“Los migrantes abrieron la ventana para que salieran todos los fantasmas de Chile”


Entrevista a Patricia Loredo, vocera del Colectivo Sin Fronteras

Por Lucas Cifuentes, Eloísa González y Salvador Basualto.

https://piketeinformativo.wordpress.com/

El pasado 21 de Agosto la presidenta Bachelet firmó un proyecto de Ley de Migración que viene a reemplazar el decreto de 1975, que mantenía a Chile sometido a una legislación migratoria disonante con la realidad actual.  Sin embargo, “una Ley no garantiza todo”. Así nos señaló Patricia Loredo Chupán, dirigente social peruana que reside en Chile hace más de veinte años. Patricia es Psicóloga y Máster en Intervención Psicosocial de la Universidad de Barcelona. Desde el 2003 es vocera del Colectivo Sin Fronteras. Ha luchado por la defensa y promoción de los derechos de la población en  situación de migración, especialmente niños y niñas.

Patricia, desde tu mirada ¿Qué es el Colectivo Sin Fronteras?

El colectivo es una organización que se forma el año 2003. Nació como una organización no formal de personas migrantes y chilenas. Tuvimos distintos pasos para formalizar nuestra figura jurídica, pero mantenemos un espíritu de organización tendiente a generar comunidades. Nuestro trabajo es territorial. A partir de eso, buscamos promover derechos de los grupos vulnerables y de las personas migrantes en Chile, principalmente la infancia.

Nacemos tras la preocupación de haber observado barrios y sectores donde viven comunidades de migrantes, lugares donde las niñas y los niños empezaron a notarse en un proceso de unificación familiar, especialmente en la comunidad peruana. Estamos siempre vinculados al acompañamiento de niños y niñas desde los países de origen.

Desde nuestra experiencia, empezamos a identificar que habían algunas instancias preocupadas de promover los derechos de los trabajadores migrantes, pero que igualmente habían grupos vulnerables, especialmente los niños, las niñas y las mujeres (jefas de hogar por ejemplo), que estaban bastante invisibilizados. A partir de eso, nos propusimos acompañar y generar espacios de participación en algunos territorios donde hemos podidos instalarnos.

¿Qué ha significado para la población migrante el Colectivo Sin Fronteras?

Qué pregunta más importante. En primer lugar, nos ha permitido problematizar y visibilizar la vulneración de los derechos de los niños y las niñas. Eso fue un primer paso que nos tocó en la etapa inicial del trabajo. En segunda instancia, habiendo visibilizado esta temática, pudimos incidir en algunas políticas públicas, especialmente en los convenios que hubieron en los años 2005, y  el 2008 en torno al acceso a derechos fundamentales para los niños y las niñas (principalmente educación y salud). Entonces, a través de una herramienta de exigibilidad a nivel del comité de derechos del niño de la ONU y de algunas otras instancias que son parte de un trabajo de incidencia que desarrollamos, se pudo poner en evidencia la exclusión que vivían estos niñas y niñas del sistema de salud. Nos permitieron tener esta casita y empezar a desarrollar actividades. Tenemos la oportunidad de estar muy cerca de las historias de vida de las niñas y los niños que participaban y que aún participan de este espacio, de compartir con ellos y sus familias y de alguna forma hacer de adultos que están procurando generar contención emocional en distintos ámbitos . Pudimos identificar, en una primera instancia,  que de  un promedio de 60 niños que participaban en nuestras  actividades,  cerca de la mitad no estaba inscritos en los sistemas de salud y la respuesta en esos años era que no los podían inscribir porque no tenían cédula de identidad, y eso era la realidad. También, había un porcentaje cercano al 15 % que estaba un año o más fuera del sistema escolar por la misma razón. Eso nos tocó vivir, acompañar y problematizar en los primeros años de nuestro trabajo. A partir de ahí generamos instancias de coordinaciones con los ministerios correspondientes, campañas y distintas estrategias a nivel nacional, pero en realidad la incidencia a nivel nacional tiene bastantes límites, entonces buscamos otras alternativas y ahí encontramos la posibilidad de hacer informes alternativos al comité de derechos del niño de la ONU y a través de eso se pudo  impulsar un poco más la voluntad política para establecer estos convenios que se hicieron después para el acceso a salud y educación de todos los niños y  niñas que viven en Chile y vienen de otros países. Creo que eso  fue uno  de los aportes más significativos y  no lo vemos como un trabajo nuestro, sino un trabajo conjunto, porque acá participaron menores contando sus historias, adultos responsables, mamás especialmente, que estuvieron dispuestas a relatar sus historias en algunos medios de comunicación, o que nos autorizaron para levantar la información y poder hacer los informes al comité de derechos del niño de la ONU.

