19 de 30 Chile: Recuerdos de la ‘Guerra’ GOLPE DE ESTADO Y REPRESIÓN


La situación represiva vivida por la población, en los fundos Paimún, Carranco, Trafún y en el pueblito de Liquiñe, luego del Golpe de Estado, la describiremos a partir de entrevistas realizadas a los familiares y a otras personas que vivían en esos lugares.

A Liquiñe y sus alrededores, al igual que a Neltume, el día 12 de septiembre de 1973, llegaron fuerzas militares por tierra y por aire.

Teresa Lagos, hija de Luis Armando Lagos, nos dijo:

«Luego del Golpe andaban helicópteros todos los días. Las casas fueron rodeadas por militares con metralletas. Nos apuntaban. Uno salía a buscar leña y ahí estaban subidos en los árboles apuntándonos. De repente llegaban a allanar las casas y daban vuelta lo que pillaban.»

Benedicto Tracanao Pincheira. padre de Elíseo y hermano de José Miguel y Alejando Tracanao Pincheira, todos desaparecidos, relató:

«Llegaban unos aviones que pasaban soplados, muy rápidos varias veces por el lugar. Nosotros decíamos que con aviones de guerra, estábamos asustados, nunca habíamos visto esos aviones. No dejaron de pasar diariamente. Por esos mismos días llegaron los militares en un helicóptero al fundo. Bajaron en el lugar donde mi papá tenía una chacra en donde estaban trabajando él y mis dos hermanos –José Miguel y Alejandro Antonio- y mi hijo mayor Eliseo. El helicóptero los vio y aterrizó. Los militares les preguntaron si sabían donde vivían los Reinante. Ellos respondieron que los Reinante vivían como a un kilómetro de allí. Los militares llevaron a mi hijo Eliseo para que les indicara cuál era el lugar. El nos contó, cuando volvió, que se había desorientado arriba en el helicóptero y que después de un uno pudo reconocer la casa de los Reinante. El helicóptero aterrizó pero no los encontraron y a mi hijo lo dejaron en libertad».

El 18 de septiembre comenzaron las detenciones masivas en el lugar. Margarita Valenzuela, esposa de Benedicto, nos dijo: «Nosotros no vivimos ninguna fiesta ese 18 de septiembre.» En efecto, ese día cientos de trabajadores y campesinos fueron detenidos en forma brutal, trasladándolos a los retenes del lugar y a algunos directamente a Valdivia.

Salvador Alamos Figueroa. hijo de Salvador Alamos Rubilar, uno de los desaparecidos, cuenta:

«En Liquiñe y fundos aledaños, el 18 de septiembre, los carabineros del Retén: Luís Anguila Castro, Jefe del Retén, Alfonso Rozas, Sargento, y los Cabos Pedro Concha y Pedro Saldivia, iniciaron una serie de detenciones. El contingente del Retén había sido reforzado por carabineros de otros lugares.»

«Ese día como a las nueve y media de la mañana, una patrulla compuesta por cinco carabineros a cargo del Sargento Alfonso Rozas, llegó a la casa de mi padre. Lo detuvieron y lo subieron a una camioneta verde cerrada, de esas que usaban los carabineros en esa época. A mí también me detuvieron, subiéndome a culatazos. Luego la camioneta fue a la casa de Daniel Castro donde preguntaron por él y lo detuvieron».

«Fuimos conducidos al Retén de Liquiñe, donde ya estaban detenidos José Bórquez, Isaías Fuentealba, Luis Lagos y sus hijos Raúl y Teresa. A Raúl Lagos lo habían pelado al rape».

«El mismo día 18 como a las cuatro de la tarde, nos cambiaron a una celda contigua. Éramos un total de 24 personas. En la celda desocupada, el 19 de septiembre, encarcelaron a José Gregorio Liendo quién había sido detenido junto a Pedro Purísimo Barría».

También se encontraba detenido Carlos Figueroa, quién, según su hijo, el día del Golpe de Estado se encontraba en el interior del fundo Paimún, regresando a su casa en la noche para permanecer todos los días allí.

