20 de 30 Chile: Recuerdos de la ‘Guerra’ OPERATIVO DEL DÍA 10 DE OCTUBRE


El día 10 de octubre de 1973 se inició el operativo que culminó con la detención y desaparecimiento de las quince personas que forman parte de este capítulo.

A las cinco de la tarde fue interceptado por una patrulla compuesta por militares y carabineros, el jeep donde viajaba de regreso a su casa Isaías Fuentealba junto a su chofer. Del jeep los cambiaron a un vehículo militar. Al chofer le entregaron el maletín y le dijeron que se lo llevara a doña Honorinda, esposa de Isaías. Honorinda, que esperaba el regreso de su esposo, se enteró de lo ocurrido sólo las doce de la noche cuando llegó el chofer.

Hugo, hijo de Carlos Figueroa, relata así la detención de su padre:

«Ese día como a las cuatro y media de la tarde pasó en dirección a los fundos de Carranco y Paimún, el jeep de Luís García (1). El iba vestido de militar y junio a un grupo de uniformados se dirigía a buscar a Luis Rivera y a Luis Lagos. El jeep regresó cerca de las ocho y media de la noche. Pasó frente a nuestra casa y se detuvo como a cien metros de distancia. En ese momento no nos dimos cuenta que el vehículo se había parado más abajo. En mi casa estábamos esperando a un hermano que andaba donde unos amigos. Habíamos dejado la puerta de calle sin pestillo para que pudiera entrar a cualquier hora. Como a los cinco minutos que había pasado el vehículo se abrió la puerta de calle (…) pensamos que era mi hermano que venía llegando. Pero (…) nos llevamos una tremenda sorpresa cuando apareció en la puerta de la cocina un militar o un carabinero, no lo identificamos bien porque llevaba una manta y un casco. Lo único que dijo fue: ¡ alto!, ¿quién es Carlos Figueroa?’. Como mi padre respondió que era él, el hombre dijo’ ¡ acompáñeme!’. Sólo recuerdo que mi padre tomó su sombrero (…) para nunca más volver. Fue la última vez, que lo vimos. Mi hermano saltó al comedor a mirar por una ventana, pero como estaba oscuro sólo vio a cien metros de la casa al vehículo aún parado. Estuvo detenido unos minutos, seguramente lo estaban amarrando y vendando la vista. Suponemos eso, porque el hijo de Luis Rivera nos contó que a su padre y a Luis Lagos ya los traían en el mismo vehículo amarrados y vendados.»

El operativo de ese día 10 de octubre continuó. En el pueblo de Liquiñe, una patrulla de militares y carabineros apresó a Salvador Alamos Rubilar. El se encontraba trabajando en la casa de su padre en el pueblo. Una de sus hijas fue testigo de la detención y vio cuando, amarrado, lo subieron a una camioneta militar. Así nos contó Elcira Figueroa, esposa de Salvador Alamos.

Luego, la patrulla partió a la casa de Daniel Castro, quién fue detenido en presencia de su esposa, Cupertina Muñoz:

«El 10 de octubre de 1973 un cuarto para las diez de la noche, llegaron hasta la casa militares que venían en camionetas cerradas. Daniel estaba acostado, se levantó y se vistió porque los militares pidieron conversar con él».

Fue la última vez que Cupertina lo vio.

En seguida la patrulla siguió a la casa de Mauricio Curiñanco, que también vivía en el pueblo junio a su familia.

Su hermana, que vive todavía en Liquiñe, recuerda:

«Como a las diez de la noche llegó una patrulla formada por militares y carabineros y preguntaron por Mauricio: él estaba ahí, se lo llevaron y no lo vimos nunca más».

Las siete personas detenidas – Isaías Fuentealba, Luis Rivera. Luis Lagos, Carlos Figueroa. Salvador Alamos, Daniel Castro, Mauricio .Curiñanco- fueron reunidas en los moteles «Termas de Liquiñe», propiedad de Julián García, padre de Luis García. Desde allí los prisioneros fueron conducidos en dos camionetas de los García y en jeep militar en dirección a Coñaripe.

A unos seis kilómetros de Liquiñe, en el fundo Trafún, detuvieron a otras ocho personas: José Héctor Bórquez. Modesto Juan Reinante, Ernesto Reinante. Alberto Segundo Reinante. Carlos Alberto Cayumán. Alejandro Antonio Tracanao, José Miguel Tracanao. Eliseo Maximiliano Tracanao.

Margarita y Benedicto recuerdan lo siguiente:

«Esa noche, alrededor de las once de la noche, desde el interior de nuestra casa vimos pasar una camioneta celeste con blanco que era de la familia Carmach (2). Manejaba el vehículo Sixto Díaz., quien era chofer de la familia. Iba también el cabo Quintana y otro carabinero que no conocíamos. Además iban unos jeeps con militares. Fueron a detener a José Bórquez Levicán, que vivía en el sector más montañoso, el número dos. Luego la caravana se devolvió hacia el sector uno y pasó a la casa de la familia Reinante, donde detuvieron a los tres hermanos: Modesto, Alberto y Ernesto».

Por su parte Guillermina Reinante, que se encontraba viviendo junto a sus hermanos en Trafún, recuerda así ese período:

«Nos embromaron muchos días, los militares llegaron de la noche a la mañana, al rato menos pensado. No supimos si eran sólo los militares o había también gente del mismo lugar. Después nos enteramos por ahí, que mucha gente se vistió de milico para poder descerrajar las casas o hacer lo que quisieran.»

