27 DE 30. DOCUMENTO DE MARZO 1974… EL PARTIDO SOCIALISTA EN LAS LUCHAS DEL PUEBLO CHILENO


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El Partido Socialista está indisolublemente ligado, en su generación y desarrollo, a las alternativas de la lucha de clases de los últimos 40 años. Desde su fundación se entronca profundamente a la realidad social latinoamericana y a la lucha antiimperialista continental, y progresivamente, se inserta en el movimiento obrero y revolucionario internacional, sobre todo luego que la experiencia de la Revolución Cubana demostró que, hoy por hoy, todo movimiento revolucionario nacional consecuente necesita apoyarse y contribuir en la lucha internacional contra el imperialismo.

El Partido nació en el contexto de la crisis mundial del capitalismo de 1929, y sus dramáticos efectos en el país: crisis de la industria salitrera, cesantía masiva, aumento de la miseria de los trabajadores asalariados, deterioro violento del nivel de vida de las capas medias y el consecuente ascenso de la lucha social, con repercusiones serias en lo político, que condujeron a la república Socialista de 1932 y a la reacción represiva anterior. El movimiento revolucionario mundial vivía una crisis de conducción y una situación de reflujo, caracterizada por una política infantil y sectaria de la III internacional, la oposición violenta entre el movimiento revolucionario y el reformismo obrero (II internacional), la derrota de las experiencias revolucionarias de China y Europa Central (Alemania, Polonia, Hungría), y el surgimiento triunfante del fascismo (Italia y Alemania). Esta situación se expresaba en el plano nacional en la ausencia de una real vanguardia popular; el joven Partido Comunista se hallaba gravemente aislado de gran parte de las masas asalariadas y de otras organizaciones de izquierda.

El partido surgió con un proyecto de transformación revolucionaria muy general, de carácter pequeño-burgués democrático, fuertemente impregnado de latino americanismo antiimperialista. Las definiciones teóricas y políticas del PS no fueron socialdemócratas, en la acepción leninista del concepto. En la primera declaración de Principios se postulaba la necesidad de la “dictadura de los trabajadores organizados” para poder hacer efectivas las transformaciones socialistas, rechazando expresamente la posibilidad de un tránsito evolutivo como era planteado por los reformistas de la II internacional.

Sin embargo, la acepción del marxismo, “rectificado y enriquecido”, dejaba traslucir una gran debilidad teórica, expresando en esa fórmula ecléctica la ambivalencia clasista del Partido: los sectores más afectados por la crisis –asalariados y pequeña burguesía- eran interpretados con una amplitud sin contornos por el PS.

Durante la década del 30, el partido consolidó su influencia entre las capas de pequeña-burguesía más empobrecida, funcionarios, artesanos, juventud intelectual y entre los sectores de la clase obrera no interpretados por la política del PXC. En todo caso, el Partido no logró desarrollarse en el núcleo principal de la clase obrera de la época: el proletariado minero. Su política radical llenó un vació en la izquierda y no constituyo una alternativa derechista en el movimiento popular. Mantuvo una actitud consecuente, sin caer en el oportunismo reformista que caracterizó a los partidos socialistas en general. Reflejó el ascenso del populismo revolucionario nacionalistas de América latina, que tuvo expresión en el APRA peruano, ADECO en Venezuela, MNR en Bolivia, varguismo en Brasil, peronismo en Argentina, y la prolongación antiimperialista de la revolución agraria mexicana (gobierno de Cárdenas). Esa ola progresista continental logró su máxima expresión en Chile con el triunfo del Frente Popular en 1938, que dio unsalto decisivo en el desarrollo industrial capitalista, favorecido por las condiciones internacionales creadas por la Segunda Guerra Mundial. El agotamiento de esa experiencia, por la incapacidad estructural de la burguesía chilena para impulsar un desarrollo independiente del imperialismo, creó una crisis de línea política del movimiento popular. El Partido entró en un período que se prolonga por la década del 40, caracterizado por su moderación política y la persistencia de una línea de colaboración de clases, participando en gobiernos burgueses sin postular una alternativa clara para las luchas populares. Esta situación condujo a una verdadera debacle partidaria, se dividió el partido, surgieron traidores a la clase obrera y descendió notablemente su influencia de masas, sindical y electoral.

El populismo revolucionario nacionalista hizo crisis en la década del 50, fracasando rotundamente por su incapacidad para mantener una política antiimperialista consecuente, que necesariamente debía radicalizarlo hacia el socialismo. Así lo confirmaron las experiencias del peronismo, del varguismo, de la revolución boliviana y del gobierno de Betancourt en Venezuela; cuando la presión imperialista-oligárquica exigió a esos procesos afirmarse en las masas y avanzar hacia la revolución, claudicaron o traicionaron sus postulados, Sólo la revolución Cubana fue consecuente con su programa y derivó hacia el socialismo, cancelando definitivamente la alternativa del populismo nacionalista en América Latina.

La crisis final del populismo en Chile tuvo lugar con el gobierno de Ibáñez, en el cual participó temporalmente el PS Popular. Su fracasó creó las condiciones para que el partido restableciera su unidad en torno a una política avanzada de Frente de Trabajadores, que enfatizaba el problema de la necesaria independencia del proletariado, como reacción a las negativas experiencias colaboracionistas posteriores al Frente Popular.