«(…) Ya no iba ni a trabajar. El 18 de septiembre fue detenido por carabineros del Retén de Liquiñe. Estos le dijeron que estaría preso hasta que encontraran al ‘Comandante Pepe’ que se había escondido en la cordillera (…) En esa oportunidad, tomaron como a cincuenta personas de distintos fundos. Todos estaban detenidos por lo mismo. Se les interrogaba una y otra vez sobre sus actividades, las organizaciones del lugar, por el ‘Comandante Pepe’».

Teresa Lagos quien, como ya sabemos, fue detenida junto a su padre y su hermano, nos informa:

«Sólo permanecí en la guardia, donde me preguntaron por el ‘Comandante Pepe’ y por las actividades de mi padre. Yo respondí que a esa persona no la conocía, ni sabía nada, pues trabajaba en Valdivia y había ido a Carranco solamente a pasar las fiestas patrias con mi familia. Fui liberada. Anguila -el Jefe del Retén-.que conocía a mi familia me fue a dejar a la casa y me dijo que lo pasado no era su responsabilidad, pues él era mandado».

«Durante todos los días que mi padre y hermano estuvieron detenidos, yo les llevaba comida al Retén. Durante todo ese tiempo vi que diariamente traían en camionetas, de esas abiertas, a muchos hombres con la vista vendada y las manos amarradas atrás (…) los tiraban como a perros uno sobre otros. Era una calamidad. A los hombres los iban pescando en la calle. Ellos pedían que les soltaran un poco las amarras y las vendas, pero no les hacían caso. Los milicos les plantaban unos chulés, o con las mismas metralletas les pegaban topones en la espalda. Yo estaba asustada, era una cosa tremenda, me daba miedo ir al Reten porque lodos los días traían hombres a punta de metralleta. Todos los días que fui a dejar comida a mi padre y hermano fui testigo de eso.»

Del domingo 23 de septiembre. Benedicto Tracanao recuerda:

«Estábamos jugando en la cancha del fundo Trafún, cuando apareció un helicóptero, que luego aterrizó en la cancha, de él bajó un grupo de militares, unos 25 más o menos, con metralletas y unas boinas negras. Nos reunieron a todos al lado de afuera de las oficinas de la Administración. Nos pusieron en fila y desde un corredor que estaba en alto, mientras nos apuntaban con las metralletas, nos dijeron que nos tiráramos al suelo. Éramos como unos cien trabajadores».

Margarita Valenzuela recuerda también ese episodio:

«En un cerrito nos reunimos unas ocho mujeres, para mirar. Cuando juntaban a los hombres cerca de las oficinas, nosotras pensábamos que los iban a matar y rogábamos a Dios que no fuera así. Luego, sentimos tantos balazos, que pensamos que los estaban matando y sin mirar nos arrancamos para las casas y allí nos encerramos».

Benedicto Tracanao agrega:

«Los militares empezaron a disparar ráfagas de metralleta, apuntaban a una caldera mientras nosotros estábamos en el suelo. Cuando se cansaron de disparar nos ordenaron ponemos de pie y los jefes nos interrogaron, nosotros les decíamos quienes eran los jefes en el fundo. Los militares estuvieron como hasta las cuatro de la tarde. Antes de irse nos dijeron: ‘cada uno vuelva a su casa y no salgan porque si los pillamos afuera algo les va a pasar. No queremos más deporte así que a la casa y quédense ahí encerrados’».

Herminda Arauco -viuda de Carlos Cayumán, otro de los desaparecidos, cuenta:

«Carabineros y militares ordenaron que nadie fuera a trabajar a la montana. Todos teníamos que trabajar cerca de la casa; si pillaban a alguno en la montaña lo tomaban detenido. Durante un mes no se permitió que la gente fuera a trabajar a la montaña».

