16 de 30 Chile: Recuerdos de la ‘Guerra’ Ejecución de los 17 campesinos


El miércoles 9 de octubre de 1973 no será olvidado jamás por los campesinos de los caseríos de Arquilhue, Curriñe y Chabranco. Fue un día lluvioso en esas zonas cordilleranas de nieves abundantes.

El clima no favoreció el traslado de los prisioneros hasta su destino final. Camiones y jeeps quedaron atascados en el fango. Por esa causa militares y prisioneros tuvieron que continuar el viaje a pie. El puente Pillanleufú estaba cortado y no pudieron seguir. Esto fue contado mucho tiempo después por el campesino Benjamín Vidal, cuya casa está entre los bosques a la orilla del camino.

«Frente a mi casa pasaron cargados como mulas con todas las carpas y cosas de los militares, iban bien ‘enmochilados’, los obligaban a cantar y los llevaban apuntados con metralletas».

Heriberto Omar Villegas Villanueva, Carné de identidad 7.551.661-4, ex-soldado, relata lo siguiente:

«Fui conscripto desde el 15 de enero de 1973 al 31 de diciembre de 1974, en el Regimiento de Caballería No 2 Cazadores de Valdivia, y en tal carácter me correspondió participar en el operativo a Chihuío. Recuerdo que después de detener a las personas en Chabranco y continuar viaje, el convoy no pudo seguir a causa de la lluvia y el barro. Los camiones quedaron atascados. Entonces los jefes hicieron bajar a los detenidos y los obligaron a continuar el viaje a pie. Además les ordenaron cantar y algunos de ellos -que eran evangélicos- entonar alabanzas».

Hernán Tejeda, otro conscripto que participó en el operativo recuerda así ese momento:

«Cuando los camiones ya no pudieron seguir, nos fuimos de ahí a patita, soldados y prisioneros. En algún momento alguien dijo: ‘¿quién de los prisioneros sabe cantar?…) Me acuerdo de uno que cantaba tan lindo, como Aceves Mejías. Cantaban como despidiéndose, parece que sabían que los iban a matar y también había evangélicos que cantaban alabanzas». ‘? «Cuando se oscureció, el capitán Luis Osorio Garardazanic mandó que no cantaran más. Nos dijo que andaban guerrilleros y ordenó silencio. Esto era para que no supieran la ubicación que teníamos.

Cuando llegamos a ese lugar, había una casa tipo hotel de dos pisos, como abandonada. Eran como a las doce o una de la mañana. Estábamos todos mojados. Allá ya había militares. A los campesinos los dejamos en una pieza del primer piso, o más bien, un corredor. Después no supe más porque a mí me mandaron a patrullar».

La familia de apellido Arango que vivía cerca de ahí se encerró en su casa y por entre las maderas miró lo que ocurría:

«Cortaron los alambres para colgar ropa y con ellos amarraron a los detenidos. Durante toda la noche los campesinos clamaban a Dios, mientras tanto los militares junto con Américo González preparaban un asado. Don Américo puso el vino, oíamos sus risas y sus tallas junto al lamento de los campesinos».

Heriberto Omar Villegas, conscripto, no alcanzó a llegar a la casa de Chihuío. Lo dejaron al cuidado de un camión atascado. En declaración jurada dice:

«Según el relato de los conscriptos me enteré que, en la madrugada de ese día, un oficial pidió voluntarios, pero sólo tres o cuatro conscriptos dieron un paso adelante. El pelotón se completó con personal de planta, cabos y sargentos. Entonces dieron la orden de fusilar».

Relata Hernán Tejeda:

«El fusilamiento yo no lo vi. Me habían mandado a patrullar. Yo iba con el cabo González a caballo y con un lugareño llamado Orlando que nos servía de guía (6). Esa noche llegamos casi al límite con Argentina. No encontramos a nadie. Al volver, cuando fallaban unos dos kilómetros para llegar, sentimos unos balazos. Con el cabo González hicimos bromas y dijimos: ‘andarán cazando cabritos’ y en broma también el cabo me contestó: ‘no, deben haber matado a los prisioneros (…) Pero cuando llegamos vimos a los militares todos ensangrentados. No lo podíamos creer. Entre los militares andaba uno que llegó en helicóptero, grandote, medio pelado. Era un comandante de la aviación posiblemente. Supe que ese fue el que dio la orden de fusilar».

«En el terreno frente a la casa se encontraban los cuerpos de los trabajadores muertos, los habían dejado botados allí».

Bernando Alarcón, otro conscripto que presenció el fusilamiento, cuenta:

«a los campesinos se les dijo que arrancaran (…) cuando ellos empezaron a moverse les dispararon ráfagas de fusil. Los trabajadores cayeron (…) A algunos los remataron en el suelo (…)».