Esta maduración política revolucionaria influyó notablemente en el ascenso del movimiento popular, que se expresó en la campaña presidencial del FRAP en 1958, en las intensas luchas de clase de los años 60-64, y en la bullente campaña presidencial dell FRAP en 1964.

El desarrollo orgánico y el crecimiento de la influencia política del partido se vinculan con el surgimiento de un poderoso y combativo movimiento campesino, con la incorporación a las luchas populares de los sectores semi-proletarios y con el espectacular desarrollo político de la clase obrera industrial en la década del 60. La política del Partido interpreta las aspiraciones revolucionarias de las masas populares, oprimidas por la crisis del desarrollo capitalista dependiente (en el Gobierno de Alessandri), y el fracaso del reformismo burgués (administración Frei). El Partido se caracteriza por su sensibilidad política frente a los problemas de las masas y por su consecuencia para encabezar e impulsar sin restricciones todas las luchas reivindicativas espontáneas de los trabajadores, pobladores, estudiantes, etc. A pesar de la débil organización y de la falta de una política central de masas, los socialistas se ponen a la cabeza de todas las manifestaciones de la lucha de clases, cada vez más radicalizadas. La rica práctica revolucionaria de la lucha de clases durante toda la década del 60 no alcanzó a ser asimilada y orientada plenamente por una línea política justa del movimiento popular. Hubo un rezago en el desarrollo de la teoría respecto a la realidad concreta, que afectó fundamentalmente al Partido. En el Congreso de 1965 (Linares), el PARTIDO SOCIALISTA SE DEFINE MARXISTA-LENINISTA, y caracteriza correctamente el carácter de la experiencia reformistas burguesa de Frei, postulando los objetivos programáticos socialistas del proletariado, la independencia de clase d su frente político y la vigencia de la violencia revolucionaria, como medios para la conquista del poder, autocriticando a fondo los errores políticos anteriores, en particular en relación con la estrategia electoral de 1964. La definición del carácter leninista del Partido adquiere concreción en sus nuevos Estatutos y Principios Orgánicos (Conferencia de organización de 1967).

Los aciertos del Partido en el plano de las definiciones estratégicas no se reflejaron en una táctica leninista, flexible y coherente. El Partido no escapó a las deficiencias en la asimilación de la experiencia de la Revolución Cubana, comunes a los movimientos que derivaron de la crisis del populismo. Asimismo, fue permeable a los efectos de los conflictos en la conducción del movimiento comunista internacional. El mecanicismo y la no aplicación creadora de la teoría revolucionaria en la realidad concreta, que generó el fracaso de experiencias revolucionarias heroicas durante toda la década del 60 (Venezuela, Perú, Argentina, Guatemala y Bolivia, la más importante de todas), llevó al Partido a enarbolar una política dogmatica en términos de las formas de lucha y de la restricción del frente (Congreso de Chillan, 1967), que reveló la influencia del foquismo y la falta de comprensión de las peculiaridades del desarrollo de la sociedad chilena, de los efectos de la independencia, de las contradicciones de clase reales, de los rasgos del sistema jurídico-político, y de las ideologías en pugna. Por esta razón se manifestó una disociación entre los postulados del Partido y su práctica política real, que iba mucho más allá de las eventuales inconsecuencias de sus dirigentes. Las condiciones reales del desenvolvimiento de la lucha de clases en Chile abrieron el camino a la experiencia revolucionaria de la unidad popular, a la cual el Partido hizo un aporte decisivo, a pesar de no haber logrado elevarse a una cabal comprensión del proceso histórico que protagonizaba.

 

 

logo-19EL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL

Sección Primera

LAS METAMORFOSIS DEL CAPITAL Y SU CICLO

Capítulo I

EL CICLO DEL CAPITAL DINERO

  1. El ciclo, visto en su conjunto

Párrafo 11:

Pero lo la industria del transporte vende es este mismo desplazamiento de lugar. El efecto útil producido se halla inseparablemente unidos al proceso del transporte de producción de esta industria. Personas y mercancías viajan en el medio de transporte, y este viaje, este desplazamiento de un lugar a otro, constituye precisamente el proceso de producción efectuado. Aquí, el efecto útil sólo puede consumirse durante el proceso de producción; no existe como un objeto útil distinto de este proceso que sólo funciones como artículo comercial, que sólo circule como mercancía después de su producción. Pero el valor de cambio de este efecto útil se determina, como el de cualquier otra mercancía, por el valor de los elementos de producción consumidos en él (fuerza de trabajo y medios de producción) más la plusvalía creada por el trabajo excedente de los obreros que trabajan en la industria del transporte. En lo que se refiere a su consumo, este efecto útil funciona también exactamente lo mismo que las demás mercancías. Si se consume productivamente, de tal modo que sea, a su vez, una fase de producción de la mercancía transportada, su valor se transfiere a ésta como valor adicional. La fórmula para la industria del transporte sería, por tanto,

                                                       T

                                        D                         …P—D`

                                                      Mp.  ya que aquí se paga y se consume el mismo proceso de producción y no un producto separable de él. Presenta, pues, casi exactamente la misma forma que la de la producción de los metales preciosos, con la diferencia de que aquí D` es una forma transfigurada del efecto útil creado durante el proceso de producción y no una forma natural del oro o de la plata producidos durante este proceso y arrojados por él.

– Página –50-51 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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