporado hace ya 41 años a los combates populares.

Sin pretender hacer un análisis histórico, tarea que las direcciones del movimiento popular tuene pendientes (que explique la existencia de dos partidos revolucionarios con decisiva influencia en la clase obrera9, parece necesario señalar con ánimo unitario y constructivo algunas de las debilidades observables en el trabajo política y de masas del PC, especialmente durante los tres años últimos.

El proletariado consciente es organizado, disciplinado y firme, pero muy apegado a las fórmulas tradicionales de organización y lucha de masas. Dada la línea principal del desarrollo de la lucha de clases, centrado en las formas electorales, el proletariado chileno carece de la vigencia de la combinación de variados métodos de lucha en período corto de tiempo (a diferencia del proletariado ruso, por ejemplo). Esta limitante afectó de manera importante el desarrollo de la lucha de masas en las nuevas condiciones generadas por la victoria de la UP. Los métodos de lucha a través de los cuales nuestra clase obrera y el pueblo lograron grandes éxitos de carácter económico-social y en sus derechos políticos, fueron sobrevalorados en sus posibilidades históricas por el Partido Comunista. La lucha económica y electoral, como instancias fundamentales en las batallas de los trabajadores en el pasado, en el seno del P.C. adquirieron dimensión excluyente. La posibilidad de una vía pacífica, o no armada, fue magnificada, lo que redundo en ilusionismo y en errores fatales de apreciación del carácter de clase de las instituciones democrático-burguesas. En gran parte de su masa militante, tal concepción era absolutamente predominante.

Si para los infantilistas de izquierda la cuestión del enfrentamiento violento constituía el tema único, primero y último de la lucha de clases, para el Partido Comunista, por contraposición, estaba marginado o era eludido de un análisis específicos y oportunos. Esta actitud fue además, por sí misma orientadora para los cuadros medios y militantes de base comunista. El PC tendió a sobrevalorar los aspectos tácticos, sin resolver siempre correctamente la ligazón de la táctica con la estrategia. Respecto al problema de la alianza con las capas medias, el PC mantuvo una política ajustada al Programa, pero perdió de vista la necesidad de construir esta alianza desde posiciones de fuerza, extremó su cautela y no impulsó con decisión el desarrollo de las nuevas formas de organización popular. Reflejo de ello, la CUT tuvo un insuficiente desarrollo de su trabajo organización y de masas, y no cubrió adecuadamente los requerimientos que imponían las nuevas circunstancias. De allí, debilidades serias en la participación, falta de control respecto a los interventores y de la burocracia estatal, casi nulo trabajo en los Comités de Vigilancia del Area Privada (gérmenes de control obrero, que hubieran permitido combatir el boicot patronal e imponer metas económicas del Gobierno Popular), mala ligazón con sus organismos intermedios, deficiente desarrollo de la organización base territorial de la CUT que hizo de los cordones caja de resonancia de corrientes anarquistas y aventureras, a excepción de donde existía previamente organización de la CUT.

Además, el PC no ha demostrado una comprensión adecuada de la especificidad histórica del partido Socialista, su arraigo obrero y de masas, su acceso a sectores sociales que no se identifican con el PC. De la incomprensión del perfil y personalidad históricas del Partido Socialista, se desprende el sectarismo en la base, pese a las reiteradas declaraciones acerca de la importancia de la unidad.

Por cierto, en todos los problemas anotados existe una cuota de responsabilidad compartida que se analizará más adelante.

El valioso aporte de cada uno de los demás partidos de la Unidad Popular debe contribuir a canalizar la adhesión a posiciones revolucionarias de grupos o capas sociales no interpretadas por socialistas ni comunistas.

Por otra parte, el MIR, expresión política de un sector de la pequeña burguesía revolucionaria, debe aportar a la lucha antifascista, pero es indispensable que manifieste una actitud responsable y efectivamente unitaria. En el MIR priman concepciones incorrectas en el plano programático, incapacidad para comprender el carácter de la experiencia de la Unidad Popular, excesivo voluntarismo y subjetivismo que impregnan su política, lo que s u vez lo conduce a estimular políticas aventureras, que sectarizan su trabajo. Sigue desconociendo sus graves errores y su débil inserción en la clase obrera, que no justifican su chovinismo partidario extremo y sus pretensiones vanguardistas excluyentes.

002-aa-logo-clotarioEL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL

Sección Primera

LAS METAMORFOSIS DEL CAPITAL Y SU CICLO

Capítulo I

EL CICLO DEL CAPITAL DINERO

  1. Tercera fase: M`–D`

Párrafo 17:

Pero esto se expresa solamente como resultado, sin los eslabones del proceso cuyo resultado es.

– Página –44 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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