Esta situación también la recuerda Guillermina Reinante, hermana de Modesto, Ernesto y Alberto Reinante, los tres desaparecidos:

«Siguieron trabajando pero no dentro del monte, tenían que hacerlo cerca, en partes limpias. A ellos ya no los dejaron ir a maderear al monte, sino que los pusieron en un aserradero cerquita».

También recuerda que los militares hacían parar las micros, obligaban a toda la gente a bajarse y «los revisaban completos para ver qué llevaban». Benedicto Tracanao dice:

«el 5 de octubre, nuevamente llegó un helicóptero, con unos veinte militares armados. Ordenaron a Manuel Ortiz, jefe del fundo, que fuera a buscar a todos los hombres que trabajaban allí. Para trasladar a los que vivían en la montaña enviaron dos camiones. Nos reunieron afuera de las oficinas. El jefe de los militares dijo: ‘escuchen bien lo que les voy a decir, todos a sus labores y lo que van a producir va a ser de ustedes (…) ya saben sus horarios, así que todos avisados’. Al otro día nos presentamos a la pega y empezamos a trabajar».

De todos los campesinos, obreros y empleados detenidos durante este período, algunos fueron liberados y otros trasladados a Valdivia.

Las seis personas posteriormente desaparecidas, detenidas el 18 de septiembre -Daniel Castro, Salvador Alamos. Luis Armando Lagos, Carlos Segundo Figueroa, José Bórquez e Isaías José Fuentealba- fueron liberados. A todos ellos el Jefe del Retén de Liquiñe, Luis Anguila, les recomendó que cruzaran la frontera y se fueran a Argentina.

Dos días después de su liberación, Luis Armando Lagos y su hijo Raúl fueron nuevamente arrestados por carabineros en Carranco. Permanecieron diez días más en el Retén de Liquiñe. Enseguida fuego fueron trasladados a Valdivia, para declarar ante la Fiscalía Militar, y al cabo de un día fueron otra vez liberados. Regresaron a Carranco y al día siguiente, Luis Armando Lagos fue por tercera vez detenido. Ahora para siempre.

 

EL CAPITAL 

TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL

  1. Fondo de reserva

Párrafo 03:

Como tal fondo de reserva, difiere del fondo de medios de compra y pago a que nos referimos en el ciclo9 de P…P. Estos son una parte del capital-dinero operante (por tanto, modalidades de una parte del valor del capital operante en general), cuya parte sólo entra en funciones en distintos plazos, unos detrás de otros. En la continuidad del proceso de producción, se va formando constantemente un capital de reserva en dinero, para hacer frente a pagos contraídos hoy, por ejemplo, que sólo habrán de hacerse efectivo pasado cierto tiempo y como resultado de la venta de grandes masas de mercancías, para volver a comprar otras con posterioridad; en estos intervalos, existe, por tanto, constantemente, una parte del capital circulante en forma de dinero. En cambio, el fondo de reserva no es integrante del capital operante, capital-dinero, sino parte del capital que se halla en una fase preliminar de su acumulación, de la plusvalía que no se ha convertido aún en capital activo. Por lo demás, fácilmente se comprende que el capitalista, cuando se ve apurado, no se para a investigar, ni mucho menos, por las funciones especificas del dinero, que tiene en la mano, sino que echa mano de aquello de que dispone, para mantener en marcha el proceso cíclico de su capital. Así, en nuestro ejemplo, D=422 libras esterlinas, D`=500 libras esterlinas. La existencia de una parte del capital de 422 libras esterlinas como fondo de medios de pago y de compra, como remanente en dinero, responde al cálculo de que, si las circunstancias permanecen invariables, este remanente entrará íntegramente en el ciclo y, además, bastará para atender a las necesidades de éste. Pero el fondo de reserva es una parte de las 78 libras esterlinas de plusvalía; este fondo sólo puede entrar en el proceso cíclico del capital de 422 libras esterlinas de valor siempre y cuando que este ciclo se efectué bajo circunstancias que no permanezcan idénticas, pues es una parte del fondo de acumulación y figura aquí sin que la escala de la reproducción se amplíe.

– Página –76-77 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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