La familia Corona, que por esa época vivía cerca de la casa patronal y que actualmente vive en Bariloche, informó: «muy de amanecida, don ítalo González vino a pedimos una carreta tirada por bueyes». Norberto, hijo del matrimonio, arregló la carreta y la llevó frente a la casa. Los militares echaron los cuerpos de los asesinados a la carreta, uno encima de otro. Los trasladaron como a ochocientos metros de la casa patronal. Allí los dejaron botados y tapados con ramas y troncos. La carreta quedó toda ensangrentada.

Orlando Garnica Hurtado, carné de identidad 8.739.322-4, quien en esa época tenía catorce años. nos cuenta:

«al día siguiente, el 10 de octubre, los militares iniciaron su descenso hacia Valdivia. Yo empecé a buscar el lugar donde habían dejado los cuerpos y los encontré. Había 18 cuerpos sin vida, estaban a ras del suelo, totalmente desnudos. Sus ropas estaban amontonadas a un lado de los cadáveres. Los cuerpos tenían heridas de armas cortantes. Algunas de sus extremidades estaban cortadizas, dedos y manos estaban separados cerca de los cuerpos. Durante varios días no subí al lugar. Estaba horrorizado. A nadie le conté nada. Al cabo de unos días fui nuevamente. En el lugar encontré tres tumbas. La remoción de la tierra era visible y por la dimensión era evidente que allí había cuerpos humanos».

«Cuando llegamos al Regimiento (…) –relata el conscripto Hernán Tejeda-, (…) el Teniente Luis Rodriguez Rigo-Righy informó a Sinclair lo que había pasado. Él le preguntó dónde los habían dejado y si los habían sepultado. Cuando le respondió que los habían dejado así no mas, Sinclair se enojó y ordenó que la patrulla volviera de inmediato a darles sepultura (Ver nota 1)».

«Esa noche alojamos en Valdivia y al día siguiente pidieron voluntarios. Yo me ofrecí junto con otros. En una camioneta Toyota fuimos diez o doce -creo-. Llevábamos palas y picotas. Al llegar arriba yo me quedé de guardia, así es que no participó de la excavación. Ese día no llovía y estaban los alrededores muy bonitos. En una bolsa quintalera metieron los carné y relojes. En una fosa grande colocaron a nueve y en la otra, a los demás. Las fosas no fueron muy profundas, como de un metro veinte no más».

«Cuando terminaron de enterrar a los campesinos, volvimos; íbamos muertos de miedo pues decían que andaban guerrilleros (…) Pero no nos pasó nada».

  1. LOS DÍAS POSTERIORES

Lo que sucedió en esa región precordillerana, luego de la ejecución de los dieciocho campesinos, lo hemos reconstituido trabajando con sus familiares; entrevistando a campesinos de la zona que fueron testigos y que aún viven en ese lugar y buscando el testimonio de conscriptos de esa época que participaron directa o indirectamente en los hechos.

Luego del amanecer del l0 de octubre, los militares permanecieron en la zona. Al día siguiente subieron nuevos contingentes. El cuartel general fue instalado en Arquilhue.

La cancha de fútbol, donde habían compartido tanta alegría, y que previamente servía a los campesinos para sus juegos dominicales, fue transformada en pista de aterrizaje. El galpón, que estaba en la parle de atrás y que antes era utilizado como camarín, fue reacondicionado para lugar de interrogatorio y tortura.

Teniendo su base en Arquilhue los militares salían a patrullar todo el sector. Se internaban en la cordillera hasta Chihuío, y más arriba aún, hasta el límite con Argentina o recorrían los caminos cordilleranos hasta Neltume. A su paso iban deteniendo personas ya individualizadas. Dejaban conscriptos apostados en algunas de las casas de campesinas.

Según el testimonio de dos conscriptos y lugareños todos estos operativos contaban el apoyo de funcionarios del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), los que eran fácilmente identificables. Iban vestidos de civil, manejaban la información y llevaban las listas de sospechosos en sus manos.

Los comandos especiales, llegados a Neltume desde Santiago el día 12 de septiembre, también llegaron a la zona sur del Complejo Maderero. Ocupaban sus propios medios movilización: camiones, helicópteros y utilizaron además una avioneta de uno de dueños de fundo. Este la facilitó gentilmente para instalar un fusil ametralladora con el cual se bombardeó algunos sectores cordilleranos.

Un conscripto de esa época, Pedro Mella Contreras, carné de identidad 5.989.795-0 nos contó:

«Luego de ser arrestado -el día 27 de septiembre, para ser investigado por mis simpatías acerca del gobierno de la Unidad Popular- e interrogado por un Coronel del SIM de apellido Pantoja, fui liberado y el 10 de octubre enviado a la base de Arquilhue.»

