LOS CHILOTES DE LA PATAGONIA REBELDE


La historia de los emigrantes chilotes fusilados en las estancias de Santa Cruz, Argentina, durante la represión de la huelga del año 1921.

 

 

Luis Mancilla Pérez

Chiloé, julio 2012, 300 páginas.

En muchos discursos y libros se dice que los chilotes fueron los forjadores de la Patagonia.  Pero ese reconocimiento no trasciende más allá de las palabras y no adquiere una valoración concreta, desde fines del siglo XIX viajaban hasta esa Ciudad de los Cesares a buscar el dinero que no existía en estas islas; dejaban hasta el alma en las estancias y regresaban “hablando en argentino”. En la Patagonia se ganaba dinero a manos llenas y en Chiloé se transformaba en yunta de bueyes, casa, campo, abono, siembra y abundante cosecha. Se espantaba la pobreza con solo ir a Ultima Esperanza, a Río Gallegos, a Comodoro Rivadavia, a Tierra del Fuego, a Ushuaia. En esos despoblados territorios muchos encontraron el trabajo que en estas islas no existía. Los barcos se iban repletos de chilotes que apenas saben leer y escribir. Muchos nunca regresaron. Cientos de miles de chilotes desde principios del siglo veinte se fueron a hacer patria en suelo ajeno, y para aquellos que en estas islas se quedaron era un orgullo hablar de un pariente que estaba en la Argentina o vivía en Magallanes.

En 1921 los peones de la Patagonia se alzaron en huelga, fueron cientos de obreros pidiendo no dormir como presos en una cárcel amontonados en los camarotes. La dignidad de descansar en piezas ventiladas y desinfectadas cada ocho días. Tener un lavatorio, agua abundante y botiquín. Un paquete de velas al mes. La tarde del sábado para lavar la ropa. No descontar del sueldo el colchón y la cama que eran cueros de corderos viejos; dejar de trabajar a la intemperie en días de lluvias o fuerte ventarrón. Los estancieros mandaron a buscar al ejército y contestaron con balas. Los dirigentes de la Sociedad Obrera eran españoles que a la Patagonia llegaron huyendo del hambre. El resto eran chilotes que valían menos que una oveja. “Gente oscura, sin nombre, rotosos que nacieron para agachar el lomo, para no tener un peso”. Según dicen que decían los oficiales del ejército argentino y los estancieros miembros de la Liga Patriótica Argentina. Esa discriminación fue causa y motivo para cobardemente fusilarlos, y dejar sus cuerpos mal enterrados en fosas comunes cuando no fueron abandonados a la intemperie para alimento de animales carroñeros.  Esos chilotes murieron en silencio, recordando paisajes lejanos donde dejaron casa y familia. No había que gastar muchas balas en esos indios que valían menos que un perro ovejero, se les hacia cavar su propia tumba y si después del primer disparo no morían, y quedaban boqueando como corderos agonizantes; un oficial les volaba los sesos y borraba la casa, los bueyes, la siembra, la cosecha. Total venían de tan lejos que nadie nunca sabría de su muerte.

Durante muchos años, en Chiloé, esta matanza fue olvidada, el miedo mantuvo a los obreros en silencio. Pero muchos peones chilotes cuando ya ancianos regresaron a su tierra confirmaron el rumor, y se atrevieron a contemplar la matanza que el miedo quiso borrar de la memoria, sin ver, miraron el paisaje repleto de muertos aparecidos mientras la memoria se abre de par en par buscando en los recuerdos el pasado escondido y lejos; y no se tiene más remedio que mirarlo. Casi al final de su vida muchos ancianos relataron las penurias vividas en los días de la gran huelga que a inicios de la década del veinte sacudió a la Patagonia. Con esos relatos, retazos de vida, a migajas rescatados de la memoria de los hijos y nietos de esos peones sobrevivientes, y las noticias con sus medias verdades encontradas en los periódicos de la época se escribió esta historia para descifrar la verdad tergiversada en ese pasado escondido y lejos. Es nuestra obligación mirar ese pasado y hacer de esa matanza olvidada memoria perdurable, una matanza de chilotes en la Patagonia por años en Chiloé mantenida en el olvido de la media marea de la tradición oral.