Hay de alguna forma distintos niveles de participación que se pudieron canalizar a través de las distintas actividades que se hicieron y permitieron impulsar y apurar la voluntad política del Estado.

No son pocos los niños y niñas que han participado de este lugar y tienen en su vida un espacio de afecto y  vinculación con nosotros. Por ejemplo, algunos vienen con su familia al carnaval, actividad que hacemos una vez al año. Otros traen a  sus hijos acá o vienen a hacer algún voluntariado. Son historias que se han compartido y de las que hemos sido parte, haciendo tal vez un poquito más amable la vida de un grupo importante de niños y niñas.

Respecto a la voluntad política que mencionaste ¿De qué manera crees tú que afecta a los migrantes que Chile no tenga una Ley de Migración acorde a los nuevos tiempos?

La realidad que estamos viviendo y constatando en torno a la exclusión y a la vulneración de derechos de distintos grupos, especialmente los más empobrecidos de las comunidades migrantes, son un efecto directo de  la ausencia de una Ley que garantice efectivamente el enfoque de derechos humanos. Esta es  una realidad que afecta a  gran parte de grupos  migrantes, donde ellos y ellas se ven excluidos de derechos fundamentales que el estado chileno se ha comprometido garantizar, construyendose realidades de exclusión totalmente condenables. Y eso es lo que finalmente se exige de una Ley que se puede implementar ahora. Creemos que este tema no es tan ajeno a otras vulneraciones de derechos que se dan con otros grupos sociales acá en Chile.

¿El nuevo proyecto de Ley de Migración plantea los avances necesarios?

Una Ley no garantiza todo. Acá hay un proceso que va antes de la Ley y va a seguir después de cualquier Ley que nos pongan delante, porque tiene que ver con el carácter de los Estados, en este caso Chile, que independiente de las iniciativas legales que puedan impulsar, esas iniciativas están en el marco de un tipo de sociedad que a nivel económico, social, cultural, establecen o van a reproducir exclusiones. Eso es algo que nosotros tenemos claro. Nos preocupa ahora discutir la propuesta de Ley y tratar de incorporar los elementos que se puedan incorporar, incidir para eso, pero no creemos que la Ley nos va a solucionar los problemas de exclusión y empobrecimiento. Creemos que es una lucha más larga,  hay que ver distintas aristas. La Ley debiera ser ojalá una versión mejor, cosa de la que no estamos seguros. Estamos en proceso de hacer una discusión con otras agrupaciones que tienen una base social de personas migrantes para ver nuestra postura formal inicial frente al tema de la Ley. Si bien, en Chile han habido avances, el nuevo  proyecto de Ley no garantiza derechos fundamentales.

El último tiempo se han visto una serie de situaciones de carácter discriminatorio por parte de los  nacionales hacia la comunidad migrante. Recordamos el caso del ciudadano haitiano agredido por un compañero de faenas ¿Por qué crees que la sociedad chilena ha reaccionado de manera tan violenta?

Hay situaciones que tienen que ver con el tema migratorio en sí mismo, en la ausencia de una legislación más garantista, de políticas públicas, de una institución que se encargue de generar políticas de convivencia o de acogida que favorezcan un cultura de paz, que favorezcan la cohesión social. Eso no existe en Chile ¿Verdad?

Verdad.

Por lo tanto, hay situaciones de fricción y de tensión que se van a dar  entre comunidades migrantes y personas nacionales que tienen poca información o se mueven por prejuicios. Esto tiene una dimensión de conflicto y de tensión cotidiana que puede ser entendible y puede ser gestionable a través de una política pública y una legislación. Pero hay otro ámbito de situaciones que va más allá de la gestión de un Estado y de lo que se puede hacer desde las políticas públicas y tiene que ver con el racismo. Esa es una dimensión de nuestra realidad latinoamericana que está relacionada con toda nuestra historia de colonización y de cómo aún  las estructuras de desvalorización de ciertos grupos, como los afrodescendientes o los pueblos indígenas, tienen una relación no solo de exclusión económica, política, sino también de todo espacio de valorización social cultural. Esas expresiones las vemos. No es casual que  los estudios de discriminación que se han hecho en Chile, como el de la Unicef hace años atrás u otros que se han ido haciendo después, tengan principalmente a los grupos afrodescendientes y los que tenemos una herencia vinculada a los pueblos indígenas como los grupos más discriminados. Eso no es casual, tiene que ver con una historia de colonización que hemos vivido  y de relaciones donde el concepto raza marca las desigualdades que se viven y que en casos extremos llevan a estas situaciones de agresión y de violencia, porque no se está viendo al otro tan válido como yo mismo, aunque  si fuera un extranjero español por ejemplo, o que no fuera afrodescendiente, no pasaría lo mismo. No pasa lo mismo. O sea, un migrante que tenga rasgos fenotípicos más vinculados a la cultura occidental va a tener una trayectoria distinta.