«Al llegar allá lo primero que escucho son comentarios en voz baja, de militares y lugareños. Hablaban de detenciones y muerte de campesinos del lugar, en una casa patronal más arriba en Chihuío, y cuyos nombres habían sido entregados a los militares por un tal González, ayudándolos él mismo a identificarlos y detenerlos. El militar a cargo había ordenado las ejecuciones al amanecer del 10 de octubre».

«La patrulla que participó en todo este accionar había vuelto a Valdivia. En esa época yo, que había ingresado a hacer el Servicio Militar en enero de 1973, pertenecía a la compañía de fuerzas especiales y comandos de la IV División de Caballería del Ejército. El jefe de esa compañía era un suboficial llamado Luis Campos. Veintiocho conscriptos pertenecíamos a esa Unidad. Todos fuimos trasladados a Arquilhue».

«Allí, en un pequeño galpón, al costado de la cancha de aterrizaje, que antes al parecer era una cancha de fútbol, interrogaban y torturaban a los campesinos del sector. A mí me tocó ver y custodiar a uno de unos 65 años que fue terriblemente golpeado por el militar Luis Campos, quién no consiguió saber dónde estaban las armas (…) El campesino decía que no las había visto nunca. Quedó tendido en el suelo, sangrando y casi desvanecido. En murmullos le di palabras de aliento».

«Las unidades traídas desde Santiago a la zona norte del Complejo se movilizaban al comienzo en helicópteros, eran paracaidistas, boinas verdes, que venían armados para la guerra. Estas fuerzas especiales estaban a cargo del Coronel Medina Lois. El había llegado a Neltume el 12 de septiembre».

«El rastreo y persecución a posibles extranjeros, habitantes del sector y campesinos que arrancaban armados, se inició el mismo 10 de octubre, aunque creo que el día 9 también había subido un grupo a la cordillera. Me tocó varias veces salir a caballo, teníamos órdenes de disparar ante cualquier cosa que se moviera. Recuerdo que matamos chanchos, perros, gallinas pero a ningún hombre».

«En todas las casas de campesinos había guardia militar. Vigilaban por si hasta ellas llegaran a solicitar ayuda los campesinos que huían. Por comentarios supe que serían como seis los que arrancaban despavoridos. Alcancé a divisar a uno, flaco, barbón, asustado. Guardé silencio».

«Rastreábamos todos los caminos y senderos. Mirábamos hasta las pisadas la presencia de una de ellas, grande y de suela de goma, les reafirmó la hipótesis de que andaban extranjeros, aunque nunca nadie vio ni detuvo a ninguno de ellos».

Un matrimonio sueco que había estado detenido en la cárcel de Valdivia -según un preso político de esa época-, fue liberado rápidamente ante gestiones de su embajada y porque no eran culpables de nada.

Pedro Mella concluye:

«Los miles de hombres armados no fueron encontrados en el Complejo Maderero ni en ninguna otra parte».

«Mientras estuvimos allí nos hicieron agrandar el camino de tierra que une Arquilhue con Nellume, para que pudieran circular los camiones militares toparnos los que veníamos avanzando desde el sur, con los que venían del ixxi fue como el encuentro de dos regimientos armados (…) en guerra».

«Luego de un mes nos volvimos a Valdivia. Allí supe que a los campesinos asesinados los habían enterrado en una fosa cavada por los propios militares».

 

EL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL

II Acumulación y reproducción en escala ampliada.

Párrafo 08:

D`, como simple punto final de D…D`, lo mismo que M`, tal como aparece dentro de todos estos ciclos, no expresa de por sí el movimiento, sino su resultado: la valorización del valor del capital realizado en forma de mercancía o en forma de dinero y, por tanto, el valor del capital como D+d o como M+m, como la relación  entre el valor del capital y su plusvalía, considerado éste como su vástago. Expresan este resultado como distintas formas de circulación del valor del capital valorizado. Pero ni la forma M`ni en la forma D`la valorización operada es, función ni del capital-dinero ni del capital-mercancías. Como formas o modalidades especiales y distintas, que corresponden a funciones especiales del capital industrial, el capital-dinero sólo puede ejercer funciones de dinero y el capital-mercancías funciones de mercancías, y la diferencia que entre ellos existe es, simplemente, la que existe entre la mercancía y el dinero. Por las mismas razones, el capital industrial, en su forma de capital productivo, sólo puede estar formado por los mismos elementos que cualquier otro proceso de trabajo productivo: por un lado, las condiciones materiales de trabajo (los medios de producción; por otro, la fuerza de trabajo empleada productivamente,  con arreglo a un fin…

– Página –72-73 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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