El silencio que durante años cubrió a estas matanzas fue inquebrantable, negligente y tan poco compasivo que en las generaciones posteriores la memoria ha llegado a ser memoria muerta; independiente de las recordaciones y conmemoraciones futuras. Los fusilamientos de chilotes en la Patagonia actualmente en Chiloé no es memoria pertinente; no tiene una valoración histórica que trascienda de ser un acontecimiento de interés para especialistas, investigadores e historiadores. Este libro se escribe con la ambición que en Chiloé los fusilamientos y la represión de las huelgas del año 1921 dejen de ser un acontecimiento nunca mencionado en las Historias de Chile, preocupadas de describir y a veces estudiar las minorías que ejercen o han ejercido el poder.

 
Lucharon por la dignidad recibieron balas 1921.

En los primeros capítulos de este libro se analizan las circunstancias sociales y económicas que impulsaron las emigraciones de chilotes hasta la Patagonia, emigraciones que son causa y origen de estas matanzas que los periódicos en Chile mostraron como una guerra entre el ejército argentino y cientos de bandoleros que cabalgaban por las pampas patagónicas quemando estancias y matando el ganado. Se agregan al relato otras historias de esa guerra, y otros relatos que escuché, me contaron o descubrí buscando. Pero es Osvaldo Bayer quien investigó estos asesinatos y escribió cuatro tomos con esta historia cuyos acontecimientos en Chiloé eran mito, miedo, malos recuerdos. Cuatro tomos de una historia donde los chilotes son excluidos y discriminados; este libro se titula: los Chilotes de la Patagonia Rebelde para crear un espacio simbólico donde denunciar esa discriminación y exclusión; y mostrar la verdadera participación de los emigrantes chilotes en las huelgas patagónicas, las verdaderas víctimas de esta matanza. Durante muchos años las oligarquías dueñas de los territorios magallánicos, la prensa conservadora y grupos políticos de Chile y Argentina construyeron la representación histórica de esta matanza como una conspiración contraría a sus ideas nacionalistas. Era la usurpación de un territorio propiedad de oligarquías económicas por grupos foráneos, chilenos, españoles, bolcheviques, anarquistas, bandoleros constituyeron la base para la construcción de una tergiversación histórica que interpelaba a la defensa de la nación amenazada.

Aunque contar los muertos que dejó esta matanza sea obsesión de algunos investigadores; para la memoria popular fueron muchos. Y si sólo hubiese sido uno o dos, o diez obreros fusilados a causa de la brutal represión; esos muertos justifican la denuncia y la negación del olvido. En el Congreso Argentino se denunció que fueron 1500 los obreros fusilados. Ni siquiera un exacto lugar geográfico tuvo la matanza de obreros huelguistas. Fueron varios lugares y fue en otro país, en un territorio lejano y ajeno; y eso desestructura uno de los cánones de la conmemoración. Un espacio preciso donde recordar el pasado. En muchas estancias del Territorio de Santa Cruz, en la Argentina, se realizaron los fusilamientos. En sus corrales y galpones de esquilar la autoridad militar cómplice de la autoridad política desplegó toda su brutalidad en la represión de la huelga. Una matanza que para la prensa chilena y argentina, era responsabilidad de las víctimas no de los victimarios.

Esta masacre nunca tendrá una fecha en el calendario de las conmemoraciones históricas pero debe dejar de seguir siendo un acontecimiento sin historia escrita, fue un suceso demasiado inhumano para ser olvidado. Saber que “fueron muchos los chilotes fusilados” es suficiente razón para escribir esta historia y convertir los acontecimientos que surgieron disgregados en las conversaciones de nuestros ancianos, antiguos emigrantes a la Patagonia, en parte de la memoria social de Chiloé. Este libro es un inicio del trabajo por hacer; rescatar del silencio y del olvido una matanza de la cual sabemos muy poco; y cumplir con la necesidad histórica social de recordar y aprender, no olvidar ni perdonar. Ni los crímenes ni nuestros errores.

El siguiente es un video que rescata una antigua canción recopilada por Héctor Pavez a fines de la década del 50 en Chiloé. Canción que es testimonio y memoria de la participación de los chilotes en los sindicatos obreros de principios del siglo XX en la Patagonia chilena – argentina.

EL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

Capítulo IV

LAS TRES FORMULAS DEL PROCESO CICLICO

Párrafo 13:

Es la unidad de los tres ciclos y no la interrupción de que hablamos más arriba, la que realiza la continuidad del proceso total. El capital global de la sociedad posee siempre esta continuidad, y su proceso representa siempre la unidad de los tres ciclos.   

– Página – 94 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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