En Chile la población inmigrante alcanza un 3%. En países como Francia es de alrededor de un 11%. Pese a tener cifras bajas, no hemos podido avanzar en un proceso real de integración y hemos desarrollado altos niveles de racismo.

Los elementos que han aportado a esta visión de ciertos sectores de la sociedad chilena de verse con  criterios de superioridad frente a otros grupos de chilenos y de extranjeros empieza desde la constitución. Desde ahí se construye una visión de un Chile homogéneo en función de ciertos mitos, como ser los ingleses de Sudamérica, y que están muy arraigados incluso antes que llegaran los migrantes. Los migrantes abrieron la ventana para que salieran todos los fantasmas de Chile. La gente se da más permiso para agredir, para violentar. Se percibe y se identifica a los migrantes como un grupo que debe subordinarse.

¿Cuál ha sido la experiencia más difícil que te ha tocado presenciar como vocera del Colectivo Sin Fronteras?

La realidad de los niños y niñas es lo que más nos mueve. Es la que más observamos. Ver a los niños y niñas de familias altamente precarizadas viviendo en una habitación con todo su grupo familiar y no teniendo espacio para ninguna actividad que beneficie su desarrollo, en condiciones de pobreza y exclusión, es algo impensable para cualquier sociedad que se considere digna.

Eso es lo que más nos mueve. Todo este tiempo nos ha movilizado  generar acciones de distinto tipo. En ese sentido, buena parte de las personas que se incorporan a este espacio son estudiantes en práctica.

Sabemos que esta realidad que  vivimos cotidianamente es una realidad invisible para gran parte de la sociedad chilena y eso siempre nos lo devuelven los compañeros en práctica. Cuando hacemos el acompañamiento a las familias en sus espacios cotidianos ellos siempre se van con esa preocupación de que hay realidades que  no conocen de este Chile y que efectivamente hay mucho por hacer.

Hay un nuevo sector de pobreza que ahora lo ocupan los migrantes. Si vas a los lugares más precarizados vas a ver migrantes. Por ejemplo  en la feria, quienes están haciendo los trabajos de carga, sin contrato, sin ningún tipo de regulación laboral son hermanos haitianos. En la gasolinera, en los servicios, donde sea que haya trabajo precarizado,  hay mayoritariamente  personas migrantes o chilenas de sectores más empobrecidos y lugares periféricos, muchas veces vinculados a un origen más indígena.

Nosotros creemos en esto y por eso apostamos a hacer alianzas con distintas organizaciones y redes que trabajan derechos de la infancia, migración y también algunas redes territoriales que se están intentando levantar en defensa de la educación pública, gratuita y de calidad, y  de todos los que atraviesan a aquellos más vulnerados en sus derechos. Tratamos de estar en todas las que podemos.

Es difícil estar en todas.

Pero la sociedad civil, o el pueblo, ha avanzado mucho. Es posible ver en distintos territorios, especialmente en territorios donde hay migrantes, a personas que se van organizando y realizan acciones de acogida a la población migrante.  Eso ya es una realidad y es producto del trabajo de visibilización que se ha hecho desde distintas organizaciones que trabajamos con la temática. Se ha ido conociendo la realidad que afecta a las personas, dándole un marco de comprensión desde las condiciones que se construyen y que afectan no solamente a los migrantes sino también a distintos sectores populares en Chile.

¿Cuál es el principal desafío  que  deben asumir  los actores sociales para  ser parte de un proceso de cambio que incluya a la comunidad migrante?

El desafío principal de las organizaciones, no sólo de migrantes, sino en general, es poder articularse y coordinarse. En este momento existe un conjunto de iniciativas, organizaciones, que se están sumando a este movimiento incipiente en torno a los derechos de las personas en situación de migración, pero que cuesta  articular. El desafío principal es conformar una plataforma, que permita construir desde todos los actores que estamos tratando de aportar. Ahí hay un desafío al mediano plazo. Y obviamente continuar visibilizando las violaciones a los derechos de los grupos más vulnerables. Dentro de las comunidades migrantes no están todos, porque no todos tienen la misma exclusión. No todos los grupos de migrantes o personas migrantes tienen las mismas trayectorias y hay grupos muchos más vulnerables que otros. Hace falta  iluminar  las áreas  de mayor exclusión y generar alianzas con distintas redes o coaliciones que permitan  transversalizar  esta preocupación.

¿Cuál es el llamado que harían frente a las deficiencias de la Ley?