Guillermina continúa:

«Mi hermano menor, Modesto, el soltero, estaba sentado en la mesa de la cocina, yo le estaba preparando la cena. Cuando iba a servirle me dijo que no tenía hambre (…) en esos momentos sentimos el ruido de un vehículo. La verdad es que los vinimos a sentir cuando ellos ya habían llegado. Empujaron la puerta y yo no quise abrirla altiro (…) porque como dicen que uno en su casa siempre manda. Entonces yo les pregunté ¿quién es? y me dijeron: fuerza militar, abran la puerta’. Yo les volvía repetir ¿quién es? -‘somos nosotros’, me dijeron- y tuve que abrirles (…) entraron y altiro enfocaron a mi hermano y le preguntaron que cómo se llamaba. De inmediato le dijeron que los acompañara. Les pregunté ¿para dónde lo van a llevar?, y me contestaron: ‘vamos a ir por allí, un ratito con él. En eso, algunos militares fueron a buscar a mi otro hermano, Ernesto, que estaba acostado arriba»,

Alberto Reinante, padre, agrega:

«Sentí el ruido del vehículo, bajaba gente. Nos querían echar la puerta abajo. Nosotros abrimos y nos preguntaron la identidad y por mis hijos. Ellos habían llegado recién del trabajo. Uno, el Modesto, comía, el otro, Ernesto, estaba ya acostado. El Sargento Anguila estaba afuera de la casa mirando. Los militares se proponían llevarnos a todos los hombres de la casa, pero el Sargento Anguila, que nos conocía, les dijo: ‘no se lleven al viejo ni a sus nietos, ni a su hijo menor’. Entonces volvieron los milicos y me dijeron: ‘acuéstese abuelito, con confianza no más’».

El tercero de los hermanos en ser detenido, Alberto Reinante, vivía a unos cincuenta metros de la casa de sus padres. Era casado. Su esposa. Juana de Dios Olivares, nos cuenta:

«Lo vinieron a buscar unos militares que andaban en una camioneta verde. Eran como nueve y andaban con boinas. Me levanté con mi niñito más grande y les dije que no fueran a darme un palmazo a mí, agarré a mi chiquillo y partí pa’dentro a acostarlo. Ahí me devolví a hablarles y les dije: ¿cuándo va a volver mi marido?, ‘mañana señora, mañana’, fue la respuesta. El no llegó nunca, hasta los días de hoy.»

En el mismo sector, la caravana se detuvo en la casa de Garios Cayumán, quien ante el asombro de su esposa fue violentamente detenido.

Su hija Hernelda dice que lo detuvieron luego de varias «advertencias». La primera advertencia fue:

«cuando llegó un helicóptero que se paró cerca de la casa, en una pampa grande, allá arriba, donde él trabajaba (…) los militares le decían: ‘deja esto o te vas a arrepentir, déjalo. Tienes cinco hijos, cómo no lo vas a pensar (…)’»

La segunda «advertencia», sostiene Hernelda, fue:

«Cuando llegaron esa noche a la casa sin respetar nada. Le preguntaron si era Carlos Cayumán y él dijo que sí (…) luego fueron a revisar las camas por si había alguien más y vieron que todos éramos niños (…) estaban con la metralleta encima. Se querían llevar a mi mamá también, pero se les conmovió un poquito la mente, porque nosotros estábamos todos llorando (…) eso los conmovió un poquito.»

La detención definitiva, luego de la cual nunca más supieron del destino de Carlos, fue descrita por Herminda -su esposa- y por Hernelda y José, sus hijos:

«Deben haber sido unos cinco o seis militares, andaban en un jeep que dejaron en la calle, de ahí caminaron una distancia (…) un poquito pañi dentro y no tocaron la puerta. Actuaron como comando, pescaron a patadas la puerta y entraron. Mi papá tenía a la Juanita en los brazos (…) lo hicieron ponerse los zapatos (…) mi mamá se enojó porque no se puso los calcetines. Siempre usaba un abrigo largo, negro. Se puso ese abrigo, nada más, y se lo llevaron así (…) Buscaron en el baño, debajo de las camas, buscaron por todas partes. Uno de ellos, por olvido, puso la metralleta pesada encima de uno de los niños, el Garlitos, que se asustó y se puso a llorar (…) Yo no hallaba qué hacer para hacerlo callar. Ahí vino otro y le dijo que pusiera cuidado, que eran niños los que estaban ahí».

«Andaban con boinas (…) no se reconocían, tenían estas partes pintadas -con sus manos señala las mejillas-, andaban igual que esas personas ‘endrogas’. Me acordaba de los perros, no se les daba compasión por nada(…)»

«Había poquita luz, yo vi que se lo llevaron dándole de patadas, escuché que le decían: ‘¿porqué no lo pensaste antes?’ (…) lo trataron bien mal (…) insolencias le echaban (…) Yo escuchaba no más, pero en ningún momento partí corriendo a buscarlo. No sé (…) era como un miedo que tenía (…) ni mi mamá intentó quitárselos (…)»

La caravana, antes de retirarse del fundo pasó a la casa de la familia Tracanao Pincheira. Allí detuvieron a Alejandro, José y Elíseo Tracanao Pincheira. Margarita relata:

«Cuando los detuvieron andaba un carabinero de Liquiñe, el Cabo Quintana, y los militares. Cuando los sacaron de la casa dijeron: ‘los vamos a llevar y van a volver mañana’ (…)»

 

EL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

Capítulo III

EL CICLO DEL CAPITAL-MERCANCIAS

Párrafo 01:

La fórmula del ciclo del capital-mercancías es:

                                                              M `–D`–M…P…M

– Página –78 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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