La lucha por una Ley que garantice derechos humanos, es una lucha que no va a acabar ni en este ni en el próximo gobierno, ningún gobierno en este sistema neoliberal va a tener una Ley que garantice derechos humanos a las personas migrantes. El 2005 se dio la primera acción de acogida del Estado chileno para que los niños y niñas puedan matricularse, independiente de la situación migratoria de ellos y de sus padre, y dió una declaración de principios super relevante que en la práctica ha costado mucho que se implemente. Ya llevamos trece años y todavía hay colegios que le niegan la matrícula a los niños porque no tienen cédula. Entonces, ¿Quién garantiza que una ley que no tiene institucionalidad vaya a ser algo mejor?.

Son importantes los temas legales y normativos, pero son un medio más para ir avanzando en conjunto, como otras grandes reivindicaciones que se están instalando en la sociedad chilena, que ya se instalaron, pero hay otros ámbitos , no sé si llamarlos culturales, más superestructurales como el tema del racismo, en el que hay que avanzar. El racismo no se va a acabar por mandato.

Hay mucha gente migrante con inseguridad, temor, o que no participa porque tiene otras prioridades en su vida. Entonces, nosotros apostamos por impulsar la participación. Que las personas, migrantes y nacionales, se informen, problematicen sus condiciones de vida, participen en algún tipo de organización de base comunitaria o de cualquier otro tipo que les permita generar alianzas y que de ahí se vayan generando procesos más sociales de conciencia política.

¿Y en relación a la infancia?

Intentamos promover un sistema de participación de los niños y las niñas. No es un tema romántico. Es importante ver cómo ellos también van problematizando situaciones que les afectan y van generando un discurso en relación a cosas que no deben pasar y pasan. El 19 de agosto hicimos el lanzamiento comunitario de una campaña:  “Derechos sin Fronteras”. Fue una actividad comunitaria donde niños, niñas y las mamás principalmente, conmemoramos en conjunto la ratificación de Chile de la Convención de los Derechos del Niño, y en las distintas actividades que hicimos era claro el poder recoger su opinión y la de los adultos respecto a lo que el Estado tiene pendiente en cuanto a los derechos de la infancia, especialmente los niños que vienen de otros países. Es importante ir generando espacios donde los niños y niñas reflexionen, las familias también se insumen de nuevas posibilidades de ver el mundo y de reconocerse como sujetos de derecho, proceso muy complejo, porque ser migrante en este país es muy difícil. Siempre se sienten y los hacen sentir como invitados, por lo tanto cuestionar al Estado y poner desafíos que se debieran ir asumiendo es muy difícil, para los adultos principalmente. Se ven como si les estuvieran haciendo un favor, porque obviamente en algunos ámbitos sus hijos tienen un poco más de cosas y eso lo  valoran. El hecho que acá los niños tengan los libros por ejemplo, se entiende como que hay una muy buena educación, y nosotros sabemos que entregar libros no significa que haya una buena educación. Ellos mismos lo viven, llegan a tercero, cuarto año básico en las escuelas donde van y no pueden leer bien todavía. Muchos vienen de realidades donde los Estados están en crisis. Allá jamás alguien va a esperar que sus hijos tengan libros o que en algunos casos tengan alimentación. Se ve comparativamente una realidad distinta para los niños y niñas, que efectivamente es distinta, pero que no es la que debería ser.

 

EL CAPITAL  TOMO I I

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

CARLOS MARX

LIBRO SEGUNDO

Capítulo IV

LAS TRES FORMULAS DEL PROCESO CICLICO

Párrafo 29:

Veamos cómo expone el problema Sismondi, con cierto simplismo: “El comercio emplea un capital considerable que, considerado a primera vista, no parece formar parte integrante del capital cuyo movimiento hemos descrito en detalle. El valor del paño amontonado en los almacenes del comerciante en paños no parece, a primera vista, que tenga nada que ver con la parte de la producción anual que el rico entrega como salario al pobre para hacerle. Sin embargo, este capital no hace más que reponer el otro, de que hemos hablado. Para esclarecer lo progresos de la riqueza, hemos seguido los pasos de este capital desde su creación hasta su consumo. El capital empleado, por ejemplo, en la fabricación de paños nos ha parecido que era siempre el mismo; al cambiarse por la renta del consumidor, se dividía en dos partes solamente una que representa, como ganancia, la renta del fabricante; otra que, como salarios, representa la renta de los obreros mientras producen nuevo paño.

– Página –99-100 —   El CAPITAL “TOMO I I” –Traducción de Wenceslao Roces – Primera edición en alemán tomo I — 1867- Primera edición en Español 1946- tercera reimpresión 2006 – Fondo De Cultura Económica México Comentarios y sugerencias : Editorial@fondodeculturaeconomica.com  en Chile a /httpmarxismo-cl/ o bien Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl o Twitter    Amador Ibañez ‏ @marxismo_cl

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